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041 La preservación del patrimonio cultural en Copan, Honduras: un nuevo esfuerzo, Kristin Landau y Fredy Rodríguez Mejía – Simposio 27, 2013

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041 La preservación del patrimonio cultural en Copan, Honduras: un nuevo esfuerzo,

Kristin Landau y Fredy Rodríguez Mejía

 

XXVII Simposio de Investigaciones
Aqueológicas en Guatemala
Museo Nacional de Arqueología y Etnología
22 al 26 de julio de 2013
Editores
Bárbara Arroyo
Luis Méndez Salinas
Andrea Rojas

 

Referencia:
Landau, Kristin y Fredy Rodríguez-Mejía
2014 La preservación del patrimonio cultural en Copan, Honduras: un nuevo esfuerzo. En XXVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2013 (editado por B. Arroyo, L. Méndez Salinas y A. Rojas), pp. 497-503. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

 

La preservación del patrimonio cultural en Copan, Honduras: un nuevo esfuerzo
Kristin Landau
Fredy Rodríguez-Mejía
Palabras clave
Honduras, Copan, San Lucas, San Rafael, arqueología colaborativa/comunitaria, el presente.

Abstract
The preservation of cultural patrimony is as fundamental for archaeological investigation as for the pride and identity of today’s populations. However, relationships between modern towns, scientific anthropologists, and the protection of archaeological remains are fragile and tense. We present a new effort to improve these relations through the teaching of an anthropology course at a local high school in Copan, Honduras. Every week, 20 students learn basic concepts in anthropology and carry out activities to reinforce these lessons, ranging from ethnographic interviews to archaeological excavation. We make the argument that open communication between archaeologists and young students will promote the understanding and preservation of cultural patrimony.

En febrero del 2012, un grupo de residentes de Copan Ruinas respondieron con enojo a la exportación de artefactos arqueológicos para una exhibición especial de un museo en los Estados Unidos; como respuesta, organizaron un cabildo abierto para discutir el tema. Cientos de personas acudieron al evento para debatir la práctica de la arqueología en su propio pueblo: ¿qué están haciendo los arqueólogos?, ¿quiénes son los dueños del pasado?, y ¿quién debe beneficiarse del mismo? El sitio arqueológico de Copan –designado como Patrimonio Mundial por la UNESCO– recibía más de 160,000 turistas anualmente; las exóticas vacaciones de estos contribuyen al sustento de muchos copanecos ligados directa e indirectamente con la industria del turismo. Sin embargo, después del golpe de estado del 2009 y la concurrente crisis económica global, es difícil encontrar un empleo justo. Además de eso, la violencia y como ésta es reflejada a través de los medios de comunicación, desalienta al turismo y la arqueología del patrimonio hondureño está siendo escudriñada más que nunca. Lo que el cabildo abierto de febrero dejó en claro, es que existen profundos malentendidos entre los residentes del pueblo, los arqueólogos, y el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH). Estos malentendidos han empeorado debido a la falta de comunicación entre estas entidades por generaciones (Joyce 2012). Como lo dejó en claro el cabildo abierto, la concientización y sensibilidad sobre los contextos socioeconómicos y políticos de las prácticas arqueológicas de Copan lleva décadas en demora.

Al mismo tiempo, en el mundo académico, a los proyectos de investigación en las ciencias sociales se les sugiere que incluyan la participación de miembros de la comunidad local. Debido a que la arqueología en particular no goza de una buena reputación en la historia del colonialismo y el aprovecharse del patrimonio de otras naciones, el trabajo que es inclusivo de descendientes de poblaciones nativas o locales se ha convertido en un requisito ético. Históricamente, ha existido un desequilibrio de poder en Centro América en donde los arqueólogos occidentales (en su mayoría de los Estados Unidos y Europa) dominan el estudio de aquellos que no son sus antepasados (Pyburn 2009:165). A pesar de que la mayoría de los arqueólogos están de acuerdo en que “ya no es aceptable recibir los beneficios materiales e intelectuales del patrimonio de otra sociedad sin que esa sociedad esté involucrada o pueda beneficiarse de forma igual” (Moser et al. 2002:221), muchas veces la mayoría de la población que vive alrededor o cerca de los restos arqueológicos tienen poco conocimiento o no se les notifica acerca de dicho trabajo.

