Asociación Tikal

003 Tumbas reales de La Corona: la nobleza obliga. Marcello A. Canuto, Tomás Barrientos Q., Erika Gómez, Jocelyne Ponce S., Camilo Álvarez A., Erin Patterson y Caroline A. Parris – Simposio 28, 2014

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003 Tumbas reales de La Corona:  la nobleza obliga.

Marcello A. Canuto, Tomás Barrientos Q., Erika Gómez, Jocelyne Ponce S.,  Camilo Álvarez A., Erin Patterson y Caroline A. Parris

 

XXVIII Simposio de Investigaciones
Arqueológicas en Guatemala

Museo Nacional de Arqueología y Etnología
14 al 18 de julio de 2014

Editores
Bárbara Arroyo
Luis Méndez Salinas
Lorena Paiz

 

Referencia:

Canuto, Marcello A.; Tomás Barrientos Q., Erika Gómez, Jocelyne Ponce S., Camilo Álvarez A., Erin Patterson y Caroline A. Parris
2015 Tumbas reales de La Corona: la nobleza obliga. En XXVIII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2014 (editado por B. Arroyo, L. Méndez Salinas y L. Paiz), pp. 53-64. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

 

Tumbas reales de La Corona: la nobleza obliga
Marcello A. Canuto
Tomás Barrientos Q.
Erika Gómez
Jocelyne Ponce S.
Camilo Álvarez A.
Erin Patterson
Caroline A. Parris
Palabras clave
La Corona, Sak Nikte, Kaan, Clásico Tardío, tumba, entierro, huunal, k’awiil.

Abstract
In this paper, we present the results from the seventh field season of the Proyecto Regional Arqueológico La Corona that took place in 2014. We especially focus on three royal tombs discovered in this past season. The data from these contexts support the idea that the ancient city of Sak Nikte’ played an important role in the political strategies of the Kaan kingdom, whose expansion throughout the Maya lowlands beginning in the AD VI century reconfigured the entire political landscape of the western Peten as well as heavily influenced the overall trajectory of lowland Maya civilization. The context, dates, and offering assemblages of these three tombs not only refine chronological and functional interpretations of the site’s main buildings, but also contribute to modeling Sak Nikte’s connections with its neighbors and allies.

 

Introducción
En el inicio del VI siglo DC el destino y suerte del sitio La Corona cambió notoriamente por la llegada de una princesa de la dinastía Kaan, cuya capital en ese momento era Dzibanche (Martin 2008). Prometida al rey Buitre de La Corona, esta mujer representó el primer capítulo de una larga historia entre la dinastía Kaan y La Corona. El comienzo de este vínculo se ha sabido gracias a la evidencia epigráfica que nos ha proporcionado información muy precisa al respecto. Empero, lo que falta es un entendimiento profundo de qué tan contundentes fueron estas alianzas entre las dos ciudades Mayas. O sea, ¿qué impacto visible y empírico en la vida cotidiana de La Corona tuvo su tan celebrada alianza política con el Reino Kaan? Se propone que las respuestas a esta pregunta ayudarán a precisar la manera en la cual la sociedad Maya Clásica estuvo organizada.

Hasta la fecha continúa un gran debate sobre la estructura y organización política de las Tierras Bajas (para resumenes véase a Foias 2013; Iannone y Morris 2009; Lucero 1999; Marcus 1993). A grandes rasgos, el debate se centra entre los modelos que promueven la idea que los Mayas clásicos estaban organizados en ciudades-Estados y los que definen Estados territoriales (Iannone 2009). De forma simplificada, esta división abarca la mayoría de las diferencias entre los varios modelos como Estados segmentarios (Ball y Taschek 1991; Fox et al. 1996; Houston 1997), ciudades-Estados (Grube 2000; Hammond 1991), Estados galácticos (Demarest 1992), Estados feudales (Adams y Smith 1981), Estados regionales (Braswell et al. 2004) y Estados centralizados (Chase y Chase 1996).

