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042 Representaciones rupestres en la Laguna de Metzabok, Chiapas. Del trabajo arqueológico a la indagación etnográfica. Josuhé Lozada Toledo y Rubén de Jesús Núñez Ocampo – Simposio 27, 2013

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042 Representaciones rupestres en la Laguna de Metzabok, Chiapas. Del trabajo arqueológico a la indagación etnográfica.

Josuhé Lozada Toledo y Rubén de Jesús Núñez Ocampo

 

XXVII Simposio de Investigaciones
Aqueológicas en Guatemala
Museo Nacional de Arqueología y Etnología
22 al 26 de julio de 2013
Editores
Bárbara Arroyo
Luis Méndez Salinas
Andrea Rojas

 

Referencia:
Lozada Toledo, Josuhé y Rubén de Jesús Núñez Ocampo
2014 Representaciones rupestres en la Laguna de Metzabok, Chiapas. Del trabajo arqueológico a la indagación etnográfica. En XXVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2013 (editado por B. Arroyo, L. Méndez Salinas y A. Rojas), pp. 505-516. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

 

Representaciones rupestres en la Laguna de Metzabok, Chiapas. Del trabajo arqueológico a la indagación etnográfica
Josuhé Lozada Toledo
Rubén de Jesús Núñez Ocampo
Palabras clave
Selva Lacandona, Metzabok, gráfica rupestre, Postclásico Tardío, periodo histórico.

Abstract
This paper highlights the findings of initial field work undertaken by the “Archeological Project: Registering Rock Art Representations Found in the Area of Lake Metzabok, Ocosingo, Chiapas”. Our work focused on the methodology of registration used in a region characterized mainly by a karst landscape, where abundant cliffs, caves, and lakes are interspersed in the rugged terrain of the Lacandon Jungle. This article will give special attention to the relevance of ethnographic data in protecting cultural legacies, insofar as cave paintings and petroglyphs function as materialized mental representations, which are re-signified and stored in the collective memory of the present-day Lacandon Mayan people.

Introducción
La presente investigación, parte del interés por registrar sistemáticamente las representaciones gráfico rupestres presentes en la cercanía de la localidad lacandona de Metzabok, ubicada en el municipio de Ocosingo, estado de Chiapas, México.
Este trabajo, surge del proyecto arqueológico denominado “Registro de representaciones gráfico rupestres en torno a la laguna de Metzabok, Ocosingo, Chiapas”, dirigido por el arqueólogo Josuhé Lozada Toledo y asesorado por el Dr. Emiliano Gallaga Murrieta.

El objetivo inicial, fue registrar la gráfica rupestre presente en los riscos de Mensabak, Tsibana y O’ton K’ak, ubicados en los alrededores del sistema laguna Metzabok, con la intención de contribuir con nueva información arqueológica sobre la historia de la cultura Maya de las Tierras Bajas del sureste de México.
No obstante, los objetivos de esta investigación se ampliaron de manera gradual, logrando un vínculo entre el trabajo arqueológico y la aplicación de una metodología de carácter cualitativo por parte de la etnografía; lo que brindó una posibilidad de interpretación de los grafismos rupestres desde la voz de un grupo étnico actual: los Lacandones.
Desde la arqueología, es posible reconocer el vínculo estrecho entre el agua, las cuevas y el grupo lacandón, donde la presencia de pinturas rupestres en los acantilados de las lagunas de Metzabok (Palka 2009:1-8), hablan sobre un caso extraordinario de interpretación del pasado a nivel etnográfico. La información simbólica de los lacandones en relación a los conjuntos de arte rupestre y cavidades rocosas, señalan el reconocimiento a ciertas entidades relacionadas con el agua, el surgimiento de los primeros hombres, animales que acompañan el viaje del alma, entre otros elementos que enriquecen la funcionalidad simbólica de los paneles rupestres presentes en Metzabok.

