Asociación Tikal

39 Las Pacayas: Un nuevo sitio arqueológico en la región Petexbatun – Héctor L. Escobedo, Jorge Mario Samayoa y Oswaldo Gómez – Simposio 7, Año 1993

Descargar este artículo en formato PDF

Escobedo, Héctor, Jorge Mario Samayoa y Oswaldo Gómez

1994        Las Pacayas: Un nuevo sitio arqueológico en la región Petexbatun. En VII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1993 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.431-448. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

39

LAS PACAYAS:

UN NUEVO SITIO ARQUEOLÓGICO EN LA REGIÓN PETEXBATUN

Héctor L. Escobedo

Jorge Mario Samayoa

Oswaldo Gómez

Con el fin de extender la actividad del Proyecto Atlas Arqueológico de Guatemala hacia otras zonas del departamento de Petén y gracias a un financiamiento otorgado generosamente por la Fundación Wenner Green, se programó efectuar actividades de rescate y reconocimiento en Las Pacayas, sitio arqueológico localizado en el caserío del mismo nombre al oeste del municipio de Sayaxche.

Es curioso que en la hoja Dos Pilas del mapa 1:50,000 del IGM, esta población aparece registrada bajo el nombre de El Pacayal. Por lo tanto, es posible que su nombre haya cambiado en tiempos muy recientes. En todo caso, el caserío Las Pacayas tiene una extensión de dos caballerías y está habitado por 65 familias de la etnia Q’eqchi’. Los caseríos más cercanos a esta población, también habitados por indígenas Q’eqchi’, son hacia el noroeste, El Jordán y al este, La Montería.

Las ruinas se ubican en las coordenadas UTM 913103, aproximadamente a 1.5 km en línea recta al suroeste del poblado, en un área en donde predominan los bajos, factor que limitó la disposición de las unidades ceremoniales y habitacionales sobre elevaciones naturales. La ubicación del sitio en terrenos utilizados actualmente para la explotación agrícola de maíz y pepitoria y la tala inmoderada de árboles, han ocasionado la casi total desaparición del bosque primario. Estas actividades, sumadas a recientes depredaciones, sugieren que al igual que otros sitios arqueológicos de Petén, Las Pacayas está condenado a la destrucción por no contar con vigilancia del Estado. Para contrarrestar este peligro latente y en cumplimiento con los objetivos planteados por el proyecto Atlas Arqueológico con respecto al registro y protección del patrimonio cultural del país, los autores realizaron las primeras investigaciones arqueológicas formales en el sitio, durante el mes de mayo de 1993. Las actividades realizadas tanto en el epicentro como en el área periférica habitacional, incluyeron levantamientos y sondeos para definición arquitectónica, funcional y cronológica.

Por otro lado, tomando en cuenta que los centros mayores más cercanos a Las Pacayas son Aguateca y Dos Pilas (localizados a 7.5 km hacia el noreste y 11 km al norte, respectivamente; Figura 1), el objetivo teórico principal de las investigaciones arqueológicas en el sitio, fue el esclarecimiento del papel sociopolítico que jugó Las Pacayas como un centro menor en relación a los centros rectores del área del Petexbatun. Se consideró que la consecución de este objetivo contribuiría de manera substancial a la aclaración de la naturaleza de las relaciones entre la entidad política de Dos Pilas y los centros menores de la periferia que no fueron protagonistas principales de los sucesos históricos registrados en los monumentos esculpidos.

EXCAVACIONES EN LAS PLAZAS A Y B DEL EPICENTRO

El epicentro de Las Pacayas está integrado por la Acrópolis, complejo arquitectónico construido sobre una elevación caliza natural que alcanza la altura aproximada de 20 a 25 m, sobre la cual se localizan estructuras cívico-religiosas, conjuntos habitacionales de élite y una cueva natural con uso ceremonial (Figuras 2 y 6). Para lograr acomodar las diferentes plazas y estructuras que componen la Acrópolis, se colocaron en los límites de la elevación grandes muros de contención, nivelaciones de la roca caliza y rellenos. Por lo tanto, el esfuerzo laboral invertido en la construcción del grupo principal de Las Pacayas fue considerable.

