Asociación Tikal

34 INTRODUCCIÓN A LA ARQUEOLOGÍA Y CERÁMICA DEL CONVENTO DE SANTO DOMINGO, ANTIGUA GUATEMALA Miguel Santiago Valencia – Simposio 05, Año 1991

Descargar este archivo en formato PDF

Valencia, Miguel Santiago

1992     Introducción a la arqueología y cerámica del Convento de Santo Domingo, Antigua Guatemala. En V Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1991 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Brady), pp.319-328. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

 

34 

INTRODUCCIÓN A LA ARQUEOLOGÍA Y CERÁMICA

DEL CONVENTO DE SANTO DOMINGO,

ANTIGUA GUATEMALA

Miguel Santiago Valencia

 

 

Construido con posterioridad a 1543, fecha del asentamiento de la ciudad de Santiago de Guatemala en el valle de Panchoy, el convento de Santo Domingo fue, sin duda, uno de los más importantes en la antigua capital del reino de Guatemala, hasta su abandono hacia 1774 o 1775 (Figura 1).

 

En efecto, esa importancia venía no solo de su extensión, monumentalidad y los distintos servicios que en él se tenían (tanto religiosos como domésticos, académicos o artesanales), sino que constituyó la sede de la Orden de Predicadores para todo el reino, como cabeza de la provincia dominica en lo que hoy es Centro América.

 

Por ello es, precisamente, que este lugar constituye uno de los edificios más relevantes en la historia cultural y socio-económica de la Guatemala colonial. De él saldrían, por ejemplo, los padres que emprendieron la conquista pacífica de las Verapaces, exitosa y la de Petén y el Manchén, que solo pudo ser concluida con las armas.

 

Regía, además, un buen número de doctrinas, parroquias encargadas al celo misionero de frailes que en mucho se preocupaban más por el tributo de sus encomendados que por la salvación de las almas de éstos. De tal suerte, no es de extrañar que entre diezmos y encomiendas la Orden haya sido una de las más poderosas, rivalizando con sus eternos adversarios de la época, los franciscanos.

 

Pero fue aquí, también, en este convento hoy en ruinas, de donde salieron hombres de estudio, el primero de ellos fray Francisco Ximénez, que fuera doctrinero en Chichicastenango y Sacapulas, predicador general, vicario y prior del convento. A él debemos hoy la conservación para la posteridad del Popol Vuh, que sin duda lo debe haber desvelado en su celda conventual.

 

Así pues, el rescate e investigación de este edificio religioso es no solo un reto por la importancia del monumento mismo, sino, en mayor medida, un aporte al patrimonio cultural de Guatemala. Ojalá este estudio contribuya en algo a la conservación del edificio y del patrimonio del que forma parte; pero también, que demuestre, en cierta forma, la utilidad de los proyectos arqueológicos en contextos coloniales, de lo

cual el efectuado en Santo Domingo constituye un precedente, que esperamos sea ilustrativo.

 

Comentarios generales

 

Este proyecto arqueológico fue emprendido, del 7 de agosto de 1989 al 31 de agosto de 1990, con motivo de la adquisición de tres propiedades particulares por una empresa hotelera y turística, al pretender la construcción de un complejo hotelero en el área que se sabía ocupaba el antiguo convento de Santo Domingo, el más destruido y abandonado de Antigua Guatemala, que inclusive se daba por desaparecido irremediablemente.

 

Por tales razones, el Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala, ante la conveniencia de autorizar dicho complejo hotelero, promovió la realización de trabajos previos de exploración arqueológica. Los mismos me fueron encomendados conforme a plan de trabajo aprobado por el Consejo antes de iniciarse las investigaciones; habiendo sido amparados los estudios y concedida la construcción del complejo indicado, por convenio legalizado suscrito entre esa entidad y los propietarios, empresas Promociones Turísticas Nacionales SA y Residenciales 3-24 SA, de fecha 30 de octubre de 1989.

Figura 1 Perspectiva de conjunto, Santo Domingo, Antigua Guatemala

 

Los trabajos arqueológicos, así como los de restauración, que habrían de iniciarse a fines del mismo año, fueron financiados en su totalidad por los propietarios, aunque no fue así con la prevista fase posterior de trabajos de gabinete, por lo que la que corresponde a campo efectivamente fue concluida en el plazo previsto (un año); pero la siguiente no pudo ser emprendida. Han quedado también sin cubrirse los gastos de preparación y publicación del informe final de la investigación realizada.