Antecedentes
El paisaje arqueológico de Metzabok es diverso y se constituye por sitios que datan desde el Preclásico Tardío (200 AC-250 DC), Clásico Temprano (250- 600 DC), Clásico Tardío (600-900 DC), Posclásico Tardío (1200-1521 DC) e incluso hasta tiempos históricos (Palka 2012).

En términos de investigaciones arqueológicas, la región de Metzabok ha sido poco estudiada, debido a la monumentalidad de los grandes sitios del periodo Clásico como Palenque, Bonampak o Yaxchilán, entre otros, que en cierta medida han minimizado el interés por estudiar asentamientos Mayas más tardíos, ligados sobre todo al periodo Posclásico e incluso hacia el llamado periodo Histórico entrando la colonia española.

Dentro de los primeros estudios enfocados a los Mayas posclásicos e históricos de la Selva Lacandona, han sido los realizados por la Dra. Sonia Rivero (1992), quien se ha centrado en los últimos años, por estudiar los sitios arqueológicos presentes en Laguna Miramar.

Los primeros registros de representaciones rupestres en Metzabok, se tienen en la obra de Soustelle (1966) y Pincemin (1999), quienes registran de manera parcial algunas pinturas rupestres presentes en los riscos alrededor de las lagunas.
Las primeras investigaciones formales en el área, comienzan en el año 2003 con los reconocimientos de la arqueóloga Fabiola Sánchez Balderas, quien ha registrado algunos de los motivos rupestres presentes en Metzabok (Sánchez 2005), posteriormente con el mapeo y la implementación de pozos de sondeo por parte del Dr. Joel Palka de la Universidad de Illinois, Chicago, mediante el Proyecto Arqueológico Mensabak, se cuenta con registros y datos de un periodo de la historia Maya, poco conocido en la región, el cual nos habla de grupos Mayas no colonizados, probablemente hasta finales del Siglo XVII y principios del Siglo XVIII.
Justo en la orilla de los lagos, hay sitios arqueológicos habitacionales pequeños con plataformas bajas que datan del periodo Posclásico hasta tiempos históricos. Dichos sitios presentan plataformas rectangulares. A diferencia de los sitios Mayas del Clásico Tardío ubicados en plazuelas, algunos de los sitios en Metzabok están dispuestos al azar o alineados sobre el terreno, diagnósticos del Posclásico Tardío (Palka 2011:232).

El Proyecto Arqueológico Mensabak, ha reportado un mayor número de cerámica perteneciente al periodo Posclásico Tardío e Histórico. La cerámica consiste en coladores o pichanchas, platos con soportes trípodes delgados, cuencos y platos burdos, tinajas con cuellos largos, y algunos tiestos de cerámica naranja fina que podrían ser de origen tabasqueño (Palka 2011).
Paralelamente en el año 2004, el entonces llamado Proyecto Interdisciplinario Metzabok, llevado a cabo y en coordinación por la Asociación Cultural Na Bolom, A.C., el Grupo Espeleológico Jaguar, A.C. y varios investigadores bajo la dirección del Dr. Alejandro Sheseña (Sánchez 2005:61), realizaron un registro preliminar de los grafismos rupestres, sitios arqueológicos, así como de algunas cuevas.
A pesar de contar con algunas menciones y referencias de la laguna de Metzabok y sus pinturas rupestres, hasta el momento no se contaba con un registro sistemático de los grafismos, ni con el análisis del paisaje correspondiente.
A continuación se presenta la metodología y los resultados preliminares de la primera temporada de campo del proyecto arqueológico “Registro de representaciones gráfico rupestres en torno a la laguna de Metzabok, Ocosingo, Chiapas” realizada en el mes de octubre del año 2012 con la autorización del Consejo de Arqueología del Instituto Nacional de Antropología e Historia, el financiamiento del Dr. Joel Palka y la colaboración de Josué Gómez Vázquez y Rubén Núñez Ocampo. Además se exponen algunos hallazgos etnográficos de los recorridos en campo realizados en el año 2011 con el financiamiento del proyecto “Innovación socio-ambiental para el desarrollo en zonas de alta pobreza y biodiversidad en la frontera sur de México”, mediante el organismo financiador: FORDECYT-CONACYT y el apoyo de la Dra. Erin I. J. Estrada Lugo y el Dr. Eduardo Bello Baltazar, investigadores titulares de El Colegio de la Frontera Sur. Dichos testimonios, dan cuenta de la interpretación de algunos motivos rupestres por parte de un grupo étnico actual, lo que permite una aproximación hacia el tema de la función simbólica de la gráfica rupestre.

