Asociación Tikal

004 Museos de sitio, oportunidad para poner en valor nuestra herencia cultural y contribuir en la construcción de una identidad. Liwy Grazioso Sierra – Simposio 27, 2013

Descargar este articulo en formato PDF

004 Museos de sitio, oportunidad para poner en valor nuestra herencia cultural y contribuir en la construcción de una identidad.

Liwy Grazioso Sierra

XXVII Simposio de Investigaciones
Aqueológicas en Guatemala
Museo Nacional de Arqueología y Etnología
22 al 26 de julio de 2013
Editores
Bárbara Arroyo
Luis Méndez Salinas
Andrea Rojas

Referencia:
Grazioso Sierra, Liwy
2014 Museos de sitio, oportunidad para poner en valor nuestra herencia cultural y contribuir en la construcción de una identidad. En XXVII Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2013 (editado por B. Arroyo, L. Méndez Salinas y A. Rojas), pp. 61-69. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

Museos de sitio, oportunidad para poner en valor nuestra herencia cultural y contribuir en la construcción de una identidad
Liwy Grazioso Sierra
Palabras clave
Guatemala, Museo de sitio, identidad.

Abstract
The number of Site Museums around the World have increased. The reasons for their creation are as diverse as the goals they want to achieve. Apart from the motivation behind their creation, these Museums are a great opportunity to properly value the history in the same place where that history was generated and developed. They are also, an opportunity to make a contribution to construct an identity. Past and Present together building up the Future. This is the idea of a Site Museum. We’ll present Miraflores Museum and its challenge to become again the mirror of Guatemala City’s Precolumbian Past and the link with the new generations.

 

En la actualidad se ha incrementado el número de museos de sitio en todo el mundo. Tan diversas han sido las razones para crearlos como el propósito al cuál obedecen. Independiente de la motivación que llevó a su existencia, estos museos son una oportunidad de poner en valor la historia y la herencia cultural en el propio lugar en donde se generó y se desarrolló dicha historia, proporcionándoles un cariz especial que puede aprovecharse no sólo para preservar el lugar y transmitir conocimientos sino también para educar y para inculcar un sentimiento de identificación con el pasado que genere orgullo.

Cuando se conoce algo se puede apreciar y es entonces cuando se puede apropiar y sentirlo “propio”. Los museos de sitio no deben ser pasivos ni espacios inertes que conserven objetos tan sólo para ser admirados, deben ser espacios dinámicos que muestren el vínculo del pasado con el presente. Además, sus colecciones son fuente constante de información. No hay que perder de vista el potencial que encierran y estar a la vanguardia respecto a los adelantos científicos. Es cuestión de estar actualizados y de evaluar y reevaluar con frecuencia las colecciones pues afortunadamente siempre tienen algo nuevo que decir.

La cultura es algo cambiante y en constante transformación, por lo tanto la definición de museo ha evolucionado a lo largo del tiempo en función de los cambios que han tenido las sociedades. De acuerdo con el Consejo Internacional de Museos ICOM, un museo es una institución permanente, sin fines de lucro, al servicio de la sociedad y abierta al público, que adquiere, conserva, estudia, expone y difunde el patrimonio material e inmaterial de la humanidad con fines de estudio, educación y recreo (ICOM 2007).

Museos de sitio
Un museo de sitio (site museum en inglés, musée de site en francés) se concibe como la instalación que se ubica sobre o en el entorno de un yacimiento, para conservar y exhibir los materiales arqueológicos hallados; facilitar información complementaria sobre el yacimiento y proporcionar una explicación del mismo. ICOM los define como “un museo concebido y organizado para proteger un patrimonio natural y cultural, mueble e inmueble, conservado en su lugar de origen, allí donde este patrimonio ha sido creado o descubierto” (ICOM 1982).

Este tipo de museos se explica dentro de la concepción de la museología como ciencia del patrimonio. En todo el mundo se está llevando a cabo un fenómeno, el de la “puesta en valor del patrimonio” cuyo objetivo final es la conservación y presentación in situ del patrimonio cultural y natural para que pueda ser comprendido y disfrutado por un público cada día más amplio. Sus exhibiciones relacionan a los sitios patrimoniales con su entorno (Hernández 2007).

