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09 El impacto del ritual en la economía Maya – James E. Brady – Simposio 7, Año 1993

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Brady, James E.

1994        El impacto del ritual en la economía Maya. En VII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1993 (editado por J.P. Laporte y H. Escobedo), pp.68-72. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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EL IMPACTO DEL RITUAL EN LA ECONOMÍA MAYA

James E. Brady

Cuando los arqueólogos hablan de la antigua economía Maya, la discusión frecuentemente implica una consideración de las rutas interregionales de intercambio de artículos tales como la obsidiana y el jade, los que pueden identificarse químicamente o son obviamente importados del exterior. Menos atención se ha puesto a la distribución de bienes importados dentro de la sociedad y no ha habido una manera perspicaz sobre este tipo de artículos en la economía Maya. Por ejemplo, algunos artículos tales como el jade usado como ornamento, es prácticamente indestructible, así que hay muy poca demanda para reemplazarlo basándose en su “desgaste”. Si no hay un mecanismo para el depósito de este material fuera del sistema, las concentraciones llegarían a un nivel a donde la demanda de piezas adicionales bajaría y el sistema de intercambio quebraría. En el caso del jade, un mecanismo obvio de depósito es el colocarlo en las ofrendas de los entierros. Sin embargo, la mayoría de los arqueólogos reconocen que, con la excepción de algunas tumbas elitistas, las cantidades involucradas tienden a ser pequeñas. Antropólogos mencionan que una de las funciones de ciertos tipos de instituciones, tal como la bien conocida potlatch de los indígenas de la Costa Noroeste de Norteamérica, es la eliminación de circulación de bienes dentro de la sociedad para forzar su reposición. ¿Existirían tales instituciones entre los antiguos Mayas y cuales fueron éstas? Antropólogos tal como Eric Wolf (1966) también han discutido la economía aldeana en términos de producción para algunas reservas tal como la subsistencia, el mercado y la ceremonia. Hasta este punto los arqueólogos no han podido considerar el tamaño de la reserva ceremonial de la sociedad Maya. ¿Sería el desembolso del ritual lo suficientemente grande para ser económicamente significativo?

Cuevas como sitios puramente religiosos parecerían ser el lugar natural para intentar medir el desembolso económico del ritual. Mientras que hay un crecimiento del conocimiento de la importancia de cuevas en la religión Maya, parece haber poca o ninguna apreciación que esto tiene un componente económico, a pesar de alguna evidencia sugestiva. Por ejemplo, la colección de jade Maya más grande fue recuperada del Cenote de Sacrificios en Chichen Itza; un rasgo de cueva y escondites grandes de jade han sido también recuperados en otras cuevas (Pendergast 1970; Núñez Chinchilla 1972). Hay un número de razones por las que no se le ha dado más atención a la importancia económica de las cuevas, algunas de las cuales son la culpa de los mismos investigadores de cuevas. Primero, muy pocas cuevas han sido investigadas intensivamente, lo suficiente para producir conjuntos de artefactos que sean suficientemente impresionantes para llamar la atención de su importancia económica. Segundo, a los informes frecuentemente les falta la descripción de artefactos completa y detallada necesaria para hacer tal análisis (el trabajo de David Pendergast es una notable excepción de esto). Y por último, las cuevas que han sido investigadas no están, en conjunto, asociadas con excavaciones en la superficie de sitios y por eso es difícil, si no imposible, hacer comparaciones cuantitativas significantes entre los conjuntos de las cuevas y los recuperados en la superficie.

Debido a que el Reconocimiento de Cuevas Regional Petexbatun ha trabajado como un componente juntamente integrado al extenso Proyecto Arqueológico Regional Petexbatun, muchos de los problemas mencionados anteriormente están mitigados. Por ejemplo, ambos proyectos han puesto su mayor empeño en el sitio de Dos Pilas. Entonces, debiera de ser posible hacer un avalúo general del significado de las cantidades de varias categorías de artefactos recolectados por el proyecto de cuevas al compararlos con los conjuntos recuperados de la superficie en el sitio de Dos Pilas. Sin embargo, antes de empezar, quiero enfatizar que no estoy tratando de minimizar los problemas substanciales al hacer comparaciones entre estos diferentes tipos de sitios. Por ejemplo, debe notarse que los depósitos en cuevas tienden a ser mucho más concentrados, lo cual ayuda en la recuperación. También, la preservación en la mayoría de los casos es superior a la de la superficie, así que las cuevas pueden producir artefactos de hueso y concha los que simplemente han desaparecido en otros contextos. Por otro lado, el proyecto de superficie ha trabajado durante cuatro años en Dos Pilas comparado con dos temporadas y media por el proyecto de cuevas y el componente de cuevas siempre ha sido considerablemente más pequeño. Por esta razón, al hacer comparaciones, simplemente usaré porcentajes y aproximaciones de la cuales cada individuo tendrá que considerar por si mismo.