Metodología
Sobre el registro arqueológico
Aunado a una revisión bibliográfica de la literatura arqueológica existente para la región, se procedió a realizar los recorridos de campo, por medio de la contratación de guías locales, para situar con ayuda de GPS cada uno de los riscos con presencia de grafismos rupestres al interior del sistema lagunar Metzabok.
Una vez ubicados los riscos, se procedió a enumerar cada uno de los paneles que estructuran a los sitios en su conjunto. Para ello, se identificaron tres sitios: el risco de Tsibaná localizado en la parte media de la laguna, el risco de Mensabak en la parte norte, y en la parte sur se ubicó el risco de O’ton K’ak (Fig.1).
Para el registro arqueológico de los grafismos rupestres, se compararon varias cédulas de registro aplicadas sobre todo para el centro y norte de México, incluyendo las Cédulas de Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicas del Instituto Nacional de Antropología e Historia, las cuáles son utilizadas para identificar y catalogar bienes arqueológicos inmuebles en México. No obstante, dada las particularidades de la región, se pudo elaborar una cédula de registro general para los sitios rupestres, la cual contiene una tipología ad hoc y por tanto, aplicable para el área de la Selva Lacandona. Además se elaboró una ficha de registro particular de cada motivo rupestre al interior de los diferentes paneles.
Debido a que los tres riscos se localizan al borde del agua. El registro de los grafismos se realizó sobre lancha, con ayuda de una escalera telescópica retráctil de 3.8 m, brújula, cinta, flexómetro, estadal, aspersores de agua (baja en sales), escala IFRAO, tabla munsell, papel milimétrico y bolígrafos. Todo ello, acompañado de la implementación de técnicas básicas de escalada en roca, registro fotográfico del panel y de cada motivo rupestre, así como de los elementos de visibilidad (cómo se ve desde un elemento arqueológico dado) y visualización (cómo se ve ese elemento concreto desde fuera de él y sobre el entorno) propios de un análisis del paisaje (Corona 2004:166).

Sobre la metodología etnográfica
Durante los recorridos de campo, se identificó a los informantes claves para obtener datos respecto al tema de las pinturas rupestres y las cuevas en la vida cotidiana de los lacandones de Metzabok.
Se realizaron un total de ocho entrevistas focalizadas a dos grupos, a hombres adultos (de 30 a 59 años) y adultos mayores lacandones (de 60 años o más, según INEGI 2005), quienes aún mantienen un conocimiento ancestral ligado a la religión tradicional Maya lacandona.
La metodología para la aplicación de las entrevistas y la obtención de los datos cualitativos de campo, se dio en cinco fases:
1. Identificación de los informantes claves.
2. Grabación de las entrevistas en campo.
3. Transliteración y transcripción de las entrevistas.
4. Traducción libre.
5. Procesamiento de los datos de las entrevistas por medio del software QSR N6

(NUDIS’T), para análisis cualitativo.
Con la técnica “bola de nieve”, se seleccionaron a los sujetos con mayor potencial de proporcionar información relevante en torno a una categoría de interés: pinturas rupestres. Se grabaron las entrevistas y el procesamiento de los datos derivados de los testimonios se realizó por medio del software QSR N6 (NUDIS’T), para análisis cualitativo, donde previamente se trabajó con un árbol de categorías base.