Para empezar a resolver estos desacuerdos, urge estudiar “sitios secundarios” donde la fuerza o debilidad regional de las ciudades más grandes se pueda investigar directamente. Entonces, en un sitio como La Corona, se puede investigar de manera concisa cuál era el nivel de integración política que los Mayas clásicos lograron. ¿Se puede distinguir una diferencia entre lo que los textos jeroglíficos sugieren y lo que la cultura material de los sitios secundarios indica? El caso de La Corona y su alianza con Kaan nos ofrece una buena oportunidad de estudiar cómo y cuánto se transformó La Corona bajo la influencia, control, asociación o domino del reino Kaan.

La “Era Dorada” de La Corona
Empezando con el inicio del VI siglo DC, La Corona se vuelve un aliado fiel al Reino Kaan, sea en Dzibanche o en Calakmul, lo que define una “época dorada” en la historia del sitio (Barrientos y Canuto 2010; Canuto y Barrientos Q. 2009, 2011, 2013, 2014; Canuto et al. 2011; Canuto et al. 2012). Pero persiste la duda si este periodo es mayormente definido y caracterizado por textos de carácter histórico, y cómo el material arqueológico del sitio refleja estos cambios. Entonces, para profundizar más allá de los textos, este trabajo se enfoca primero en el desarrollo arquitectónico del sitio para sondear si las fases de construcción monumental coinciden con la historia dinástica. Posteriormente se evaluará el impacto real o visible de esta alianza en la ausencia o presencia de bienes exóticos en el sitio, especialmente lo relacionado a la frecuencia y amplitud de las ofrendas funerarias y/o dedicatorias. Con esto se puede precisar si La Corona tuvo acceso a las redes de intercambio a larga distancia. Por último, se enfocará en cómo estos cambios impactaron a los gobernantes de La Corona, es decir, ¿en qué forma cambió la realeza en La Corona? En general, el enfoque en estas varias líneas de evidencia sugiere que todos los cambios históricos, arquitectónicos, económicos y políticos en La Corona coinciden en el inicio del sexto siglo DC.

Arquitectura
A través de un sondeo de las fases de construcción monumental en el sitio, se está averiguando que hubo un desarrollo arquitectónico en La Corona que coincide con su historia dinástica. Esta coincidencia ha sido reconocida mayormente en los dos conjuntos arquitectónicos más grandes del sitio –la Plaza Principal y el Grupo Coronitas. En el caso de la Plaza Principal, las excavaciones sugieren que la mayoría de la construcción fecha después del final del Clásico Temprano –o sea durante la transición entre Tzakol y Tepeu. Este periodo coincide con la inauguración de la alianza con Kaan a través del matrimonio de la primera princesa de Kaan. La consecuencia de este dato es que el ritmo de la construcción pública se acelera durante este periodo. En el caso del otro conjunto arquitectónico monumental –Las Coronitas–, el acercamiento a Kaan impactó mucho su función. Lo más contundente fue la cancelación de importantes edificios funerarios dedicados al legado de un linaje local. Estos templos cambiaron su función al ser dedicados a tres nuevos dioses patrones (Baron 2008, 2012a, 2013). En ambos casos, La Corona en el siglo VI DC sufrió un gran cambio en los tipos arquitectónicos, en la frecuencia de nuevas construcciones, y en la función arquitectónica de estructuras todavía vigentes.

Presencia de bienes exóticos
Aún preliminar y sin amplios análisis comparativos de contextos residenciales, se puede sugerir que hubo un cambio notorio en el acceso a material exótico. Este cambio se percibe muy claramente en la comparación de dos entierros que fechan antes y después de la “Era Dorada” –Entierro 6 (Baron 2012b) y Entierro 3 (Desailly-Chanson 2012).