Además, la arqueología es más que una herramienta o método para entender el pasado: “la práctica arqueológica y el conocimiento que produce son parte de la historia y del patrimonio de las personas que viven, y tienen implicaciones contemporáneas complejas con dicho patrimonio y la relevancia de este en sus vidas diarias” (Atalay 2006:283). El argumento académico es que para alcanzar una arqueología ética, se tiene que cerrar el espacio entre la teoría y metodología científica de la arqueología, y los intereses y necesidades actuales de las comunidades locales donde se lleva a cabo el proyecto arqueológico. La creencia es que tal compromiso democratiza la práctica de la arqueología al beneficiarse mutuamente del proyecto y las comunidades interesadas (Castañeda y Matthews 2008; Colwell-Chanthaphonh y Ferguson 2008; Edgeworth 2006; McGuire 2008; Meskell 2002; Mortensen y Hollowell 2009; Wylie 2008).

La colaboración entre los proyectos arqueológicos y las comunidades locales pueden potencialmente beneficiar no solo a la población de los alrededores, sino también a los intereses de los arqueólogos, desde establecer mejores interpretaciones de los datos, hasta una protección más efectiva de los restos arquitectónicos, monumentos únicos, y los artefactos más comunes. Con frecuencia, el daño y la destrucción del patrimonio prehispánico pueden estar relacionados a la privación de los derechos de las comunidades locales, a un pasado distante, y la ausencia de un diálogo sobre el significado y valor de los restos arqueológicos. A través del involucramiento de miembros claves de una comunidad local en la investigación arqueológica, los enlaces entre agrupamientos de piedra y su valor histórico pueden ser fortalecidos. Animar a los locales a ser mayordomos de su pasado, o de la historia pasada del terreno en el que viven actualmente contribuirá a la protección y la preservación a largo plazo de los restos arqueológicos (McAnany y Parks 2012).

Las actitudes y preocupaciones expresadas durante el cabildo abierto en Copan dejaron muy en claro la necesidad de poner en práctica estas tendencias recientes de la arqueología académica. Afortunadamente, Landau tuvo la oportunidad de configurar un nuevo proyecto arqueológico que podía tomar en cuenta los comentarios constructivos del cabildo abierto; estaba ya en el proceso de formar una propuesta de investigación, y de aplicar a becas para su tesis doctoral. También, Fredy Rodríguez-Mejía, un antropólogo Copaneco, estaba a punto de comenzar su investigación de tesis doctoral. Juntos, formaron una propuesta para llevar a cabo un programa de intercambio bi-direccional de conocimiento como el esqueleto del proyecto arqueológico. Exactamente un año después del cabildo abierto, se empezó a instituir el programa, apoyado por la ONG Patrimonio Indígena: Del pasado al Presente (dirigido por la Dra. Patricia McAnany).

En los siguientes párrafos, los autores describen el programa y las actividades que se llevaron a cabo con los estudiantes de un colegio ubicado dentro del área de investigación arqueológica. El proyecto arqueológico estudia las relaciones políticas y económicas entre el centro de Copan y los barrios periféricos que lo rodean. La investigación está enfocada en el barrio antiguo de San Lucas, que es delimitado por el Río Copan al norte, dos quebradas a los lados, y las montañas al sur (Fig.1). Este barrio de 800 m cuadrados contiene 33 conjuntos arquitectónicos (probablemente las residencias de familias extendidas), la Hacienda San Lucas (hoy, un hotel y restaurante), y dos barrios de la ciudad moderna de Copan Ruinas (Fig.2). Los autores discuten algunas de las sorpresas y dificultades de su trabajo con el colegio ubicado en el barrio de San Rafael, sus interpretaciones preliminares, y las metas para el futuro.

El programa de intercambio bi-direccional de conocimiento
Los autores esperan que el programa de intercambio bi-direccional mejore las relaciones entre los residentes del pueblo, los arqueólogos académicos, y el IHAH a través de la enseñanza de los principios básicos de la antropología a los miembros jóvenes de la comunidad, y su involucramiento en un proyecto arqueológico abarcando las excavaciones así también como los análisis de laboratorio y la diseminación de los resultados y las interpretaciones. La integración de investigación con la educación puede ser un proceso emancipador que democratiza conocimiento (Atalay 2006; McAnany y Parks 2012).

