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05 Exploraciones arqueológicas en El Corozal, centro periférico de Tikal – Cristina Vidal, Stefanie Teufel y Vilma Fialko – Simposio 9, Año 1995

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Vidal, Cristina, Stefanie Teufel y Vilma Fialko

1996        Exploraciones arqueológicas en El Corozal, centro periférico de Tikal. En IX Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1995 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.50-58. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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EXPLORACIONES ARQUEOLÓGICAS EN EL COROZAL, CENTRO PERIFÉRICO DE TIKAL

Cristina Vidal

Stefanie Teufel

Vilma Fialko

El sitio arqueológico El Corozal (Figura 1) está situado a unos 5 km al este de Tikal y dado que fue una de las zonas elegidas para acampar durante las investigaciones llevadas a cabo por los miembros del Programa Intersitios del Proyecto Triángulo en la brecha Nakum-Tikal, se decidió realizar en él una serie de intervenciones arqueológicas, que a su vez constituyen un ejemplo de la metodología y actuaciones empleadas en la exploración de los demás yacimientos incluidos en el Programa Intersitios.

El Corozal ya había sido objeto de algunos estudios emprendidos por el University Museum de la Universidad de Pennsylvania, centrados principalmente en el mapeo del sitio y en su localización con respecto a otros centros del entorno de Tikal.

No obstante, los recientes trabajos realizados en él nos han permitido levantar un nuevo plano del mismo, que difiere sensiblemente del aparecido en anteriores publicaciones (Puleston 1983:fig.11a), conocer su antigüedad y desarrollo ocupacional y, por último, presentar una nueva versión de la Estela 1 de Corozal, única por sus características iconográficas y rescatada de las manos de los saqueadores entre 1977 y 1979 por los guardabosques del Servicio del Parque Nacional Tikal (Jones y Orrego 1987:129).

Tal y como puede observarse en el plano (Figura 2), El Corozal constituye un centro menor, integrado básicamente por dos plazas principales (Plazas A y B), asentadas sobre plataformas artificiales.

La Plaza A es la de mayor tamaño y está dominada por un templo piramidal al este (Estructura II) de aproximadamente 10.5 m de altura y otras dos estructuras de tipo palacio enfrentadas (Estructuras I y III), ubicadas en los laterales norte y sur respectivamente.

En el sector occidental del sitio se levanta la Plaza B, de tipo acrópolis, en la que se erigieron cuatro edificios de corte palaciego (Estructuras IV, V, VI y VII), uno a cada lado de la misma.

Asimismo, se han documentado tres chultunes y otras estructuras de inferior tamaño, destacando entre ellas las que se adosan a los cuerpos inferiores de la Estructura II, ya que en la de la fachada oeste es donde se hallaba originariamente la Estela 1.

El estado de conservación de los edificios es relativamente bueno a pesar del intenso saqueo al que han sido sometidos y de los efectos de la espesa vegetación que los cubre. En este sentido, son de destacar los lienzos de muro aún visibles, recubiertos por un chapado a base de losas de piedra bien trabajadas, de dimensiones homogéneas (de unos 0.62 m x 0.37 m) y reducido espesor (0.20 m).

En cuanto al aparejo llama la atención la presencia de algunas piezas que funcionan como amarres, introduciéndose la parte más larga en el interior del muro y distribuidas de forma regular.

En algunos edificios se ha podido documentar también la moldura media, compuesta por bloques pétreos de forma trapezoidal, que alcanzan los 0.62 m de profundidad y los 0.20 m de resalte.

Desde el punto de vista tipológico y según los datos que hemos podido obtener, observamos que la mayoría de los edificios posee una anchura media de 3.50 m, de lo cual se deduce que tienen una sola crujía y muros de aproximadamente 0.80 m de espesor.

Por último y en lo relativo a la funcionalidad de las construcciones, tanto la morfología del sitio como las características constructivas y tipológicas que exhiben sus edificios nos hacen pensar en un centro de importante orientación religiosa, ocupado por grupos elitistas.

El estudio arqueológico consistió en el trazado de un eje este-oeste que atraviesa todo el sitio y de dos ejes norte-sur, uno en cada plaza (Figura 3). En dichos ejes se abrieron diversos pozos de plaza y otros a pie de estructura que nos informaron acerca del desarrollo estratigráfico y de los diferentes periodos de ocupación, información complementada por el estudio de las trincheras que penetran en los edificios, producto de antiguas excavaciones ilícitas y de los trabajos de la Pennsylvania.

Así, fue posible detectar la presencia de cuatro periodos ocupacionales, perteneciendo los tres más antiguos al Clásico Temprano y al que correspondería la erección de los edificios principales. De tales niveles, en su mayoría diferenciados mediante potentes pisos de estuco, procede una abundante muestra cerámica asociada al horizonte Tzakol (fragmentos de los tipos Águila Naranja, Balanza Negro, principalmente), así como algunos tiestos Preclásicos (Polvero Negro y Sierra Rojo, sobre todo), hallados en los estratos más profundos y en los rellenos de plataforma.

