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088 Evidencias arqueológicas y procesos históricos en Quezaltepeque, Chiquimula. Jorge E. Cáceres Trujillo e Ingui A. Zeceña Chenal – Simposio 28, 2014

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088 Evidencias arqueológicas y procesos históricos en Quezaltepeque, Chiquimula.

Jorge E. Cáceres Trujillo e Ingui A. Zeceña Chenal

 

XXVIII Simposio de Investigaciones
Arqueológicas en Guatemala

Museo Nacional de Arqueología y Etnología
14 al 18 de julio de 2014

Editores
Bárbara Arroyo
Luis Méndez Salinas
Lorena Paiz

 

Referencia:

Cáceres Trujillo, Jorge e Ingui A. Zeceña Chenal
2015 Evidencias arqueológicas y procesos históricos en Quezaltepeque, Chiquimula. En XXVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2014 (editado por B. Arroyo, L. Méndez Salinas y L. Paiz), pp. 1081-1094. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

 

Evidencias arqueológicas y procesos históricos en Quezaltepeque, Chiquimula
Jorge E. Cáceres Trujillo
Ingui A. Zeceña Chenal
Palabras clave
Guatemala, Chiquimula, Quezaltepeque, evidencias arqueológicas,
hechos históricos, Clásico Tardío, siglo XX.

Abstract
This work arises from the observation of contemporary anthropological phenomena that requires research to learn about its content and significance over time, trying to understand its meaning and demonstrated cultural expressions that have been the particular history of the town of Quezaltepeque, Chiquimula, Guatemala.

 

Contexto y temporalidad
En realidad, desde la perspectiva geográfica, es un área que ha sido susceptible de diversos estudios y que se envcuentra aun inmersa en la problemática de lo Maya como tal, a decir de las expresiones Clásicas Tardías en el extremo Suroriental (Quiriguá y Copán). Siempre está en el debate y sin responder exactamente ¿qué pasó en el Clásico Terminal?, donde se acaba todo y luego ¿Cuál es la transición hacia el Posclásico?, hasta el contacto con los españoles. No obstante, existen aproximaciones que dan cierta luz a lo desconocido en este marco temporal. Respecto de Copán como referente más cercano y más investigado se dice:
“…las investigaciones arqueológicas indican que en sus últimas décadas (800-1000 DC) la ciudad y el valle de Copán sufrieron un crecimiento demográfico sin precedentes. Esto llevó a una intensificación de los sistemas agrícolas, que a la vez, aceleraron el ritmo de degradación del medio ambiente” (Webster, Sanders y Van Rossum 1992, Citados por Agurcia 1999: 353).

Es decir, como centro rector para el área, después de un amplio crecimiento y desarrollo, tuvo un punto de quiebre. Pero surge otra interrogante común: ¿qué pasa con la gente y la sociedad en general? Sobre ello, Fash nos dice:
“La crisis de sobrepoblación se agudizó. Hasta fines del siglo IX se mantuvo con unos 26,000 habitantes, población que fue descendiendo hasta el abandono del sitio en torno al 950 DC, aunque algunos estudios proponen que el abandono final se dio hacia el 1250” (Citado por: Gutiérrez 2010: 535).

A su vez, para este momento de cambios, resulta curioso que al abordar la identificación de las sociedades que ocupan el área, se indique desde la perspectiva lingüística que:
“…los ch’orti’ están emparentados con los chontales de Tabasco y con los choles de Chiapas. El idioma ch’orti’ pertenece a la familia lingüística mayense ch’ol y se separó de otros idiomas del grupo alrededor del 600 DC, momento en el que se trasladó al este, al área cercana al actual sitio de Copán” (Batres, Martínez y Pérez 2009: 48).

En este sentido, podría decirse que Copán habría sido ch’orti’ para el Clásico Tardío, pero creemos que esto alude a una ocupación más tardía, después de la caída de Copán. De hecho, las investigaciones aluden una reocupación que concuerda con la tradición oral de las comunidades ch’orti’ de Guatemala, donde refieren a Copán como su principal centro ancestral. Sobre estos momentos y las reocupaciones en Copán, nuevamente Fash indica:
“En el Posclásico, pobladores foráneos realizaron entierros poco profundos en la Acrópolis Central y habitaron el Grupo del Bosque… Edificaron plataformas de hasta 20 m de largo y no más de uno de alto, techadas con materiales perecederos, dispuestas sin orden aparente, reutilizando piedras labradas de otras estructuras. El fechamiento más reciente ubica a estos pobladores hacia 990-1020 DC” (Citado por: Gutiérrez 2010: 535).

