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045 Ritual y resistencia en un santuario Maya de Tierras Altas en el siglo XVIII. Victor Castillo – Simposio 28, 2014

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045 Ritual y resistencia en un santuario Maya de Tierras Altas en el siglo XVIII.

Victor Castillo

 

XXVIII Simposio de Investigaciones
Arqueológicas en Guatemala

Museo Nacional de Arqueología y Etnología
14 al 18 de julio de 2014

Editores
Bárbara Arroyo
Luis Méndez Salinas
Lorena Paiz

 

Referencia:

Castillo, Victor
2015 Ritual y resistencia en un santuario Maya de Tierras Altas en el siglo XVIII. En XXVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2014 (editado por B. Arroyo, L. Méndez Salinas y L. Paiz), pp. 551-562. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

 

Ritual y resistencia en un santuario Maya de Tierrrras Altas en el siglo XVIII
Victor Castillo
Palabras clave
Huehuetenango, Región Huista, ritual, territorio.

Abstract
The alcalde mayor of Totonicapán and Huehuetenango, Fracisco Xavier de Aguirre, reported in the late 18th century the existence of a shrine dedicated to “Cumam and Culmi,” the ancestral founder couple of the jakaltek Maya. From Concepción, a town in the modern-day departament of Huehuetenango, Aguirre organized an expedition to the shrine, describing the place and the ritual practices that took place at specific times throughout the year. Aguirre reports that he destroyed the shrine; however, today the site of Yula’, in the modern municipio of Concepción, still stands as a pilgrimage center relevant for the jakaltek community. This paper assesses the information provided by the alcalde Aguirre, framing it within a broader context from the perspective of the history of the Cuchumatán region.

 

En su artículo sobre la administración religiosa de los frailes de la orden de La Merced en el occidente de Guatemala, Anne. C. Collins (1989) reporta un documento en el Archivo General de Centro América el cual contiene información sobre la destrucción de un “adoratorio” descubierto en 1797 por Francisco Xavier de Aguirre, alcalde mayor de Totonicapán y Huehuetenango, en lo que ahora sería el municipio de Concepción, Huehuetenango. Sin embargo, como se verá más adelante, dicho adoratorio aún constituye parte esencial de la vida ritual y la memoria social de los jakaltekos, en los altos Cuchumatanes. Aunque el trabajo de Collins está más enfocado en la explicación de la “conquista espiritual” y el sostenimiento de las misiones mercedarias en el área Mam y en la parte norte de los Cuchumatanes, la mención en su trabajo acerca este documento aporta importante información para comprender cómo ciertos lugares de culto de la religión tradicional Maya han pervivido a lo largo de centurias en las Tierras Altas como bastiones de resistencia ritual y cultural, así como símbolos notables de identidades regionales y marcadores mnemónicos en la memoria social y la historia tradicional de los pueblos Mayas de las Tierras Altas. El objetivo de esta ponencia es presentar íntegramente la información provista en el documento reportado por Collins y discutirla dentro de un marco más amplio respecto al pasado de los jakaltekos de la sierra de los Cuchumatanes y a la importancia de ciertos sitios en la configuración y percepción del territorio que hoy ocupan a pesar de más de 400 años de alteraciones exógenas a dicho territorio. De esta forma se trata de analizar conceptos como resistencia cultural y ritual y la importancia de algunos sitios arqueológicos en la conformación y transmisión de la memoria social y la construcción de la historia local como parte de la elaboración de los eventos del pasado compartida por un grupo específico (Fig.1).

Noticias de un adoratorio
La información que nos llega sobre el “adoratorio de Bacú” forma parte de un expediente por medio del cual Francisco Xavier de Aguirre, quien fungía como alcalde mayor de Totonicapán y Huehuetenango en 1797, reportaba al rey de España sobre las calamidades causadas por la epidemia de tabardillo o tifus en la parte norte de su provincia, así como de las acciones emprendidas por el alcalde para reducir los estragos que la enfermedad estaba causando (AGCA A3.16.255.5719). De acuerdo con W. George Lovell, las epidemias de tifus fueron particularmente virulentas en la sierra de Los Cuchumatanes, y causaron pérdidas de gran magnitud que amenazaron incluso con la total extinción de varios de los llamados “pueblos de indios” de la región (Lovell 1990:188-194). A finales de 1796 el tabardillo comenzaba a causar estragos en la región Huista, particularmente en Jacaltenango, el pueblo más grande de la región; pero pronto la enfermedad se extendería al pueblo de Concepción, colindante con Jacaltenango, dónde en poco menos de un año cobraría la vida de 561 indígenas, casi la totalidad de sus habitantes. El alcalde Aguirre tomó medidas extremas, como la quema de más de cien viviendas en Concepción, pero la epidemia pronto se extendería a otros pueblos de Los Cuchumatanes y duraría hasta 1799, causando la pérdida de cuantiosas vidas humanas así como copiosas mermas materiales (Lovell 1990:184-185).