Resultados
La gráfica rupestre en Metzabok
En el risco de Tsibanáse se registraron un total de 56 pinturas rupestres. Se trata de un panel de varias temporalidades con motivos realistas, esquemáticos y abstractos. Las pinturas aparecen en rojo y se aprecia sobreposición en algunas zonas del panel. Destaca la escena de dos personajes vistos de perfil en gran formato, cuyo estilo parece referir al Preclásico Tardío o Clásico mesoamericano, justo en medio de las dos figuras humanas se pudo identificar por medio de la aplicación del método de Ampliación Decorrelación de imágenes digitales (una extensión desarrollada para el programa ImageJ), cuatro columnas de glifos Mayas, los cuales aparecen muy erosionados (Lozada 2013:366).
Destaca la figura de un mono que aparece repintado. Además de escenas donde se observan figuras humanas con tocados y animales (posiblemente perros y una serpiente). Hay manos al positivo y al negativo, debajo del nivel habitual de la laguna, en temporada de sequía se alcanzan a apreciar los petrograbados de por lo menos dos serpientes.
En el risco de Mensabak se registraron un total de 108 pinturas rupestres, distribuidas en nueve paneles o conjuntos de pinturas rupestres, varios de ellos se localizan a gran altura, algunos motivos se ubican a 30 m de alto desde el nivel de la laguna. Cuenta con manos al positivo, antropomorfos, zoomorfos, geométricos y abstractos. También presenta sobreposición de motivos donde el color naranja de las pinturas rodea o se le superpone al color rojo. Cabe mencionar que para acceder a estos paneles, los artífices Mayas aprovecharon las grietas o fisuras de las rocas, para poder llegar a lugares poco accesibles o con la ayuda de balcones de acceso y técnicas de escalada en roca.

Finalmente en el risco de O’ton K’ak, se registraron un total de 22 grafismos rupestres, localizadas en cinco paneles, algunos se ubican a gran altura a unos 10 m aproximadamente desde el nivel de la laguna. Hay petrograbados de “caritas” que están asociados con pinturas rupestres que aluden a figuras humanas. Aquí destacan los antropomorfos, “caritas” y manchas, además de marcas digitales de tres líneas.
En total se registraron 186 grafismos rupestres con la ayuda de fichas de registro particular de cada motivo. Cabe resaltar, que un pequeño porcentaje de pinturas del risco de Mensabak, no pudieron registrarse en la primera temporada de campo, debido a su localización a gran altura, lo que ponía en riesgo la integridad de los investigadores, dado lo difícil de su ubicación.

El vínculo de la tradición oral Maya Lacandona con la gráfica rupestre y el tema de las cuevas
El paisaje cultural presente en Metzabok, impone un complejo modelo mesoamericano, donde las montañas, las cuevas, los grafismos rupestres y las lagunas, conforman un espacio sagrado y de peregrinaje desde tiempos prehispánicos.
La información contenida en las representaciones gráfico rupestres, consiste en un sistema de comunicación, que funciona como un elemento de almacenaje simbólico, que junto al dato etnográfico, pudo dar pie a la interpretación de la gráfica rupestre de Metzabok, desde la voz de los propios lacandones.
El acercamiento inicial a los informantes, derivó de la necesidad por conocer y registrar la forma en que los lacandones se vinculan en la actualidad con el arte rupestre presente en su localidad. Ante este proceso, la información generada a partir de los relatos de los informantes fue reveladora, ya que los lacandones atribuyen un origen divino de las representaciones rupestres, incluso, ellos tienen una deidad llamada Tsibaná, que se traduce literalmente como “El Pintor de Casas”, quien tiene su hogar justo en la laguna de Metzabok.
Así mismo, la máxima deidad del panteón lacandón, conocida como Hach Ak Yum, es considerado junto a Tsibaná como los creadores directos de las pinturas rupestres, al respecto un informante lacandón, menciona lo siguiente:
Cuando se oscureció el sol, salió a pintar Hach Ak Yum, salió a dibujar cuando todo oscureció, antes dicen que salió a pintar los dibujos…Después del eclipse hicieron las pinturas. Cada un año hicieron unas, cada un año, otra vez. El que lo pinta es puro Dios. Hach Ak Yum fue el que dejó pintado todo, pintó con Tsibaná, todo lo pintó… (Adulto lacandón 2011. Metzabok, Chiapas).