Ubicada sobre el extremo norte de la Acrópolis, con accesos hacia el norte y el este, se encuentra la Plaza A, la principal del sitio. Cuatro edificios integran esta plaza. La Estructura 1 se localiza sobre el sector oeste de la Plaza A, se trata de una alargada plataforma de dos cuerpos que alcanza los 2 m de altura. Excavaciones trazadas dentro de la estructura revelaron la presencia de una subestructura, que no fue explorada (Figura 3). Además, frente a la fachada de la Estructura 1 se localizó un basurero sobre el último piso de ocupación.

La Estructura 2 está ubicada en el sector este de la Plaza A. Se trata de una pequeña plataforma baja rectangular que en su eje central presentaba un saqueo. Este saqueo tuvo 2.70 m de largo, 1.70 m de ancho y 0.80 m. de profundidad. Pocos metros hacia el sur de la Estructura 2 se localiza la 3, otra plataforma baja de 0.60 m de alto. Excavaciones trazadas en las esquinas y eje de la estructura revelaron que su construcción es posterior a la colocación del último piso de plaza, rasgo sobre el cual se encuentra asentada (Figura 4).

Hacia el oeste de la plaza se localiza la Estructura 4, la mayor del sitio, la cual consiste de una pirámide con adosamiento hacia el sur, que se alza 5 m sobre el piso de la plaza y tiene dos escalinatas de acceso. Las excavaciones trazadas en esta estructura revelaron la presencia de buena y elaborada mampostería, así como también numerosos materiales cerámicos del Clásico Tardío, que fueron recuperados en basureros localizados cerca de las esquinas y escalinatas de la parte frontal de la pirámide. La segunda grada de la escalinata principal presentaba un círculo con significado indeterminado, que se asemeja a otros localizados en Ceibal y Dos Pilas. Adosados a ambos lados de la escalinata principal en el primer cuerpo de la pirámide, se encontraron dos paneles lisos de piedra caliza. El Panel 1 en el lado norte, tuvo 1.30 m de alto y 0.80 m de ancho y el Panel 2 hacia el sur, 1.13 m y 0.80 m.

La Estructura 4 presentaba tres grandes agujeros de depredación. Dos de estos fueron hechos sobre el eje normativo de la pirámide y del adosamiento, uno más se localizó en el sector que divide a ambos rasgos arquitectónicos. La mayor depredación fue hecha sobre el eje normativo de la pirámide. Para conocer la secuencia constructiva de la pirámide, se profundizó la excavación hecha por los saqueadores, hasta alcanzar la roca caliza (Figura 5). Gracias a esto, se pudo determinar la presencia de cinco pisos estucados que representan remodelaciones y subestructuras. Debajo del piso más profundo, se localizó un cuenco fragmentado casi completo, del Grupo Actuncan/Dos Arroyos Naranja Policromo. Esto indica que la fase constructiva más temprana de la Estructura 4 corresponde al período Clásico Temprano. No se detectaron recintos funerarios. Sin embargo, una excavación realizada en el sector central de la escalinata principal, debajo de dos pisos estucados, a 3 m de profundidad, reveló el Entierro 5.

Se trata de un entierro primario directo, extendido decúbito dorsal con el cráneo orientado hacia el sur. Los restos óseos, bien preservados, correspondían a un individuo masculino, adulto joven, menor de 35 años, cuya estatura aproximada oscilaba entre 156.75 cm ± 3 cm (Lori Wright, comunicación personal 1993). Este entierro del período Clásico Tardío, no presentaba recinto funerario y su única ofrenda consistió en un plato policromo, boca abajo, colocado sobre el cráneo del individuo. Es posible que haya otras ofrendas funerarias asociadas a este entierro, ya que por limitaciones de tiempo no pudo recuperarse la parte anatómica que corresponde a las extremidades inferiores del personaje enterrado, las cuales deben encontrarse más allá del perfil norte de la unidad de excavación.