El Entierro 6 se ubica en la Estructura 13R-2 del Grupo Coronitas y se fecha antes del periodo Kaan en La Corona. Contenía los restos de un hombre adulto con varias ofrendas que incluyeron 15 vasijas cerámicas (monocromas y una bicroma), un cocodrilo, conchas de agua dulce y algunas cuentas de concha y cerámica. A esta tumba le faltaban materiales exóticos, como jade y conchas Spondylus. Sin embargo, la tumba estaba cubierta por una capa gruesa de unas 25,000 lascas de pedernal y unas 1,000 lascas de obsidiana, implicando que el individuo era de índole real. Aproximadamente un siglo después, se colocó el Entierro 3 en la Estructura 13Q-3 de la Plaza Principal, correspondiendo a un individuo cuyas ofrendas consistieron de dos platos policromados, dos conchas Spondylus, un collar de cuentas de jade y dos collares de cuentas de concha Spondylus (uno naranja y otro púrpura).

Las ofrendas de estos dos entierros contrastan de manera muy básica. Las ofrendas de la tumba más tardía indican que La Corona tuvo acceso a muchos más materiales exóticos que antes del siglo VI DC. Esto indicaría que La Corona empezó a participar en una red de intercambio a larga distancia probablemente sustentado por el Reino Kaan, gracias a la cual se importaban objetos exóticos de prestigio (Canuto y Barrientos 2011; Grube et al. 2012).

 

Realeza de La Corona
Los cambios simultáneos en la historia, arquitectura y acceso a materiales foráneos se pueden relacionar con la ubicación, construcción, y preparación de tumbas reales. Empezando a mediados del siglo VI DC, se ve un incremento de tumbas reales con ajuares funerarios no solamente más ricos, sino también repletos de símbolos reales sugiriendo una elevación de estatus y poder. En 2014, se hallaron tres tumbas que fechan al inicio de la “Era Dorada”, las cuales contrastan de manera drástica con el Entierro 6. Estas tres son: el Entierro 18 de la Estructura 13Q-2, el Entierro 19 de la Estructura 13Q-1 y el Entierro 13 de la Estructura 13R-10 (Fig.1).

Entierro 18, Estructctura 13Q-2
Las investigaciones realizadas en la Estructura 13Q-2 resultaron en varios hallazgos, siendo el más importante el Entierro 18, el cual contuvo los restos de un rey o reina, su parafernalia y ofrendas funerarias. Para entender el contexto del entierro es necesario repasar las fases constructivas identificadas hasta el momento en la Estructura 13Q-2, que abarcan desde principios del Clásico Tardío hasta el Clásico Terminal.

La Estructura 13Q-2 es una de las más grandes de La Corona y se encuentra ubicada en el límite este de la Plaza Principal. La interpretación de la arquitectura del edificio ha resultado bastante compleja debido a diversas modificaciones en su fachada principal, así como el desmantelamiento de algunos elementos en su fase final. Sin embargo, las investigaciones anteriores habían identificado varias fases constructivas correspondientes al Clásico Tardío (Cajas 2014). En cuanto a su superestructura, está formada por un solo cuarto de casi 2.5 m de ancho y probablemente 20 m de largo. En el interior de la habitación no se encontraron evidencias de divisiones o bancas y frente a la fachada (lado oeste) se identificaron 3 puertas (Guenter 2009: 83).

Las excavaciones concentradas en el eje central de la escalinata permitieron comprender parte de la arquitectura de las tres últimas etapas constructivas. La escalinata de la última fase fue desmantelada parcialmente, ya que en los primeros tres escalones están ausentes la mayoría de bloques de contrahuella, con excepción de 27 bloques que corresponden a la primera grada. Se considera que algunos de los bloques esculpidos o paneles jeroglíficos encontrados en la Estructura 13R-10 pudieron formaron parte de esta última escalinata, los cuales, por razones aún no claras, fueron removidos de su lugar original entre 760 y 850 DC (Guirola y Slowing 2013: 103). También se reveló una escalinata anterior mejor conservada con escalones estucados y cortados en un área considerable.