El término museo de sitio implica la existencia del mismo en un lugar específico, ya sea éste arqueológico, histórico o ecológico. Estos museos pueden darse en cualquier lugar que “por su interés ecológico, sociológico, científico e, incluso, por el testimonio que da sobre la cultura y la historia de una comunidad humana, forma parte del patrimonio natural o cultural de dicha comunidad, ya sea local, regional, nacional e internacional” (ICOM 1982).

De ahí que pueda hablarse de una diversidad de museos de sitio, siendo el propio Informe del ICOM quien destaque los de carácter ecológico, etnográfico, histórico y/o arqueológico. Se pueden añadir otros no contemplados en el informe como los de patrimonio industrial y los de arte, incluyendo en estos últimos las intervenciones de algunos artistas contemporáneos en la naturaleza, como algunos museos/parques que consisten, por ejemplo, en “parques de esculturas”. También casas o edificios en manos de particulares en donde sucedieron eventos históricos importantes, aunque no necesariamente estén abiertos o estén sólo parcialmente abiertos al público pero cuyas colecciones son ampliamente conocidas y están registradas, ejemplo la casa de León Trotsky en la Ciudad de México.

La adecuación de un sitio patrimonial para su visita al público exige la elaboración de un proyecto integral y un plan de manejo donde se tenga en cuenta la investigación, conservación, exposición y comunicación. Es necesario elaborar un discurso museográfico y desarrollarlo espacialmente, comunicar la información relevante y contextualizarlo dentro del paisaje y la historia actual de ese mismo lugar. Presentarlo no como algo pasado y pasivo sino establecer su conexión con el acontecer actual del entorno.

De aquí que cualquier proyecto de estas características ha de ser el resultado de una investigación seria y rigurosa. En la elección del sitio, debe imperar el valor histórico, artístico y científico sobre cualquier interés puramente político y/o económico. Se debe evitar la proliferación de museos de esta naturaleza pues de lo que se trata es de conservar el valor patrimonial de ciertos lugares especiales. Países como Italia, Inglaterra y Francia cuentan con una larga tradición en este sentido. Un estudio reciente (Roy 2005) analiza la evolución que este tipo de museos de sitio, de carácter arqueológico, ha tenido en Francia, que es muy similar a como se ha dado en otras partes del mundo.

Uno de los primeros países en tener museos de sitio fue La India, Sir John Marshall inició con la inauguración del museo local de Sarnath en 1905, le siguió Agra (1906), Ajmer (1908), el Fuerte Delhi (1909), Bijapur (1912), Nalanda (1917) y Sanchi (1919). En la actualidad cuenta con 44 museos de sitio (ASI 2013).

El concepto de museo de sitio está muy bien elucidado por Harold Hargreaves, quien fuera director del Archaeological Survey of India (ASI, equivale al IDAEH). La política del gobierno de La India ha sido la de mantener a los objetos pequeños y muebles recuperados de los sitios antiguos, en asociación cercana con los restos a los que pertenecen y al lugar en que se encontraron, para que puedan ser estudiados en su entorno natural y no se pierda el enfoque al ser transportados a otro lugar. El fin principal es descontextualizar lo menos posible a los objetos. En 1946 Mortimer Wheeler creó una rama especial de museos en ASI. Al año siguiente, después de la independencia de la India se dio una proliferación de museos de sitio pertenecientes a ASI (Cameron 2005 y ASI 2013).

En América se tiene el ejemplo de México, cuyo primer museo de sitio fue en Teotihuacan. Este fue inaugurado en la segunda década del Siglo XX en el edificio que se conoce como “La Casa Gamio”, hoy Museo Manuel Gamio y en donde actualmente se encuentra el Centro de Estudios Teotihuacanos. Teotihuacan cuenta con dos museos de sitio más, abiertos a finales del Siglo XX. El Museo de Sitio de Teotihuacan, con una amplia colección arqueológica y el Museo de los murales teotihuacanos Beatriz de la Fuente. En la década de 1940 se construyeron los museos de sitio de Tula (Hidalgo) y Cuicuilco (Ciudad de México) y en 1953 los de Tepexpan y Palenque (Rubín de la Borbolla 1949 y 1953; Morales 1994). A partir de entonces México cuenta con museos de sitio en la mayoría de zonas arqueológicas abiertas al público.