Al sur de la Plaza A en el sector que divide a ésta y a la Plaza B, cerca de la Estructura 5, se localiza el acceso principal a la Cueva de los Quetzales, posiblemente el foco de actividad ritual más importante de Las Pacayas. Esta cueva ha sido explorada y reportada por miembros del Subproyecto de Cuevas del Proyecto Petexbatun (Brady 1990; Brady et al 1991). Adelante se incluye una breve descripción de esta cueva y sus materiales tomada de los reportes mencionados, en particular del último de éstos.

La Plaza B está integrada por cuatro edificios (Estructuras 5/8). La Estructura 5, que es la principal de la plaza, consiste de una plataforma alargada que tiene aproximadamente 1.50 m de alto. El edificio fue víctima de dos grandes trincheras de saqueo hechas en la parte central-este del mismo. Las medidas de los saqueos superaron los 5 m de largo, 2 m de ancho y 1 m de profundidad. No obstante, excavaciones en su eje normativo revelaron el Entierro 6, entierro directo localizado a 1 m de profundidad. Debido a que no incluía recinto funerario y a que los restos óseos recuperados solamente corresponden a partes del cráneo, se considera que se trata de un entierro dedicatorio. Los huesos de un individuo adulto posiblemente masculino (Lori Wright, comunicación personal 1993), se encontraban abajo de dos vasijas ofrenda, un plato trípode policromo boca abajo y un vaso rojo acanalado. Este entierro pudo haber sido una ofrenda dedicatoria a la remodelación de la Estructura 5. La datación del entierro corresponde a inicios del período Clásico Tardío. La exploración de la Estructura 5 no alcanzó la roca caliza (Figura 7).

Hacia el sur y oeste de la Plaza B se localizan las Estructuras 6, 7 y 8. Sondeos realizados en las esquinas de las dos últimas, revelaron elaborados bloques de piedra que integran la base de las mismas. Se trata de edificaciones bajas que no superan los 0.50 m de alto.

INVESTIGACIONES EN EL SECTOR SUR DEL EPICENTRO, PLAZAS C, D Y E

El sector sur de Las Pacayas comprende una plaza principal, la C, localizada en el sector norte y dos plazas secundarias D y E, ubicadas al sureste y hacia el sur respectivamente. La Plaza C, abierta hacia el norte y este, sostiene tres estructuras (9, 10 y 11). En el sector norte debe haber existido una escalinata de acceso que comunicaba a la Plaza C con la B. Sondeos realizados en la primera, sugieren diferentes funciones para las estructuras que la conforman.

La Estructura 9 consiste de una plataforma de dos cuerpos con larga escalinata central de acceso. La elaborada arquitectura de este edificio indica que fue una residencia de élite construida en una sola época. No reportó ningún rasgo funerario. La segunda grada que corresponde al eje de la escalinata de acceso a la Estructura 9, presentó el mismo círculo grabado en alto relieve que fue descubierto en la Estructura 4.

La Estructura 10 es una plataforma baja de dos cuerpos sin escalinata, que se ubica en el sector sur de la Plaza C (Figura 8). En la parte superior del segundo cuerpo se descubrió una superestructura en forma de U, que incluye un nicho. Sobre el piso de este último se localizó una punta de proyectil de pedernal, la cual puede representar una ofrenda dedicatoria al edificio. Esta evidencia, junto con la presencia de dos entierros, números 1 y 2, localizados en el eje central de la Estructura 10, sugiere que ésta tuvo una función ritual. También se detectó que el edificio sufrió al menos tres remodelaciones, según lo indicaba la presencia de tres pisos estucados dentro del mismo.

El Entierro 1 fue descubierto sobre roca caliza, dentro de una cista a 0.70 m de profundidad de la superficie, en el eje de la base frontal del primer cuerpo de la Estructura 10 (Figura 9). Se trata de un entierro primario indirecto, en posición extendido decúbito dorsal, con el cráneo orientado hacia el norte. Los restos óseos están mal preservados y corresponden a un personaje adulto de sexo indeterminado (Lori Wright, comunicación personal 1993). El ajuar funerario consistió de un plato trípode policromo, un cuenco negro acanalado y otro rojo-naranja, que corresponden a inicios del período Clásico Tardío.