El periodo más moderno, asociado por lo general al nivel de tierra vegetal, está vinculado al horizonte cerámico Tepeu 2 y 3, siendo muy escasa la muestra de elementos diagnósticos de Tepeu 1, aunque en este sentido es importante matizar que la erosión y fragmentación que presentan los tiestos ha hecho muy difícil su identificación. A este periodo pertenecerían, por tanto, algunas reformas u ocupaciones esporádicas sufridas en el sitio pero que no llegaron a alterar su fisonomía original.

Entre las suboperaciones más interesantes es de destacar la 77 (Plaza B), ya que en este pozo se detectó una plataforma ataludada y estucada comprendida entre dos pisos de estuco y que podría estar relacionada con un sistema de conducción de aguas.

Los distintos periodos constructivos que conocieron sus edificios son fácilmente detectables en algunos de ellos, especialmente en la Estructura II, donde a través de la trinchera practicada en su fachada oeste (saqueo 4, Figura 4) pueden vislumbrarse tres escalinatas, correspondiendo cada una de ellas a tres estadios diferentes. Tales reformas es muy posible que estuvieran relacionadas con la erección de la pequeña estructura o recinto que yace junto a dicha trinchera y donde, como decíamos, fue inicialmente colocada la Estela 1.

Esta, una vez rescatada de las manos de los furtivos, fue trasladada por M. Orrego y R. Larios a la bodega de la Universidad de Pennsylvania en Tikal y posteriormente transportada a la bodega de mantenimiento del Parque Nacional Tikal, donde permanece en la actualidad, almacenada junto con otras estelas de diversos sitios.

La estela de El Corozal (Figura 5) está elaborada sobre piedra caliza de color amarillento y le falta parte de la base, sin que sea posible determinar cuánto medía este fragmento. Las dimensiones máximas de la pieza conservada son 1.70 m de altura, 0.60 m de ancho y 0.37 m de grosor. El relieve tiene una profundidad media de 1.7 cm.

La morfología de la piedra es de apariencia cóncava desplazada hacia un lado. Algunos ejemplos similares con estas características se aprecian en otras estelas del Clásico Temprano de Tikal (Estelas 9 y 31). El frente del monumento se encuentra muy erosionado, particularmente en las secciones superior e inferior. En la parte central del lado posterior se aprecia una fuerte erosión que produjo la pérdida de cerca de 0.58 m de la correspondiente inscripción jeroglífica. También se observa erosión y pérdida de otras partes del texto, así como numerosos agujeros en diferentes lugares de la pieza. Los lados están asimismo fuertemente erosionados, sin evidencias de haber sido tallados.

Jones y Orrego (1987) mencionan la existencia de manchas negras causadas por fuego, aunque según la inspección recientemente realizada éstas se deben más bien a la acción de la microflora.

En cuanto a las características iconográficas es importante mencionar que los diseños que exhibe la estela son únicos en el área de Tikal. Así, la cara frontal muestra elementos muy recargados y mezclados entre sí, típicos del periodo Clásico Temprano, pero que, en vez de una figura humana, lo que domina la escena es una especie de estaca o báculo de cuyo lado izquierdo penden cuatro elementos circulares en forma de orejeras separados por cabezas de jaguares y en el lado derecho se conjuga la representación de serpientes con otras formas no discernibles.

Coronando la estaca se aprecia una figura con rasgos zoomorfos y sobrenaturales con los brazos extendidos hacia arriba; el tocado del personaje presenta elementos que parecen corresponder a alguna planta y parte del atuendo incluye alas de serpiente. También destaca un pectoral en forma de nudo y orejeras y, en la parte superior, pueden observarse serpientes naturalistas que caen desde arriba.

Este diseño que combina jaguares, serpientes y orejeras sujetándose a una estaca, lo encontramos también en la Estela 1 de Tikal donde las representaciones son más naturalistas y no se repiten. Otros ejemplos similares son los “bastones” que aparecen en los dinteles de Tikal, especialmente el dintel 3 del Templo I y el dintel 2 del Templo IV (Jones y Satterthwaite 1982:figs.70 y 73); dichos bastones fueron interpretados por Freidel, Schele y Parker (1993:316) como estandartes de guerreros. Difíciles de interpretar son también las serpientes cayendo desde arriba; Jones y Orrego (1987:129) comparan esas culebras con las de las Estelas 3, 5 y 6 de Caracol, aunque éstas son más estilizadas y aparecen siempre en parejas. Asimismo, la presencia de orejeras suele asociarse a los monumentos de Ciclo 8, según lo refiere Proskouriakoff (1950:58) y según podemos observar en el Estela 19 de Uaxactun.