En Guatemala el primer Museo de sitio es el Museo Arqueológico de Tikal Sylvanus Griswold Morley, ubicado dentro del Parque Nacional Tikal. Su concepción inició en febrero de 1961, como una necesidad de tener un lugar adecuado donde se pudieran exhibir las piezas encontradas por el Proyecto Tikal del Museo de la Universidad de Pensilvania pero no se concretizó sino hasta 1964. Se formó el Comité Pro-Museo Tikal, para recaudar fondos para construir un edificio adecuado para la exhibición y estudio de los artefactos. El museo se abrió al público el 18 de febrero de 1964 y ese mismo día el Comité hizo entrega del Museo al Gobierno de Guatemala a través de IDAEH (MuseosCentroamericanos.net). El Museo cuenta con una reproducción del Entierro 116, encontrado en el Templo 1 (Gran Jaguar).

En la actualidad Guatemala cuenta con varios museos de sitio, entre ellos el Museo Miraflores que es el primer museo de sitio en la Ciudad Capital y se ubica en un área de lo que fuera la antigua metrópoli de Kaminaljuyu (Figs. 1, 2 y 3). En 2012 se abrió un nuevo museo de sitio en el Parque Arqueológico Kaminaljuyu. Su colección se compone principalmente de reproducciones de piezas arqueológicas y de fotografías.

Identidad cultural e identidad nacional
Algo que se debe aprovechar en los museos de sitio es establecer el vínculo del pasado con el presente y contribuir a la identidad cultural y la identidad nacional. Términos distintos pero estrechamente relacionados.

“La identidad cultural de un pueblo viene definida históricamente a través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura, como la lengua, instrumento de comunicación entre los miembros de una comunidad, las relaciones sociales, ritos y ceremonias propias, o los comportamientos colectivos, esto es, los sistemas de valores y creencias” (González-Varas 2005).

“Un rasgo propio de estos elementos de identidad cultural es su carácter inmaterial y anónimo, pues son producto de la colectividad. Precisamente por ello el ‘monumento histórico’ es especialmente eficaz como condensador de estos valores, es decir, por su presencia material y singular: frente al carácter incorpóreo de los elementos culturales citados, el ‘monumento’ es, por el contrario, un objeto físicamente concreto que se reviste de un elevado valor simbólico que asume y resume el carácter esencial de la cultura a la que pertenece; el ‘monumento’ compendia las preeminentes capacidades creativas y testimoniales de esa cultura. El reconocimiento de ese valor, hasta el punto de identificar a una cultura por el conjunto de sus monumentos fue un proceso arduo y prolongado que, (…), culminó en el siglo XIX. Sin embargo, esta identificación de una determinada cultura o civilización con sus monumentos llevó a postergar el interés por una multitud de objetos dotados de una capacidad documental, más o menos compleja, como testimonios de cultura, y, como tales, igualmente insustituibles. La necesidad de superar, o completar, el concepto de ‘monumento’ para lograr una noción más amplia que integrara a todos estos objetos hasta entonces relegados ha dado lugar a la formulación y desarrollo, durante la segunda mitad del siglo XX, del concepto moderno de ‘bien cultural’ ” (González-Varas 2005).

La Identidad Nacional es una conciencia social que da sentido de equivalencia y pertenencia del individuo y su comunidad con el Estado Nacional, y se diferencia de otros Estados, afirmando su unión o independencia ante otras comunidades, en función de rasgos específicos. La fuerza integradora fundamental de esta unión es su historia común, reforzada mediante estructuras políticas, económicas y sociales.
Puede definirse también como “La sensibilidad afectivo-emocional que produce el apropiarse del pasado, del presente y del futuro de una nación; el correr su misma suerte histórica y que pudiera describirse como orgullo de ser parte de esas experiencias colectivas de la cultura y de la vida en grupo, sean positivas o negativas y de expresarlas como un conjunto de actitudes de solidaridad y de lealtad a los símbolos de la unidad colectiva del grupo nacional” (Béjar Navarro 2007).
Leopoldo Zea establece que: “Todos los pueblos, en la medida en que se transforman en naciones, van buscando la definición de su cultura, que es la definición de su personalidad”. Es preciso señalar que la integración de un pueblo requiere de la unidad territorial, que implica el desarrollo de un sentimiento de comunidad y de la identificación entre sus pobladores; todos ellos aspectos fundamentales de la identidad nacional (Zea 1981).