Adosada a esta primera escalinata se encontró una subestructura, cuya fachada estaba constituida por dos columnas de sección cuadrangular que fueron decoradas con relieves de estuco, la cuales se conservaron solo en la parte inferior de una columna. Uno de estos relieves representó el retrato de un gobernante, por lo que solamente se observan sus extremidades inferiores, ricamente decoradas. El otro relieve parece representar pájaros. La subestructura adosada a la base de la penúltima escalinata fue cancelada por la construcción de una plataforma de carácter ritual que se alza aproximadamente 1 m sobre el piso, y fue colocada siguiendo el eje central de toda la edificación. La plataforma tuvo una superficie compacta irregular no nivelada, carente de acabado estucado, y mostró diversidad de material utilizado para su construcción: piedra canteada, piedrín y tierra compacta. Además, contenía un nicho en su eje central encajuelado de piedra burda que contenía macro-lascas y desechos de pedernal.

Esta plataforma fue construida directamente sobre el Entierro 18, el cual parece haber sido revisitado y exhumado. Por lo tanto, el relleno de la plataforma incluyó una serie de cuatro pisos de estuco que fueron colocados después del ingreso al entierro (Fig.2). Los pisos mostraron una superficie cóncava, indicando que se hundieron por el colapso de la cista del Entierro 18. Además, el piso más superficial contuvo grandes fragmentos de una olla utilitaria sin engobe, con abundantes restos de materia quemada y ceniza, así como una navaja semi-completa de obsidiana, la cual no aparenta uso. Los siguientes pisos también presentaron otros fragmentos de cerámica con evidencia de quema.

El Entierro 18 consistió de una cista de superficie curva, cavada dentro de la roca madre en el eje central de la Estructura 13Q-2. Siguiente a la colocación del entierro en la cista, se cubrió con piedras laja, aunque en este caso no se evidenció ninguna in situ. Aunque se determinó que la superficie cóncava de la cista fue estucada, no se pudieron determinar los límites de la misma, por lo que no se sabe si contó con muros u otro tipo de rasgo arquitectónico. El entierro estuvo en un estrato que contenía tierra café claro entremezclada con tierra café arcillosa e incluso algunas rocas pequeñas.

Los restos óseos del individuo mostraron muy mal estado de conservación, distinguiéndose solamente las extremidades inferiores, huesos del cráneo y maxilares.

La orientación de la cabeza es hacia el este, y por la posición de las piernas, se interpreta como entierro primario extendido en decúbito lateral. Según el análisis osteológico se podría tratar de una mujer adulta de estatus alto, a juzgar por rasgos tales como el tratamiento dental y craneano. Desafortunadamente, debido al mal estado de preservación no se pudo evaluar la salud del individuo al momento de su muerte.

Las ofrendas incluyeron dos platos fragmentados. Uno es de tipo Saxche-Palmar Policromo con engobe naranja y borde rojo con decoraciones negras en el interior. La otra vasija es un plato de tipo indeterminado. El interior tiene un engobe naranja y negro que forma un diseño de cruz. Este plato se parece mucho a uno hallado en el Entierro 8 de El Perú-Waka’, el cual se fecha a mediados del sexto siglo DC (Keith Eppich, comunicación personal). También fueron recuperadas siete conchas Spondylus, de las cuales cinco se encontraron a lo largo del lado izquierdo del individuo, otra bajo las extremidades inferiores y otra cerca del lado derecho de la cabeza. Una concha se encontró encima de donde se encontraría posteriormente el área de la cara del individuo, y contuvo algunos dientes y molares modificados.
Otros materiales que conformaron el ajuar e insignias se encontraron en el área de la cabeza. Aun no es claro si la posición de todos estos objetos se debe a algún tipo de disturbio posterior a la deposición del cuerpo, aunque parece difícil que se deba a causas naturales. Entre estos materiales se incluyen adornos y cuentas esféricas y tubulares de pirita, pendientes de pedernal y concha, y posibles piezas de mosaico de concha nácar. Además de los anteriores, el individuo portaba objetos de piedra verde tales como 319 cuentas esféricas pequeñas (menores a 3 cm), 12 cuentas tubulares, ocho anillos o cuentas decoradas, 12 placas rectangulares lisas (asociadas a pequeños adornos de concha nácar), 11 orejeras y pendientes, 62 posibles piezas de un mosaico y tres piezas talladas con motivos iconográficos. De éstas últimas resalta una efigie el dios k’awiil (Fig.3a) y otra de una deidad de nariz larga.