Los autores comenzaron a colaborar con los directores del Colegio San Rafael en su nueva carrera de formación y promoción social. Uno de los requisitos de la carrera es completar una asignatura en antropología que dura un año, pero ninguno de los maestros había recibido entrenamiento en la asignatura. Por lo tanto, Rodríguez-Mejía y Landau desarrollaron un currículo antropológico a nivel de colegio para 20 jóvenes estudiantes (diez chicos y diez chicas de edades comprendidas entren 16-25). Como ejemplos de currículos del nivel de colegio, se consultaron tres fuentes: (1) el Intercambio de Materiales de Enseñanza de la Asociación Antropológica Americana; (2) la directora y los facilitadores de una ONG anterior que promovió el aprendizaje del patrimonio a través del arte (Arte Acción Copan Ruinas), y (3) el programa oficial de antropología (del año 1980), publicado por La Secretaria de Estado en el Despacho de Educación Pública. Se trató de incluir una mezcla de charlas de PowerPoint con actividades prácticas, y viajes afuera de escuela. También, como Copan es un destino no solamente para turistas sino también para arqueólogos, astrónomos, misioneros, y trabajadores de desarrollo, se intentó aprovechar la presencia de expertos afuera de nuestros planes, y fueron invitados a dar charlas y ponencias sobre su trabajo.

Una semana antes de presentar este trabajo, Landau y Rodríguez-Mejía terminaron con el primero de dos semestres, ó 23 clases, una vez cada semana por 2 horas desde febrero. Durante el segundo semestre, los estudiantes participarán en las excavaciones del proyecto arqueológico. Aquí se hablará de las lecciones y actividades más exitosas del primer semestre:

Ejemplos de lecciones y actividades
1. Viaje a Escuela Guacamaya. Los autores impartieron lecciones básicas de métodos de etnografía a los estudiantes llevando a cabo prácticas interactivas de entrevistas personales, observación participativa y notas generales de campo dentro del aula de clases. Una vez que los estudiantes practicaron los diferentes métodos entre ellos mismos, se organizó un viaje hacia una escuela de español local (Escuela Guacamaya) donde el propietario permitió a los jóvenes trabajar con los estudiantes extranjeros. A cada estudiante extranjero se le asignó dos estudiantes del Colegio San Rafael para llevar a cabo una breve entrevista acerca de las experiencias de los estudiantes visitantes en el área de Copan. Un tercio de los estudiantes se encargaron de llevar a cabo observaciones participativas y el resto se encargó de tomar notas de campo generales. Los estudiantes recibieron esta experiencia con mucho entusiasmo, ya que la mayoría de ellos jamás había conversado tan cercanamente con miembros de otra cultura. Al final los estudiantes entregaron ensayos detallados describiendo sus experiencias personales y reflexiones acerca del ejercicio. Muchos alumnos comentaron que esta actividad fue su favorita del semestre.

2. Patrimonio Cultural. Los estudiantes visitaron el Centro Regional de Investigaciones Arqueológicas (CRIA) para recibir un seminario de Patrimonio Cultural impartido por el Lic. Salvador Varela, gerente del Parque Arqueológico Copan. En el seminario los estudiantes aprendieron significativamente acerca de la historia de la arqueología en el Valle de Copan y otras regiones de Honduras. Varela se enfocó particularmente en enseñarle a los estudiantes a entender los diferentes significados del patrimonio cultural y como usar dichos conocimientos para desarrollar una noción nacional y cultural de la identidad. La mayoría de los estudiantes no sabían de la existencia de CRIA o jamás en su vida habían visto la extensa y meticulosamente organizada colección de artefactos. Uno de los estudiantes le comentó a Landau que pensaba que era injusto que los arqueólogos extranjeros tuvieran la oportunidad de trabajar en el CRIA todos los días, mientras que la mayoría de los hondureños ni siquiera tienen permiso de entrar. Como un gesto de apoyo para la educación arqueológica y las metas de este proyecto, el Lic. Varela firmó carnets para cada uno de los estudiantes. Aunque no pueden tener acceso al CRIA sin la compañía de un profesional, tienen acceso gratuito al Parque Arqueológico Copan, y, en el futuro, al sitio activo de excavación del barrio San Lucas.
3. Talleres Comunitarios. Además de la pedagogía académica los estudiantes participaron en dos talleres comunitarios donde se reunieron miembros del barrio de San Rafael para discutir las dinámicas sociales de la comunidad, sus concepciones de la identidad comunitaria, y las percepciones de la gente acerca de los proyectos arqueológicos así también como el Parque Arqueológico Copan. A través de estos talleres se observó que los miembros de esta comunidad se sentían desligados o sabían muy poco acerca de las actividades arqueológicas llevada a cabo en sus alrededores. A partir de este taller inicial se dio cuenta de la necesidad de invitar a miembros de la comunidad a formar parte de discusiones más creativas e interactivas por medio de las cuales puedan aprender más acerca de los proyectos arqueológicos llevados a cabo en su territorio. Los estudiantes están animados a compartir las actividades del colegio con sus familias y después de terminar las excavaciones se invitará a las familias de los estudiantes a formar parte de una visita al sitio para abrir un espacio informal donde se puedan intercambiar y compartir conocimientos.