En síntesis, todos estos aspectos constituyen un referente contextual, que nos lleva hasta principios del Posclásico (1200 DC), de aquí hasta el contacto (1525-1530) volvemos a desconocer, aunque los distintos referentes coloniales, sobre todo del siglo XVI, sí comprueban la existencia de comunidades indígenas en el área y en este caso particularmente en Quezaltepeque.

Un aspecto relevante de estos hechos responde a considerar la referencia de un deterioro del ambiente hacia el Clásico Terminal en Copán, indicando con estudios paleo-ecológicos (Agurcia 1999: 353) una tala inmoderada, incluyendo las laderas de las montañas. Sumado a la tendencia de erigir pequeñas plataformas.
El rasgo de ocupar valles en el Clásico y luego pequeños planes en las montañas para el Posclásico es determinante, puesto que percibimos esta tendencia en algunos sitios de Quezaltepeque. Es decir, hay evidencias de pequeñas plataformas en los terraplenes de montaña, pasando a usar los valles para cultivo. Considerando que esta situación cambiaría en la colonia, por disponer los pueblos en valles y relegar a la comunidad indígena a ocupar las montañas sucesivamente, tanto para vivienda como para cultivos (Fig.1). Al respecto en algunas referencias, como tradición oral, se dice que:
“…existía un pueblo Chortí al norte llamado Sachacté o Tichacté, actualmente la aldea La Azacualpa; y al sur otro pueblecito llamado Atotonilco, donde ahora es Llano Grande, el Recibimiento y la parte baja de Pedregal; estos dos pueblecitos utilizaban este valle donde se asienta nuestra Villa para cultivos agrícolas de añil, maíz, cacao entre otros. …tenían su centro ceremonial ubicado en el Nacimiento del río que pasa a la orilla de este pintoresco pueblo…” (Norman Rosas, comunicación personal, 2013).
Es así como se percibe el panorama prehispánico, tanto con investigación arqueológica en sitios cercanos, como con tradición oral de pobladores de Quezaltepeque, donde además es necesario acotar que la traza del casco urbano no responde exactamente a un patrón español, más bien presenta calles irregulares, que se ensanchan o se adelgazan, no son rectilíneas y en muchos casos existen callejones, constituyéndose en realidades curiosas, dignas de investigación. En adelante, presentamos los referentes de evidencias materiales que validan la ocupación social en esta época prehispánica.

Referentes arqueológicos
Justamente una de las evidencias en este trabajo, es el reconocimiento de unas plataformas en lo alto de una montaña, en la comunidad Las Peñitas, muy cerca del casco urbano de Quezaltepeque (Fig.2).

En general, cabe mencionar que mucho de lo que impresiona en la geografía del municipio y de Chiquimula, es la diversidad de serranías y montañas. Respecto a ello, cabe cuestionarse ¿cómo vivían las comunidades en distinta época en este contexto geográfico?, desde las investigaciones anteriores, se indica que:
“También encontramos dos tipos de montículos en el área chorti, y como ocurre con la cerámica, las figurillas o las piedras de moler, es generalmente en el área montañosa donde se conserva el tipo de construcción antigua, mientras las nuevas formas aparecen en las partes bajas. Y esta situación arqueológica tiene su correspondencia en el estilo de las casas presentes que,…sigue el patrón ancestral” (rancho cuadrado con techo piramidal) (Girard 1949:1632).

En Las Peñitas se observaron plataformas conformadas por una hilera de piedras dispuesta sobre la tierra, haciendo una forma de planta rectangular (Fig.3). Una de ellas adosada a un pequeño promontorio, dispuestas en un escaso plan, que colinda con una quebrada y un risco montañoso hacia el Noreste. A su vez, existen elementos semicirculares de piedra, que dan la impresión de pequeños fogones (Fig.4). (Sobre fogones y elementos en las viviendas ch’ortis’ ver Wisdom 1961:162). Sumado a estas evidencias, en su contexto, también se observan fragmentos de cerámica, obsidiana y piedras de moler.

En adelante, se han de mencionar los reportes de Girard (1949: 1632-1635) sobre diversos sitios arqueológicos en el área para la década de 1940, llevando a pensar que muchas de estas evidencias han desaparecido 70 años después. Por aparte, en el departamento de Registro de Monumentos del Instituto de Antropología e Historia (IDAEH), se encuentran tres sitios registrados para Quezaltepeque, siendo estos: Los Moldes: ubicado a 4.5 km al oeste de Quezaltepeque, a 600 m de la aldea Río Grande y a 3 km al sureste de aldea El Carrizal. Recibimiento: 1 km al sur de la aldea y a 3 km de la cabecera municipal. Tutunico: 200 m al norte del puente Tutunico.