El Entierro 2 también fue descubierto dentro de una cista, sobre lajas debajo de tres pisos estucados, a 1 m de profundidad de la superficie y a 0.30 m hacia este del eje de la base frontal del segundo cuerpo de la Estructura 10 (Figura 10a). Se trata de un entierro primario indirecto, en posición extendido decúbito dorsal con el cráneo orientado hacia el norte. Los restos óseos están mal preservados y corresponden a un adulto mayor de 35 años, quizá de sexo femenino (Lori Wright, comunicación personal 1993). El ajuar funerario consistió de un plato trípode negro, un vaso café-negro acanalado y una concha Spondylus. La cerámica corresponde al período Clásico Tardío.

Atrás de la Estructura 10 se localiza la número 11, pequeña plataforma baja que pudo haber formado parte del área de servicio de la Plaza C. Una escalinata comunica a esta plaza con la D, ubicada en un nivel más bajo hacia el sureste de la primera. La Plaza D está integrada por dos plataformas bajas, estructuras 12 y 13. Esta última, hacia el sur, reveló un piso estucado que corresponde a un piso de plaza que antecede la construcción de la misma. Ninguna de las dos estructuras reportaron escalinatas o rasgos funerarios.

Al sur de la Plaza C quizá hay una escalinata más, no explorada, que comunicaría con la Plaza E. Al igual que la Plaza D, la E está integrada por dos plataformas bajas, Estructuras números 14 y 15. Asociado con la Estructura 15 fue descubierto el Entierro 3, en el eje directamente abajo del piso de la plataforma (Figura 11). Se trata de un entierro primario directo, flexionado lateral derecho, con el cráneo orientado hacia el sur. Los restos óseos estaban mal preservados y correspondían a un individuo adulto quizá de sexo femenino, cuya edad oscilaba entre los 20 y los 50 años (Lori Wright, comunicación personal 1993). Tenía dientes limados. El ajuar funerario consistió de una concha nácar trabajada, que tiene bordes aserrados y presenta dos perforaciones circulares pequeñas y una central de mayor tamaño, que se encuentra remarcada por una incisión circular.

INVESTIGACIONES EN EL SECTOR ESTE DEL EPICENTRO

Formando parte del epicentro, a unos 30 m hacia el este de la Acrópolis se ubica la Estructura 16, edificio construido sobre una plataforma basal escalonada de 1 m de altura (Figura 12). La Estructura 16 alcanza una elevación de 3.60 m, pero su altura original debe haber sido mayor si se toma en cuenta su grado de destrucción actual. Su función debe haber sido eminentemente cívico-ceremonial ya que se trata de la segunda estructura de mayor elevación en el sitio, destacando también por su ubicación y por el elaborado labrado de los bloques de piedra con que fueron construidos sus muros y plataformas (Figura 13). Además, frente a la escalinata de acceso a la plataforma que la sostiene, se localizó el único altar liso hasta ahora descubierto en Las Pacayas. Exploraciones alrededor del altar no reportaron la presencia de alguna espiga de estela asociada con el mismo. Por otro lado, la presencia de terrazas con escalinatas que descienden de la Plaza A hacia la Estructura 16, confirman la relevancia de este edificio y su fuerte asociación con la Acrópolis.

INVESTIGACIONES EN LA CUEVA DE LOS QUETZALES

La Cueva de los Quetzales se encuentra ubicada entre las dos plazas de mayor relevancia de la Acrópolis de Las Pacayas. La entrada principal de la cueva se localiza hacia el noroeste de la Estructura 5, bajo la base de la plataforma que sostiene a la Plaza B de la Acrópolis.

El objetivo primordial de las excavaciones en la cueva fue la exploración de un depósito de artefactos detectado debajo de una abertura en forma de chimenea en la bóveda de la cueva. Nueve unidades de excavación (de CQ1-08 a CQ1-11) fueron trazadas para recuperar la mayor cantidad de artefactos que formaban parte de este rasgo. Los lotes fueron definidos de manera arbitraria, separándose el material cada 0.10 m.