Los lacandones aún mantienen la creencia de que los autores de las pinturas rupestres son seres divinos, quienes en un escenario de tipo mágico, ante la presencia de un eclipse, es como realizaron todas las pinturas.

Para el presente trabajo, se resaltan además, tres elementos rupestres presentes en los acantilados de las lagunas de Metzabok. Ellos derivan del grupo de los zoomorfos (figuras de animales), tratándose específicamente del mono, la serpiente y el perro.
Llama la atención el motivo zoomorfo de un mono (posiblemente un mono aullador) pintado en el risco de Tsibaná (Fig.2). En este motivo se aprecia una sobreposición de pintura, lo que nos habla de dos momentos diferentes. La pátina del color inferior es similar a la de otras figuras humanas presentes en el mismo risco que pueden datar del periodo Preclásico Tardío o Clásico mesoamericano y el pigmento más superficial de color ocre, parece corresponder a un periodo asociado al Posclásico Tardío o incluso hacia tiempos históricos. El mono aparece en una posición erguida, semejando una postura humana, sus extremidades superiores e inferiores aparecen semiflexionadas como en una actitud dinámica, sobre la mano derecha sostiene un elemento trilobular no identificado, la parte baja de este motivo aparece muy erosionada por efectos del intemperismo y se alcanza a visualizar la cola del primate.
Al preguntarle al hombre más anciano de la localidad de Metzabok sobre el significado de la pintura del mono, él comenta lo siguiente:

Mensabak hizo de barro a las personas, también hizo los tamales y el balché (bebida ceremonial alcohólica), a los hombres los hizo de barro y los pintó de negro con polvo de humo, luego lavó su cuerpo, su cara y nada más su pelito le dejó para que saliera el cabello, también le dejó su barba… Mensabak luego hizo a los animales, hizo al maax (mono), a ese le dejó todo el color negro de su pelo y entonces el mono se huyó al monte, rápido se huyó al árbol, ahí se huyó y ya no lo matamos…entonces lo hizo vivir, como hizo vivir a las personas…el mono es su trabajo de Mensabak…lo dejó pintado para señalar que él lo hizo… (Anciano lacandón 2011, Metzabok, Chiapas).
En el Popol Vuh o “Libro del Consejo” de los antiguos Mayas, los monos aparecen primeramente, cuando en un intento fallido por crear a los hombres, los Creadores y Formadores hicieron a los hombres de madera, pero al ver que éstos no los alabaron, ni veneraron, fueron convertidos en micos o monos.

Y así fueron destruidos todos estos hombres quedando sólo las señales de ellos, los micos, que andan ahora por los montes. Por eso es que Coy, el Mico, se parece al hombre (Popol Vuh, Fray Francisco Ximenez 2011).

Los monos aparecen en la tradición oral, mediante relaciones zoofílicas que unen a los hombres con dichos primates. Los saraguates o ba’ats’ se asocian a la luna y el mono araña o maax (chuen en Maya arcaico) se asocia con el sol. A este nivel pertenece un relato de Hun Batz y Hun Chuen en el Popol Vuh (2011:54-57), de quienes estaban destinados a volverse luna y sol respectivamente. Eran crueles y despóticos con sus hermanos menores y en castigo por no ser dignos de su destino, fueron convertidos en los monos mencionados (Bruce 1976:78).

