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28 Presencia de piedra verde en el Grupo A-IV-1 de Kaminaljuyu – José Samuel Suasnávar – Simposio 6, Año 1992

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Suasnávar, José Samuel

1993        Presencia de piedra verde en el Grupo A-IV-1 de Kaminaljuyu. En VI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1992 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Villagrán de Brady), pp.346-352. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

28

PRESENCIA DE PIEDRA VERDE EN EL GRUPO A-IV-1

DE KAMINALJUYU

José Samuel Suasnávar

Sabemos que en las civilizaciones más avanzadas el jade se usó para objetos ceremoniales y de adorno, la característica que más gustó fue su dureza, que ejercía mejor sus inclinaciones artísticas y la capacidad para recibir y retener pulimento lustroso (Foshag 1954:3). El jade fue una roca con un significado peculiar para la gente de Mesoamérica precolombina, para quienes era “la piedra preciosa de la gracia, la primera gracia infinita con su color verde haciendo una metáfora alegórica del maíz joven, del agua que fluye, de la vida misma” (Thompson 1950).

En el Grupo A-IV-1 de Kaminaljuyu, durante las excavaciones realizadas durante los años de 1990 y 1991, se recuperó una pequeña pero importante muestra de artefactos de piedra verde (Figura 1).

ANTECEDENTES

Aparentemente, el primer contacto europeo con el material fue en el siglo XVI, a través de ejemplares llevados por los españoles y no como podría pensarse a través del contacto con China (Foshag 1957:2). La palabra jade se acuñó en Francia como una derivación del término “piedra de ijada”, empleada por los cronistas españoles para referirse a esta piedra verde que llegaba de América y a la cual se le atribuían cualidades medicinales contra padecimientos del riñón (Hammond et al. 1977:38). Para la Conquista (Foshag 1954), se distinguían varios tipos de jade entre el pueblo Azteca, Chalchihuitl, que podría traducirse como piedra joya-verde hierba, refiriéndose al tipo ordinario de jade; Quetzalitli, de las plumas verdes iridiscentes de la cola de Quetzal, denotando probablemente el mejor jade traslúcido verde esmeralda; Tlilayutic, que puede referirse a la cloromelanita oscura; Chalchihuitl blanco, que más parece ser jadeíta albita.

Además de la identificación de las diferentes calidades del mineral, se nota la preferencia de la elite de jades de mejor calidad, lo que también se puede prolongar hasta los grupos Preclásicos.

Con la conquista por los españoles y la suplantación de las culturas, el uso y conocimiento del jade desapareció; con ello también se perdió el folklore asociado.

CONTEXTO DE LOS MATERIALES

Trabajos de rescate arqueológico de Agosto de 1990 a Octubre de 1991 en el Grupo A-IV-1 de Kaminaljuyu, que hoy se ubica entre la calzada San Juan y Anillo Periférico, arrojaron una pequeña muestra de ornamentos de piedra verde, además de contar con trozos de este material, el cual mostraba huellas, de que estaba siendo trabajado en el grupo, lo que sugería la posibilidad de que existiera aquí un área de actividad especializada en la fabricación de ornamentos de jade. Esta área se circunscribe al sector III en la parte este del grupo, asociada a plataformas fechadas para las fases Providencia y Verbena, área en la cual se detectaron muchos depósitos intrusivos de la fase Arenal. Los fragmentos de esta piedra verde se reducen a un radio máximo de 20 m.

Figura 1 Kaminaljuyu, Grupo A-IV-1, artefactos de piedra verde

        A excepción de seis cuentas fragmentadas y dos orejeras fragmentadas que provienen de basureros y rellenos, todos los ornamentos provienen de entierros Preclásicos, sin embargo una notable diferencia se dio en cuanto a la calidad de material proveniente de los entierros de la fase Providencia (500-200 AC), y los de la fase Arenal (200 AC – 200 DC), así como la presencia de cuentas y ausencia de orejeras en los entierros de la fase Providencia, caso contrario en la fase Arenal, hizo pensar si era en la fase Providencia que ellos manufacturaban sus ornamentos, o si eran producto de intercambio, o si fue en la fase Arenal que esto ocurrió, así también el ver por qué la reducción de estos ornamentos en los entierros del Clásico.