Desde el punto de vista epigráfico, encontramos dos columnas de jeroglíficos que empiezan con una rueda calendárica 11 Muluc, 7 ó 12 Pop, seguido de un verbo. En A3 aparece el título mahk’ina (Lounsbury 1974: ii), con una calavera. Sigue otra fecha en rueda calendárica con un 5 ó 10 de glifo desconocido acompañado por un 12 Pop. Luego del verbo en B4 se aprecia un faltante en la inscripción, reiniciándose en A9 con un 7 Chan; en A 10 está el verbo ucahi según Schele y Grube (1994:17a-18) y que significa el “hechor de”, o el verbo ubah que según Bricker (1986:136) significa “él lo va haciendo” y en B10 se encuentra el nombre Calavera Garra de Jaguar, identificado por Jones y Orrego como un gobernante de Tikal, cuyo nombre del glifo tiene aquí una calavera con los superfijos T44 y probablemente T109 y en frente, una garra de jaguar (?). En A11 aparece el posesivo de título, posiblemente con connotación de ahau, que en muchas ocasiones aparece con un uinal en la boca. En B11 se encuentra otro título posesivo que es un lakam tun, según la forma en que Stuart lo ha interpretado (Schele y Grube 1994:52-53).

En A12, lamentablemente erosionado, posiblemente se mencione el objeto del posesivo y en B12 hallamos un nominal leído por Reents (1986:152) como Masked Face e interpretado por Taube (1992:14) como Dios A’.

COMENTARIOS FINALES

Según la evidencia del estilo iconográfico que correspondería seguramente a mediados del periodo Clásico Temprano y la clara referencia a Garra de Jaguar que según Stuart (1987:19) es un nombre sustitutivo de Garra de Jaguar, el monumento parece corresponder al momento histórico representado por uno de los gobernantes Garra de Jaguar que según Mathews (1985:44) reinan desde antes de 8.14.3.1.12 hasta el ascenso del próximo gobernante en 8.17.2.16.17. En este sentido, entre las combinaciones posibles de fechas de rueda calendárica que parecen más plausibles y que pertenecerían a dicho periodo se ha seleccionado la lectura 8.17.1.10.19 11 Muluc 7 Pop (13 de mayo del 378).

Esta fecha tampoco entra en discrepancia con los resultados de la excavación arqueológica llevada a cabo en El Corozal que, como acabamos de ver, ha permitido datar el sitio en el Clásico Temprano (fase Manik II, 300-378 DC).

Por el contrario, en el Clásico Tardío apenas hubo ocupación, al igual que sucedió muy posiblemente en Uolantun, un sitio de similares características.

Figura 1 Tikal y su entorno, según Puleston (1983:Fig.1)

Figura 2 Plano del sitio El Corozal (levantamiento de C. Vidal)

Figura 3 Ubicación de los pozos de plaza

Figura 4 Trincheras de saqueo practicadas en algunos edificios del sitio

Figura 5 Estela 1 de El Corozal (dibujo de S. Teufel)

REFERENCIAS

Bricker, Victoria R.

1986        A Grammar of Mayan Hieroglyphs. Middle American Research Institute No.56. Tulane University, New Orleans.

Freidel, David A., Linda Schele y Joy Parker

1993        Maya Cosmos: Three Thousand Years on the Shaman’s Path. William Morrow and Company, Nueva York.

Jones, Christopher y Miguel Orrego

1987        Corozal Stela 1 and Tikal Miscellaneous Stone 167: Two New Monuments from the Tikal Vicinity, Guatemala. Mexicon 9:129-133.

Jones, Christopher y Linton Satterthwaite

1982        The Monuments and Inscriptions of Tikal: The Carved Monuments. Tikal Report No.33, Part A. University Museum Monograph No.44. University of Pennsylvania, Philadelphia.

Lounsbury, Floyd

1974        The Inscriptions of the Sarcophagus Lid at Palenque. Primera Mesa Redonda de Palenque, Parte 1 (editado por M. Greene Robertson). Pebble Beach, California.

Mathews, Peter

1985        Maya Early Classic Monuments and Inscriptions. A Consideration of the Early Classic Period of the Maya Lowlands, pp:5-54. Institute for Mesoamerican Studies, Albany.

Proskouriakoff, Tatiana

1950        A Study of Classic Maya Sculpture. Carnegie Institution Pub.593. Washington D.C.

Puleston, Dennis E.

1983        The Settlement Survey of Tikal. Tikal Report No.13. University Museum, Monograph 48. University of Pennsylvania, Philadelphia.

Reents, Dorie

1986        Inter-Site Dynastic Relations Recorded on a Plate from Holmul, Guatemala. Estudios de Cultura Maya 16:149-166.

Schele, Linda y Nikolai Grube

1994        Notebook for the 18th. Maya Hieroglyphic Workshop at Texas. University of Texas, Austin.

Stuart, David

1987        A Variant of the Chak Sign. Research Reports on Ancient Maya Writing, No.10. Center for Maya Research, Washington D.C.

Taube, Karl Andreas

1992        The Major Gods of Yucatan. Studies in Pre-Columbian Art and Archaeology, No.32. Dumbarton Oaks Research Library and Collection, Washington, D.C.

 

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