Otra de las fuentes es la Unidad de Enlace del Registro de Información Catastral (RIC) y el IDAEH, en su informe de verificación y georeferenciación de sitios arqueológicos de julio de 2012, reportaron tres sitios: Cueva Las Cebollas, Los Moldes y Yerba Buena. De estos, Los Moldes ya estaba registrado y Yerba Buena en otra literatura, se refiere a arte rupestre:
“Chiquimula… cuenta con sitios arqueológicos con manifestaciones gráfico-rupestres. Los sitios son conocidos como Chatún de la Rebalsa, Peñasco Los Migueles, Peñasco Alonso, Peña de las Campanas, Peña Pequeña, Peña del Divisadero, Peña Pintada, Peñasco Cerón, Cueva de Jocote, Peñasco El Limón, Fierros del Duende, Peña de la Hierba Buena, Peña del Diablo y Peña Pintada de Ipala, y se localizan en los municipios de Camotán, San Juan Ermita, Chiquimula, San Jacinto, Quezaltepeque, Esquipulas e Ipala (Batres, Martínez y Pérez 2009: 48).

Esta referencia, remite que muchas expresiones culturales están dadas en peñas, peñascos o piedras, indicando la importancia y el valor intrínseco de la roca en muchas sociedades mesoamericanas.

No obstante, el mismo informe del RIC-IDAEH refiere que los sitios Recibimiento y Tutunico no fueron verificados, indicando que no se encontró evidencia arqueológica. Esto puede responder a una incorrecta ubicación o a que los sitios en definitiva ya no existen. Por aparte, en el cerro Las Cebollas ya se han efectuado prospecciones arqueológicas por parte del IDAEH. Estas reportarían una cueva natural con evidencias de uso por la disposición de cerámica. Así mismo, existen evidencias de una especie de botellones con revestimiento sólido y pequeñas plataformas de piedra. Este sitio está siendo promovido como centro eco-turístico, fundamentalmente por la Asociación Regional Campesina Ch’orti’ (ASORECH), con el apoyo de otras instituciones.

Hasta aquí, estos son los principales referentes de restos materiales de ocupación en el área, considerando que es necesario hacer más reconocimientos arqueológicos en la región y emprender investigaciones sistemáticas. A continuación se exponen necesariamente algunos referentes documentales de ocupación indígena a lo largo de la Colonia, que confirman la presencia de ellos en estas tierras.

Proceso colonial
Un hecho relevante y de poca investigación e información es el momento del contacto con los españoles. Es decir la transición del Posclásico Tardío hacia la ocupación colonial en el primer cuarto del siglo XVI. Muchos trabajos han sustentado sus argumentos desde los escritos de Fuentes y Guzmán con los mismos personajes y sucesos, sin considerar las generalidades y sesgos de esta información. Sin embargo, para Chiquimula en general este autor habla de la ocupación de Esquipulas y en ello, entre muchos aspectos, es destacable lo siguiente:
“Hemos de describir un país mediterráneo, no sólo defendido por su propia muchedumbre y valentía, pero que por lo muy revuelto de los accidentes políticos y militares de esta ciudad de Goathemala por aquellos tiempos le hacían no menos desalentada la esperanza de su propio rendimiento; que aunque pugnaba la osadía castellana, contra la perseverante resistencia de los indios de Yzquipulas, y sus amigos, divididas las fuerzas de nuestro ejército en varias, y prolijas expediciones, los que mantenían aquí la guerra, era sólo á expensas del propio honor, sin esperanza segura de socorro” (Fuentes y G. 2013: 255).

El referente principal del anterior párrafo, alude a los indios de Esquipulas y sus amigos. En este sentido, podría pensarse en la comunidad ch’ortí’ en general, y asociar que Quezaltepeque está relativamente cerca de Esquipulas, sobre todo considerando el antiguo camino. Por lo demás, hay aspectos curiosos que expone este escritor colonial. A su vez, Fuentes y Guzmán aborda los pueblos de Chiquimula, tanto en el capítulo VII como en el VIII (2013: 291-307). Entonces sí se manejaba el conocimiento de los demás pueblos, pero no detalla su ocupación española. Resulta curioso observar que el autor abunda en la conquista de Esquipulas, pero luego la describe como pobre y tuguriosa, dándole más importancia incluso a Quezaltepeque y San Luis Jilotepeque, pensando en términos de tributos y pobladores.