La nación está representada por el sentimiento de pertenencia que un individuo (y con él todos los que forman parte de su comunidad) puede tener hacia determinadas prácticas, tradiciones, formas de pensar, estructuras culturales y religiosas, etc. La nación se representa también a través de numerosos símbolos que pueden ser bien concretos al mismo tiempo que abstractos (aquellos que se encuentran en el imaginario común de las personas) (Ibíd.).

El Museo Miraflores, se encuentra en un lugar privilegiado, se ubica sobre los vestigios de la antigua ciudad de Kaminaljuyu, una de las capitales Mayas más importantes del mundo precolombino. Sin embargo, no todos los guatemaltecos saben que existen vestigios de Kaminaljuyu a simple vista en varias partes de la ciudad y mucho menos saben sobre su historia antigua. ¿Cuántos han pasado toda la vida frente al acueducto de la zona 13 y 14 sin tener idea de que la parte inferior es un montículo prehispánico? ¿Cuántos van al cine o de compras al Centro Comercial Miraflores y no han visitado el Museo Miraflores? Muchos. Aunque parezca mentira. No se tocarán los motivos por los cuáles muchos guatemaltecos desconocen lo que hay en la ciudad. La historia y la cultura nunca han sido el principal atractivo para esta sociedad, pero eso puede cambiar si se crea un sentimiento de pertenencia, conocer lo que es propio y transformarlo en motivo de orgullo. Tanto los restos de cultura material que se conservan como el lugar mismo, de alguna manera jugaron un papel en lo que se es hoy.

En la actualidad el Museo Miraflores, se desvió y apartó de lo que debería ser, y no ofrece el discurso adecuado de un museo de sitio, que es el origen y la razón de ser de este museo. Buena parte de la colección que exhibe son piezas ajenas a Kaminaljuyu. Se puede decir que con el tiempo, se llegó a exponer casi tantas piezas de las Tierras Bajas como de las Tierras Altas por lo que se desvió del camino que se le había trazado originalmente. Como Museo de sitio la idea es exhibir piezas de Kaminaljuyu y el área circunvecina. Poner en valor el lugar en donde se encuentra, ya que junto con el Parque Arqueológico de Kaminaljuyu, en la zona 7, es de los pocos lugares que cuenta con montículos protegidos. La ciudad de Guatemala está situada precisamente sobre Kaminaljuyu y de allí la importancia que cobra el Museo Miraflores como lugar en el que el visitante va a encontrar los objetos pertenecientes a ese sitio particular y de allí la responsabilidad de proporcionar un discurso en el cuál pueda apreciar lo que era la gran Kaminaljuyu dentro del contexto mesoamericano.

Una de las tareas inmediatas es devolver al Museo Miraflores su intención original y que las exhibiciones se conformen principalmente de piezas de Kaminaljuyu y del área de influencia de este sitio, especialmente del altiplano guatemalteco. A diferencia del Museo Sylvanus G. Morley, que se creó por la necesidad de resguardar y exhibir las gran cantidad de piezas encontradas por el Proyecto Tikal, los objetos recuperados por el Proyecto Miraflores no son tan abundantes y, como ocurre en la mayoría de proyectos, los artefactos que se encontraron no todos tienen las cualidades estéticas que se espera encontrar en un museo por lo que muchas piezas, a pesar de la valiosa información que proporcionan son relegadas y una vez estudiadas pasan a engrosar los acervos, muchas veces olvidados, de las bodegas.

Se debe aclarar que para ser un museo de sitio no es necesario que todas las piezas se hayan encontrado in situ, pueden provenir o no de ese lugar, y las exposiciones pueden enriquecerse con otras piezas asociadas con el lugar o con los temas del discurso museográfico, también pueden haber copias de piezas originales y por supuesto estar complementado con material escrito y visual explicativo.
Otro factor importante es la autenticidad de las piezas. Se debe tener el cuidado de que las piezas que se exhiben sean auténticas, ya que cuando se expone una pieza en un museo, de alguna manera, se le legitima.

Lamentablemente la mayoría de museos cuentan con artefactos de dudosa procedencia, es decir, en sus colecciones hay artefactos que no son producto de excavaciones arqueológicas controladas. Las colecciones particulares se componen de piezas encontradas y recolectadas por los propios coleccionistas, pero la gran mayoría son piezas compradas, producto de excavaciones ilegales. No está de más recordar que el tráfico y comercialización del patrimonio cultural constituye un delito.
Pero para los fines de esta presentación el problema de las colecciones que se reciben como préstamo o en donación tienen piezas falsas que una vez forman parte del acervo pueden ser fácilmente exhibidas si no se tiene el cuidado de ir discriminando desde un principio los materiales originales de los que no lo son.