Por otro lado, el motivo de la serpiente se encuentra en el risco de Tsibaná tanto en petrograbado (Fig.3) como en pintura. Ésta última, se asocia a una escena donde participan figuras humanas y otros motivos zoomorfos (Fig.4). En el risco de Mensabak también se registran dos pinturas rupestres con forma de serpiente, ubicadas al interior de una zona del panel 4 (Fig.5).

Las serpientes en varios grupos mayenses actuales tienen la carga simbólica de fertilidad y se relacionan con las deidades del agua, por lo que están asociadas con fuentes acuáticas como lagunas, ríos y cenotes, de los cuales se cree son sus protectores y además, funcionan como las entidades encargadas de que el agua nunca se seque. Es posible que en tiempos prehispánicos e históricos, el petrograbado del risco de Tsibaná (Fig.3) sirviera para establecer los ciclos de lluvia y sequia entre los pobladores de la laguna de Metzabok, ya que dicha imagen sólo es visible en tiempos de secas y posiblemente indicaba que era tiempo de realizar ofrendas o peregrinajes (Batres et al. 2009).

La serpiente además, está asociada a los principios femeninos de la luna. El sol controla el espacio divino, la época de sequía y el crecimiento del maíz. En cambio la luna y por ende, la serpiente, están asociadas al espacio nocturno, los tubérculos, la humedad, la época de lluvias y lo doméstico (Marion 2000:51).
A la serpiente también se le atribuye un carácter negativo, debido a la alta peligrosidad de especies selváticas como la nauyaca, que habita en la Selva Lacandona. Dicha percepción también puede derivarse de procesos de aculturación con la llegada de nuevas religiosidades como los grupos evangélicos en la Región Selva. Al respecto se cuenta con el siguiente dato:

Siempre sale la culebra, ese es Satanás, él lo hizo también a la culebra, su trabajo es la culebra, es del diablo todo eso… (Anciano lacandón 2011, Metzabok, Chiapas).
Sobre el tema de la serpiente en la tradición oral Maya lacandona, Bruce (1974) y Marion (1991), aportan los siguientes datos:

Después de haber creado a los hombres, Hach Ak Yum sacudió sus manos para que se cayera la arcilla. Los primeros pedazos de barro que salpicó tocaron la palma del guano al caerse y se transformaron en serpientes (Marion 1991:107).
Por otro lado en las entrevistas hechas por Bruce a Chan K’in Viejo, se alude a un mito de creación, donde se destaca lo siguiente:
Terminando de crear al hombre, Hach Ak Yum talló (enrollando entre sus manos) la arcilla. Lo tiró en la tierra. Se iba. Hach Ak Yum la veía irse en la tierra. Dijo: ¡Es una víbora! Ahora existe quien va a destruir a mis creaciones. Tiene veneno en sus colmillos ¡Qué lástima! (Bruce 1974:125).

Al respecto, la información generada por los informantes de este trabajo coinciden en varios aspectos sobre lo registrado por Marion y Bruce, donde se resalta lo siguiente:
Después de hacer a las criaturas de barro, Mensabak hizo al mono, después al jabalí y todo lo que sobró de su mano, lo hizo como hilo, desde su mano lo tiró al monte y así nació la culebra. De todo el barro que sobró hizo a la culebra, es por eso que es su trabajo de Mensabak (Anciano lacandón 2011, Metzabok, Chiapas).

Finalmente el tercer motivo zoomorfo que se resalta, es el cuadrúpedo que posiblemente refiera a la imagen de un perro presente en los riscos de Tsibaná (Fig.4) y Mensabak (Fig.6). Sobre este motivo se advierte que hasta el momento no se ha realizado una identificación sistemática de las especies faunísticas presentes en los zoomorfos cuadrúpedos de los riscos de Metzabok. En ese sentido, dicho motivo rupestre puede tratarse de cánidos, felinos e incluso cérvidos. Sin embargo, gracias a la información generada por los informantes, los lacandones asocian a estas figuras con el perro y sólo en pocas ocasiones mencionan al “tigre” o jaguar en la identificación que hacen, a partir de la gráfica rupestre.