Indistintamente, sobre este tema parece que la fecha como momento de contacto es bastante recurrente, tal y como lo indica la siguiente cita:
Los documentos más tempranos, correspondientes al siglo XVI, aluden más que todo a nombres de poblados, algunos indudablemente prehispánicos como PAXUTLA, CAXETE, ALAMAX (Probanza de Diego Díaz, Año 1539 en Boletín del A.G.C.A., 1974: 9-18) y otros de poblados reducidos por los españoles desde el año 1530 aproximadamente; tal es el caso de ZACAPA, CHIQUIMULA, JOCOTAN, CAMOTAN, JUPILINGO, ESQUIPULAS Y QUEZALTEPEQUE (Ubico 1990: 11).

En lo sucesivo, es pertinente considerar el proceso de reducción de las comunidades y la tasación de tributos hacia mediados del siglo XVI, quedando explícito y con detalle en la siguiente cita:
El 11 de mayo de 1549 la Real Audiencia de los Confines, aprobaron otra tasación para el pueblo de Quezaltepeque, a favor de don Cristobal Lobo, mediante la cual mandaban que “…los naturales de dicho pueblo (Quezaltepeque) que hagan en cada año una sementera de maíz de 3 hanegas y una sementera de frijoles de media hanega y todo lo beneficien, cojan y encierren en el dicho pueblo; y le den en cada un año 100 mantas del tamaño de las que suelen dar, y por cada una de ellas 4 reales de plata; y le den cada año 4 docenas de gallinas de castilla y 30 petates pequeños y 2 grandes del tamaño de los que suelen dar, y 6 jarros de miel, que cada uno tenga 2 azumbres, y 3 indios ordinarios de servicio que le guarden los puercos que tuviere en la estancia que está junto a dicho pueblo, con que les dé de comer el tiempo que le sirvieren y les enseñe la doctrina cristiana (Folio 103 -104 del Libro de Tasaciones de los Naturales de las Provincias de Guatemala; Torres Moss, Clodoveo 1978). (Ver Ramírez Vargas, Margarita).

De alguna manera, estos referentes dejan ver a groso modo, los hechos y lo que habría pasado con las comunidades originarias de esta zona da la pauta para reconocer el principio de la conformación del pueblo, y la sencilla relación de la comunidad indígena con Cristobal Lobo, donde seguramente el pueblo no estaba constituido como tal. Otro de los referentes para el siglo XVII, son los trabajos sobre la historia de la iglesia del pueblo, realizados por Torres Moss, publicados en el Diario El Imparcial del mes de noviembre de 1960. Ahí hay datos que refieren una primera destrucción en 1641, donde es consumida la primera iglesia pajiza según relato del cura Joseph Ramos. Luego hay destrucciones y construcciones sucesivas con aportes comunitarios en 1642, 1665 y 1691.

Sucesivamente hay una certificación para los Alcaldes Regidores donde se refiere la inexistencia de la iglesia parroquial de la cabecera de curato, dada en 1698 (Alvizurez y Ortiz 1984:24). En este tema específico, es importante notar el aporte consistente de los indígenas, tanto en materiales de construcción como en mano de obra (ver: AGCA: A1.10.3, Exp. 31276, Leg. 4046 y A1.24, Exp. 10214, Leg. 1570, Fol 339).
Hablar de la iglesia en los pueblos conformados a partir de reducciones españolas, constituye un referente elocuente en la constitución de las comunidades.

Particularmente Quezaltepeque da la impresión de tener una iglesia de características considerables para el tamaño del pueblo desde lo urbano. Por supuesto que ruralmente puede abarcar más, pero el casco del pueblo es relativamente pequeño. Entonces, considerar aspectos como el tamaño, su arquitectura, la disposición en el pueblo y otros elementos, puede explicarse en el hecho de haber sido cabecera de curato, o quizás tenga que ver con el hecho de ser una estación del paso de peregrinación hacia Esquipulas, sobre todo cuando en el camino antiguo sí era necesario entrar al pueblo y pasar junto a la iglesia para luego emprender la ruta hacia el Cristo Negro, pasando antes por la orilla del volcán (Quezaltepeque) y la Piedra de Los Compadres.