La nomenclatura utilizada en las excavaciones de la cueva fue la siguiente: CQ significa Cueva de los Quetzales; el número 1 corresponde a la cámara de la cueva que se exploró; luego sigue el número que identifica a cada operación y por último, el número de lote.

La tierra removida por las excavaciones fue primero revisada dentro de la cueva y luego transportada al exterior de la misma para cernirla. Casi la mitad de las unidades de excavación alcanzaron la roca caliza y como es bastante frecuente en estudios de cuevas, no se pudo definir ningún nivel estratigráfico. Tampoco se detectó evidencia de ritos que involucrasen quema de materiales orgánicos dentro de la cueva.

En todas las unidades de excavación se recuperó abundante cerámica, objetos de hueso, concha, pedernal y obsidiana.  El material se separó de acuerdo a la categoría a la que correspondía cada artefacto, por ejemplo, cerámica policroma, cerámica monocroma, lítica, concha y hueso. Los artefactos fueron colocados en recipientes sólidos para brindarles mayor protección.

Es interesante que cerca del 45% del material cerámico recuperado en las excavaciones de la cueva corresponda a vasijas policromas, de las cuales varias presentan inscripciones glíficas y estuco. Además, son bastante numerosos los tiestos que corresponden a tambores policromos y las figurillas silbato. Una categoría de menor relevancia en la cueva, corresponde a piedra pulida, representada por manos y piedras de moler. Un tanto más frecuentes son las navajas de obsidiana y los artefactos de concha y hueso (tubos, lengüetas, agujas, etc). Uno de estos últimos, presentaba la frase glífica u-BAK, que significa su hueso, mientras que una concha incisa presentaba como motivo la cara del dios Chac. También se recuperaron restos de espejos de hematita.

La ubicación de la cueva de Los Quetzales en el sector principal del centro cívico-religioso de Las Pacayas, junto con los artefactos depositados debajo de la abertura en la bóveda de la misma, denotan la relevancia que ésta tuvo en los rituales que se llevaban a cabo en nombre de toda la comunidad. Esta idea se refuerza además por la presencia de una pared de mampostería fina dentro de la cueva y la evidencia de una construcción mayor para sellar varias áreas en donde la bóveda de la cámara se abre a la superficie. Todo esto refleja el hecho que la cueva era un importante componente integrado al sitio.

A pesar de la naturaleza pública de la mayoría de los rituales, no sería raro que el acceso a la cueva hubiese estado limitado a la élite. La presencia de gran cantidad de cerámica policroma y de elaborados incensarios, tiende a apoyar esta observación. Además, el conjunto de artefactos representado por espejos de hematita, hueso y concha trabajados, refuerza esta propuesta.

Para finalizar, se considera que la abundancia de instrumentos musicales en forma de tambores de cerámica, pitos, un raspador y quizá tambores hechos de caparazón de tortuga, indica que las ceremonias dentro de la cueva eran elaboradas e involucraban el acompañamiento de música.

RECONOCIMIENTOS EN EL ÁREA PERIFÉRICA

El reconocimiento arqueológico del área periférica reveló un número bastante limitado de unidades habitacionales, localizadas principalmente hacia el suroeste, sureste y norte de la Acrópolis (Figura 2). Se registraron solamente 14 montículos habitacionales visibles, más o menos en un radio de 500 m del centro del sitio.

Por las características espaciales ligadas a su cercana ubicación con respecto a la Acrópolis Central, se considera que la sección habitacional periférica más importante fue la que se encuentra al suroeste del epicentro, al pie de la elevación natural sobre la cual se construyó el mismo (Figura 2). En esta sección se logró detectar dos conjuntos habitacionales informales y un montículo aislado colocado sobre la parte más alta de la elevación natural. La altura de los basamentos no superó el metro.

