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01 El Preclásico Temprano en la costa central de Guatemala: Interpretaciones finales y perspectivas – Bárbara Arroyo – Simposio 08, Año 1994

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Arroyo, Bárbara

1995        El Preclásico Temprano en la costa central de Guatemala: Interpretaciones finales y perspectivas. En VIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1994 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.1-5. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala (versión digital).

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EL PRECLÁSICO TEMPRANO EN LA COSTA CENTRAL

DE GUATEMALA:

INTERPRETACIONES FINALES Y PERSPECTIVAS

Bárbara Arroyo

En ocasiones anteriores se han presentado los resultados preliminares de mis investigaciones en la región de Tecojate. Esta vez, al haber concluido el trabajo en aquel lugar, quisiera profundizar un poco más en el tema y señalar algunas de mis conclusiones finales (Arroyo 1994). Estas conclusiones a su vez, han promovido varias preguntas de investigación que serán exploradas en un futuro y mencionadas al final de este trabajo.

Las investigaciones del Formativo Temprano en la costa central de Guatemala tuvieron como base un recorrido sistemático en la costa baja entre los ríos Madre Vieja y Coyolate, en la zona de Tecojate en el departamento de Escuintla (Figura 1). Al completar el recorrido, obtuvimos información sobre la localización de 14 sitios Formativo Temprano (además, el recorrido también registró asentamientos de todas épocas, documentando un total de 168 sitios). Se excavaron cuatro sitios Formativo Temprano para estudiar la ocupación de aquella desconocida época en la región.

ENFOQUE DEL TRABAJO

El principal objetivo de este proyecto era conocer la naturaleza de los asentamientos Formativo Temprano en Tecojate y su relación con las otras regiones al este y oeste. Además estuve interesada en explorar la transición del periodo Arcaico (2000-1850 AC), al periodo Formativo Temprano (1800-850 AC). Desafortunadamente los depósitos arcaicos no fueron encontrados (posiblemente por estar enterrados debajo del nivel natural de agua) y únicamente encontramos sitios con ocupación desde inicios del Formativo Temprano.

Según la información disponible sobre el Arcaico en Chiapas, es el lugar más cercano donde se ha encontrado esa ocupación, la transición de ese periodo al Formativo Temprano parece haber sido rápida. Esta transición marcó un evento muy importante que fue el cambio de grupos nómadas o móviles hacia pequeños pueblos o aldeas sedentarias. Desafortunadamente no contamos con información sobre esa transición y solo se puede asumir cómo fue la misma.

Fue así como el desarrollo de los primeros pueblos sedentarios fue uno de los aspectos más importantes en la investigación de la zona de Tecojate. Según los resultados de seis fechas de radiocarbono las cuales varían entre 1780 y 1050 AC (no corregidas ni calibradas), ya existían pueblos sedentarios. Estos contaban con un complejo cerámico extenso, casas permanentes con pisos bien construidos con paredes de bahareque y un conjunto de artefactos que demuestran la práctica de caza y pesca.

Sin embargo, la práctica de agricultura, la cual generalmente se asocia a las primeras comunidades sedentarias, no fue practicada intensivamente al principio del Formativo. Es más, es posible que la misma solo estuviera siendo practicada como una actividad aislada que no jugaba un destacado papel en las prácticas de subsistencia de la sociedad de aquel tiempo. En contraste, la intensiva explotación de los recursos naturales disponibles en el rico medio ambiente de manglares y estuarios, fue la base de sostén y, posiblemente, la situación promotora de los asentamientos sedentarios en la región.

Los hallazgos de extensos depósitos de conchas, crustáceos y otros restos de fauna en las excavaciones sugieren que existió una explotación de los recursos animales locales. Estos recursos no solo involucraron a aquellos que vivían en las aguas del estuario, sino también a los animales terrestres. Algunos ejemplos de los huesos encontrados y analizados por el Dr. Francisco Vásquez del Jardín Botánico de la USAC incluyen venados, coches de monte, armadillos, conejos, variedades de aves, reptiles, además de tortugas y peces de la región. Los resultados de los análisis de restos orgánicos hechos por Dr. David Lentz del Jardín Botánico de Nueva York, indican la presencia de un solo fragmento de maíz para finales del Formativo Temprano. El resto de las muestras correspondieron a variedades de manglares y una planta de crecimiento secundario de ese mismo medio ambiente. Sin embargo estos datos deben tomarse con precaución ya que la preservación de materiales orgánicos en la Costa del Pacífico es muy mala debido a la humedad.