EL JADE Y SUS FUENTES

Actualmente la palabra jade se emplea como un término genérico que agrupa varias sustancias minerales de textura dura y compacta cuyos colores oscilan de un verde claro (casi blanco) a un verde muy oscuro. Bajo este término se incluyen básicamente dos especies minerales: la nefrita y la jadeíta, anfíbol principal en el jade, acompañado en algunos casos por otros minerales como albita, moscovita, actinolita, los que, dependiendo de su alteración, dan origen a la cloromelanita y a la diopsido-jadeíta (Hammond et al. 1977).

El jade se manifiesta tanto dentro de los depósitos de serpentinas y sus rocas asociadas, como en los contactos externos de las serpentinas y rocas ígneas o metamórficas.

Según Foshag (1954), los principales yacimientos de serpentina están a lo largo del centro de Guatemala, una faja de estas rocas se extiende a lo largo de la ladera norte del Motagua, inclusive los declives del sur de la Sierra de Chuacús y Sierra de las Minas, así como una masa contigua al sur del río Motagua y oeste de Sanarate. Una segunda zona que se extiende desde Sacapulas a Santa Rosa y una tercera área de la orilla oeste del lago de Izabal. En 1953, Robert Leslie encontró evidencias muy cerca de la aldea de Manzanotal, en Zacapa.

En 1974 Shook visitó el sitio de Terzuola ubicado al sur de San Agustín Acasaguastlán, lo interpretó como un lugar de trabajo de jade y piedra verde, por la distribución de estos materiales en el sitio, lo que para él era el mismo patrón que en Manzanotal y el mismo San Agustín Acasaguastlán (Feldman et al. 1975:2).

Hammond y Hazelden especificaron cinco localidades en donde la roca de jade estaba presente, establecieron que los yacimientos Manzanotal, Usumatlán y El Jute eran yacimientos in situ; de los cuales el segundo tenía evidencia de haber sido explotado en tiempos prehispánicos. A su vez, Palmilla y Huijo consistía de grandes masas erosionadas de yacimientos río arriba.

Estos autores sugieren que los Mayas obtuvieron algo de su jade de estos depósitos y que la atribución de un artefacto a su fuente no necesariamente significa que el jade se recogió de un mismo yacimiento. Puede hablarse al menos de dos patrones en cuanto a la distribución relacionada al sistema del río Motagua:

1.        Áreas de actividad relacionadas directamente a los afloramientos naturales y posiblemente especializados en el trabajo de extracción de la materia prima.

2.        Áreas de actividad asociadas a sitios más complejos que recibían materia prima a distancia y se especializaban        en el trabajo lapidario.

De cualquier forma, el jade del río Motagua, tanto en bruto como en producto terminado, fue comercializado directamente con grupos de regiones vecinas y eventualmente encontró el camino para llegar a todos lados de Mesoamérica por medios más indirectos (Walters 1980:18). Para llegar a Kaminaljuyu el corredor del río Motagua es aceptable.

Para tener información más precisa acerca del material procedente de las excavaciones me avoqué al departamento de Geología de Ministerio de Energía y Minas, con los Ingenieros Hugo Lucero y César Cisneros, quienes trabajan con estos minerales, quienes con pruebas tales como raya de navaja, peso y vista en microscopio, además de comparaciones con sus muestrarios, determinaron la jadeíta como el principal componente del material; sin embargo, al querer determinar con exactitud el yacimiento de procedencia solamente me refirieron a las fuentes ya mencionadas.

TRABAJO DEL JADE

Los ornamentos terminados de la muestra básicamente son cuentas, orejeras y placas (Figura 1), el uso de estos se evidencia en esculturas, figurillas de cerámica y vasijas antropomorfas a lo largo de Mesoamérica.

Se tiene evidencia de fabricación de estos ornamentos dentro del grupo por los desechos pequeños y bloques con muestra de aserrado (Figura 2). Dentro de las técnicas lapidarias utilizadas en la manufactura de ornamentos de jade, tres son las esenciales para lograr cuentas y orejeras. Estas son:

Figura 2 Kaminaljuyu, Grupo A-IV-1, bloque de piedra verde, muestra de corte y fragmento hecho de

Cloromelanita

1.        PERCUSIÓN: utilizada en las etapas preliminares para eliminar sobrantes de ella, de estos deshechos se tiene gran cantidad, para lo cual se usa hachas y martillos de piedra. Una variante de la percusión es el picoteo realizado con una herramienta de dureza igual o mayor que el jade, sugerido para redondear superficies como en la manufactura de cuentas y orejeras.