Como en la mayoría de las excavaciones, el artefacto más comúnmente encontrado en Dos Pilas es la cerámica. El proyecto de superficie ha recuperado 128,000 tiestos (Foias 1992:251), mientras que el proyecto de cuevas ya ha analizado 60,000 tiestos, con una buena parte de los recolectados durante esta temporada por hacerse. Es seguro decir que el total sobrepasará los 64,000 o la mitad de la cantidad recuperada en la superficie y debido a que los tiestos de las cuevas tienden a ser más grandes, el porcentaje del peso de los tiestos sería aún más alto. Esto no sugiere que una de cada tres vasijas producidas en los sitios terminaría en las cuevas. El hecho que porciones grandes de muchas vasijas de las cuevas puedan ser restauradas indica claramente que estamos hablando de mucho menos vasijas que las sugeridas por el conteo de tiestos. A pesar de eso, aun si el conjunto llegase al 10% del total producido, esto se traduciría en un incremento significativo en la demanda sobre la simple utilización doméstica. Policromos, pintados y cerámica fina dan cuenta de casi el 15% del total indicando que los talleres productores de esta cerámica también fueron afectados por el ritual en cuevas. Si el nivel más alto de especialización cerámica está reflejado en vasijas con textos jeroglíficos producidos para ocasiones específicas, entonces la presencia del texto dinástico más temprano de Dos Pilas en una vasija de la Cueva de El Duende y otro en la Cueva de Sangre registrando la captura de un prisionero, sugieren que este nivel de especialización también estaba implicado en la producción para el ritual en cuevas.

La importancia económica del ritual en cuevas es más aparente al tratar con artefactos producidos por especialistas o que involucran el uso de importación de materia prima. El artefacto más común en esta clase es de obsidiana. Excluyendo el material recolectado en el entierro real en L51, 1212 artefactos de obsidiana fueron recuperados de varios contextos en la superficie de Dos Pilas (Stiver 1992:290), mientras que las cuevas produjeron otros 325 o sea el 21% de la obsidiana del sitio. Tres de los nueve núcleos para cuchillas fueron encontrados en cuevas. Mientras que ya mencioné que el conteo de tiestos de las cuevas sugiere mayor utilización de la que probablemente fue el caso, no puede decirse lo mismo de la obsidiana. El tamaño pequeño y el color oscuro del artefacto lo hacen difícil para que pueda ser recolectado en el lodo durante el reconocimiento de superficie, es decir la mayor forma de recolección usada por el proyecto. En la Cueva de Sangre, el lodo de la superficie, que no tenía más de 10 cm de espesor, se limpió en un área de 4 x 2.5 m; éste fue disuelto en una solución de bicarbonato industrial y agua. Este proceso recupero 10 cuchillas de obsidiana de un área en donde no se había encontrado ninguna durante la recolección de superficie. Esto sugiere que la obsidiana puede estar representada sumamente bajo en el conjunto de cuevas. Generalmente se ha asumido que la obsidiana fue usada en los rituales de sacrificio de sangre (Thompson 1975: xix; MacLeod y Puleston 1978; Brady y Stone 1986; Brady 1989:324), lo que ha sido respaldado por el análisis de huellas de uso, el cual ha detectado poca o ninguna utilización en las cuchillas de las cuevas (ReentsBudet y MacLeod 1986:89; Aoyama 1992). Una de las implicaciones es que una cantidad significativa de la obsidiana del sitio se desechaba sin haber sido usada en el campo utilitario.

Mientras que el pedernal se encuentra localmente, la producción de cuchillas lanceoladas grandes requiere de bastante habilidad y pudo haber sido el producto de un especialista. 81 cuchillas enteras o fragmentadas han sido recuperadas en contextos no de escondites en Dos Pilas (Stiver 1992:287) y otras 60 o sea 42% han sido encontradas en las cuevas. También debiera notarse que los especimenes de cuevas son estadísticamente más largos y delgados que los de la superficie (Brady et al 1991:710), lo que indica que las muestras más finas fueron desechadas en las cuevas.

Entre las piedras importadas, el jade es el de mayor valor pero sorprendentemente no se ha encontrado una gran cantidad en Dos Pilas. Por ejemplo, la tumba real en L51, cuenta por el 86% del peso de todo el jade encontrado en la superficie. Las cuevas cuentan con solo el 5% del jade del sitio pero el 28% del jade encontrado afuera proviene de la tumba. Hay razón para creer que el jade está bajo representado también en los conjuntos de cuevas. Piezas pequeñas de jade fueron encontradas en dos de los siete pozos de sondeo donde se usaron químicos para disolver el lodo de la cueva, sugiriendo que hay una probabilidad considerable de más jade en las cuevas, pero sin el uso de estos químicos será difícil que éstos puedan ser recuperados.

