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27 Un ensayo sobre patrones de enterramiento y evidencias de sacrificio humano en Kaminaljuyu, Guatemala – Roberto López – Simposio 6, Año 1992

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López, Roberto

1993        Un ensayo sobre patrones de enterramiento y evidencias de sacrificio humano en Kaminaljuyu, Guatemala. En VI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1992 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Villagrán de Brady), pp.338-345. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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UN ENSAYO SOBRE PATRONES DE ENTERRAMIENTO Y EVIDENCIAS DE SACRIFICIO HUMANO EN KAMINALJUYU, GUATEMALA

Roberto López

Este trabajo es parte de las investigaciones de rescate realizadas en un sector denominado Grupo A-IV-1 (Figura 1) del sitio de Kaminaljuyu ubicado al sureste del valle de la ciudad de Guatemala. Pretende dar a conocer los datos referentes a patrones y prácticas de enterramiento de los hallazgos mortuorios encontrados allí. Las actividades humanas conllevan a patrones de conducta que responden a las necesidades de las sociedades. Estas actividades algunas veces prevalecen sufriendo ciertos cambios durante el transcurso del tiempo.

Las prácticas de enterramiento fueron sin duda muy importantes para las sociedades Mesoamericanas, resultando más sofisticadas y complejas a medida que estos grupos evolucionaron. Como ya sabemos, las actividades mortuorias reflejan las entidades, estamentos socio-políticos y religiosos de los individuos con relación a la sociedad a la que pertenecieron; por lo tanto, ya que la muerte fue una actividad necesaria de afrontar, el análisis de estos patrones de enterramiento junto a los materiales arqueológicos asociados, nos ayudan a recrear de cierta manera la cosmovisión representada en este fenómeno.

Muchas sociedades que alcanzaron similares niveles de desarrollo, comparten patrones generales sobre todo en la práctica de sus actividades rituales, tales como ceremonias de sacrificios de cautivos, sacrificios dedicados a construcciones, preparación y arreglo de sus deudos, hasta acompañamiento de individuos propiciatorios relacionados en vida a personajes importantes.

Como se verá más adelante, no encontramos rigidez en los patrones de enterramiento respecto a posición y orientación de individuos durante las diferentes fases de ocupación, quizá debido al tamaño de la muestra. Sin embargo, notamos continuidad en prácticas como desarticulación, mutilación, decapitación y desmembramiento, lo que sugiere un constante carácter ritual en la elaboración de ceremonias mortuorias en la sociedad kaminaleña. Este fenómeno es apreciable desde el Preclásico Medio y continua hasta el Clásico Temprano.

PATRONES DE ENTERRAMIENTO

La muestra de 26 entierros nos parece significativa si tomamos en cuenta las áreas reducidas de donde estos proceden dentro del perímetro investigado. Sin embargo, si hablamos de posición y orientación, la muestra se reduce a 10 individuos denominados como entierros primarios, es decir, caracterizados por conservar un eje con relación anatómica entre sus partes óseas. El resto de individuos enterrados fueron denominados entierros secundarios por presentar irregularidades en su posición e incompletos de sus partes óseas.

Un total de 16 individuos fueron fechados para finales del Preclásico Medio durante la fase Providencia (500-300 AC); siete de ellos son entierros primarios. De éstos, notamos que los Entierros 3a, 18 y 19 fueron puestos en posición de decúbito ventral extendido. Los Entierros 7, 24, 17 y 20 fueron colocados de decúbito dorsal extendido. Fueron orientados en un eje norte-sur con la cabeza puesta hacia el sur, los Entierros 3a, 7 y 20 aunque este último descansaba con su cabeza colocada hacia el lado norte. Los Entierros 17, 18, 19 y 24 se orientaron en un eje este-oeste con la cabeza colocada hacia el este.

Para principios del Preclásico Tardío, durante la fase Verbena (300-200 AC), tres individuos fueron colocados dentro de una plataforma de barro natural. De los tres individuos, dos son primarios, Entierros 5 y 9. Ambos fueron colocados de decúbito ventral extendido y solamente el Entierro 9 presentó ofrenda cerámica. El Entierro 5 se convirtió en secundario cuando más tarde un depósito intrusivo circular cortó sus extremidades inferiores, éste presentó un fragmento de piedra de moler cubriendo su cráneo.

Para tiempos Arenal (200 AC – 200 DC), a finales del Preclásico, dicha plataforma de barro natural observó una ampliación hacia el este, localizándose los restos desarticulados de dos individuos seguramente ofrendados a dicha remodelación arquitectónica.