Entre otros datos, es pertinente la mención de comunidades específicas, así, en los diversos aportes de José C. Torres Moss, también se refiere una primera incursión hacia 1526, explicando una segunda, hacia 1530. Indicando incluso, datos curiosos manejados en la tradición oral, tal es el caso de: “… en la montaña de “Nochán”, al norte de San Francisco Quezaltepeque, se libraron los primeros combates de conquista” (El Imparcial, 3 de noviembre de 1960). Justamente a esta afirmación deberá sumársele un referente particular pronunciado en el siglo XVIII, a razón de un documento que refiere: Medidas hechas en Nochán a favor del común de Quezaltepeque, paleografiado por Joel Hernández y Edgar Chután (2004:417).
“…Ante Vuestra Merced parecemos en la mejor forma, como más haya lugar que convenga a nuestro derecho y decimos: que antiguamente poseíamos en las tierras de Su Majestad (que Dios guarde), según nuestros antepasados, que es en donde fue la primera conquista de este dicho pueblo en el paraje nombrado “Nochan”; que es en donde siempre labramos la milpa de comunidad para sufragar los gastos superfluos…” (Sig. A.1, Leg. 6023, Exp. 53107, 26 folios).

Estas connotaciones le otorgan a Nochán una carga particular como referente en la historia de Quezaltepeque, donde constantemente es un área que está siendo mencionada. Hoy en día se percibe cierta transformación a decir invariablemente de las remesas, las evangelizaciones y otros procesos sociales relativamente contemporáneos (Fig.5).

Otros datos interesantes para el último periodo del siglo XVIII, lo refiere Cortés y Larraz, en su visita a la región realizada entre 1768 y 1770, donde indica que: en el pueblo de Quesaltepeque hay 100 familias de indios con 723 personas y luego hay 56 familias de ladinos con 246 personas (Cortés y Larraz 1958: 2263).

Esta connotación acotada estrictamente para el pueblo, es decir, entendido como el área “urbana” de Quezaltepeque, remite que la gran mayoría de personas es indígena, casi tres veces más que los ladinos. Por supuesto, en estos casos hay que estimar que algunas categorías conceptuales son difíciles de comprender en el contexto temporal, tales como: pueblo, ladino, habitantes de valles y otras.

A la larga, esto puede responder a una mayor concentración de indígenas en el pueblo para el servicio de las familias ladinas, que deberían tener el poder de alguna forma y en distintas categorías. Y muchas familias ladinas en los valles vivirían en sus propias tierras pero sin mucho poder. Quizás en esta época la tendencia a la urbanización no era tan marcada y prefirieran vivir más en lo rural por la facilidad de acceso a productos de consumo como el maíz, frijol, aves de corral, ganado y el cuidado en el cultivo de productos comerciales (añil y caña de azúcar).

El aspecto interesante remite a la proporción indígena y ladina, denotando un efectivo proceso de reducciones. Hoy en día, las descendencias indígenas estarán más en el área rural que en el propio pueblo o sus cercanías, sobre todo por diversos procesos en la lógica económica, que conllevan a la concentración de propiedades en el pueblo para uso comercial y habitacional de la clase de poder. Situación a la que habría que agregar procesos de migración tanto a la capital guatemalteca como a Estados Unidos, sea entre mestizos o indígenas, generando fenómenos diversos de capacidad adquisitiva y recomposición del uso de la tierra.

Hacia 1780, nuevamente vuelven a observarse casos de necesidad y lucha por la tierra, constituyéndose en datos referentes para la dinámica social, económica y cultural de las comunidades de Quezaltepeque (ver: AGCA: Sig. A.1, Leg. 5325, Exp. 44869. Año de 1780).

En procesos sociales de la comunidad indígena, puede determinarse en primera instancia, el crecimiento de la población hacia finales del siglo XVIII. Luego, se refleja ya al correr de los años haber asimilado la idea de “terrenos comunales”, y participan como comunidad en el trabajo de la tierra. Siempre bajo modos de subsistencia en la agricultura, situación que no ha cambiado mucho, salvo en los casos migratorios. Por lo demás, pueden verse a comunidades de descendientes indígenas supeditados a lo que los terratenientes les ofrezcan, es decir cultivarles su tierra y con derecho a la mitad de la producción, o cuidarles el ganado por salarios menores al mínimo.
Por aparte, entre otros datos para esta temporalidad, pueden consultarse los escritos referentes a las destrucciones de Iglesia en el siglo XVIII (1733 y 1743), así como la construcción de la misma entre 1778-1779. Aunado a este conocimiento de sucesos cronológicos y en referencia a la iglesia, deberán consultarse los hechos y sucesos como la interacción de la iglesia hacia finales del siglo XVIII y la sociedad de Quezaltepeque hasta la firma de la independencia.