Por la cerámica parecida al Entierro 8 de El Perú-Waka’, la carencia de vasijas trípodes, y la ubicación estratigráfica en la penúltima fase del edificio, se propone que este entierro fecha entre 550 y 650 DC. Considerando que estas fechas abarcan el periodo en que La Corona era un aliado favorecido por la dinastía Kaan, es posible que se trate de la primera mujer de Calakmul, Ix ¿ Naah Ek, quien se supone llegó a La Corona en 520 DC como una joven núbil y probablemente murió entre 550 y 600 DC.

Entierro 19, Estructctura 13Q-1
Las investigaciones realizadas en la Estructura 13Q-1 proporcionaron varios resultados, entre ellos el descubrimiento del Entierro 19 que contenía un miembro de la realeza de La Corona. Esta primera investigación de la Estructura 13Q-1 empezó con la meta de hallar y revelar el eje central del edificio. Las excavaciones de los lados sur y oeste de la estructura revelaron que en la fachada oeste estaba ubicada la escalinata de acceso a la superestructura. No obstante, en lugar de encontrar la escalinata, se reveló una estructura tardía adosada.

Se llegó a determinar que esta estructura adosada se encontraba justo encima de la escalinata principal. Más aún, se logró establecer que la escalinata fue destruida por un gran corte que se hizo como resultado de algún cambio notorio en el sitio, probablemente a finales del periodo Clásico Tardío. Este corte representaba una intrusión de la pirámide original que dejó preservado sólo un piso al mismo nivel de la plaza y dos pequeñas gradas. Siguiendo las huellas de esta intrusión, se logró revelar un segundo piso, también cortado por la misma intrusión.

Adentro de esta intrusión se encontraron varias lajas de piedra caliza parcialmente destruidas por un derrumbe ocasionado por las raíces de varios árboles. Por debajo de las lajas de piedra caliza se encontró una tumba excavada en la roca madre, con varias ofrendas. La cista medía casi 3 m de largo y 1.5 m de ancho (Fig.4).

El individuo de esta tumba fue colocado con una orientación este-oeste, con la cabeza del cuerpo ubicada en la parte este de la tumba. Desafortunadamente, el esqueleto estaba casi totalmente deteriorado por la acción de la humedad, las raíces de árboles y parte del derrumbe de lajas, por lo que las únicas partes identificables fueron el cráneo y aparentemente una de las tibias. Incluso, las condiciones de la tumba no favorecieron la preservación de los dientes. Por lo tanto, no se pudo determinar ni edad ni sexo del individuo.

El conjunto cerámico de esta tumba contó con siete vasijas completas: tres platos y cuatro vasos, de los cuales la mayoría se encontraron en el lado norte de la tumba. De los platos, dos son de tipo Saxche-Palmar de engobe naranja y borde rojo con decoraciones negras. En el centro de ambos platos hay un diseño pintado de negro que posiblemente es una representación abstracta del agua. Este diseño es idéntico al de un plato del Entierro 3, así como del Entierro 18. Uno de estos dos platos estaba ubicado borde-a-borde con otro plato de tipo Infierno Negro.

En cuanto a los vasos, tres fueron apilados uno adentro de otro. El más pequeño de éstos, de tipo y forma insólitos, tenía un exterior decorado con bandas rojas y naranjas. Los otros dos vasos, de tipo Pucte Café, tienen engobe color café y no están decorados. El vaso más grande parece haber sido estucado en su exterior y pintado de azul. El cuarto vaso se encontró separado de los otros tres y parece ser la pareja del más grande del otro grupo. También tiene evidencia de haber sido estucado en su exterior y pintado de azul.