Durante el Clásico Temprano, para la fase Aurora (200-400 DC), se localizaron cuatro individuos, Entierros 15, 21, 22 y 26, de los cuales solamente el Entierro 22 fue primario. Este individuo de sexo masculino fue colocado de decúbito ventral extendido con la cabeza hacia el sur.

El fechamiento de los entierros se efectuó básicamente por el análisis de sus ofrendas cerámicas junto a los datos de nivelación relacionados a componentes arquitectónicos desde superficies talladas en el barro natural, hasta plataformas elevadas artificialmente.

Figura 1 Kaminaljuyu, Grupo A-IV-1

ARREGLO DE ENTERRAMIENTOS Y PREPARACIÓN DEL TERRENO

De los entierros primarios localizados es preciso decir que por lo menos cuatro individuos gozaron de cierto rango importante. Estos individuos fueron colocados dentro de fosas especialmente talladas en el barro natural y sobre nivelaciones y plataformas artificiales con matrices mezcladas de barro, arena y talpetate.

Los materiales asociados junto a sus ofrendas cerámicas, tales como pequeños núcleos de carbón esparcidos alrededor y en la superficie de algunos restos óseos, cinabrio encontrado fuera y dentro de pequeñas vasijas, presencia de navajas prismáticas, cuentas, artefactos de piedra verde y láminas de mica, sugieren una fuerte actividad ritual al momento de la ceremonia funeraria.

Además, la abundante muestra de entierros secundarios que presentan muchas irregularidades, asociada a cada uno de estos individuos, permite pensar que estas ceremonias se hicieron acompañar del ritual sacrificatorio. Este ritual sacrificatorio es evidente también en entierros secundarios asociados a componentes arquitectónicos dedicados a construcciones.

Los ejemplos más claros de lo expresado anteriormente son el Entierro 3 (Figura 2), individuo responsable de la construcción y dedicación del Montículo A-IV-2 en tiempos Providencia. A este individuo de sexo masculino le acompañaba junto a su ofrenda cerámica otro individuo de sexo femenino, puesto sobre él, que presentó mutilación de las extremidades inferiores, a partir de la pelvis.

Otro individuo asociado (Entierro 4), presentó desmembramiento y desarticulación, contuvo siete pequeñas vasijas como ofrenda y algunos artefactos asociados como cuentas de piedra verde. Esto señala alto rango e importancia en la vida del individuo del Entierro 3.

También se asoció el hallazgo de tres cráneos de individuos adultos, uno de ellos junto a dos vasijas como ofrendas colocadas sobre el barro natural, evidencia de que en el sepelio se llevó a cabo práctica de decapitación.

El individuo del Entierro 7 (Figura 3), con similares condiciones en el arreglo y preparación, se fechó un poco más temprano que el Entierro 3, debido a las características de su ofrenda cerámica. Este entierro contuvo los mismos elementos asociados tales como rica ofrenda cerámica, artefactos de piedra verde, láminas de mica, cinabrio y carbón.

Otros individuos fueron asociados, Entierros 8, 16, 23 y 25, con desórdenes anatómicos y remoción de algunos de sus miembros, lo cual sugiere mutilación, desarticulación y decapitación.

Es importante mencionar las características del Entierro 14 (Figura 4). De forma colectiva presentó varios individuos colocados dentro de un botellón, definiéndose como secundario múltiple. La antropóloga Lori Wright realizó un análisis en el que resume: el Entierro 14 incluyó un mínimo de tres personas, denominando Individuo A los restos completos de una persona adulta de sexo masculino, colocado en posición ventral flexionado. Mezclados con éste también se encontraron los restos de dos individuos más, presenta desarticulación de sus miembros, aunque es difícil saber cómo murieron, fueron colocados por pedazos dentro del depósito.

Este entierro colectivo no presentó más que un fragmento de escultura como ofrenda, sugiriendo quizá la práctica de una ceremonia sacrificatoria de cautivos.

Otro caso relevante es el individuo del Entierro 9, colocado dentro de una fosa tallada en una plataforma de barro natural. Con una rica ofrenda cerámica fechada para la fase Verbena, se asoció con los Entierros 5 y 10, los cuales también fueron puestos en fosas dentro de dicha plataforma. El individuo del Entierro 10 presentó desórdenes en su eje anatómico denominándose secundario. A su vez, el individuo del Entierro 5 se catalogó como primario hasta que fue cortado por un depósito circular intrusivo, el que mutiló sus extremidades inferiores. Un fragmento de piedra de moler cubrió totalmente su cabeza.