Mientras el alcalde Aguirre pasaba inspección al pueblo de Concepción en 1797 como parte de sus acciones en contra del tabardillo, tuvo noticia de la existencia de un “adoratorio” en un paraje llamado Bacú, a dónde la población local acudía periódicamente a realizar ciertos rituales en fechas determinadas. Aguirre se aprestó a reconocer y destruir dicho lugar, recopilando alguna información sobre las actividades rituales llevadas a cabo en dicho lugar. La información que se presenta a continuación sobre las acciones y observaciones de Aguirre están tomadas directamente de AGCA A3.16.255.5719 (confróntese con Collins 1989).
Según Aguirre, cuarenta años antes de su visita, un indígena local de Concepción había dado aviso al cura Juan de la Rosa sobre la existencia de dicho adoratorio, aunque el sacerdote no pudo visitarlo debido a que un torbellino le impidió acercarse a él. Aguirre, junto a treinta milicianos armados enviados secretamente, sorprendió a los alcaldes de Concepción con sus intenciones de encontrar el paraje de Bacú, ubicado a dos leguas del pueblo, con el fin de reconocer y destruir dicho adoratorio. Para ello ordenó a los alcaldes de Concepción (que al parecer eran cuatro) guiarle hasta el lugar, aunque éstos le llevaron por otro camino, a un paraje diferente con el fin de agotarlo para que desistiera de su empresa. Advertido de esto por un “indio ladino” que conocía el idioma popti´ de Concepción, Aguirre azotó a uno de los alcaldes y amenazó a los demás con hacerles lo mismo si no le llevaban al lugar preciso del adoratorio. Aguirre envió al segundo de los alcaldes junto a cuatro soldados, y luego él mismo partió para Bacú dirigido por el tercer alcalde quien se ofreció a mostrarle el lugar a cambio de no ser azotado. El alcalde los condujo a un lugar a media legua del nacimiento de un río que en el documento es llamado “Rio de San Marcos”, pero que ha de ser el ahora llamado Río Azul. Ahí, junto a la ribera del río, Aguirre encontró un edificio

“… de siete caras en quadro, y tras de ello con dos puertas al frente de poco mas de vara de ancho y nuebe gradas cada una, angostas, y pendientes, cuya fabrica hera toda de piedra de cantera labrada y mescla muy fina; circulado de arboles que de unos a otros formaban arcos de las mismas ramas y bejucos, a manera de enramadas. Y en lo alto de este piso havia otra fabrica cuadrilonga circundada de las mismas lajas y materiales con quatro almenas en las quatro esquinas. En cuyo segundo cuerpo formava una especie de cueba o toldilla de boveda arqueada de punto quebrado como de una vara de altura que llamaban la cueva, donde iban a hazer sus sacrificios y oraciones de Cumam y Culmi, que quiere decir en su lengua mam el Señor Grande y la Señora Grande … “
Aguirre reporta que “la cueva” o cámara superior de dicho edifico estaba llena de ceniza, tanta que “podía habérsele cargado una carreta”, así como de restos de candeleros y braseros de barro. De especial importancia es la mención del hallazgo dentro de dicha cámara de una figurilla de barro con forma de mujer, a la que Aguirre interpretó por una representación de Culmi, “la Señora Grande”. Debe aclararse que Aguirre confundió el idioma popti’ de los jakaltekos de Concepción con el mam, un error frecuente en muchos de los documentos coloniales quienes consideraban al idioma de Jakaltenango un dialecto corrupto del mam.

Luego de cerciorarse que no existía ningún otro “ídolo” en Bacú, Aguirre ordenó la demolición total del edificio, la cual según él se llevó a cabo en dos días y culminó con la erección de una cruz sobre el terreno donde se había alzado el edificio, la cual fue bendecida por el cura que le acompañaba. Aguirre narra cómo todos los habitantes de Concepción estaban verdaderamente atemorizados por sus acciones, las cuales sin duda eran interpretadas como una verdadera profanación, y cómo muchos esperaban un castigo inmediato para él y sus soldados de parte de Cumam, el Señor Grande, quien yacía enterrado en el sitio. El alcalde Aguirre culminó su expedición a Bacú con un interrogatorio a las autoridades civiles del pueblo, las cuales arrojaron importante información sobre la importancia de este lugar para la vida ritual de los jakaltekos de antaño.