El perro no fue un animal del ámbito de la naturaleza salvaje, como el venado, el tapir o el jaguar, sino un animal doméstico como el guajolote. Dentro del mundo mesoamericano, el perro era el encargado de transportar el espíritu de su amo hasta el inframundo. El perro se considera un ser nocturno que conoce los caminos en la oscuridad y puede ver los espíritus; además, es el compañero inseparable del hombre, por lo que va con él hasta el más allá (De la Garza 1999:30).

Entre los lacandones, se registra la creencia de que al morir una persona, los familiares colocaban tortillas junto a los huesos del difunto, especialmente para los perros que mató y comió el personaje en vida, de manera que los perros no lo mordieran en el camino al inframundo (Villa Rojas 1985).

A propósito del perro, un informante lacandón comenta lo siguiente:
Cuando nosotros morimos, nuestro espíritu pasa por el camino de Tsibaná, ahí mero el dios Tsibaná te da tu boleto para pasar a Mensabak…en la noche se va el espíritu…lleva una vela para alumbrar su camino…también lleva comida y a un perro…cuando le pegas mucho a tu perro o matas a tu perro, ya no te dejan pasar, ahí te va a morder. El perro cuida donde está tu panteón…cuando uno muere el perrito te acompaña, cuando se va tu espíritu, lo acompaña tu perrito…siempre el espíritu va acompañado de tres perros para que no lo vayan a molestar, los perros cuidan siempre a tu espíritu…la pintura del perro es su seña de que Mensabak lo hizo, por eso lo dejó así (Anciano lacandón 2011, Metzabok, Chiapas).

En el anterior testimonio se observa que cuando el informante habla del camino o del viaje del alma, aporta datos relevantes respecto a las lagunas y sus riscos, pues según el relato, al morir un lacandón, su alma viaja sobre la laguna hasta el risco de Tsibaná, justo donde se encuentra el panel rupestre de mayor temporalidad; posteriormente al encontrar “el boleto” (como nombra el informante) de manos de la misma deidad para poder pasar, el alma continúa su camino con ayuda y en compañía de sus perros hasta llegar al risco de Mensabak, ahí el alma entra en la roca y parece adentrarse hacia el lado inferior del mundo.

Con ello, el perro es visto como el guía por el mundo de las almas. Al respecto, el relato de Chan K’in Viejo menciona lo siguiente, haciendo referencia al viaje del alma cuando una persona muere:
Llegando hasta el agua, llegó un perro. Al llegar el perro, dijo al alma: ¿Qué haces aquí mi amo?
El alma respondió: Nada. No puedo cruzar el agua. Está muy crecido el río. Corre muy fuerte el agua. Hay demasiados lagartos.

El perro respondió: Pobre de tí, mi amo. Agárrate de mi espalda. Agarra mis orejas. Yo te pasaré al otro lado del río. Eso pasó (Bruce 1974:253).
El culto a elementos característicos del paisaje natural como las cuevas, riscos, fuentes de agua y montañas, entre los lacandones formaba parte de una práctica más generalizada que entre otros grupos mayenses, misma que perduró en la región aún después de la conquista española hasta finales del Siglo XX (Vogt y Stuart 2005, Palka 2005, Boremanse 2005). Todavía a mediados del siglo pasado se llevaron a cabo peregrinajes a las ruinas de antiguas ciudades Mayas y a cuevas sagradas para celebrar ceremonias religiosas, allí los hombres lacandones quemaban pom (copal) en sus incensarios y hacían ofrendas de alimentos y bebidas a sus deidades (Boremanse 2005, Palka 2009).