En adelante, parte de las referencias para el pueblo, en la etapa del siglo XIX, las expone Stephens cuando viajaba entre 1838 y 1839. En este sentido, puede vislumbrarse a Quezaltepeque como parte de una ruta de paso para Esquipulas y Copán, al respecto se dice:
“Cruzamos la llanura; las montañas de Esquipulas parecían haber ganado en grandeza; a la media hora comenzamos a subir la montaña de Quezaltepeque, densamente arbolada y, como la del Mico, fangosa y llena de zanjas y de hoyos profundos… A intervalos alumbra el sol, y miramos a una gran distancia debajo de nosotros el pueblo de Quezaltepeque. El descenso era muy precipitado y los hoyos de cieno y zanjas muy profundos. …Pasamos por Quezaltepeque sin apearnos. Es costumbre, al dividir las paradas para Guatemala, hacer una jornada por la tarde hasta este lugar y pernoctar. Saliendo del pueblo, cruzamos una hermosa corriente, en la que algunas mujeres estaban lavando” (Gall 1980:38).

En este párrafo de Stephens, se confirma el hecho de que Quezaltepeque sea un punto de descanso y parada en el peregrinaje. Así mismo, deja ver una realidad natural en la primera mitad del siglo XIX. Hablar de lugares arbolados, y de hermosas corrientes resulta difícil hoy en día, puesto que ya hay muy pocos árboles y las corrientes están contaminadas.

Desde finales de 1830 hasta 1871 podría considerase un lapso de reacomodo de modos de vida en todos los aspectos, pero desafortunadamente todo cambiaría a partir de la Reforma Liberal y la transformación sociocultural y económica con la producción del café (Ver Palma 2004).

Luego, en el contexto posterior a la Reforma Liberal, destacan algunas publicaciones. Así, uno de los principales manuscritos sería el semanario El Oriental, de José María Izaguirre (Fig.6). En uno de sus ejemplares de febrero de 1882, se publicaría un apartado sobre Quezaltepeque, que además de describir características geográficas, llama la atención con los siguientes datos:
Este pueblo es el más importante que tiene el Departamento, tanto por el número de sus habitantes, cuanto por su industria, comercio, producciones, y, sobre todo, por la civilización de los indígenas.

Además, entre muchos otros datos, sobre la población denota de nuevo lo apuntado por Cortés y Larraz, donde aún para finales del siglo XIX, predomina la comunidad indígena:
Según el censo practicado el 1º de Noviembre del año 1880, tienen Quezaltepeque y su jurisdicción, 6.593 habitantes, de los que 5.467 son indígenas, y 1.126 ladinos, dando por resaltado que esta raza solo está representada en un cinco por ciento. Este censo talvez sufrió alguna omision, por la circunstancia especial de encontrarse el Sr. General Presidente de la República y su comitiva, en dicho dia, en Quezaltepeque; y las autoridades, lo mismo que los encargados del Padron, se crée que padecieran alguna distraccion desatendiendo el censo.

Existen muchos otros datos de la comunidad indígena en Quezaltepeque en cada etapa de la colonia y el siglo XIX, sobre todo, alusivos a los vejámenes que han pasado a lo largo de la historia, destacando los desplazamientos, explotación y expropiaciones de tierra.

Entre otras cosas, sobre el título de villa en Quezaltepeque, hay connotaciones históricas que resultan curiosas y que llaman la atención, tal es el caso de títulos para una comunidad.

Siempre en el contexto de las dictaduras cafetaleras, dentro del espacio histórico relativo a los liberales, la constante es estar hablando de la importancia que va adquiriendo Quezaltepeque. Es curioso que existan documentos que permitan conocer, además de la literatura publicada, el pensamiento de quien escribe o la tendencia al escribir, datos históricos que se manejan en el imaginario y se constituyen en parte de la identidad hablando de las gentes de Quezaltepeque (Figs.6 y 7).

Para 1944, en tiempos de Jorge Ubico, se publicaría una revista denominada: La Gaceta, revista de policía y variedades. En la edición publicada el 2 de enero del mencionado año, aparecería un apartado dedicado a Quezaltepeque de J. Luis García A. Dicha publicación que además de tener connotaciones románticas y de corte ilusorio, propias de estos manuscritos que intentaban reflejar lo bonito del asunto, remiten connotaciones históricas:
Quezaltepeque es pueblo que tiene historia embrujante de sus tiempos pasados, cuando aquí era cabecera de señorío, allá por los años de 1590 á 1600. Tiene tradiciones sugestivas que evocan –viviendo en las costumbres de su pueblo– la estela de la inteligencia del hombre para la conquista del hombre; tiene tierras magníficas donde la cosecha frutal brota con esplendidez y sale al camino para ofrecerse al romerista que con ella apaga su sed; tiene muchachas guapas, amables y risueñas como despuntar de aurora –mujercitas de su casa– a quienes no ve el caminante por causa de su paso fugaz; tiene hombres sencillos y trabajadores, amigos de verdad porque cuando tienden la mano en ella han puesto el corazón (García A., J. Luis).

Entre otros datos en el contexto del siglo XX, vale la pena considerar un referente publicado para 1955 sobre la ruta de peregrinación, donde se habla de la antigua carretera para peregrinar a Esquipulas, indicando conceptos como romerías, curvas cerradas, estrechez y demás (Castañeda 1955:115-116).

Es decir, nuevamente para la peregrinación era necesario pasar por Quezaltepeque, y considerar cómo serían los caminos de recuas de semovientes para esta época permite dimensionar aquellas romerías en cada etapa de la historia, prácticamente desde el siglo XVII. Respecto de este paso y la relación Quezaltepeque-Esquipulas puede revisarse a Pinto (2012:42) y el Semanario Diez años de Progreso 1931-1941.

Suplemento de Luz, de Max Aguilar y Estaban Rodas, 14 de febrero de 1941.

Por aparte, bajo el contexto de dimensionar cómo llegar de un lugar a otro y considerar que en estos pueblos existe un concepto de peregrinaje bastante arraigado, como los citados por Navarrete entre Copán y Esquipulas a mediados del siglo XVIII (2007:14), o como los de Jilotepeque a Copán, citados por (Carrillo 1927:22), o las mismas tradiciones de Quezaltepeque, de ir al nacimiento del río, hacer ceremonias y regresar; es pertinente considerar las dificultades por el tipo de camino o los medios de transporte.

En este sentido, es válido retomar los viajes que reporta Stephens a mediados del siglo XIX, donde las dificultades para llegar a Esquipulas eran grandes. A decir de las referencias es probable que con el gobierno de Ubico muchos de estos caminos se fueron mejorando o ampliando, incluyendo la disposición de puentes, y todo ello, por supuesto, con mano de obra indígena.

Hasta aquí, estos han sido algunos de los referentes compilados hasta mediados del siglo XX, denotando muchas aristas en la conformación y transcurrir del pueblo de Quezaltepeque; no obstante, como datos propicios para abordar la contemporaneidad, es oportuno conocer referentes sobre tradiciones que se observan hoy en día, algunas con procesos sincréticos que habrán de tener elementos prehispánicos.

La serpiente, el agua y la tierra
Respecto del agua, Quezaltepeque expone una tradición con profundas expresiones culturales. Una de ellas está dada para el inicio del invierno, celebrada en el mes de Abril, y se trata de hacer una especie de procesión o peregrinaje hacia el nacimiento del vertiente (Río La Conquista) que le da agua al pueblo, donde efectúan sacrificios de aves y ceremonias para la serpiente mítica ch’orti’. En dicho lugar, se exponen las cruces de los guías espirituales (padrinos) que han fallecido, al parecer primero eran de madera y ahora son de metal. Sobre este tema ya hay algunas producciones fílmicas y algunos trabajos de investigación o registro del fenómeno (ver: Wisdom: 1961: 494).

Además en este concepto de la serpiente, también están asociados a los aspectos de la tierra, donde algunos investigadores del área ch’orti’ acotan que:
Con respecto al terremoto de 1976, en Tunucó se gestó la idea de que los “horcones del Mundo” se habían movido y en relación a la avalancha de lodo que enterró la ciudad de Ocotepeque en Honduras se elaboró un discurso según el cual fue la serpiente que removió el interior de la Tierra provocando la catástrofe (Fought 1972: 86-99 citado por López García 2003: 503).

Es decir, esto es un referente relativamente contemporáneo del área ch’orti’, no sólo de Quezaltepeque; e implica una infinidad de expresiones asociadas a la serpiente, situación que tiene mucho más peso desde la perspectiva prehispánica. Entre otros datos, para el área de Guatemala, se dice:
Dado que en la región son abundantes las cuevas, las montañas escarpadas y las grandes formaciones rocosas, los cho’rti’ asocian la topografía exterior –montañas y abrigos–, e interior –cuevas–, con un paisaje zigzagueante resultado de los desplazamientos que un Chichchan hace a través de la región. Además, los sismos (falla de Jocotán) o los derrumbes se atribuyen a periodos en los que la serpiente gigante se encuentra inquieta entre los cerros o en el fondo de los valles (Batres, Martínez y Pérez 2009:55).

Entre otros aspectos que suelen apreciarse en la comunidad, existe una diversidad de expresiones culturales, dignas de serios estudios antropológicos, donde seguramente confluyen muchos elementos prehispánicos y se amalgamaron a manera de sincretismo, donde el pueblo participa con casi todos sus estratos sociales.

Otros fenómenos antropológicos
Para tener una dimensión de la espiritualidad y las formas de expresión cultural que se viven, la Unidad de Enlace RIC-IDAEH, en su informe del año 2012, reportó siete lugares sagrados, siendo estos: Cofradía La Conquista (Figs.8 y 9), Cofradía Niño Salfate, Cruz del Calvario, La Misión Chiramay, Mesa Los Encuentros/La Piedra Negra, Nacimiento Azacualpa/Vertiente La Conquista y La Poza Encantada del Caracol.

En un contexto contemporáneo, como parte de elementos de identidad o de imaginarios desde corrientes antropológicas, existen expresiones culturales muy marcadas: El baile del torito y las ofrendas para los patronos conquistadores (Figs.8 y 9), además del Niño de Salfate, entre otras.

En el conocimiento popular, se habla entre mucha gente sobre la joven que colaboró con los españoles para la “conquista”. Así mismo, se habla de la adoración a Chack como dios de la lluvia. El baile del torito representa otro aspecto de sincretismo, con una carga antropológica bastante interesante, a decir del hecho de ofrendar, beber chilate y el uso de instrumentos musicales. Igualmente Navarrete, a manera de referencia, indica que se dan rezos y ceremonias en áreas circundantes a Esquipulas, con cruces en los cerros (2007:73). Denotando todo un complejo de expresiones culturales que expresan concepciones bastante particulares. De hecho, en muchas comunidades rurales de Quezaltepeque, resulta curiosa la existencia de cruces con una especie de altares (Fig.5).

En fin, es claro que existen muchos referentes que son susceptibles de más investigación, pudiendo desarrollar cada tema o periodo, así como el análisis de una expresión en particular. Pero esta compilación, permite tener un panorama de la trayectoria cultural de Quezaltepeque, y de alguna manera, expone una profunda carga de expresiones y sucesos que justifican y aportan las evidencias del porqué de diversos fenómenos socio-antropológicos en la actualidad.

Este trabajo es un breve aporte que denota una larga ocupación de la comunidad indígena, donde se intenta valorar a este amplio grupo social que rebasa los límites de Quezaltepeque (toda el área ch’orti’) y que ha sido víctima de grandes injusticias que se han traducido en la deforestación, la pobreza y el hambre, donde quizás no se aprecie ampliamente en el contexto urbano de cada pueblo (Fig.10), pero con sensibilidad y observancia, es mucho más perceptible en lo rural.

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Fig.1: Vista de Quezaltepeque desde Las Penitas, comunidad cercana al municipio.
Nótese como las montañas circundan al poblado. Fuente: J. Cáceres, 2013.

Fig.2: Sitio arqueológico Las Peñitas, Quezaltepeque. Pequeñas plataformas de una hilera de piedras,
dispuestas en terraplenes de montaña. Fuente: J. Cáceres, 2014.

Fig.3: Hilera de piedras que constituye una de las plataformas de Las Peñitas, Quezaltepeque.
Fuente: J. Cáceres, 2014.

Fig.4: Elemento semicircular de piedra, que asemeja un pequeño fogón. Las Peñitas, Quezaltepeque.
Fuente: J. Cáceres, 2014.

Fig.5: Detalle de la cruz-altar en el acceso a la comunidad de Nochán, Quezaltepeque.
Varias comunidades del área, presentan en sus accesos, estás cruces con altares, donde disponen flores,
veladores y adornos. Fuente: J. Cáceres, 2014.

Fig.6: Detalle del encabezado del Semanario El Oriental, referente documental de Quezaltepeque
en siglo XIX. Fuente: Hemeroteca Nacional, 1882.

Fig.7: Detalle del Palacio Municipal y la plaza de Quezaltepeque en 1944.
Publicación en el periodo de Jorge Ubico. Revista de Policía y Variedades La Gaceta, 1994.

Fig.8: Ambiente adornado profusamente (frutas, flores, veladoras y otras cosas), donde hacen la entrega
de ofrendas y rezos a los patronos del pueblo en la cofradía de la Conquista para el mes de diciembre.
Fuente: J. Cáceres, 2013.

Fig.9: Estancia y espera de la comunidad cachacera para ser atendidos por el padrino.
Espacio donde beben chilate. Fuente: J. Cáceres, 2013.

Fig.10: Detalle de la arquitectura vernácula de Quezaltepeque. En ella destacan los conceptos
en la utilización de materiales como: la madera para las puertas, el barro para la teja, la tierra para el adobe
y las piedras para los cimientos. Mucha de esta arquitectura está desapareciendo. Fuente: J. Cáceres, 2013.