Rituales jakaltekos en el siglo XVIII
De las observaciones hechas por el alcalde Aguirre se deduce que el sitio que él identificó como Bacú tenía importancia de carácter regional para todos los jakaltekos o popti´, y no sólo para los habitantes del pueblo de Concepción. Luego de interrogar a los alcaldes y a otras autoridades, Aguirre reportó que los jakaltekos llegaban al adoratorio de Bacú a hacer “sacrificios y oraciones”, específicamente a la cueva o cámara dónde encontró la figurilla femenina. Aguirre reporta que cuando nacía un niño, el padre acudía al adoratorio a ofrecer la criatura a Cuman, quemándole candelas y ofreciéndole incienso para que el niño tuviese buena fortuna. En un plano más formal y comunitario, Aguirre reporta que los justicias y los principales más ancianos acudían en cuatro ocasiones al año a realizar rituales específicos que tenían que ver con el bienestar de la comunidad. Previo a estas visitas, los peregrinos ayunaban durante tres días sin tener contacto con sus mujeres. El ritual, según Aguirre, prescribía el sacrificio de un pavo al tercer día del ayuno, cuya sangre era mezclada con copal en un brasero de barro. Por la información proveída por Aguirre, al parecer estos preparativos se realizaban en el pueblo, ya que a media noche los participantes del ritual se enfilaban hacia el adoratorio, dónde quemaban el sacrificio a las puertas de “la cueva” o cámara de combustión. Aunque Aguirre enfatiza la importancia de “la cueva” de Culmi para el ritual, al parecer las rogativas iban dirigidas a Cuman. La primera visita se realizaba el dos o tres de enero, cuando los justicias suplicaban tener vida durante todo el año para cumplir con sus funciones civiles y religiosas. Una segunda visita se realizaba durante el mes de mayo para pedir por agua para las siembras. Durante julio o agosto una tercera visita tenía como objetivo pedir porque las milpas produjesen abundantemente y que los jakaltekos tuvieran salud. Finalmente, el adoratorio era visitado alrededor de navidad para agradecer por la vida prestada durante todo el año. Más adelante Aguirre indica que luego del ritual, los asistentes regresaban a comer “chumpipe guizado”, probablemente al pueblo.

Es importante anotar que Aguirre parece indicar que estas peregrinaciones cuatrimestrales al adoratorio eran prerrogativa de las autoridades civiles y religiosas tradicionales locales de Concepción. En efecto, el documento menciona insistentemente a los alcaldes, justicias, principales ancianos, y al maestro del coro como los oficiantes y participantes de los rituales en Bacú, y los califica como los más “acérrimos ocultadores de esta idolatría”. No cabe duda que esto es producto de que sus informantes eran las autoridades locales de Concepción. Es difícil dilucidar a qué grado la población lega participaba de alguna forma en el ritual cuatrimestral, pero la indicación de que los padres de los niños recién nacidos visitaban el sitio para ofrecer a sus hijos a Cuman y a quemar copal y candelas sugiere que también individuos sin especialización religiosa acudían a practicar algún ritual en una esfera más íntima y menos comunal.

En 1913, 116 años después del reporte de Francisco Xavier de Aguirre, Adrián Recinos daba noticia sobre el famoso adoratorio de Concepción, al cual acudían los comarcanos en peregrinación. Recinos llama a este lugar Ajul pero, como se verá más adelante trata del mismo Bacú que reportó Aguirre en 1797. Hablando del municipio de Concepción, a decir de Recinos,
“El lugar fue en lo antiguo una estancia de los indios de Jacaltenango que desde tiempos muy remotos y anteriores a la conquista visitaban estas montañas y habían edificado en el lugar de Ajul un templo para el culto y los sacrificios de su religión idolátrica. Ajul es todavía el lugar sagrado, la Meca de los indios de la familia jacalteca, que acuden desde sus más lejanas residencias en épocas determinadas, á celebrar funciones y hacer zahumerios a la cueva del mismo nombre, donde nace una de las cabeceras del río Azul”. (Recinos 1913:194).

Más adelante Recinos describe con mayor detalle los rituales llevados a cabo en Ajul para las celebraciones de fin del año civil, los que al parecer involucraban la visita de una cueva:
“En una fecha determinada se congregan los alcaldes rezadores zahoríes, individuos de las Municipalidades y todos los pobladores hábiles y pasan en cuerpo á las altas horas de la noche á la caverna de Ajul, que hemos descrito al hablar del municipio de Concepción. En ese paraje mantienen bien conservada la pintoresca gruta de donde brota el río Azul y en donde tienen lugar las ceremonias religiosas. La gruta se adorna pomposamente para la ceremonia, y se asegura que los indios la iluminan con grandes teas de ocote y candelabros de oro y plata que desaparecen al concluir el acto. Los jefes de la expedición penetran primero y á continuación todo el séquito murmurando oraciones y súplicas á Dios para que envíe lluvias regulares á la tierra, hijos á los matrimonios, granos á las mieses; ahuyente las guerras y las pestes y bendiga á su pueblo. Concluida la ceremonia los romeristas visitan en la misma noche los mojones de sus tierras, rezan sobre ellos y encienden velas para conservar sus derechos á la propiedad de sus casas, campos y plantíos, y se vuelven al amanecer a sus hogares á vivir el año, llenos de esperanza”. (Recinos 1913:225).

Es poco probable que Adrián Recinos haya visitado personalmente este lugar y, según parece, su descripción refiere a la experiencia de alguien más; por lo tanto cabe preguntarse si la famosa “cueva” que él menciona no sea un accidente geográfico natural, sino la famosa cueva o toldilla que mencionara Francisco de Aguirre, es decir la cámara de combustión en la cima del edificio principal, la cual era el centro de las actividades rituales. Los datos ofrecidos por Recinos recalcan en la importancia de la participación de las autoridades locales en los rituales de año nuevo más de cien años después de que el alcalde Aguirre reportara lo mismo, agregando que en el ritual participaban no sólo miembros de Concepción sino también de todos los pueblos jakaltekos.