Sorpresas y dificultades
Aunque las clases con los estudiantes han sido muy exitosas y divertidas, como todos los proyectos que involucran a comunidades locales, se encuentra algunas sorpresas y dificultades. Tal vez la meta más difícil fue comunicarse efectivamente y de forma clara con los estudiantes: aunque Landau ha aprendido su castellano en Copan, no es su idioma nativo, y aún está aprendiendo la amplia gama de palabras locales y de origen Maya que son endémicas de la comunidad de Copan. Por consiguiente dedicó mucho tiempo a la explicación de diferentes conceptos para asegurarse que los estudiantes entendieran las ideas a fondo. Por ejemplo, para explicar cómo las tradiciones orales se transforman a través del tiempo, se implementó el juego de “teléfono”, donde formando una cadena de estudiantes se transfirieron mensajes desde el primer estudiante en la fila hasta el último para ver cómo las palabras cambiaban en el proceso. Se aprendió la importancia de actividades prácticas para ejemplificar conceptos abstractos, que a Landau se le hizo difícil explicar efectivamente al principio. Sin embargo, el trabajo en equipo con Rodríguez-Mejía, que es nativo de Copan, y las conversaciones con los estudiantes ayudó a entender la razón por la cual algunos temas adquirieron más valor para los estudiantes. Al diseñar las charlas y ejercicios en torno a la importancia cultural para los estudiantes, ellos mostraban más entusiasmo y se les facilitaba más al entender específicos temas.
Otro desafío que se encontró fue el establecer un estilo de comunicación transparente con los directores de la escuela. Por ejemplo, hasta hace una semana no se sabía que los estudiantes tenían que realizar una “práctica” de tres meses durante su segundo semestre. Debido a que el proyecto arqueológico solamente dura cuatro meses y ya se completó el primer mes, fue complicado agregar las excavaciones a la agenda de los estudiantes. Con suerte se logró discutir con los directores el conflicto de agenda y cambiaron las fechas de la práctica. También, en vez de participar en el proyecto arqueológico durante la clase como estuvo programado, los alumnos llegarán al sitio los sábados. Aunque la comunicación abierta puede representar una dificultad en programas de este tipo, siempre se pueden encontrar soluciones efectivas debido al deseo de colaboración de parte de aquellos involucrados ñen el proyecto.

En conversaciones sobre la publicidad del proyecto arqueológico, y como atraer turistas a la Hacienda San Lucas, se le sugirió a Landau no promover el proyecto públicamente, a través del inteñrnet o tours abiertos. Hasta que el proyecto tenga vigilancia 24 horas al día, siete días a la semana, y 365 días al año, la publicidad sería una mala idea debido al riesgo de saqueo. La prevención de saqueo a través de la educación y la promoción del manejo y protección de restos arqueológicos es un proceso largo (quizás de décadas) e indirecto. Cualquier atención arqueológica a las ruinas en las faldas de Copan es bastante evidencia que estos restos pueden ser saqueados. Una arqueología más abierta y democrática exige la participación y colaboración de comunidades locales, pero al mismo tiempo, la participación y colaboración de comunidades locales introduce un elemento de riesgo para las ruinas. Aunque, y debido a, el involucramiento de la comunidad local, el sitio arqueológico está en peligro de saqueo. Por ende se corre el riesgo de caer en un círculo vicioso, donde el involucramiento local podría ayudar y/o podría dañar la integridad de los restos arqueológicos. Para este proyecto, hubieron dos opciones: (1) emplear vigilantes para cuidar el sitio desde el primer tour comunitario, y para las próximas décadas, o (2) cancelar los tours para toda la comunidad, seguir solamente con los estudiantes y enfatizar la excepcionalidad de su acceso. Debido a la realidad de fondos limitados, se optó por el número dos. En el área Maya y Centroamérica en general, donde la venta de artefactos y escultura ha sido y sigue siendo un trabajo lucrativo para algunos, existe la necesidad de equilibrar la participación local con el riesgo de saqueo; vale la pena.