Las cavernas en la tradición religiosa Maya son lugares dedicados a deidades ancestrales, representan entradas al inframundo y están asociadas con la lluvia, la fertilidad y la abundancia (Brady y Bonor 1993). Para los lacandones, las cuevas también eran un lugar para ponerse en contacto con sus ancestros, pues una característica principal de las cuevas de la laguna Metzabok es el uso que tenían como osarios desde época prehispánica hasta el periodo histórico (Fig.7).

Antes cuando los lacandones aún vivían en pequeños caríbales esparcidos por la selva tenían en gran estima las cuevas alrededor de la laguna Metzabok, y acudían hasta allí en procesión para pedir por su salud y la de su familia, aunque ahora estas tradiciones se han perdido con el paso del tiempo sobre todo por la llegada de las religiones protestantes a estas comunidades desde la década de los años sesenta del siglo pasado (Petryshyn [1968] 2005, Boremanse 2006, Núñez y Woodfill 2013). Sin embargo, actualmente aún se guarda respeto a varias cuevas y riscos entre los lacandones donde se cree que habitan las antiguas deidades de los abuelos.

Comentarios finales
La gráfica rupestre como texto pictórico, a través de los ojos de los informantes lacandones, demuestran que las pinturas pueden ser leídas sin importar la lengua que se hable.

La metodología etnográfica, apunta cada vez más a nuevas reflexiones y nuevos desafíos para la interpretación y el análisis discursivo-estilístico de los viejos textos Mayas y de sus posibles formas de representación en la gráfica rupestre.
A través de la etnografía también podemos notar la importancia que los santuarios en las cuevas tenían para los Mayas lacandones y su culto formaba parte de una práctica social más amplia compartida por varios pueblos indígenas actualmente en el área Maya, algunos de los cuales siguen realizando ceremonias y peregrinaciones a estos lugares sagrados.

Con ello, la etnografía puede ser utilizada como una herramienta metodológica que permite al investigador aproximarse a las formas de ver y asimilar el mundo por parte de los propios sujetos que le dan un valor simbólico a distintos elementos del paisaje natural y a través de la veneración de ciertos espacios como cuevas, montañas, lagunas y riscos en los que además plasman gráficos rupestres, llegan a construir una geografía sagrada en torno a sus comunidades.

Con la muerte de los últimos abuelos lacandones se perderán los rasgos de una cultura que permaneció siglos escondida en la selva y que tanto maravilló a exploradores y viajeros. Por lo que este trabajo pretende ser un aporte a salvaguardar el patrimonio cultural intangible conformado por sus percepciones sobre el paisaje simbólico que los rodea y a su vez ayudar a registrar y proteger el patrimonio tangible conformado por las representaciones grafico rupestres que han permanecido siglos escondidas en la gran selva.

Referencias
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Fig.1: Mapa de localización de los riscos con arte rupestre en torno a la laguna de Metzabok,
Ocosingo, Chiapas. Elaborado por Emannuel Valencia del LAIGE-ECOSUR
con base en datos de campo proporcionados por Josuhé Lozada.

Fig.2: Motivo zoomorfo de un mono en el risco de Tsibaná donde se aprecia sobreposición de pintura.
Dibujo por Josuhé Lozada.

Fig.3: Petrograbado con forma de serpiente. Foto proporcionada por una familia de Palenque, Chiapas.

Fig.4: Escena rupestre en el risco de Tsibaná donde participan motivos antropomorfos y zoomorfos.
Dibujo por Josuhé Lozada.

Fig.5: Escena rupestre en el risco de Mensabak donde se aprecian dos motivos zoomorfos
y un motivo de carácter abstracto. Dibujo por Josuhé Lozada.

Fig.6: Motivos zoomorfos de cuadrúpedos presentes en los paneles rupestres del risco de Mensabak.
Dibujo por Josuhé Lozada.

Fig.7: Cuevas localizadas alrededor de la laguna de Mensabak donde se aprecian vasijas lacandonas
y restos humanos. Fotos de Rubén Núñez.