Yula’: El lugar de los primeros padres
El paraje de Bacú mencionado por el alcalde Francisco Xavier de Aguirre puede ser identificado con el lugar que hoy es llamado Yula’ (también escrito como Yula y Yul Ha’), en el municipio de Concepción (Fig.1). En la tradición oral jakalteka Yula’ es reconocido como el sitio sagrado en el cual reside la pareja fundadora de la estirpe jakalteka y es el lugar al cual acuden a rendirles veneración. La identificación de Bacú con Yula’ la hizo ya Anne Collins (1970, 1989) en su estudio sobre los alcaldes rezadores de San Marcos Huista. Por asociación con los datos proveídos por Juvenal Casaverde (1976, 2003) respecto a la tradición oral y a la organización del ritual jakalteko también se puede concluir que Yula’ y Bacú son el mismo lugar. No hay duda tampoco de que Bacú y Yula’ sean el mismo paraje que Recinos describió como Ajul, el cual es el nombre de una aldea cercana a Yula’. Parece que el nombre del cerro y la aldea Ajul hace referencia de manera general al área en la que el sitio Yula’ está localizado. Evidencia más contundente para relacionar Yula’, el lugar de los primeros padres, con el adoratorio de Bacú proviene de la información recopilada por Oliver La Farge y Dogulas Byers durante sus investigaciones etnográficas en Jacaltenago a fines de los años 20. Dichos autores recogieron una versión del mito de origen jakalteko que narra la demarcación del territorio y los límites de Jacaltenango por el primer padre. Según esta versión, luego de que los primeros padres demarcaran los linderos de la tierra “se subieron hasta la cumbre del cerro Ajul, en donde aún permanecen. Por eso se llama Sat B’ak’uh, por tal razón” (La Farge y Byers 1997:113, en el original en inglés de 1931 se lee saq-ba-k’u). Más adelante los autores aclaran:
“There is said to be a ruin near Ajul. The meaning of saq-ba-k’u is not clear. k’u means “thunderbolt,” and saq may mean “white” (La Farge y Byers 1931:115)
Dicen que hay ruinas cerca de Ajul. El significado de Sat B’ak’u no es evidente. K’u significa ‘rayo’ o ‘trueno’ y saq significa ‘blanco’ [no es saq sino sat, referente al precipicio donde se encuentra el rayo] (La Farge y Byers 1997:114; los paréntesis son del original y corresponden a una nota de los traductores del inglés al castellano. La ortografía del original de 1931 fue actualizada por los traductores de la versión en castellano de acuerdo a la ortografía aceptada para el idioma popti’).

Considerando la información presentada por La Farge y Byers, no queda duda que Bacú, Ajul, y Yula’ corresponden al mismo lugar. Como se discutirá más adelante, la existencia hoy de un edificio en Yula’ similar al reportado por Aguirre también confirma que todos estos nombres hacen referencia al mismo lugar.

Tanto Collins (1970) como Casaverde (1976) y Mario Tejada (Clark et al. 2001) han discutido in extenso las implicaciones de Yula’ como lugar mnemónico para la historia jakalteka. Yula’ es el lugar donde reposan los primeros padres jakaltekos, quienes son llamados B’alunh Q’ana y B’alunh Imox en la tradición oral. Existen varias versiones sobre el mito de origen de los jakaltekos, muchas de las cuales han sido recopiladas por Mario Tejada (Clark et al. 2001:159-166), y otras han sido trasvasadas y elaboradas desde la tradición oral hacia textos escritos. Para efectos de esta ponencia se seguirá la compilación hecha por Juvenal Casaverde (1976:17-22, 2003:14-18) por su enfoque antropológico y etnográfico en relación al ritual y el territorio. Según el mito de origen, B’alunh Q’ana, también llamado Jichmam (anciano padre) migró hacia el actual territorio de Jacaltenango desde el norte. En una de las versiones se narra que Jichmam iba a ser sacrificado y por eso huyó de su lugar de origen, asentándose primero en San Juan Ixcoy. Jichmam y su esposa B’alunh Imox, también llamada Jichmi (anciana madre), se asentaron primero en Yula’, en las márgenes del Río Azul, desde dónde demarcaron el territorio jakalteko que les pertenecería a sus descendientes. En otra de las versiones se menciona a un grupo de siete hermanos fundadores, aunque Jichmam tenía el lugar preponderante entre ellos. Los hermanos fundadores frecuentemente aparecen identificados como rayos. Finalmente, Jichmam escogió el lugar donde actualmente se encuentra el pueblo de Jacaltenango como el lugar central para su prosapia. Previo a la fundación de Jacaltenango, Jichmam y sus descendientes habitaron en otros lugares, tales como Meste’, aunque estos detalles varían según las distintas tradiciones orales jakaltekas. Luego de haber demarcado el territorio jakalteko y de haber fundado Jacaltenango, Jichmam y Jichmi regresaron a Yula’, donde moran y desde donde protegen a su descendencia. Jichmam y Jichmi también reciben los nombres reverenciales de Komam y Komi, que significan nuestro padre y nuestra madre respectivamente, sin duda los nombres que Francisco Javier de Aguirre reportó en 1797.