En este sector se ubica el grupo habitacional 4, que se localiza aproximadamente 70 m hacia el suroeste de la Acrópolis de Las Pacayas (Figura 14). Frente al eje de la base de la Estructura 1 de este conjunto, se descubrió el Entierro 4, el cual descansaba dentro de una cista sobre roca caliza, a 0.50 m de profundidad de la superficie (Figura 15). Se trataba de un entierro primario indirecto, en posición flexionado lateral derecho, con el cráneo orientado hacia el norte. Los restos óseos estaban relativamente bien preservados y correspondían a un adulto joven, quizá de sexo masculino, cuya edad aproximada de muerte está entre los 20 y los 35 años (Lori Wright, comunicación personal 1993). Este individuo padeció una infección de las mandíbulas y tenía dientes con incrustaciones y limado. El ajuar funerario consistió de vasijas de la Esfera Tepeu 2, que corresponden a un vaso sin engobe, un cuenco naranja y rojo, así como un plato trípode policromo.

Este último presenta banda glífica con signos que se repiten varias veces. Sobre la base del plato se observa un personaje con incisivos superiores pronunciados y deformación craneana tabular erecta, representado en actitud de movimiento frente a una plataforma. El motivo central es un tanto extraño, pues junto al personaje principal aparece una guacamaya roja (Ara Macao) que le ha cercenado los dedos de una de sus manos. Esto es evidente, tanto en la presencia de dedos en el pico de la guacamaya como en la mano sangrante del personaje. A la izquierda del individuo se encuentra lo que pareciera ser un pincel pintado de color rojo en posición diagonal. Esta evidencia, junto con la cercanía de la estructura asociada al Entierro 4 con respecto a la Acrópolis, sugiere que el personaje pudo ser un escriba al servicio de la élite local.

Los grupos habitacionales 1 y 2 se localizan hacia el sureste de la Acrópolis y están asentados sobre una elevación caliza modificada artificialmente, que funciona como plataforma basal de los conjuntos antes mencionados (Figura 2). Ambos grupos están integrados por tres unidades residenciales que se distribuyen formalmente alrededor de dos patios abiertos en uno de sus lados (Figura 16). Los patrones de plaza corresponden a este abierto al sur y oeste abierto al este respectivamente. Los montículos que integran estos grupos, no superaron el metro de altura. Asociada a este sector se localizó una piedra de moler, la cual sugiere una función doméstica para los montículos. En el lado norte de la elevación natural se localizó lo que parece ser el acceso a una cueva. De manera lamentable, este rasgo no pudo ser explorado por encontrarse colapsado.

El otro grupo de unidades habitacionales visibles, se encuentra al norte del epicentro, a una distancia aproximada de 500 m. En esta sección se definió un montículo aislado y un conjunto residencial de dos estructuras, cuyo patrón de plaza fue norte abierto al este y al oeste (Figuras 11.2, 11.14). No se detectó plataforma basal y con la excepción del montículo aislado que tuvo 1.33 m de elevación, las alturas de los montículos no sobrepasaron el metro.

CONSIDERACIONES GENERALES

Los diferentes niveles existentes en las plazas de la Acrópolis parecen ser producto de simples acomodaciones al terreno natural. Sin embargo, parecen tener implicación significativa en relación con aspectos rituales y/o sociales.

Las Plazas A y B corresponden a espacios públicos en donde se realizaban los principales sucesos cívicos y rituales de la comunidad de Las Pacayas. Es posible que algunas de las estructuras allí ubicadas, hayan servido además como residencias de la élite gobernante.

Entre las plazas del sector sur del epicentro de Las Pacayas, destaca la Plaza C, por presentar características conspicuas tales como el tamaño de la plaza y de las estructuras, elaboración de la arquitectura y materiales asociados. Esto en conjunto parece representar evidencia de que en la Plaza C también se efectuaban actividades asociadas al grupo de élite que detentaba el poder.

Debido a las reducidas dimensiones y menor elaboración de las estructuras que conforman las Plazas D y E, así como también a su ubicación en áreas marginales y más bajas con respecto a las plazas principales del epicentro de Las Pacayas, se considera que éstas pueden representar áreas de servicio de quienes habitaban las Plazas A, B y C. Esta idea parece reafirmarse por las concentraciones de cerámica doméstica detectadas cerca de las esquinas de estas plataformas bajas.