Las ofrendas no-cerámicas incluyen cinco conchas Spondylus que fueron colocadas en una línea este-oeste que aproximaba el eje central del cuerpo. Además había cuatro piezas de jade incisas. Entre ellas, había dos orejeras decoradas con incisiones en una de sus caras. Además se halló un colgante tubular labrado, típico de la realeza. Por último, se encontró una pieza de jade de altísima calidad y de rara sofisticación. Corresponde a una placa incisa con la figura del dios huunal (Fig.3b) con tocado aludiendo al dios bufón.

Como la del Entierro 18, esta placa hubiera sido amarrada como diadema a una cinta para la cabeza. Este tipo de iconografía estaba exclusivamente asociada con los miembros de la realeza Maya, sean reinas o reyes. Es importante subrayar que como en el caso del Entierro 18, todas las piezas de jade en este entierro se clasifican como jade imperial –el tipo más apreciado por la élite Maya.

Con respecto a la temporalidad el plato Saxche-Palmar sugiere una fecha en la transición entre el Clásico Temprano y Tardío, mientras que los vasos de tipo Pucte Café fechan a Tzakol 3. En combinación, apoyan una fecha del entierro a aproximadamente 550 DC. Estos materiales, además, sugieren que esta tumba parece haber sido ocupada por un miembro de la familia real de La Corona. Por la fecha, se supone que hubiera reinado durante el periodo en que el Reino Kaan empezó su expansión hacia el sur a través de La Corona y El Perú-Waka’.

De acuerdo a la posición en que se encontraron las ofrendas se podría concluir que el Entierro 19 fue desacralizado, ya que las orejeras se encontraban a un costado de las piernas del esqueleto y la placa de jade se encontraba en la parte inferior del cuerpo. En relación a los demás huesos, se podría decir que posiblemente existió una extracción de éstos al momento de hacerse la intrusión, ya que fueron muy pocos los que se encontraron en el entierro.

Entierro 13, Estructctura 13R-10
Las excavaciones en 2014 en la Estructura 13R-10 dieron como resultado el hallazgo de un entierro de una mujer de alto rango. Para entender el contexto del entierro es necesario repasar las etapas ocupacionales identificadas hasta el momento en la Estructura 13R-10, que abarcan desde principios del Clásico Temprano hasta finales del Clásico Tardío.

La primera etapa pertenece a la primera parte del Clásico Temprano y consiste en una plataforma de barro cubierta por pisos de estuco, fechando al Tzakol 1-2. La segunda etapa identificada está asociada al Piso Aceituno y constó inicialmente de una plataforma ovalada que luego fue modificada para ser de forma cuadrangular. Debido a la alta calidad del Piso Aceituno en relación a los demás, se cree que representó un cambio funcional importante. Sin embargo, aún no se tienen fechas certeras para esta etapa.

Al cancelar esta ocupación, se hizo un corte ovalado en el Piso Aceituno para colocar el Entierro 13 en una cista cavada en el relleno natural. Encima colocaron un relleno de arena suelta con piedras, sobre el cual colocaron otro relleno con fragmentos tallados de estuco que probablemente fueron traídos de otra parte del sitio. La tercera etapa convirtió la Estructura 13R-10 a una plataforma escalonada, fechada para la fase Tepeu 1 (600-650 DC).

La cista del Entierro 13 fue excavada en el relleno natural de piedra caliza, arena blanca y piedrín, y mide 2.70 m de largo x 1.70 m de ancho. Sus paredes consisten en piedras rectangulares de caliza colocadas en posición vertical. El hallazgo de varios fragmentos de madera sugiere que originalmente el techo de la cista fue de este material, el cual colapsó con el tiempo.