La compra de objetos induce a la destrucción y al saqueo de los sitios arqueológicos, y estimula la falsificación de objetos pues resulta muy buen negocio. En las colecciones particulares hay un gran porcentaje de piezas falsas que pasan a los museos cuando dichas colecciones son donadas o prestadas. Es muy importante que en los museos se exhiban piezas originales y si se van a incluir reproducciones, éstas deben ser de buena calidad.

Otro aspecto es que las colecciones de los museos son una fuente constante de información. Las piezas no son objetos pasivos e inertes, son producto de la mano del hombre, en un lugar y en un momento dado y es importante descubrir sus secretos.

A continuación dos ejemplos de piezas que han estado en exhibición permanente en el Museo Miraflores por años y de las que hay algo nuevo que decir. Esta vasija, de las que hay varias en la colección y que también están presentes en la mayoría de museos con colecciones Mayas, han sido descritas como vasijas con “asa vertedera”, refiriéndose a la descripción de la función que pudo haber tenido esta protuberancia, que es un rasgo común en muchas vasijas del Preclásico Medio, Preclásico Tardío y Protoclásico (Fig.4). De acuerdo con algunos estudios efectuados en vasijas de este tipo encontradas en Belice, una vez analizado su contenido y determinado que éste se trataba de residuos de cacao o chocolate, Powis y otros, proponen que esta “asa-vertedera” pudo haber servido como una boquilla para soplar y mantener a la bebida espumeante (Powis et al. 2002). A pesar de que la propuesta ha sido ampliamente aceptada, en algunos casos sí se les menciona como vasijas chocolateras pero todavía no se muestra junto con estas piezas una indicación o sugerencia del posible uso para el asa-vertedera.

Además, es curioso que este tipo de vasijas “chocolateras” se encuentren principalmente en el área Maya y también en la Huaxteca, área situada en el norte de Mesoamérica. No hay que olvidar que los huaxtecos, que viven en el sur de Tamaulipas, San Luis Potosí y norte de Veracruz son hablantes de Tenek, y el Tenek es una lengua Maya. Todo esto genera nuevas ideas y posibilidades de investigación.

Se han encontrado también algunas vasijas con “asa vertedera” en el área zoque, que es aledaña al área Maya, y algunas en Oaxaca (Lynneth Lowe 2013, comunicación personal) pero es una forma diagnóstica de la cerámica del periodo Preclásico y Protoclásico en el área Maya. Se sabe que la manera en que los indígenas hacen espumeantes a las bebidas de chocolate es vertiendo el chocolate de un recipiente a otro, dejándolo caer desde cierta altura para que produzca espuma. Sería interesante analizar las posibles causas por las cuales este modo en la cerámica no continuó y se produjo exclusivamente durante este periodo específico. Si bien fue un atributo muy común y difundido durante el Preclásico, no continuó después de la gran ruptura del Protoclásico. Los artefactos arqueológicos resguardados en los museos son gran fuente de información y las interrogantes que presentan, una motivación permanente para reevaluar a las colecciones con frecuencia.

Lo que consiste en el hallazgo más reciente, es la identificación de este artefacto, que si bien su función aún es desconocida, se tenía sólo como un objeto de madera sin identificar, y ahora se sabe que se trata de una semilla de corozo (Fig.5). Este objeto fue encontrado en un entierro de Kaminaljuyu, dentro del perímetro de Miraflores, y se preservó debido a que se encontró recubierto de cal. La identificación de esta pieza como semilla de corozo es importante pues es el único artefacto elaborado en una semilla de palma reportado hasta el momento. Además se trata de un objeto importado ya que este tipo de palma, el corozo, sólo se da en lugares húmedos y cálidos como las Tierras Bajas Mayas y la Costa Sur. Esta identificación proporciona la oportunidad de plantear hipótesis y de repensar acerca del uso de materiales orgánicos como materia prima para la elaboración de artefactos y brinda también la posibilidad de proponer usos distintos a los que tradicionalmente se le han atribuido al corozo.

Comentarios finales
Como se puede observar las colecciones encierran un potencial de información enorme, aunque hayan estado a la vista por muchos años las posibilidades de encontrar algo nuevo o de ver algún aspecto diferente en ellas, son infinitas.
Los museos de sitio además, de sus colecciones, tienen como valor adicional el lugar en donde se encuentran.