2.        CORTE: esta técnica era comúnmente usada para cortar pedazos grandes de jade y convertirlos en delgadas obleas para algún objeto, utilizando cuñas o tabletas de madera, arenisca o pizarra muy delgados, utilizando abrasivos humedecidos, posiblemente arena de cuarzo o jade triturado, que era en realidad lo que efectuaba el corte con la ayuda de las herramientas mencionadas, los cuales son completamente rectos y levemente cóncavos, cortes convexos que resultan del corte con cuerda no fueron encontrados.

3.        PERFORACIÓN: se logran perforaciones cónicas y bicónicas, esencialmente en cuentas, mediante el uso de artefactos de madera o hueso, o bien puntos de cuarzo o jadeíta enmangados en madera. Perforadores huecos fueron utilizados para las orejeras, siendo posiblemente de bambú o de caña, con abrasivos más finos que los utilizados para el corte, desde el lado aserrado hacia el fondo de la parte hemisférica y el centro horadado aparte.

DISTRIBUCIÓN

Ornamentos acabados fueron rescatados en contextos de entierros, como ya se mencionó, una marcada diferencia entre los entierros de la fase Providencia y de los de fases más tardías.

La distribución diacrónica del jade en los entierros, como uno de los muchos bienes mortuorios, Rathje (1970) sugirió que los entierros y sus artefactos asociados no se distribuían al azar sino que variaba con otros aspectos de la sociedad; la riqueza en vida se correlacionaba con la riqueza de los bienes funerarios.

De un total de 16 entierros de la fase Providencia, siete primarios y nueve secundarios, solamente cuatro entierros fueron acompañados por ornamentos de jade en dos primarios y dos secundarios, los cuales fueron propiciatorios de los entierros primarios (Roberto López, en este volumen).

El Entierro 3 localizado en el Montículo A-IV-2 en 1990 con dos individuos, el Individuo A con cuatro cuentas pequeñas de 1 cm, dos tubulares planas y dos esféricas (otras dos cuentas son de barro). Este individuo fue ofrendado al Individuo B, quien contó con un collar de seis cuentas, todas tubulares, cinco de ellas de 1.5 cm y una mayor de casi 5 x 3 cm de grosor (cuatro más fueron de barro). Este fue el personaje que contó con mayor número de este tipo de ornamentos, quien al parecer era el personaje principal del grupo por la rica ofrenda cerámica que lo acompañó, como la dedicación que se le hiciera del Montículo A-IV-2 para guardar sus restos.

El Entierro 4, ubicado al este del Entierro 3, contuvo dos cuentas tubulares; según López, este entierro secundario fue dedicatorio al Entierro 3. La presencia de ofrendas y objetos de jade nos hacen pensar que no se trata de un individuo común sino que tendría alguna jerarquía dentro del grupo.

El Entierro 7, ubicado al este del Montículo A-IV-1, estuvo acompañado por dos cuentas de jade y dos cuentas de color rojo (tres más son de barro). Este fue un entierro primario, al cual se le asoció como ofrendatorio el Entierro 8, en cuya cercanía se determinaron placas de jade; se puede especular que estas pueden ser partes de una máscara, aunque no es confirmado.

En la fase Verbena de un total de cuatro entierros, solamente el Entierro 9 fue primario, el más rico entierro para esta fase dentro del Grupo A-IV-1, contó solamente con una pequeña cuenta circular plana, siendo ésta de un verde más profundo.

En general todas las cuentas fueron similares en su calidad, además de ser las de mayor similitud con la piedra en proceso de trabajo, salvo por las placas asociadas al Entierro 7 donde se observa diferencia en cuanto a la textura del jade.

El Entierro 11 presentó orejeras de jade, además fueron ofrendados dos cuencos trípodes del tipo Usulután Engobe Crema.

El Entierro 12, a 2 m al norte del Entierro 11, tuvo dos orejeras del mismo tipo, acompañado por dos cuencos trípodes del tipo Café-Negro Inciso Fino (Suasnávar y Flores 1992:13).

Para la fase Arenal, en el Preclásico Tardío terminal, se dio un gran crecimiento poblacional en todo Kaminaljuyu y el Grupo A-IV-1 no fue su excepción, para este momento toda el área estaba ocupada con plataformas no solo talladas en barro sino que efectuadas con mezcla. Se ha sugerido por la gran cantidad de tiestos del tipo Monte Alto Rojo, que la fabricación de estos cántaros fue la principal actividad de sus pobladores, lo que es interesante es que solamente dos entierros y en ambos casos ofrendarlos, se presentan para épocas en que más densa fue su población, lo que da la posibilidad que en el Montículo A-IV-1 se encontrara al personaje principal del grupo en esta fase.