 

La metodología de las excavaciones estuvo inicialmente basada en la división del área total en cuatro sectores u operaciones, así como en la limpieza de ripio y basura superficiales, acumulados durante casi doscientos años, pues el convento fue utilizado como botadero de materiales provenientes de otros edificios y casas de la ciudad. Posteriormente se trazaron trincheras sustantivas maestras (Wheeler 1978), en ejes constructivos visibles en superficie o determinables en el levantamiento topográfico previo.

 

En seguida se planificaron otras trincheras sustantivas, para el análisis de los rasgos arquitectónicos derivados de los resultados de las muestras (por ejemplo, pisos y muros transversales), con lo que fueron estableciéndose las crujías principales. Este trabajo fue concluido con la ejecución de calas, en forma de excavación en área según los requisitos propuestos por Wheeler (1978), con lo cual se definieron espacios y ambientes.

 

Colateralmente se abrieron diversas series de pozos estratigráficos y de sondeo, con los cuales se definió la estratificación profunda del lugar, además de los rasgos físicos existentes bajo los niveles de pisos (drenajes, entradas de agua, etcétera) y los propios niveles de ocupación, remodelación y reconstrucción, o sea, niveles constructivos (Wheeler 1978).

 

El sector de servicios (Operaciones A y B)

 

Estas operaciones comprenden en total 10,017.84 m² (el 45.18% de la totalidad del área trabajada), en parte de lo que hasta febrero de 1989 era la propiedad del doctor Edwin M. Shook, al sureste del convento.

 

En la operación A se efectuaron veinticuatro suboperaciones (19 pozos estratigráficos y de sondeo, incluyendo el mayor del proyecto, el A-PXV, de quince m de profundidad total; así como 5 calas de seguimiento y sondeo, resultando 526.19 metros cúbicos de excavación). Estas suboperaciones estuvieron a cargo de Vicente Genovez Castaneda, primero y de Gustavo Martínez Hidalgo durante la mayor parte del proyecto.

 

Esta operación colinda al este con propiedades particulares que es probable hayan formado parte, en la época colonial, del convento de Santo Domingo, pues esa es la dirección que comunica con la finca La Chácara, perteneciente al convento, situada a menos de 200 m en ese rumbo. Al sur con el sector B; al norte con un callejón moderno que sin duda no existía antiguamente y al oeste con los sectores B y C.

 

En la operación B, a su vez, se efectuaron cincuenta y siete suboperaciones (29 pozos estratigráficos y de sondeo, 23 calas y 5 trincheras sustantivas, con 849.21 metros cúbicos de excavación). Los trabajos fueron dirigidos sucesivamente por Héctor Escobedo y Gustavo Martínez Hidalgo.

 

La misma limita al norte con los sectores A y C; al este con aquéllas propiedades que van hacia La Chácara; al sur da a la 3a calle oriente; al oeste al sector C y con propiedades particulares que debieron ser parte en su época del convento.

 

Ambos sectores fueron encontrados casi en su totalidad jardinizados como parte de la antigua casa de Shook, incluyendo también algunas construcciones modernas, aunque una pequeña parte del sector B, fuera de esa casa, fue utilizada hasta poco antes del inicio de los trabajos arqueológicos como cafetal.

 

Los resultados generales de los trabajos realizados han indicado que este sector fue el de servicios domésticos del convento, sin duda con áreas para preparación y elaboración de alimentos, cocinas (claramente hay una en el extremo sureste de la casa Shook) y quizá, aunque ello es solo especulativo, dependencias, tales la lavandería, locería, carbonería, leñería, porqueriza, gallinero y demás.

 

Es posible, también, que en esta área hayan estado los dormitorios para los hermanos legos y para la servidumbre del convento, tomando en cuenta la ubicación, distribución espacial y arquitectura del lugar.

 

Al mismo tiempo había en él áreas de jardines o quizá, huertos, para el herbolario y el farmacéutico. Por otro lado, debe haber constituido el acceso habitual para el huerto del convento, pues se encontraron los cimientos de un muro que delimitaba el sector de un área no construida, que se extiende hacia el este, vale decir, hacia La Chácara.

 

Las crujías este-oeste del sector eran simétricas y esencialmente en la misma línea que las que se encuentran en el sector residencial, sin que hayamos podido encontrar límite físico, arquitectónico, entre ambos. Sin embargo, la evidencia arqueológica demuestra que tal diferencia funcional existía.