Trabajo en el futuro
Después del 15 de agosto, cada sábado los alumnos se unirán al equipo arqueológico en el campo. Para empezar, cada semana aprenderán una lección sencilla, por ejemplo, cómo hacer un pozo de 2 x 2 m exactos, y los estudiantes la practicarán. Después de las lecciones más básicas, los estudiantes se convertirán en “aprendices” de los excavadores más experimentados y los otros trabajadores involucrados en el proyecto. Los excavadores con 30-40 años de experiencia se encargarán de enseñarles detalladamente los procedimientos de excavación directamente a los alumnos jóvenes, también valorizando y preservando el conocimiento del proceso de excavación. Aprenderán cómo identificar cerámica, obsidiana, y pedernal por medio del tiempo que pasen con los ayudantes. Los dibujantes del proyecto también les mostrarán los métodos y técnicas de dibujo en el campo y en el laboratorio. El proyecto está en el proceso de colaborar con el IHAH para crear un certificado o un diplomado de graduación. El segundo año de la carrera de antropología en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en Tegucigalpa, ha sido exitoso, y es una esperanza que mas asistirán en el futuro.

En noviembre, hacia fines del año escolar del colegio y después de las excavaciones terminadas, los alumnos presentarán una ponencia acumulativa sobre la clase, y especialmente lo que han aprendido a través de su participación en las excavaciones. Más temprano este año, el colegio recibió en donación dos computadoras con Microsoft Office, y ya han comenzado a aprender y hacer presentaciones de Power Point. La ponencia se programará en la municipalidad durante una tarde, y será abierta para el público en general. Todavía se está discutiendo si es apropiado y seguro de proveer a el público informes oficiales del proyecto arqueológico en un lenguaje sencillo.

Conclusiones
El proyecto arqueológico espera generar oportunidades de aprendizaje y educación a través de la práctica científica de la arqueología para los jóvenes de San Rafael. A través de su participación en clases y varias actividades prácticas del proyecto arqueológico, los alumnos aprenderán no solamente la teoría y los métodos de la antropología, sino también el acercamiento hipotético-deductivo y el razonamiento basado en evidencia. De esta manera, la arqueología puede convertirse en un medio para abrir nuevas oportunidades y formas de pensar para los jóvenes hondureños. Oportunidades como éstas podrían generar un mejor involucramiento en el ámbito colegial y el deseo de asistir a la universidad, y al mismo tiempo expandir el conocimiento de los estudiantes acerca de sus raíces y el pasado antiguo.

Debido a que el proyecto arqueológico se enfoca a la escala del barrio, se espera que el diálogo informal con miembros del barrio de San Rafael cree nuevas formas de pensar acerca de su pasado y el paisaje natural que habitan. La simple presencia de un proyecto internacional en las ruinas afuera de la zona designada por la UNESCO le da importancia a las áreas no-monumentales que los arqueólogos han pasado por alto históricamente.

La implementación del programa de intercambio bi-direccional no solamente enfatiza la importancia de la conservación del patrimonio arqueológico de Copan, sino también creará aperturas de éxito académico para la juventud al nivel universitario. Al animar a este sector de hondureños a que se convierta en reconocidos mayordomos de la investigación y protección de su propio patrimonio, es un esfuerzo para corregir décadas de malentendidos finalmente expresados en el cabildo abierto y comenzar este proyecto como modelo de una nueva forma de practicar la arqueología en Copan y en otros lugares.

Agradecimientos
Se agradece a la Universidad Northwestern y a la Universidad Estatal de Michigan, y especialmente al Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) por el permiso y colaboración en este trabajo arqueológico y comunitario. Esta investigación fue posible gracias al apoyo del programa de Intercambio Bi-direccional de Conocimiento a través de InHerit: Passed to Present, y la NSF Doctoral Dissertation Research Improvement Grant (No. 1330995). También agradecer a Edgar Rodas y Carolina Álvarez, directores del Colegio San Rafael, quienes han sido colaboradores indispensables. A La Escuela Guacamaya, Lic. Salvador Varela (IHAH), Norman Martínez (IHAH), Mauricio Rodríguez (Ass. de Guías), Arte Acción Copan Ruinas y Carin Steen, Don César Rivera y su familia, Lizzette Soto, el Museo Casa Kínich y Londin Velásquez, Profesora María Cristina Pineda de Carias (UNAH), y Roberto Ramírez quienes participaron y colaboraron con entusiasmo con este programa.

Referencias
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Fig.1: El Valle de Copan con el Barrio Antiguo de San Lucas (mapa por Kristin Landau, digitalizado por Heather Richards-Rissetto 2010, de Fash y Long 1983).

Fig.2: Mapa del Asentamiento en el Barrio Antiguo de San Lucas con Rasgos Modernos (mapa por Kristin Landau, digitalizado por Heather Richards-Rissetto 2010, de Fash y Long 1983).