Curiosamente la práctica de enterramientos en la fase Arenal está ausente en el Grupo A-IV-1 y coincide con la colocación de grandes ofrendas de vasijas para este momento.

Durante la fase Arenal, la plataforma de barro natural mencionada experimentó una ampliación hacia el lado este. En ella fueron encontrados dos individuos que presentaron desarticulación, remoción de sus huesos largos y decapitación, observándose una vez más los elementos y artefactos de piedra verde, carbón esparcido, cinabrio, figurillas, etc. Esto sugiere una ceremonia de sacrificio dedicada a la remodelación de la plataforma.

También merece mención el individuo del Entierro 22, el cual presentó una rica ofrenda característica de la fase Aurora del Clásico Temprano. Se trata de un individuo adulto medio de sexo masculino colocado sobre una nivelación muy compacta de arena y barro. Junto a sus pies se encontraron los restos de otro individuo desarticulado debajo de una piedra blanca con marcas de desgaste; su cabeza fue localizada a 1 m de distancia. Una vez más, la práctica de desarticulación y decapitación están presentes; cabe mencionar la asociación de este hallazgo con un juego de pelota ubicado a 50 m en dirección norte característico de esa época.

Importante es mencionar entierros dedicados a la construcción de plataformas como el individuo del Entierro 17, quien por su posición dentro de una fosa tallada en una plataforma de arena color ocre, posiblemente se propició a la construcción de la misma. Se trata de un individuo de sexo femenino con una ofrenda cerámica del Preclásico Medio, fase Majadas (600-500 AC). Otros individuos con asociación a plataformas de construcción son los Entierros 13 fechado para Providencia y Entierro 15 para Aurora, ambos son secundarios y presentan señales de sacrificio.

Figura 2 Grupo A-IV-1, Entierro 3

Figura 3 Grupo A-IV-1, Entierro 7

Figura 4 Grupo A-IV-1, Entierro 14

CONSIDERACIONES GENERALES

Los patrones de enterramiento de posición y orientación detectados por Kirsch (1973) en el Montículo A-VI-6 de Kaminaljuyu, son similares a los encontrados en al Grupo A-IV-1, durante el Preclásico Tardío. Señala que la posición más común es extendida ya sea de decúbito ventral o dorsal, con una tendencia de orientar el cuerpo hacia el sur. Al comparar 17 entierros de la misma época, 13 de ellos son extendidos, de los cuales ocho son dorsales y cinco ventrales.

La tendencia del arreglo y colocación de individuos sobre plataformas de barro natural inicia en la fase Las Charcas, según el reporte de Otto Román (1993), quien encontró un individuo en esas condiciones en el Montículo B-IV-2, fechándolo para esa fase. Señala también la presencia de un cráneo junto a la ofrenda cerámica, evidencia de práctica de decapitación.

Otro caso en el mismo grupo fue reportado por Juan Luis Velásquez (1991), de un individuo masculino de edad media enterrado sobre la parte alta de una plataforma de fase Las Charcas. Junto a la ofrenda cerámica y lítica, otro individuo fue enterrado, con sus restos en desorden, lo que sugiere práctica de desarticulación.

Para la transición Las Charcas-Providencia y entre los Montículos A-IV-2 y A-IV-3, Sergio Ericastilla señala la existencia de un depósito o botellón que contuvo un individuo enterrado. Este individuo presentó una rica ofrenda cerámica, una concha de tortuga y un total de 33 sellos de barro. Además, también fue encontrada una mandíbula dentro del depósito, evidencia de prácticas sacrificatorias. Esta forma de arreglo en el enterramiento es parecida al arreglo del Entierro 14 de A-IV-1, aunque difiere en contenido.

Otro individuo fechado para la fase Majadas fue reportado por Velásquez (1991), encontrándose de decúbito ventral sobre una plataforma tallada en la arena en la ribera de la extinta laguna de los Tiestos. Asociados fueron encontrados también otros entierros que presentaban perturbaciones como desarticulación de sus miembros óseos. Observó también que en dicha plataforma continuó la actividad de ofrendas con restos óseos y vasijas hasta tiempos Arenal. Por otro lado, también señala la existencia de otro entierro fechado para la fase Aurora en el Montículo A-V-9 observando la posición extendida con la cabeza al sur como el Entierro 22 de A-IV-1, de la misma época.