 

En efecto, el sector de servicios tiene grandes basureros que se extienden a los lados norte y sur de las crujías, desde el extremo sureste de la operación D (pero fuera del área de grandes edificaciones) hasta los linderos con la 3a calle.

 

Esos basureros tenían gran cantidad de desechos domésticos (huesos de animales, por ejemplo, en especial de ganados porcino y vacuno) y materiales constructivos inutilizados.

 

Además, se encontró un sistema muy complejo de drenajes y entradas de agua, que salía de las crujías hacia la calle y las propiedades situadas al sur del sector C, en dirección oeste-suroeste, descrito extensa y cuidadosamente por Martínez Hidalgo.

 

El sector residencial (Operación C)

 

Esta operación tiene una superficie total de 8,280.99 m² (37.35% del área total) y en ella se efectuaron cincuenta y tres suboperaciones (14 pozos, 22 calas y 17 trincheras sustantivas, entre ellas las mayores del proyecto, con cerca de 82 m de longitud; con un total de 4,184.97 metros cúbicos).

 

Esos trabajos estuvieron a mi cargo, con la participación de Gabriela Santos Bremme y de Yvonne Putzeys González, quienes efectuaron prácticas de campo durante los mismos, las que fueron supervisadas por Zoila Rodríguez Girón.

 

El sector está situado al suroeste del inmueble, colindando al norte con el D y con el terreno de la Escuela Nacional Luis Mena; al oeste con el Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino, dependencia del propio convento dominico; al sur con solares de propiedad particular que probablemente en su época pertenecieron al convento y al este con el sector B.

 

El área había sido utilizada como cafetal, lo que causó serios daños en los vestigios arquitectónicos de la misma, en especial a pisos y muros, hasta su adquisición por las empresas hoteleras.

 

Es bastante probable, por otra parte, que este sector haya correspondido al de dependencias de status más elevado, como biblioteca, aulas para novicios, imprenta o taller del bibliotecario (que era también el responsable de los copistas, cuando no se había introducido la imprenta con tipos metálicos); oficina del herbolario, farmacia y tal vez, la enfermería.

 

Era también, con más probabilidad, el área para dormitorios, en el piso superior de las crujías este-oeste. Es más difícil, empero, deducir si tales dormitorios eran asignados a los novicios o a los frailes del convento, aunque me inclino, especulativamente, por la segunda alternativa, por la importancia funcional, espacial y arquitectónica del sector.

 

Por otra parte, la arqueología del lugar fue bastante compleja, pues en él se encontraron por lo menos siete grandes remodelaciones arquitectónicas, con pisos nuevos haciendo una nivelación distinta, ambientes enteros arrasados, muros reconstruidos, ventanas o puertas tapiadas, etcétera. En este sentido, el sector es el más caótico de todo el convento, quizá por que fue el que tuvo mayor número de usos, o bien por que otras áreas tuvieron menor cantidad de grandes reconstrucciones en el tiempo.

 

Pese a ello, fue evidente que las crujías que ahora quedan fueron cerradas en los extremos este y oeste hacia el norte por sendas crujías adicionales, orientadas perpendicularmente a aquéllas, la primera que comunicaba con el claustro principal, cerrando el sector residencial con el de servicios al este y la segunda colindando con el Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino (Valencia 1982).

 

En el cuadrángulo así formado, cerrado a su vez por el norte con otra crujía que se encuentra mayormente en el sector D, se ubica un gran patio o claustro que tuvo en sus márgenes una franja o acera empedrada, con una fuente circular un poco fuera del eje central (de la que se encontró la base, muy destruida), pero totalmente en eje y simétrico con el claustro principal de ese otro sector.

 

Es dudoso que este patio hubiese sido un segundo claustro, pues no se encontró ninguna evidencia o huella de bases de columnas o pilares, ni tampoco posibles arranques de bóvedas y arcos en los muros perimetrales, de los cuales, por cierto, no existe más que uno relativamente completo, el del sur. Sin embargo, como se dijo, tiene la misma forma y dimensiones que el principal.

 

Adicionalmente, otra área importante en esta operación es la sur, con mayor concreción la suroeste, en que se encontró la evidencia de un gran sistema de canales para agua, superficiales originalmente, que venían quizá abasteciendo pequeños estanques desde la cocina en el extremo este del sector A y B, a más de 250 m de distancia. Concluía, ya cerca del límite con el Colegio Mayor, en un complejo de fuente y búcaro, que estuvieron profusamente decorados con estucos y pintura mural roja.