De acuerdo con Oliver La Farge, quien realizó estudios etnográficos en los Cuchumatanes en la primera mitad del siglo XX, cada pueblo mayor de los altos Cuchumatanes se reconoce descendiente de una pareja ancestral fundadora (La Farge 1994:10-13). Juvenal Casaverde (1976) ha conceptualizado la relación entre ancestros, descendencia y territorio para los pueblos de los altos Cuchumatanes, proponiendo que la supuesta descendencia omnilineal de ancestros fundadores apicales tiene una fuerte conexión con el territorio ocupado por quienes se reconocen descendientes de determinada pareja apical. En la propuesta de Casaverde, el territorio de los altos Cuchumatanes está organizado de acuerdo a estirpes (stock en el original en inglés), es decir, “unidades de parentesco territorialmente anclada”; “los miembros de la estirpe forman una unidad de parentesco endogámica, cognática en virtud de las conexiones genealógicas a un grupo exclusivo de antepasados fundadores” (Casaverde 2003:13). Una noción importante respecto a la estirpe es que los miembros de ella se consideran dueños colectivos del territorio que ocupan, el cual es administrado y gestionado según los principios establecidos por la misma organización social de la estirpe. Aunque se carece de datos etnográficos para todas las estirpes cuchumatanas propuestas por Casaverde (todosanteros, migueleños, san juaneros, solomeros, ewulenses, mateanos y jakaltekos) la creencia en una pareja ancestral fundadora de la estirpe está documentada para los jakaltekos de la región Huista (B’alunh Q’ana y B’alunh Imox), los migueleños de San Miguel Acatán (Ochewal y su consorte), y los ewulenses de Santa Eulalia (Jichmam y Jichmi) (Casaverde 2003; La Farge 1994).
El lugar de reposo o morada de los ancestros fundadores es de primordial importancia para los pueblos de los Cuchumatanes que reconocen una pareja ancestral fundadora. Para el caso de los jakaltekos este lugar es Yula’. La descripción de las estructuras que hoy pueden verse en Yula’ se hace en base a dos visitas de campo hechas al lugar por el autor en 2007 y 2008. Esta descripción es un extracto de lo reportado por el autor en un informe al Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala. (Castillo 2008:22-24) Como se notará más adelante, la actual apariencia de una de las estructuras de Yula’ parece similar o idéntica a la descripción de la tumba de Culmi hecha por el acalde Aguirre. Precisamente esa estructura es reconocida por los actuales jakaltekos como la tumba de Jichmi, la primera madre. Debe recordarse que Aguirre informó haber destruido este edificio, pero la persistencia hasta la actualidad de una construcción con características formales similares al edificio que supuestamente fue destruido plantea varias cuestiones que se considerarán adelante (Fig.2).

Yula’ fue registrado por el Proyecto Arqueológico de la Región Huista bajo el número H-67 (Borgstede 2004). Anteriormente el Proyecto de Prospección Arqueológica de la Cuenca Superior del Río Grijalva reportó el sitio como dos sitios separados que fueron denominados B’alnuh Q’ana y B’alunh Imox (Clark et al. 2001: 34). En efecto, el sitio consta de dos grupos separados aproximadamente 1 km entre sí, ubicados a la orilla del río Azul, el cual nace pocos kilómetros de distancia río arriba. El primer grupo, al que se llamará grupo 1, se ha identificado con la tumba de Jichmi’, y se encuentra ubicado al sur del sitio y consta de una alineación de tres estructuras visibles. El río Azul, que a estas alturas es un arroyo de aguas frías y cristalinas, corre por el NE del sitio. Las estructuras muestran un alto grado de alteración moderna, e incluso la estructura mayor se encuentra totalmente recubierta de estuco moderno revestido con pintura. La estructura mayor se encuentra ubicada al SE de la alineación, tiene una altura aproximada de 2 m y se dice que es el lugar dónde está enterrada Imox, la anciana madre progenitora de todos los jakaltekos. Ésta estructura posee tres cuerpos visibles (aunque es posible que hayan otros enterrados), con la fachada mirando hacia el oeste, la cual presenta escalinatas. Debido a que la estructura ha sufrido una restauración sui generis en los últimos tiempos es imposible tener una idea de su apariencia exacta, ya que en la fachada pueden observarse superposiciones de escalinatas, alfardas y otros rasgos arquitectónicos (Fig.3). En las cuatro esquinas del segundo cuerpo se levantan sendas almenas o pilones sobre pequeños basamentos cuadrados. Sobre el último cuerpo se eleva una pequeña cámara con la apariencia de un horno pequeño, sin duda de factura contemporánea, iluminada en su interior con numerosa cantidad de velas. Una serie de basamentos se proyectan desde el margen del río hasta la estructura principal, la que se encuentra techada con una armazón de madera y lámina. Mesas de concreto se han construido para la combustión de candelas, veladoras e incienso.