Como los demás entierros reales de esta temporada, el cuerpo se encontró con la cabeza orientada hacia el este y los pies hacia el oeste (Fig.5). Aunque los huesos se encontraron en mal estado de conservación, se determinó que el cuerpo fue colocado en posición decúbito dorsal con los brazos cruzados sobre el pecho. Se considera por varios rasgos morfológicos que la ocupante del entierro era una mujer de alto rango.
Las ofrendas funerarias incluyeron 4 vasijas cerámicas: junto al brazo derecho se encontró un plato Máquina Café; mientras que junto a la pierna izquierda se encontró una vasija cilíndrica con bordes divergentes y decoración roja y naranja sobre crema con estuco en el exterior, el cual fue pintado de rojo y azul. A cada lado de los pies se encontraron dos veneneras que pudieron haber tenido tabaco o algún otro contenido especial.

El cuerpo fue ataviado con cuentas de jade, concha y pirita que se cree que originalmente formaban parte de la indumentaria. En total, se recuperaron más de 250 cuentas de jade, 4 espinas de raya, más de 100 cuentas rectangulares y redondas de concha Spondylus, más de 100 cuentas de pirita, 15 cuentas de Jenneria, seis fragmentos tallados de concha nácar, 18 fragmentos de pedernal, dos malacates de hueso, 32 fragmentos de cerámica de posible mosaico y al menos 11 agujas de hueso.
El área del pecho y abdomen se encontró cubierta con cuentas de jade, concha y pirita, al igual que varios fragmentos rectangulares de cerámica pintados de azul que se cree que originalmente formaban un mosaico. Entre las 5 conchas Spondylus de aproximadamente 10 x 10 cm cada una que estaban alineadas a lo largo del cuerpo, tres fueron recuperadas en el área de las piernas, una a nivel de la cadera y otra probablemente cubría la boca. Se recuperó un arete de jade en el lado derecho y poseía un collar con 60 cuentas de jade y 9 cuentas de hueso. Sobre el pecho destaca también el hallazgo de una cuenta grande de jade y una orejera.

Junto al brazo derecho, se encontraron dos espinas de raya y un lote de cuentas de jade, concha y pirita en el interior. En una de estas espinas de raya (Fig.6) se encontró un texto que identifica la pieza y su dueño. En este caso, parece que la persona enterrada se llamaba K’uh Ix Yax ¿? K’ik’ (“Divina Mujer Azul ¿? Sangre”) –un nombre que hasta la fecha se desconocía (D. Stuart, comunicación personal).
Además de esta pieza, se hallaron dos agujas para tejer junto a la pierna derecha; una aguja para bordar fue recuperada sobre el abdomen; y un mínimo de 8 agujas fueron encontradas asociadas a la parte superior del cráneo, donde destaca una con un texto jeroglífico inciso que contiene la frase: u baak “su hueso”. Desafortunadamente el resto del texto no se preservó para verificar que tuviera el mismo nombre. También se recuperaron 19 fragmentos de huesos tallados junto al cráneo, que se cree que formaban uno o varios pinceles.

Por su posición estratigráfica, se sugiere una fecha al inicio del siglo VII DC. De acuerdo al texto de la espina de raya, es posible identificar a la mujer del Entierro 13 como una reina. Los dos títulos que acompañan su nombre indican que tuvo el rango más alto para una mujer de la realeza del periodo Clásico. Ahora bien, dado que su nombre no corresponde a ninguna reina conocida, ya sea local o proveniente de Kaan, es posible que se trate de una reina local anterior a la esposa de Sak Maas, que bien podría ser su madre.

Patrones generales
Además de las características ya descritas asociadas a los entierros, hay otros patrones generales que vale la pena anotar. Uno de estos es la orientación este-oeste (con la cabeza al este) de las tres tumbas, que en este caso coincide con el Entierro 6, posiblemente indicando que todas estas pertenecen a la realeza.