En otros lugares, como la región de Mazatán en Chiapas, fue comprobado a través de análisis químicos en huesos de entierros prehispánicos, que durante el Formativo Temprano el consumo de plantas vegetales era extremadamente bajo y que posiblemente no existió una dependencia en la agricultura (Blake et al. 1992; Lowe 1971). Aunque no tenemos restos humanos en Tecojate para realizar estos estudios, los abundantes restos de animales locales, además de la falta de un complejo lítico que sugiera la práctica de agricultura, tienden a mostrar que la misma no jugó un papel importante en la existencia de los primeros pueblos.

Más adelante discutiré un modelo para la evolución del desarrollo Formativo Temprano en la parte central de la Costa del Pacífico, el cual involucra la práctica de la agricultura intensiva, pero es hasta el final del Formativo Temprano cuando se empiezan a observar cambios en la organización social. Este modelo es propuesto para la región de Tecojate ya que cada zona debió haber observado desarrollos diferentes. En este sentido es importante considerar el tamaño de la planicie costera en los distintos lugares en el sur de Mesoamérica.

Pienso que los lugares con una planicie costera ancha dependieron fuertemente de los recursos naturales propios del estuario y manglar. Si la planicie costera es angosta, el acceso a tierra adentro, donde posiblemente se originaron las prácticas agrícolas (como es el caso de Tehuacán en México), fue más fácil y de allí que se conocieran éstas antes en esos lugares. De tal manera, la presencia de agricultura no es equivalente a una sociedad sedentaria, al menos en la región de Tecojate.

EL FORMATIVO TEMPRANO Y SU EXTENSA DISTRIBUCIÓN DE RASGOS CULTURALES

La distribución de rasgos estilísticos similares a lo largo de una región muy amplia que empieza en el Golfo de México y continúa por el Istmo de Tehuantepec hacia la Costa del Pacífico del sur de Mesoamérica fue identificada como el Horizonte Ocós por Lowe en 1971. El elemento principal de este horizonte involucra el uso de tecomates decorados con una banda roja a lo largo de una extensión geográfica muy amplia. Sin embargo, el uso de la palabra horizonte se encuentra mal empleada aquí. Un horizonte, según Willey y Phillips (1958), ocupa un área espacial grande pero dentro de un periodo de tiempo corto. Lo que se observa a lo largo de la Gran Región del Istmo es cierta unidad cultural la cual se extiende a lo largo de unos 900 años. Este largo periodo de tiempo, en el que se comparten una serie de rasgos culturales, desecha que el fenómeno Formativo Temprano sea explicado en términos de un horizonte. Además, estos rasgos no necesariamente implican un mismo grupo étnico sino más bien el reflejo de una intensa red de comunicación. Adicionalmente a los estilos cerámicos, se observan otros rasgos culturales compartidos, como es la preferencia de asentamientos en las orillas de estuarios y manglares o medio ambientes ricos.

El asentamiento de los primeros pueblos sedentarios en la Costa del Pacífico puede seguir un patrón similar a aquellos grupos de cazadores-recolectores-pescadores de la Costa Noroeste de Estados Unidos y Canadá (Ames 1991). En aquellos lugares, la agricultura tampoco fue un requisito para la promoción de sedentarismo. Ejemplos de los indios Tlingit, Hayda, Kuakitutl, Tareumiut, además de grupos nativos de Alaska como los Ainu y Chukchi costeños, demuestran etnográficamente que grupos sedentarios existieron dependiendo en recursos marinos. Además, cada grupo parece haber mantenido desarrollos sociales distintos, aunque estaban en contacto y asentados en lugares cercanos.

Mucho se ha discutido sobre la existencia de sociedades complejas en ambientes acuáticos. Algunos autores niegan que las mismas hayan logrado alcanzar un desarrollo social complejo sin la práctica de agricultura, pero ejemplos prehispánicos en Perú (Moseley 1975), los Calusa de Florida (Widmer 1988), la cultura Ertebolle de Dinamarca (Price y Brown 1985), los Natufios del Cercano Oriente (Henry 1989) y la cultura Jomon en Japón (Aikens 1981), demuestran lo contrario.

La interacción social fue muy importante y la misma puede ser utilizada para explicar cierta unidad de estilos cerámicos y otros rasgos culturales que se extienden a lo largo de la Gran Región del Istmo. Esta interacción estuvo enraizada en las antiguas redes de alianzas presentes durante la época cuando los grupos eran cazadores-recolectores nómadas. Es posible que las alianzas continuaron una vez los grupos se establecieron permanentemente.