Justo al norte de la estructura principal se encuentran las dos estructuras pequeñas restantes de la alineación, separadas de la estructura principal por un parapeto. Estas estructuras pequeñas, que tienen la apariencia de altares y su altura aproximada es de 1 m, se encuentran blanqueadas con cal y también muestran restos de combustión ritual, es decir, de quema de veladoras, candelas e incienso. El sitio se encuentra adornado con flores, adornos de tela y papel y con gran cantidad de velas. A la entrada del sitio se ha construido una especie de garita de acceso que da la bienvenida en popti’ y en español, y que en este último dice: Bienvenidos. Aquí descansa nuestra primera abuela Skanh Imox. En el sitio hay bancas de madera techadas con lámina para que los visitantes puedan sentarse.

El grupo 2, ubicado unos 500 m hacia el NE consta de una sola estructura sumamente alterada en tiempos modernos (Fig.4). Puede observarse una cámara similar a la observada en la estructura mayor del grupo 1, así como dos cruces de cemento y varios parapetos probablemente de factura contemporánea, todos recubiertos de estuco moderno pintado. Un rótulo pintado en la entrada del sitio identifica el lugar como la tumba de B’alunh Q’ana. Es interesante notar que en ambos grupos se encuentran pichachas o vasijas agujereadas que han sido utilizadas como incensarios para rituales específicos.

La presencia de las cuatro almenas en el cuerpo superior de la estructura principal del grupo 1 de Yula’, así como una cámara de combustión en la misma estructura recuerda la descripción que el alcalde Aguirre hiciera de la tumba de Culmi, “con quatro almenas en las quatro esquinas. En cuyo segundo cuerpo formava una especie de cueba o tolvilla de boveda arqueada de punto quebrado como de una vara de altura”. Aguirre afirma haber destruido el edificio principal, colocando una cruz en el lugar sobre el que se habría levantado la construcción. Sin embargo, la existencia en la actualidad de un edificio con características similares a lo descrito por el alcalde Aguirre plantea interesantes preguntas. ¿En verdad destruyó Aguirre el edificio de Bacú tal y como lo reporta en su informe a las autoridades españolas? Y si fue así, ¿fue el edificio construido de nuevo de forma similar al destruido luego de la intervención de Aguirre? Únicamente un estudio de los rellenos del actual edificio podría revelar detalles sobre la temporalidad de la construcción, aunque esto se avisa poco probable debido a que el lugar es sumamente sagrado para los jakaltekos. En cualquier caso, la persistencia de tradiciones y formas en Yula’, aún después del dramático evento de su hallazgo y supuesta destrucción por las autoridades coloniales deja entrever la importancia de este lugar como un marcador geográfico e identitario resistente al olvido por parte de los jakaltekos.

Ritual y resistencia en la tradición jakalteka
En base a los datos e interpretaciones ofrecidas por Collins (1970) y Casaverde (1976, 2003) se puede especular que la importancia del ritual en Yula’ está profundamente asociada al rol que este lugar juega y ha jugado en la memoria social de la región debido a su conexión con la demarcación, gestión y construcción del territorio jakalteko desde el marco mitológico que explica el pasado de esta región. Sin embargo, el rol y la importancia de las prácticas rituales en Yula’ debe entenderse y explicarse desde los contextos históricos particulares en los que el ritual jakalteko se configurado y reconfigurado a lo largo de siglos. Por las notas dispersas de Aguirre, Recinos y Mérida, quiénes no eran antropólogos pero consignaron valiosos datos etnográficos, se puede concluir que Yula’ poseía (como posee ahora) una importancia ritual a nivel regional que abarcaba el territorio jakalteko popti’-hablante. La aseveración que hiciera Adrián Recinos (1913:255) de que el ritual del año nuevo involucraba la visita de los mojones del territorio jakalteko es confirmada por los estudios de Anne Collins (1970) quién menciona que los alcaldes rezadores de San Marcos Huista visitaban el sitio de Yula’ como parte de su recorrido ritual en la visita de mojones del territorio jakalteko. Según Casaverde (2013:34), el ritual de “visitar los mojones” implicaba la participación de los alcaldes rezadores y recreaba la demarcación del territorio jakalteko que originalmente hiciera Jichmam en el pasado mítico. Según los datos de la tradición oral recopilados por Casaverde, el recorrido ceremonial originalmente era prerrogativa de los alcaldes rezadores de Jacaltenango, pero conforme surgieron otros pueblos jakaltekos el recorrido fue dividido entre los pueblos, es decir, los alcaldes rezadores de cada pueblo visitaban lo mojones o límites del territorio jakalteko que eran parte del territorio de sus propios pueblos colindante con el territorio de otras estirpes cuchumatanas. Los alcaldes rezadores tenían por prototipo a Jichmam, a quien consideraban el autor de la institución del oficio de alcalde rezador, siendo él por antonomasia el modelo del rezador ideal. Muchas de las actividades que los rezadores realizaban emulaban los rituales o actividades primigenias atribuidas a Jichmam. En ese sentido vale la pena recordar lo anotado por La Farge y Byers en una de las versiones del mito de origen jakalteko recopilado por ellos, la cual menciona que el primer padre celebró en saq-ba-k’u (Sat B’ak’uh), es decir en el Bacú de Aguirre, la primera ceremonia de Cargador del Año y ahí como por primera vez el sacrificio ritual, “por lo tanto queman la sangre en ese lugar” (La Farge y Byers 1997:113). Esto está en concordancia con el ritual de quemar la sangre con incienso en un brasero y de comer el chompipe guisado de la que nos habla el alcalde Aguirre en su informe sobre Bacú. Una cuestión que sería interesante dilucidar es cuán hacia el pasado se pueden proyectar los datos de los documentos históricos y etnográficos; dicho de otra manera, qué tanto de la tradición prehispánica ha perdurado a través del ritual y la resistencia cultural de los jakaltekos. Aunque la institución de los alcaldes rezadores desapareció en la mayoría de pueblos de los Cuchumatanes en la segunda mitad del siglo XX, estudios etnográficos actuales más detallados revelarían cuánto del ritual asociado con el territorio jakalteko ha sobrevivido hasta nuestros días dada ahora la ausencia de sus más conspicuos y principales oficiantes.