Velásquez (1991) también señala otro hallazgo de importancia y mucha ritualidad. Se trata de 33 cráneos colocados en grupos de forma singular en el centro de cuatro plataformas. Una vasija colocada al centro contuvo un cráneo y un individuo femenino con evidencia de ataduras como si se tratase de un cautivo. Tal evidencia señala la ejecución de una ceremonia ritual sacrificatoria con el propósito de iniciar la construcción de los Montículos C-IV-4 y C-IV-5. Esta vez la práctica de decapitación es predominante en este sacrificio.

Comparaciones con otros sitios nos llevan al sitio de Balberta en la Costa Sur de Guatemala. Arroyo (1990) señala que existe una tendencia de enterrar individuos masculinos de decúbito ventral y a los femeninos de decúbito dorsal. Esto concuerda con los únicos dos casos de individuos femeninos en entierros primarios de A-IV-1, donde también los individuos masculinos fueron colocados de decúbito ventral. Por otra parte la orientación difiere un poco, ya que en A-IV-1 tenemos cuatro individuos orientados en un eje este-oeste con la cabeza hacia el este y en Balberta, aunque algunos observan el mismo eje, su cabeza descansa sobre el lado oeste.

El sitio de Chiapa de Corzo, lugar que tradicionalmente comparte muchas similitudes con Kaminaljuyu, se señalan variaciones en la orientación de los entierros fechados para la fase Escalera del Formativo Medio (Lowe et al. 1965). Dos de ellos con la cabeza al norte, dos más hacia el oeste y uno con la cabeza hacia el sur. Es importante mencionar el caso del entierro de dos individuos, un infante junto a un adulto masculino; el adulto presentó una vasija en forma de plato que cubrió su cabeza. Singularmente el Entierro 19 de A-IV-1, un infante, fue enterrado junto a un individuo de sexo masculino, Entierro 18, presentando un fragmento de vasija que cubrió casi totalmente su cráneo. Agrinier (1970) también reporta en el sitio de Mirador en Chiapas, evidencia de sacrificio humano en cinco entierros y dos escondites. Tres individuos se encontraron con las cabezas perturbadas y en uno de los casos ésta no fue encontrada, solamente su mandíbula. Dos de los escondites depositados en cuencos con tres y cinco vértebras respectivamente.

Estas evidencias coinciden mucho con los patrones y prácticas mortuorias de enterramientos en Kaminaljuyu; los Entierros 3, 7, 9 y 22, en orden de fechamiento desde el Preclásico Medio hacia el Clásico Temprano, constituyen los mejores ejemplos de continuidad de prácticas funerarias acompañadas de rituales sacrificatorios. Esto refleja la importancia y sacralidad que envolvía a este tipo de eventos, con el fin de honrar a sus deudos, sobre todo tratándose de personajes importantes dentro de los círculos sociales. Personajes de menor rango o familiares debieron ser elegidos y preparados para el viaje que debía de conducir a una mejor vida en el más allá, concepción muy común en las grandes culturas de todo el mundo hasta nuestros días.

REFERENCIAS

Agrinier, Pierre

1970        Mound 20, Mirador, Chiapas, Mexico. Papers of the New World Archaeological Foundation, No.28, Brigham Young University, Provo.

Arroyo, Bárbara

1990        Enterramientos de Balberta, un sitio en la Costa Sur de Guatemala: Algunas comparaciones con otros sitios e inferencias sobre su organización social. BAR International Series, No.559, Oxford.

Kirsch, Richard W.

1973        Mound AVI6: A Terminal Formative Burial Site and Early Postclassic House Platform. En Kaminaljuyu Project  1969, 1970 Seasons (editado por J. Michels y W. Sanders), pp.297390. Pennsylvania State University Press, Pittsburgh.

Lowe, Gareth W., Pierre Agrinier, J. Alden Mason, F. Hicks y Charles Rozaire

1960        Excavations at Chiapa de Corzo, Chiapas, Mexico. Papers of the New World Archaeological Foundation, Nos.811, Pub.7, Provo.

Román, Otto

1993        Hallazgos Preclásico Medio en Kaminaljuyu. En III Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1989 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Brady), pp.209-218. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

Velásquez, Juan Luis (ed)

1991        Proyecto de Rescate y Salvamento Arqueológico Kaminaljuyu, Grupo A-IV-1, Guatemala: Informe preliminar No.1. Reporte, Instituto de Antropología e Historia, Guatemala.

 

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