Otro patrón sumamente interesante es un diseño pintado que aparece en los platos policromados del Entierro 3 (vasija 1), Entierro 19 (vasijas 1 y 5) y posiblemente el Entierro 18 (vasija 1). Este diseño, que es de forma simétrica y parece contener el signo asociado al agua, también fue encontrado en otro plato del Entierro 17 (vasija 1). Aunque no se ha identificado como un signo conocido en otros sitios o colecciones, su frecuencia en el sitio sugiere que es un signo con significado local, posiblemente asociado al ambiente acuático que caracteriza el sitio (Fig.7).

En cuanto a los entierros 18 y 19, hay varios aspectos que los relacionan al Entierro 8 de El Perú-Waka’, este último fechado entre 500 y 550 DC (K. Eppich, comunicación personal). Uno de ellos es la placa con la efigie de la deidad huunal del Entierro 19, cuyo estilo es bastante similar (D. Friedel, comunicación personal), lo que confirmaría su fechamiento a inicios del siglo VII DC. Además, el Entierro 18 contiene una vasija con un diseño pintado en cuatro sectores (dos de engobe rojo y dos de engobe negro), el cual es casi idéntico a una vasija del Entierro 8 de El Perú-Waka’. También, ambas tumbas contienen placas lisas de jade, que seguramente fueron parte del tocado.

Finalmente, cabe destacar que es notorio el contraste entre la alta calidad del jade y el tipo de vasijas. Esto parece sugerir que las vasijas corresponden a una tradición local cerámica y los jades reflejan las nuevas redes de acceso a materiales exóticos, que incluso podrían representar regalos directos por parte de los gobernantes de Kaan. Con respecto a la aparición de objetos de jade, Andrieu (comunicación personal) indica que la calidad de los objetos en los entierros 18 y 19 no corresponden a lo que se ha encontrado en las tumbas de Dzibanche y Calakmul, lo que hace necesario investigar el patrón de distribución de jade en esta época. Por otro lado, en La Corona todavía no hay evidencia de una tradición lapidaria asociada a objetos de jade, aunque la aparición de un pulidor de orejeras en la Estructura 13R-10 podría sugerir que sí existió. En cualquier caso, la presencia de estos objetos de jade evidencian la existencia de una red de intercambio a larga distancia entre 550 y 650 DC, lo que precede al “Camino Real” creado por Yuknoom Ch’een, que tuvo como uno de sus objetivos principales el obtener acceso al jade y otros productos de las Tierras Altas mediante la fundación de la ciudad de Cancuen en 657 DC.

Conclusiones
Regresando al tema de la organización socio-política de los Mayas clásicos de las Tierras Bajas, estos datos arquitectónicos, materiales, y funerarios sugieren que los gobernantes de La Corona subieron de rango debido a un apoyo contundente de la dinastía de Kaan y enlaces de intercambio extendidos. En cierta manera, estos cambios en La Corona tan coordinados y alineados sugieren que la alianza inscrita en el registro epigráfico identificaba una relación muy estrecha, desmintiendo a la vez la idea que cada sitio Maya era una isla políticamente autónoma. Es muy posible pensar en La Corona como una extensión territorial del Reino Kaan hacia el sur y oeste. Si fuera cierto, se tendrá que regresar a los argumentos que favorecen los modelos que dan espacio para la existencia de estados fuertes, centralizados, expansivos y estables.

Referencias
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Fig.1: Mapa de La Corona con la ubicación de los entierros.

Fig.2: Perfil de Entierro 18 (Dibujo por E. Gómez).

Fig.3: Huunales del Entierro 19 y Entierro 18 de La Corona (Dibujo por M. Lamoureux St-Hilaire).

Fig.4: Perfil del Entierro 19 (Dibujo por C. Álvarez).

Fig.5: Planta del Entierro 13 (Dibujo por J. Ponce).

Fig.6: Espina de raya con texto jeroglífico, Entierro 13 (Foto por J. Ponce).

Fig.7: Signo acuático en varios platos policromados de La Corona (Fotos por C. Parris).