Es obvio que el hallazgo y destrucción del adoratorio de Bacú no representó el fin de la actividad ritual, ni su olvido por parte de los jakaltekos. Ya sea que el lugar no haya sido demolido, como afirma Aguirre, o que haya sido reconstruido luego de su destrucción, Yula’ ha trascendido como un lugar de primordial importancia para la historia de los jakaltekos. A pesar de la supuesta destrucción del adoratorio de Bacú a finales del siglo XVIII, el ritual en Yula’ ha persistido hasta nuestros días fuertemente conectado a las nociones de territorio e identidad cultural asociados con la idea de ancestros apicales.

Referencias
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Casaverde, Juvenal
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Castillo, Victor
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Lovell, George
1990 Conquista y cambio cultural: La Sierra de los Cuchumatanes de Guatemala, 1500-1821. Antigua Guatemala: Centro de Investigaciones Regionales de Mesoamérica.

Recinos, Adrián
1913 Monografía del Departamento de Huehuetenango. Sánchez y de Guise, Guatemala.

Apéndice documental
Reporte de Francisco Javier de Aguirre, alcalde mayor de Totonicapán y Huehuetenango, sobre el avance de la epidemia de tabardillo en el norte de la alcaldía mayor. Folios concernientes al hallazgo y destrucción del adoratorio de Bacú, en Concecpción. AGCA A3.16.255.5719 (se respeta la ortografía original del documento).
folio 13 anverso
…y noticioso Vuestro Alcalde Mayor de que conservaban algunas de sus idolatrias de la gentilidad y que ahora mas de cuarenta años quisieron despeñar por una barranca a el Padre Cura Fray Juan de la Rosa porque quiso ir a reconocer un adoratorio, que le conto un yndiezuelo semanero tenian distante del Pueblo y que no lo havia logrado, por haverse levantado una tempestad, y torbellino que le atemorizo e hizo retroceder; dispuso vuestro Alcalde Mayor averiguar la verdad del caso con sagacidad, y asegurandole ser cierto ese acaecido y que al paraje lo nombraban Bacú que distaba como dos leguas del pueblo di orden secreta para que fuesen al…
folio 13 reverso
…Pueblo treinta milicianos armados, y cogiendo de sorpresa a los Alcaldes les dije me llevasen precisamente al sitio de Bacú, donde iban a hazer sus sacrificios al Diablo, pues me hallaba informado de todo y que tal vez Dios los estaba aniquilando en castigo de sus idolatrias, y precaviéndome de que se compusiesen entre sí, me llebaron a otra parte distinta, les puse ladinos que sabían lengua que observasen lo que hablaban y me diesen parte. Y haviendo salido del pueblo y hechome caminar a pie mas de una legua por camino muy fraguoso, me sacaron a sus milperias con animo sin duda de cansarnos y de que no se cumplieran mis intentos; pues me avisó uno de los espías que el Maestro de Coro Francisco Ramirez, les había dicho a los demás en su idioma que no me enseñase el…
folio 14 anverso
…paraje que aunque a él lo ahorcaran lo no enseñaría; con cuyo motivo despachando preso al Maestro de Coro, mandó vuestro Alcalde Mayor que amarrasen a los otros tres distantes unos de otros que no se pudieran ver ni hablar, amenazándolos que si no me llevaban al paraje dicho serían azotados con el mayor rigor; y efectivamente, dándole al primero doce azotes, ofreció dirijirme al consabido paraje, y lo despache con el comisionado y quatro soldados. Practicando la misma diligencia con el segundo que salió como al cuarto de ora con otros quatro soldados, y a la media ora después salió vuestro Alcalde Mayor con la demás gente guiados del tercero que desde luego dijo no lo castigasen, que el enseñaría el camino, y rebolviendo hasta cerca del pueblo, me introdujeron por una senda muy estrecha y pendiente hasta bajan al Río que llaman de San..
folio 14 reverso
…Marcos, dónde encontramos los primeros que ya habian llegado al Paraje, y venía a darme aviso; con cuya noticia seguimos por la orilla del Río hasta llegar a dicho sitio, que esta como un legua mas abajo del nacimiento del Río, a cuya orilla estaba un edificio de siete caras en quadro, y tras de ello con dos puertas al frente de poco mas de vara de ancho y nuebe gradas cada una, angostas, y pendientes, cuya fabrica hera toda de piedra de cantera labrada y mescla muy fina; circulado de arboles que de unos a otros formaban arcos de las misma s ramas y bejucos, a manera de enramadas. Y en lo…
folio 15 anverso
… alto de este piso havia otra fabrica cuadrilonga circundada de las mismas lajas y materiales con quatro almenas en las quatro esquinas. En cuyo segundo cuerpo formava una especie de cueba o tolvilla de boveda arqueada de punto quebrado como de una vara de altura que llamaban la cueva, donde iban a hazer sus sacrificios y oraciones de Cumam y Culmi, que quiere decir en su lengua mam el Señor Grande y la Señora Grande, en cuya cueba havia mucha seniza que podia haverle cargado una carreta, muchos candeleros y brazeros de barro, enterrados en dichas senizas, y otros ensima, y en lo interior de dicha cueva solo se encontró una figurilla de mujer de barro negro sumamente imperfecta, del tamaño de un geme [¿], que sería a la que llaman Culmi; pues al que nombraban Cuman, que dicen estaba allí enterrado, y les…