Mucho más significativo en términos de peso es el uso del jade de color verde oscuro o negro, así como de otra piedra importada de gránulo fino para la manufactura de hachas. 57% de todas las hachas han salido de las cuevas; esto es, que se han encontrado más en las cuevas que en la superficie. Debido a que estas son más largas y más completas, representan el 88% del peso de la piedra importada.

Placas de hematita pulida, las que probablemente formaban parte de un espejo, son otro artículo importado encontrado tanto en la superficie como en las cuevas. Como con el jade, la simple comparación del número de artefactos es engañosa ya que muchas de las placas encontradas en la superficie están rotas en varios fragmentos. Al comparar los pesos hemos encontrado que casi el 46% de los 222.6 gramos de hematita salieron de las cuevas. También se encontró en una de las cuevas un respaldo completo de pizarra de un espejo.

Artículos de hueso trabajado forman una clase mayoritaria de los artefactos de cuevas, los cuales no tienen contrapartidas en la superficie probablemente debido a la pobre preservación. El proyecto de superficie registró sólo 11 artefactos incluyendo un fragmento de hueso trabajado el que no fue posible identificar en su forma original. El único tipo de artefacto del cual hay más de una muestra son las agujas/lengüetas de las que hay siete. Esta situación contrasta con las cuevas de Dos Pilas que produjeron 13 lengüetas, 33 agujas y 74 artefactos de hueso en total. El proyecto de la superficie también enlista tres dientes de animal canino perforados, comparados con 46 recuperados de las cuevas. También debe notarse que los artefactos de hueso son de baja representación en la colección de la cueva. El experimentar usando químicos para disolver el lodo de la cueva produjo cantidades mayores de hueso trabajado que los encontrados durante nuestro reconocimiento regular.

Concha trabajada es una categoría difícil de comparar entre la cueva y la superficie, en parte debido a que los conjuntos son muy diferentes. 53 de las 60 fichas de artefactos de conchas de la superficie describen el material recolectado de solamente tres entierros, incluyendo la tumba real en L51. Por eso no hay contrapartida con las cuevas por los muchos pedacitos de concha los que formaban un tocado de mosaico de la tumba real. Debido a la naturaleza de lo encontrado también es difícil hacer comparaciones usando las fichas de los artefactos. Las fichas pueden referirse a una sola pieza o a varias que forman parte de un mismo collar, como un ejemplo. Para otros artículos las fichas se refieren a “muchos” pedacitos de mosaico o “muchos” fragmentos de concha quemada. Las cuevas de Dos Pilas han producido 365 cuentas de varios tipos de conchas. Estas incluyen 47 conchas Oliva y 68 Marginella ambas importadas del océano. En total hay casi 400 artefactos los que incluyen varios pendientes elaborados, rosetas y trompetillas. Mientras que no hay cantidades exactas, parece aparente que los artefactos de conchas de las cuevas forman un alto porcentaje de todas las conchas del sitio.

Debido a que regresamos del sitio hace poco, no había manera de que el análisis del material óseo estuviera terminado a tiempo para el simposio, sin embargo, parece confiable decir que se recolectaron restos de al menos unos 300 individuos. La asociación de este material con pozas de agua, o como en el caso de la Cueva de Sangre, en una pasillo lodoso donde otras ofrendas han sido depositas, sugiere que estamos tratando con cuerpos de víctimas de sacrificio en lugar de enterramientos de seres queridos o familiares. El sacrificio humano en las cuevas o el depósito de cuerpos de personas sacrificadas en otros lados en las cuevas está bien documentado en la etnohistoria (Brady 1989:359361). Desde que el Obispo Landa (Tozzer 1941:115116) mencionara la compra de esclavos en Yucatán para ser sacrificados, debiéramos considerar el hecho que los huesos humanos en las cuevas representan una inversión económica considerable. Ya que el proyecto de superficie solo ha recuperado 51 individuos (Lori Wright, comunicación personal, 1993), el material de las cuevas parece representar un número substancial, aunque es difícil saber cómo balancear estos números.

Para los arqueólogos enterados de solo los informes anteriores de cuevas, el tamaño completo del conjunto de artefactos de cuevas, el cual cuenta entre el 20 a más del 50% del total de ciertas categorías de artefactos en este proyecto, es alarmante. Mientras no minimizando los problemas de comparación entre la cueva y la superficie, estos altos porcentajes sugieren que la distribución de bienes para el ritual de cuevas era substancial. El impacto económico de este desembolso se hubiese sentido ampliamente ya que afectaría los productores y por lo tanto, a los consumidores de la cerámica utilitaria, tanto como los de la cerámica policroma común. Como mostrara antes, el ritual de cuevas podría haber tenido un impacto significativo sobre la demanda para la obsidiana. Sin embargo el efecto pudo haber sido mayor en círculos pequeños muy especializados, como lo sugieren los altos porcentaje de espejos de hematita, las hachas de piedra importadas, los cuchillos de pedernal muy finos y los objetos de hueso y concha. Los porcentajes no están disponibles pero la presencia de un gran número de tiestos con jeroglíficos también sugiere que había una demanda significativa para las vasijas pintadas especializadas. Y por último, mientras el porcentaje de jade es menos que las otras categorías, hay razones, tales como la condición física en las cuevas y nuestras técnicas para la recolección, para creer que las cuevas contienen una cantidad mayor de este material que la que actualmente se recolectó.

Volviendo a las interrogantes que salieron al principio de esta plática, es aparente que una de las funciones del ritual de cuevas fue el depósito de cantidades grandes de bienes en circulación. El hecho de que muchos de los artículos fuesen importados o hechos de materiales importados, indica que el ritual era un factor importante en el mantenimiento del sistema de intercambio interregional. Segundo, estos datos, por primera vez, nos permiten formarnos una idea del tamaño de la distribución económica hecha para el ritual en cuevas. Obviamente la reserva ceremonial de la sociedad se gastaba en mucho más que solo el ritual en cuevas, pero si el tamaño de este componente es alguna indicación, los arqueólogos tienen todavía que apreciar la tremenda importancia económica del ritual en la sociedad Maya.

REFERENCIAS

Aoyama, Kazuo

1992        Análisis de la lítica procedente de la Cueva de Gordon #3, Copan, Honduras.  Informe entregado al Instituto Hondureño de Antropología e Historia, Tegucigalpa.

Brady, James E.

1989        An Investigation of Maya Ritual Cave Use with Special Reference to Naj Tunich, Peten, Guatemala.  Tesis Doctoral, University of California, Los Angeles.

Brady, James E. y Andrea Stone

1986        Naj Tunich: Entrance to the Maya Underworld.  Archaeology 39 (6):1825.

Brady, James E., Irma Rodas, Lori Wright, Katherine Emery, Nora    María López, Laura Stiver y Robert Chatham

1991        Proyecto Arqueológico Regional de Cuevas Petexbatun. En Proyecto Arqueológico Regional Petexbatun: Informe Preliminar No. 3, Tercera Temporada 1991, editado por A. Demarest, T. Inomata, H. Escobedo y J. Palka, pp.652-748.  Reporte entregado al Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, Guatemala.

Foias, Antonia E.

1992        Análisis preliminar de la cerámica del Petexbatun.  En Proyecto Arqueológico Regional Petexbatun: Informe Preliminar No. 4 -Cuarta Temporada, editado por A. Demarest, T. Inomata y H. Escobedo, pp.250-285.  Reporte entregado al Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, Guatemala.

MacLeod, Barbara y Dennis E. Puleston

1978        Pathways into Darkness: The Search for the Road to Xibalba.  En Tercera Mesa Redonda de Palenque, Vol.4, editado por M. Greene Robertson y D.C. Jeffers, pp.7178.  Herald Printers, Monterey.

Núñez Chinchilla, Jesús

1972        Reconocimiento y exploración de una “cueva votiva” en la zona arqueológica de las ruinas de Copan.  Anales de la Sociedad de Geografía e Historia de Guatemala XLV: 102105.

Pendergast, David M.

1970        A. H. Anderson’s Excavations at Rio Frio Cave E, British Honduras, Belize).  Art and Archaeology Occasional Paper 20.  Royal Ontario Museum, Toronto.

ReentsBudet, Dorie y Barbara MacLeod

1986        The Archaeology of Petroglyph Cave, Belize.  En The Underground Maya, editado por D.M. Pendergast y E. Graham.  Royal Ontario Museum, Toronto.

Stiver, Laura

1992        La lítica del Proyecto Petexbatun: análisis de laboratorio, 1992.  En Proyecto Arqueológico Regional Petexbatun: Informe Preliminar No.4, Cuarta Temporada 1992, editado por A. Demarest, T. Inomata y H. Escobedo, pp.286-296.  Reporte entregado al Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, Guatemala.

Thompson, J. Eric S.

1975        Introduction to the Reprint Edition.  En The HillCaves of Yucatan por Henry C. Mercer.  University of Oklahoma Press, Norman.

Tozzer, Alfred M.

1941        Landa’s Relación de las Cosas de Yucatan.  Papers of the Peabody Museum of American Archaeology and Ethnology, Vol.XVIII. Harvard University, Cambridge.

Wolf, Eric R.

1966         Peasants.  PrenticeHall, Inc., Englewood Cliffs.

 

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