Para la fase Aurora fueron rescatados cuatro entierros de los cuales solamente el Entierro 15 que fue secundario contuvo cinco orejeras, cuatro de jade y una de pizarra, colocadas cercanas al cráneo. Todas las orejeras corresponden a un mismo tipo que se caracterizó por una cara comparativamente a un cuello ancho, similares a las del tipo A que Kidder, Jennings y Shook (1946:106) clasificaron.

El Entierro 22, según López el más importante de esta fase, con una rica ofrenda y a quien se propició los Entierros 21 y 26, no contó con ornamentos de jade a pesar de ser el entierro más rico para esta fase reportado en el grupo.

Para el periodo Clásico en general poco es lo que se puede decir del grupo, a consecuencia de grandes alteraciones contemporáneas que hizo se perdiera evidencia de este tiempo.

Aunque las orejeras del Entierro 15 sean similares a las de los entierros de la fase Arenal, llama la atención el hecho de que una de sus orejeras sea de pizarra y no de jade; la ausencia de ornamentos de jade del Entierro 22 hacen pensar que el acceso a este tipo de material exótico le fue restringido a los habitantes del grupo, lo cual se pudo deber a un estricto control de las fuentes por los pobladores cercanos a ellas y también por el control que las elites de Kaminaljuyu tuvieran del material, teniendo ellos mismos sus talleres, como lo evidenciaron los hallazgos de Kidder, Jennings y Shook (1946) en áreas elitistas.

CONSIDERACIONES GENERALES

Podemos especular que durante el Preclásico Tardío la incorporación de materiales exóticos como el jade no estuvo tan restringida como en tiempos tardíos.

Sobre la base de los exámenes realizados por el Ministerio de Energía y Minas, el material de piedra verde encontrado en el grupo sí es jade, y que tanto para las cuentas de la fase Providencia como las orejeras de la fase Arenal y Aurora, se corresponden con el material en proceso de trabajo.

El cambio del tipo de ornamentos que acompañan entierros de la fase Providencia a la fase Arenal, también se corresponde en que estos últimos son solo ofrendarios y no directos.

Es definitivo que cambios en el ámbito económico se dieron a través del tiempo, pues es posible que en tiempos más tempranos las restricciones que existieran para obtener material exótico como el jade no lo limitaba, como se evidencia que sucedió en Kaminaljuyu en tiempos más tardíos, cuando fue difícil tanto por el control de las fuentes, como por el control de la elite de Kaminaljuyu.

REFERENCIAS

Feldman, Lawrence H. et al.

1975        Jade Workers in the Motagua Valley. Museum Briefs, No.17. Museum of Anthropology, University of Missouri, Columbia.

Foshag, W. F.

1954        Estudios mineralógicos sobre el jade de Guatemala. Antropología e Historia 6 (1):347.

1957        Smithsonian Miscellaneous Collections 135 (5):160. Smithsonian Institution, Washington, D.C.

Hammond, Norman, A. Aspinall, S. Feather, J. Hazelden, T. Gazard y S. Agrell

1977        Maya Jade: Source Location and Analysis. En Exchange Systems in Prehistory (editado por T. Earle y J. Ericson), pp.3567. Academic Press, New York.

Kidder, Alfred V., J. D. Jennings y Edwin M. Shook

1946         Excavations at Kaminaljuyu, Guatemala. Carnegie Institution of Washington, Pub. 561. Washington, D.C.

Rathje, William

1970        SocioPolitical Implications of Lowland Maya Burials: Methodology and Tentative Hypotheses. World Archaeology 1 (3):359374.

Suasnávar, José y Rosa María Flores

1992        Plataformas Preclásicas y rasgos asociados en el Grupo A-IV-1 de Kaminaljuyu. En V Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1991 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. V. de Brady), pp.13-24. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

Thompson, J. Eric S.

1950        Maya Hieroglyphic Writing. Carnegie Institutions of Washington, Pub.589. Washington D.C.

Walters, Gary Rex

1980        The San Agustin Acasaguastlan Archaeological Project: The 1979 Field Season. Museum Brief, No.25. Museum of Anthropology, University of Missouri, Columbia.

 

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