folio 15 reverso
…[ilegible] sería del Diablo, pues no se encontró ningún otro ydolo grande, ni pequeño. Cuyo edificio hizo vuestro Alcalde Mayor derribar en dos días hasta cabar en la superficie de la tierra, echando todos los fragmentos al pozo a excepción de las piedras canteadas, y las que pueden aprovecharse. E igualmente dispuso vuestro Alcalde Mayor, se hiziese una cruz grande de madera que bendijo el padre Cura que le acompaño, y se colocó en el plano o suelo del edificio demolido, que miraron los yndios como tal veneración, que hasta que subió vuestro Alcalde Mayor con los soldados, y vió que derribaron la citada boveda, no quiso subir ninguno de los naturales que dijeron temían, no…
folio 16 anverso
… fueran a morirse, y luego que supieron los yndios que quedaron en el pueblo que vuestro alcalde mayor había descubierto su adoratorio y sacrificadero, salieron, hombres y mujeres a los serros a atalayar a lo que sucedía al Alcalde Mayor, imbuidos en que Cuman me haría algún daño, hasta que se desengañaron de su herror y se les hizo ver por su cura y Vuestro Alcade mayor la seguedad en que vivían; de cuyas resultas haviendo examinado a varios juramentados sobre que genero de sacrificios y oraciones hiban a hazer a aquel lugar diabólico, ha averiguado Vuestro Alcalde Mayor que luego que nacía una criatura iba su padre a ofrecersela a Cuman, a quien quemaban copal y encendían candelas y le pedían le diese fortuna. Que quatro ocasiones en el año
folio 16 reverso
… hiban dos de los justicias acompañados de los principales más ancianos a ofrecer sacrificio a Cuman y Culmú, ayunando primero tres días en los quales vivían separados de sus mujeres, y al terzero día degollaban un pavo, cuya sangre revovlvían con incienso o copal en brazero de barro y salían a media noche para el adoratorio donde quemaban a las puertas de la cueva el sacrifico. Rogando a Culman en la primera visita, que hera el día dos o tres de Enero, vida para cumplir el año en sus oficios de justicia. En la segunda, por el mes de Mayo, que les mandase lluvias para hazer sus sementeras. En la terzera por Julio o Agosto, para que granasen las milpas y se conservaran los indios sanos.
folio 17 anverso
Y en la última por Pascua de Navidad hiban a darle gracias a Cuman y a Culmi por que les había prestado la vida hasta fin de año. Siendo de notar que a excepción del Maestro de Coro y los alcaldes del año pasado, que son los más acérrimos ocultadores de esta idolatría, todos los ansianos y justicias pasados y del año presente, que hivan a ofrecer esos sacrificios, y de regreso se comían el chumpipe guizado, todos han muerto del contagio, que da lugar a pensar sea castigo de Dios, como el que embió al pueblo de Israel; porque haze suspender el jucio, la pausa con que se ba acabando el pueblo; pues hasta el útlimo de Febrero dejé sepultados quinientos venti y ocho; y la peste por lo común tanto en la América como en la Europa, quando más duran, son dos o tres meses, y aquí llevamos seis….
[Continúan más folios
donde se informa sobre otros tópicos.]

Fig.1: Sitios mencionados en el texto.

Fig.2: Estructura principal en Yula’, vista posterior (foto Victor Castillo).

Fig.3: Croquis del grupo 1 de Yula’ (escala aproximada).

Fig.5: Croquis del grupo 2 de Yula’ (escala aproximada).