MODELO PARA EXPLICAR LA EVOLUCIÓN DE LOS PUEBLOS SEDENTARIOS EN TECOJATE

El rico medio ambiente existente en la Costa del Pacífico debió promover los asentamientos sedentarios a principios del Formativo. Originalmente, la Costa pudo favorecer los asentamientos temporales para la extracción de algún recurso particular como sal o pescado. Sin embargo, una vez se conoció la abundancia de otros recursos del lugar, el mismo fue ocupado durante todo el año. Cuando los grupos cazadores-recolectores-pescadores se asentaron permanentemente, ciertos aspectos vitales que mantenían un control poblacional cambiaron. Estos incluyen prácticas naturales de control de la natalidad las cuales involucraron periodos de lactancia más cortos, infanticidio y abstinencia sexual. Henry (1989) señala que el aspecto más importante de la evolución de sociedades sencillas a complejas estuvo relacionado con la pérdida de los controles de natalidad los cuales iban unidos a la movilidad. Una vez se inició el incremento en la población, ciertos productos empezaron a escasear por lo que hubo necesidad de iniciar algún tipo de almacenaje el cual serviría en tiempos de necesidad. Para esto, es posible que existiera una autoridad similar a la de un líder incipiente que podía regular este mecanismo. A su vez, este líder debe haber utilizado esta situación de cierto poder. Una manera de haberlo hecho pudo ser el de haber mantenido sus contactos a través de alianzas, las cuales le proporcionaban productos e información de otras áreas. Esto influenció su situación de líder y favoreció a que tuviera más prestigio.

Es posible que uno de los aspectos de información que se intercambiaron con alguno de los grupos aliados fuera la práctica de agricultura intensiva (con su tecnología, variedades de cultivo e instrumentos). El promover esta práctica dentro de la comunidad local debió agrandar todavía más la situación del líder. Debido al incremento de población debieron surgir ciertos conflictos donde hubo necesidad de un mediador. Este mediador se convirtió en el líder emergente y a través de la celebración de un ritual para desahogar los conflictos obtuvo más prestigio.

Este modelo resume y propone lo que ocurrió una vez los pueblos se convirtieron en asentamientos permanentes. La complejidad social debió ser más marcada hacia finales del Formativo Temprano dando pasó a los complejos desarrollos del Formativo Medio. El desarrollo de los primeros grupos sedentarios en Tecojate no refleja el desarrollo de todas las sociedades Formativas a lo largo de la Costa del Pacífico. El trabajo sobre Paso de la Amada, Chiapas, será un buen ejemplo de desarrollos regionales contemporáneos distintos. En un futuro cercano seguiré investigando las ocupaciones Formativo Temprano en Escuintla y en la región de Suchitepéquez al oeste del río Nahualate, esperando llegar a alcanzar una comprensión global de los distintos grupos asentados en la Costa del Pacífico a principios del Formativo.

Figura 1 La región de Tecojate en el departamento de Escuintla, Guatemala

REFERENCIAS

Aikens, C. M.

1981        The Last 10,000 Years in Japan and Eastern North America: Parallels in Environment, Economic Adaptation, Growth of Societal Complexity, and the Adoption of Agriculture. En Affluent Foragers (editado por S. Koyama y D. H. Thomas):261-273. Senri Ethnological Studies Vol.9. National Museum of Ethnology, Osaka.

Ames, K. M.

1991        Sedentism: A Temporal Shift or a Transitional Change in Hunter-Gatherer Mobility Patterns? En Between Bands and States (editado por S. A. Gregg):108-134. Center for Archaeological Investigations, SIU Occasional Paper No.9. Southern Illinois University, Carbondale.

Arroyo, Bárbara

1994        The Early Formative in Southern Mesoamerica: An Explanation for the Origins of Sedentary Villages. Tesis Doctoral, Vanderbilt University, Nashville.

Blake, T.M., J.E. Clark, B. Chisholm y K. Mudar

1992        Non-Agricultural Staples and Agricultural Supplements: Early Formative Subsistence in the Soconusco Region, Mexico. En Transitions to Agriculture (editado por A.B. Gebauer y T.D. Price):133-152. Monographs in World Archaeology No.4. Prehistory Press, Madison.

Henry, D. O.

1989        From Foraging to Agriculture The Levant at the End of the Ice Age. University of Pennsylvania Press, Philadelphia.

Love, Michael W.

1971        The Civilizational Consequences of Varying Degrees of Agricultural and Ceramic Dependency within the Basic Ecosystems of Mesoamerica. Contributions of the University of California Archaeological Research Facility 11:212-248.

Moseley, M. E.

1975        The Maritime Foundation of Andean Civilization. Cummings Publishing Company, Menlo Park.

Price, T. D. y J. A. Brown

1985        Aspects of Hunter-Gatherer Complexity. En Prehistoric Hunter-Gatherers: The Emergence of Cultural Complexity (editado por T.D. Price y J.A. Brown):3-20. Academic Press, New York.

Widmer, R. J.

1988        The Evolution of the Calusa. University of Alabama Press, Tuscaloosa and London.

Willey, Gordon R. y Ph. Phillips

1958        Method and Theory in American Archaeology. The University of Chicago Press, Chicago.

 

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