Es claro que el escaso número de unidades residenciales visibles localizadas como resultado del reconocimiento arqueológico, no corresponde al esfuerzo realizado en la construcción del epicentro, lo que sugiere la existencia de conjuntos habitacionales no visibles en varios sectores en los cuales no se observó la presencia de montículos, pero se detectó desechos de ocupación. Por lo tanto, es seguro que una exploración detallada producirá la localización de un número mayor de residencias.

Vestigios materiales tales como la presencia de paneles adosados a los lados de las escalinatas, gradas con círculos en el centro y los estilos cerámicos, indican de manera clara que Las Pacayas fue un sitio ligado a la tradición regional de Petexbatun. Además, la existencia de subestructuras con materiales cerámicos de la Esfera Tzakol y la relativa abundancia de materiales cerámicos Tepeu 1 en basureros, indica que no obstante su tamaño modesto, Las Pacayas fue un centro más antiguo que Dos Pilas y Aguateca, siendo contemporáneo por lo tanto, de Tamarindito y Arroyo de Piedra. Esto plantea una interrogante de gran relevancia: ¿cuál fue la filiación política de Las Pacayas durante el período Clásico Temprano e inicios del Clásico Tardío? De momento, pueden sugerirse dos explicaciones alternativas:

1.        Las Pacayas fue un centro menor dependiente de la entidad política de Tamarindito.

2.        Las Pacayas fue un centro autónomo en una época en que existió poca competencia entre las entidades políticas de Petexbatun.

Dada la naturaleza tan limitada de los estudios hasta ahora realizados en el sitio, se considera sólo la realización de nuevas y más intensivas investigaciones podrán despejar esta interrogante.

Para concluir, los resultados preliminares de las investigaciones en Las Pacayas indican que este fue un centro menor de rango terciario, cuya ocupación se inició en el Clásico Temprano y que durante el Clásico Tardío fue absorbido por Dos Pilas. La cercanía de Las Pacayas con respecto a los dos centros mayores de la entidad política de Dos Pilas, parecen reforzar este planteamiento.

REFERENCIAS

Brady, James E.

1990        Investigaciones en la Cueva de la Sangre y otras cuevas de la Región Petexbatun.  En Proyecto Arqueológico Regional Petexbatun: Informe Preliminar No. 2, Segunda Temporada 1990, editado por A. Demarest y S. Houston, pp.438-567.  Reporte entregado al Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, Guatemala.

Brady, James E., Irma Rodas, Lori Wright, Katherine Emery, Nora María López, Laura Stiver y Robert Chatham

1991        Proyecto Arqueológico Regional de Cuevas Petexbatun. En Proyecto Arqueológico Regional Petexbatun: Informe Preliminar No. 3, Tercera Temporada 1991, editado por A. Demarest, T. Inomata, H. Escobedo y J. Palka, pp.652-748.  Reporte entregado al Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, Guatemala.

Figura 1 Plano mostrando la ubicación de Las Pacayas con respecto a otros sitios de la región

Petexbatun

Figura 2 Plano del sitio arqueológico Las Pacayas

Figura 3 Perfil de excavación de la Estructura 1

Figura 4 Perfil de excavación de la Estructura 3

Figura 5 Perfil de excavación de la Estructura 4

Figura 6 Planta del sitio

Figura 7 Perfil de excavación de la Estructura 5

Figura 8 Planta y perfil de las excavaciones de la Estructura 10

Figura 9 Perfiles y planta del Entierro 1

Figura 10 Planta, elevación y perfil del Entierro 2

Figura 11 Planta del Entierro 3

Figura 12 Planta de la Estructura 16

Figura 13 Perfil de excavación de la Estructura 16

Figura 14 Plano de los grupos habitacionales 3, 4 y 5

Figura 15 Planta del Entierro 4

Figura 16 Plano de los grupos habitacionales 1 y 2

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *