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081 Los restos humanos del sitio arqueológico Río Seco: resultados preliminares de la evaluación bioarqueológica. Shintaro Suzuki – Simposio 28, 2014

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081 Los restos humanos del sitio arqueológico Río Seco: resultados preliminares de la evaluación bioarqueológica.

Shintaro Suzuki

 

XXVIII Simposio de Investigaciones
Arqueológicas en Guatemala

Museo Nacional de Arqueología y Etnología
14 al 18 de julio de 2014

Editores
Bárbara Arroyo
Luis Méndez Salinas
Lorena Paiz

 

Referencia:

Suzuki, Shintaro
2015 Los restos humanos del sitio arqueológico Río Seco: resultados preliminares de la evaluación bioarqueológica. En XXVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2014 (editado por B. Arroyo, L. Méndez Salinas y L. Paiz), pp. 999-1008. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

 

Los restos humanos del sitio arqueológico Río Seco: resultados preliminares de la evaluación bioarqueológica
Shintaro Suzuki
Palabras clave
Costa Pacífica, Río Seco, Bioarqueología, Clásico Temprano.

Abstract
In 2013 the Río Seco Archaeological Project has recovered 2 human burials in the Mound 5, which is a small mound where E. Shook found a large number of fragments of Teotihuacan-style censers more than 40 years ago. This paper examines the biocultural patterns of these burials and discusses a discrepancy between the social status and biological status, trying to lead it to a number of hypothesis that offer new perspectives on the archeology of the site.

 

Perspectiva general del sitio Río Seco
El sitio arqueológico Río Seco se localiza dentro de la propiedad de Las Palmas S.A., ubicada en el Municipio La Gomera, Escuintla. El área fisiográfica forma parte del litoral del Pacífico y se encuentra entre los ríos Coyolate y Acomé, a una altura de 30 msnm, con un clima cálido subtropical (Sánchez 2014). En términos regionales, Frederick Bove y Sonia Medrano (2003:46) lo colocaron el sitio en la “Zona Paryjuyu”.

Las primeras menciones del sitio a la academia fueron proporcionadas por un empresario de origen alemán y aficionado a la Arqueología, Carlos Notteböhm a Edwin M. Shook en 1952, haciendo un croquis y señalando generalidades del área. Con base en ellos, Shook inició las primeras investigaciones bibliográficas en 1967 y 2 años después se realizaron un reconocimiento y algunas visitas acompañadas de recolección de material cultural.
En 1970 se llevaron a cabo algunas excavaciones de rescate, concentradas en el Montículo 5, llevadas a cabo por N. Hellmuh, Paull y Hatch (Sánchez 2014). Ellos registraron varios “escondites” y recuperaron diversos materiales arqueológicos que iban determinando el perfil general del sitio, por ejemplo; cuencos trípodes, vasos polícromos, fragmentos de incensarios e incensarios con motivos probablemente “teotihuacanos”.

Al finalizar las intervenciones, Shook reportó una ocupación desde la segunda mitad del Clásico Temprano hasta el Posclásico e interpretó una íntima asociación con la urbe mexicana, Teotihuacan (Sánchez 2014).

Proyecto Arqueológico Río Seco: los Entierros 1 y 2
El Proyecto Arqueológico Río Seco fue arrancado bajo esta perspectiva general a fin de corroborar la cronología propuesta por Shook e indagar la presencia “teotihuacana” del Clásico Temprano en el sitio (Sánchez 2014). Entre dichos objetivos generales se contó con uno específico de realizar investigaciones del Montículo 5, donde se recuperaron dos osamentas humanas que son los objetos principales del presente trabajo.

La unidad de excavación se trazó en la cima actual de la estructura y el Entierro 1 se encontró casi al centro de la estructura a 1.50 m de profundidad desde el datum, con una orientación al eje este-oeste. A una profundidad de 1.41 m, justo arriba del enterramiento, se identificó un piso en mal estado de conservación y bajo el mismo una capa de arena grisácea. En la misma operación, también se recuperó una serie de ajuares funerarios al este del esqueleto, incluyendo: un cuenco trípode de boca restringida con una decoración de personaje zoomorfo modelado; un plato negro de base plana; un cántaro miniatura y un cuenco profundo de base plana (Sánchez 2014). Además, importa señalar que se registró una espina de mantarraya fragmentada en dos y una cuenta tubular de piedra verde cercana al cuello, probablemente introducida en la boca del individuo. El entierro fue evidentemente de carácter primario en un depósito directo con una posición decúbito dorsal extendido. La tierra que rodeaba la osamenta era muy compacta con terrones de barro mezclados con arena.

Ahora bien, el Entierro 2 se halló al este del mismo montículo, localizado sobre la misma línea del Entierro 1 y orientado casi perfectamente de este a oeste, con un mínimo desvío de 5 a 10 grados Asimmut. La profundidad aproximada fue a 2.10 m desde el datum de la excavación, y correspondió estratigráficamente a una capa de tierra café oscuro (Munsell 3/3 10YR) de consistencia muy compacta con muy poco material cultural mezclado.
También, aparentemente, fue un depósito primario directo individual, conteniendo restos infantiles. La posición de la osamenta fue decúbito ventral semi-flexionada; sus extremidades superiores se encontraron extendidas a lo largo del cuerpo, mientras que las inferiores estaban semi-flexionadas casi unidas por los tobillos. Durante el proceso de exhumación se registraron un fragmento medial de navaja prismática, posiblemente de la fuente de San Martín Xilotepeque con un uso delicado, y dos cuentas de piedra verde (posiblemente jadeíta) alrededor del cuello; una sobre las vértebras y la otra del lado izquierdo.

Perspectiva arqueológica de los entierros
A pesar de que Shook ha mencionado una considerable influencia teotihuacana sobre el Montículo 5, cabe aclarar que las excavaciones de los entierros no arrojaron restos cerámicos directamente asociados con la urbe. Únicamente se pudo observar su relativa contemporaneidad (la primera mitad del Clásico Temprano) según los tiestos recuperados a lo largo de las operaciones.

En un principio de la investigación existió una sospecha de que el Entierro 2 se tratara de un contexto extrafunerario; pues la presencia de la navaja prismática pudiera indicar un contexto ritual y la posición “atípica” del cuerpo también pareció apoyar esa primera interpretación. Sin embargo, esta forma sepulcral aparentemente fue un patrón común de enterramientos infantiles en la Costa Pacífica Central (Genovéz 1997:22-23, 30), y ahora tanto el Entierro 1 como el 2 ambos están identificados como el contexto “funerario”.

Partiendo de eso, ahora se enfoca en la localización específica de los entierros en el Montículo 5. Evidentemente, la función definida de la estructura todavía queda por ser discutida; sin embargo Shook ha interpretado el uso público probablemente ligado con la realización de algunos rituales. Con base en esta perspectiva arqueológica, se considera probable que ambos entierros aquí tratados corresponden a contextos de la “élite” de la sociedad Río Seco.
Además, también se realizó un análisis de los ajuares funerario. Se aplicó una serie de criterios de “marcador de estatus”, desarrollados por Krejci y Culbert (1995) y ajustado posteriormente por Tiesler (1999), y se asignó un rango de 0 (más bajo) a 5 (más alto) para entender objetivamente el estatus social de cada uno de nuestros individuos. Los criterios están desglosados en la Tabla 1.

Así que, el Entierro 1 presentó 2 marcadores de estatus, siendo la espina de mantarraya y un objeto completo de jade, los cuales permitieron asignarle un rango 3, miembro de la categoría “élite”. Por otra parte, el Entierro 2 demostró únicamente 1 marcador de estatus; múltiples cuentas de jade, por lo que se categorizó también en la “élite” pero con un menor rango 2.

Procedimiento de la evaluación osteológica
Bajo esta perspectiva arqueológica, se llevó a cabo una evaluación osteológica para establecer los datos biográficos básicos y observar algunos patrones bioculturales no intencionales, como la robustez de las extremidades, la estatura máxima y las patologías dentales. En términos generales, la robustez esquelética refleja las actividades físicas de la vida cotidiana (Ruff 2008), así como la estatura máxima vislumbra las condiciones nutricionales de la infancia (Márquez y Del Ángel 1999) y la prevalencia cariosa repercute la esencia de los alimentos cotidianos (Hillson 2008). Según diversos estudios anteriores, la élite de una sociedad jerarquizada debería, al menos en teoría, presentar los esqueletos altos y gráciles con menos frecuencia de las patologías dentales, ya que ellos presumiblemente gozaban de una vida asentada, con menor carga física y alimentación más balanceada (Haviland 1967; Powell 1988, 1991; Cohen 1989).

Intervención inicial y obtención de los datos biográficos básicos
Nuestra intervención inició por una serie de micro-excavaciones minuciosas de los bloques de tierra que contuvieron las osamentas. Los elementos liberados fueron cuidadosamente limpiados y restaurados para obtener una mayor información antropofísica.

Posteriormente, el sexo osteológico fue evaluado siguiendo a los criterios comunes en la literatura básica (Buikstra y Ubelaker 1994; White y Folkens 2000; Bass 2005), particularmente con énfasis en; los rasgos cualitativos del cráneo (Loth y Henneberg 1996), la medición de los huesos largos (Black 1978; Tiesler 1999), la complexión general del esqueleto y las características cualitativas de la pelvis (Schutkowski 1993). Luego, la edad a la muerte del infante fue especificada con base en la erupción dental (Ubelaker 1989) y la adulta fue someramente estimada por la abrasión de los dientes posteriores y las condiciones generales de la degeneración ósea (Brothwell 1987; Schultz 1988; Tiesler 2000).

Observación de los patrones bioculturales
La robustez de las extremidades fue evaluada macroscópicamente con un vernier metálico y se calcularon los índices antropofísicos establecidos en la literatura (Tabla 2) (Tiesler 1999; Bass 2005).
La estatura máxima fue abordada a través de las fórmulas de regresión. Primeramente, se aplicó la fórmula de Wright y Vázquez (2003) para estimar la longitud máxima de los huesos largos incompletos y posteriormente dicha longitud estimada se regresó a una estatura máxima con base en la fórmula de Del Ángel y Cisneros (2004), que fue desarrollada propiamente para la población mesoamericana.

Finalmente, se examinaron las condiciones de la caries, aunque no son los rasgos bioculturales propiamente dichos. Para eso, se adaptó un sistema desarrollado por Schultz (1988) y ajustado por Tiesler (1999). Según el sistema, las expresiones patológicas se clasifican en una escala que va de 0 a 4 conforme a los criterios desglosados en la Tabla 3.

Resultados
Si bien los resultados se describen detalladamente en los párrafos posteriores, la evaluación osteológica no arrojó lo esperado para figurar los individuos “élites” íntimamente asociados con la urbe mexicana Teotihuacán.

Entierro 1
Con base en las características dimórficas del cráneo y la medida discriminatoria de las diáfisis de los huesos largos, se identificó un individuo probablemente masculino de una edad adulta, no joven, aparentemente con un estilo de vida “dura”.

Se obtuvo el índice pilásterico derecho 114.5 y el cnémico del mismo lado 47.7, el último siendo claramente una platycnemia. Ambos sugieren un elevado nivel de las actividades físicas en su vida cotidiana, lo cual no concierne al patrón esperado de las “élites”.

A partir de la medición femoral entre F2 (el punto medio del troncanter menor) y F5 (el punto proximal de la fosa intercondilar), se calculó una longitud máxima del fémur 428.4 mm, con base en la cual se regresó una estatura máxima de “160.7 cm”. Ésta corresponde aproximadamente a una estatura promedio de los hombres mayas prehispánicos (Tiesler 1999). Nuevamente no correspondió a lo supuesto de la clase élite.

Longitud Máxima de fémur =
(Medida F2-F5 + 42.396)/0.846
428.4 mm = (320 mm + 42.396) / 0.846

Estatura máxima =
63.89+2.262*longitud máxima de fémur
160.7cm = 63.89 + 2.262 * 42.84 cm

Además, las condiciones generales de la dentición se destacaron por las “patologías avanzadas” (Tabla 4), como se desglosan en la tabla 4. Se observaron diversos dientes con la caries destructiva, el absceso, e incluso la pérdida intra vitam de las piezas dentarias (Fig.1). Tampoco se vislumbró la dieta balanceada, menos cariogénica, que se presume entre los individuos adscritos en el estatus “élite”.

Entierro 2
Se identificó una edad de la primera infancia (1 – 2 años) con base en el desarrollo dental. El sexo del infante era probablemente masculino según los rasgos cualitativos del cráneo y de la pelvis. Sin embargo, debido a su temprana edad, no se pudo obtener más información biocultural. Únicamente, vale la pena agregar unas observaciones sobre las marcas de la superficie exocraneana (Fig.2), ubicadas por las regiones de inion, asterion y pterion. Si bien existió una perspectiva de “cortes culturales” al recordar lo observado (extrafunerario) in situ, las marcas son gruesas y poco profundas. Además, siempre presentan un fondo redondo con la forma de U al evaluarse bajo lupa. Por tanto, estas marcas probablemente no son culturalmente generadas, sino son los productos del origen tafonómico, confiriendo más certeza al contexto funerario del entierro.

Discusión: estatus social vs. estatus biológico
“La vida es dura para los pobres” (Robb et al. 2001:213) es un dicho que no sólo se escucha en nuestra sociedad moderna, sino también está extensamente documentado en las sociedades pretéritas por lo menos a nivel esquelético (Haviland 1967; Powell 1988, 1991; Cohen 1989). En comparación con las “élites” que gozaban de sus privilegios, los individuos del estatus bajo comúnmente sufrían de una amplia gama de estrés biológico, por ejemplo; trabajos con fuerte carga física, mal nutrición crónica, alta prevalencia de enfermedades, entre otras. Bajo esta perspectiva, nuestro estudio demostró un resultado aparentemente contrario. Un individuo “élite” de una comunidad probablemente con una íntima influencia de la mayor urbe contemporánea, presentó un estilo de vida dura en sus restos esqueléticos. Primariamente, todavía es una interpretación preliminar sobre-simplificada. Habría que examinar un sinfín de factores tanto intrínsecos como extrínsecos que forman cada uno de los rasgos de la “vida dura”. Sin embargo, es indiscutible que el patrón físico observado en el individuo no se configura con la idea tradicional de la clase privilegiada.

Al consultar este resultado referente a la literatura a nivel mundial, llama la atención un modelo que John Robb y sus colegas (2001) presentaron en una colección esquelética de la Era de Hierro, procedente de Italia. Los autores examinaron posibles diferencias entre el estatus observado en los ajuares funerarios y el estatus reconstruido con base en los rasgos antropofísicos; y concluyeron que no hay ninguna correlación directa ni simple entre dichos constructos. Más bien ellos argumentaron; para que estos datos generen aportes en la arqueología, siempre habría que entenderse conjuntamente e interpretarse dentro del marco específico de cada circunstancia biológica, ecológica, histórica y sociocultural (Robb et al. 2001:220).

Ahora, partiendo de este modelo, se extienden nuestras discusiones hacia una perspectiva más amplia, más allá de una simple descripción de cada uno de los constructos.

En primer lugar, no se omite el factor intrínseco individual. Una variada vulnerabilidad individual de la caries se conoce ampliamente (Whittington 1989; Hillson 2008; Cucina et al. 2011) y la guía genética sigue siendo uno de los componentes primordiales que determinan la estatura final (Tiesler 1999; Steckel 2008). Debido a esta variabilidad humana, los rasgos antropofísicos de la “vida dura” no necesariamente provienen del estrés biológico del estatus social bajo. Además, cada una de las variables aquí consideradas se desarrollan independientemente bajo sus propias etiologías distintas.

También es posible que nuestra premisa del estatus social alto, derivado del registro arqueológico haya sido fallida. Al considerar aquella serie de las severas críticas (Gillespie 2001; Babić 2005) al modelo de Saxe-Binford, el que supone la concordancia “exacta” entre el estatus social intra vitam y los tratamientos funerarios (véase. Saxe 1970; Binford 1971, 1972), también parece una explicación válida.

Sin embargo, también surgen las siguientes hipótesis extrínsecas poblaciones, las cuales podrán ofrecer una importante perspectiva en la arqueología de Río Seco; pues nuestra discrepancia entre el estatus social y el estatus biológico también puede explicarse en términos ecológicos, socioeconómicos y políticos. Presumiblemente, quizá por algún motivo agronómico del contexto subtropical de la Costa Pacífica, fue necesaria una mayor fuerza productiva para sostener la población, por lo que hasta la clase élite tuvo que estar participando en sus labores cotidianas de fuertes actividades físicas. Es decir, aunque ya existió una jerarquización social, la organización sociopolítica temprana del sitio no estuvo especializada en términos laborales, por lo que no le permitió a la clase élite gozar de la vida asentada, dedicándose exclusivamente a las funciones administrativas, ni acaparar los mejores recursos alimenticios.

De hecho, el registro bioarqueológico del sitio Xcambó, un puerto salinero ubicado en el litoral norte de Yucatán, ha demostrado un patrón similar. Identificaron un estilo de vida con elevado nivel de las actividades físicas en la élite masculina del horizonte Clásico Temprano, y aquellos patrones “típicos” de la vida élite comenzaron a ser observados en el Clásico Tardío tras una transición de las funciones “élite”, ligada con el desarrollo del puerto (Wanner et al. 2007; Maggiano et al. 2008).

Además, considerando la característica propia del sitio, su posible asociación con la urbe teotihuacana, quizá vale la pena agregar otra explicación considerable; que la larga distancia de migración haya generado un estilo de vida “dura” en los restos esqueléticos del personaje. Ahora, merece recordar que Buikstra y sus colegas (2004) han reportado una vida “dura” en los restos de K’inch Yax K’uk Mo’ de Copán, quien fue realmente un inmigrante élite apical de la larga distancia.

Finalmente, todas estas hipótesis e interpretaciones son actualmente tentativas; sin embargo válidas, dado que las investigaciones del sitio Río Seco apenas fueron comenzadas. Indiscutiblemente, falta un largo tramo que recorrer para corroborar y/o rectificar nuestras primeras interpretaciones aquí descritas. Esperamos que este pequeño ensayo sea un aporte en la arqueología del sitio y un estímulo para generar más investigaciones del área.

Agradecimientos
Agradecemos profundamente a la Lic. Mariana Sánchez, la directora del Proyecto Arqueológico Río Seco por la oportunidad del estudio, y al Dr. Tomás Barrientos, el director del Departamento de Arqueología de la Universidad del Valle de Guatemala por sus apoyos logísticos.

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Fig.1: Dentición de la arcada inferior.

Fig.2: Las marcas observadas en la región posterior del cráneo.

Tabla 1: Criterios de los marcadores de estatus.

Tabla 2: Índices de robustez.

Tabla 3: Criterios de la evaluación de la caries dental.

Tabla 4: Resultado general de la evaluación de la caries.
Leyenda de códigos para estado de conservación de dientes:
Celda blanca: Diente ausente y alveolo ausente. 1: Diente in situ. Presente dentro de alveolo. Correspondiente. 2: Diente presente pero aislado, sin alveolo. 3: Diente ausente. Únicamente alveolo presente. 4: Pérdida dental Ante Mortem, AMTL. Alveolo cerrado o en el proceso. 5: Diente en desarrollo in situ. 6: Diente en desarrollo suelto.
N: No evaluable/NID