Retomado aspectos de las definiciones que se mencionó con anterioridad, se puede decir que la identidad cultural está definida históricamente a través de múltiples aspectos en los que se plasma su cultura, como la lengua, las formas de preparar y servir los alimentos, las relaciones sociales, ritos y ceremonias propias, o los comportamientos colectivos, las creencias y los sistemas de valores, y que un rasgo propio de estos elementos de identidad cultural es que son producto de la colectividad.

En este caso, Guatemala que es un país multiétnico y pluricultural, donde se hablan más de 20 idiomas distintos, resulta muy difícil hablar de una identidad que vaya más allá de un grupo inmediato y de la comunidad. Pero no hay que olvidar que como guatemaltecos se comparte el mismo espacio geográfico, delimitado por sus actuales fronteras políticas; se usa la misma moneda y se tiene que vivir de acuerdo con las normas y leyes vigentes, que se quiera o no, dan cierta unidad. Como sociedad se enfrentan los mismos problemas y se comparte una historia en común, lo que nos hace parte de un todo. Los guatemaltecos de hoy son el producto de miles de años de desarrollo cultural, son el resultado de las interacciones entre millones de personas a través del tiempo. De los cazadores recolectores que posteriormente se asentaron en lo que hoy es este territorio dando lugar a las grandes civilizaciones prehispánicas; somos el producto del proceso de conquista, de la colonia, de la independencia, de la reforma, de la guerra interna, del proceso de paz; todo esto nos llevó a ser lo que somos.

Y de cara hacia el futuro, se considera que los museos de sitio tienen mucho que aportar, implementando una museografía de vanguardia, estudiando constantemente las colecciones y divulgando el conocimiento de una manera accesible y amigable para el público general, se tendrá la oportunidad de contribuir a la construcción de una identidad, poniendo en valor el pasado común haciéndolo, en el presente, un motivo de orgullo para todos.

Referencias
ASI, Archaeological Survey of India.
2013 www.asi.nic.in/asi_museums.asp

Béjar Navarro, Raúl
2007 El mexicano, aspectos culturales y psicosociales. Universidad Nacional Autónoma de México. Séptima Edición corregida y aumentada.

Cameron, D.
2005 Museums and the world of today. Museum reform in the 1950s and 1960s. ICOM News, 23 (2), pp. 41-45.

González-Varas, Ignacio
2005 Conservación de bienes culturales: Teoría, historia, principios y normas. Cátedra.

Hernández Hernández, Francisca
2007 La Museología ante los retos del siglo XXI. Revista Electrónica de Patrimonio Histórico No.1, Universidad de Granada, España.

ICOM
2007 Patrimonio Universal, 21 Conferencia general, Viena, Austria. ICOM News, 60, 3-4.

ICOM
1982 Musées de site archéologique. UNESCO. Paris. ICOM-Secretariat.

Morales Moreno, Luis Gerardo
1994 Orígenes de la museología mexicana. Fuentes para el estudio histórico del Museo Nacional 1780-1940. Universidad Iberoamericana, México. 1994.

Powis, Terryg; Stanley M. Tarka Jr., W. Jeffrey Hurst, Thomas R. Hester y Fred Valdez, Jr.
2002 Spouted Vessels and Cacao Use among the Preclassic Maya. Latin American Antiquity 13(1), pp. 85-106. E.U.A.

Roy, J.B.
2005 Les parcsarchéologiques du parc de divertissement: d’approchetypologique. Culture et Musées (Avignon) No. 5, pp. 37-63.

Rubín de la Borbolla, Daniel
1949 Worldwide Aspects of the Local Museum. Museum. N° 2. T. I. UNESCO. París.
1953 México: Monumentos Históricos y Arqueológicos. 2 Vols. Instituto Panamericano de Geografía e Historia. Comisión de Historia. México.

Zea Aguilar, Leopoldo
1981 Desarrollo de la creación cultural latinoamericana. Universidad Naciones Unidas.

Fig.1: Museo Miraflores.

Fig.2: Sala de exhibición permanente, Museo Miraflores.

Fig.3: Museo Miraflores y Centro Comercial Miraflores.

Fig.4: Vasija con asa-vertedera, chocolatera.

Fig.5: Artefacto elaborado en semilla de corozo.