 

Este extremo, a su vez, se encontraba a un nivel de casi 1.75 m bajo el piso de los ambientes de las crujías, formando una especie de jardín cerrado, posiblemente perteneciente a un apartamento privado dentro del convento. La distribución de los ambientes que tienen acceso al mismo así lo sugiere.

 

El sector litúrgico-público (Operación D)

 

Esta operación es de un área de 3,875.70 m² (17.48% del inmueble), situada al noroeste del mismo y estuvo compuesta por cincuenta y cuatro suboperaciones (23 pozos; 25 calas, entre ellas la mayor del proyecto, la D-CI; y 6 trincheras sustantivas.)

 

Al sur limita con el sector C; al este con una propiedad particular en que siguen los vestigios de las construcciones de esta operación; al oeste da con el solar de la Escuela Nacional Luis Mena, en parte del antiguo atrio o plazuela de Santo Domingo; así como colinda por el norte con la iglesia de Santo Domingo, cuyos vestigios ahora están totalmente soterrados y bajo construcciones modernas.

 

Los trabajos en este sector fueron dirigidos por Zoila Rodríguez Girón, supervisora del proyecto por parte del Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala y por Marlen Garnica Vanegas.

 

El área en cuestión había sido utilizada durante muchos años como terreno baldío y botadero de ripio, a excepción de una pequeña zona en el extremo este, que sirvió como cafetal hasta la adquisición del terreno por los actuales propietarios. Además, después del terremoto de febrero de 1976, el Consejo indicado efectuó algunas labores de consolidación donde se encuentra la única bóveda intacta que queda del convento.

 

Los resultados de las excavaciones que se efectuaron en este lugar pueden considerarse de los más espectaculares. En efecto, aquí se encontró el claustro principal del convento, que consistía de un gran patio con una fuente circular en el centro y estanques alrededor de la misma, así como de corredores abovedados en los cuatro lados, compuestos por columnas circulares de mampostería y quizá bóvedas de cañón corrido. Esa fuente, por cierto, se encuentra ahora y desde 1936 a unos 200 m al noroeste de su ubicación original, al inicio de la alameda de Santa Rosa.

 

Los muros y columnas del claustro estuvieron decorados con pinturas murales en color rojo, quedando evidencias de que arriba de los zócalos formaban motivos posiblemente vegetales y/o geométricos. En los pisos embaldosados había sido colocada una franja de azulejos vidriados del tipo negro sobre blanco.

 

El claustro conducía a las dependencias más importantes del convento; por el oeste tal vez a la sala capitular; por el norte a una posible capilla (aunque quizá hayan sido dos o tres en realidad), que pudo haber pertenecido a la propia iglesia, lo que en todo caso hubiese sido factible esclarecer si se hubiera podido excavar fuera de la propiedad; por el sur a unos ambientes rectangulares sumamente destruidos pero con un piso de baldosas de barro en forma de escamas de pescado, lo que da un indicio de su importancia y por el este con los corredores que probablemente hayan conducido hacia la antesacristía, además de la capilla para enterramiento de principales del convento y finalmente a una cripta para sepulturas, que se encontró vaciada anteriormente y vuelta a rellenar con ripio, la cual será finalmente restaurada.

 

Por cierto, en los muros laterales de esa cripta se encontraron algunos graffiti de fines del Siglo 18 o principios del 19, hechos con carbón, los cuales fueron oportunamente registrados.

 

En este sector sin duda existían las oficinas del convento, que regía la entera provincia de San Vicente de Chiapas y Guatemala, de la Orden de Predicadores, entre ellas las del prior del convento y del provincial de la orden.

 

Deben haber estado, además, las salas litúrgicas, como la capitular, ya señalada, en la que se tomaban las disposiciones más relevantes para el gobierno eclesiástico y conventual y la De Profundis, probablemente con funciones litúrgico-penitenciales.

 

También debían encontrarse la portería, posiblemente una capilla y hostal para peregrinos, biblioteca y archivo.

 

Este sector es, en resumen, el área del antiguo convento que mejor se conserva, en la que queda la mayor cantidad de vestigios arquitectónicos de lo que fue la residencia dominica.

 

Los materiales arqueológicos

 

Previo al inicio del proyecto fue encontrada por los dueños del inmueble una gran cantidad de materiales diversos, todos fragmentados incluyendo un pequeño pectoral de esquisto, los cuales consistieron en más de 17,624 tiestos, 32 líticos, 16 óseos, 2 conchas, 362 estucos, 82 vidrios y 3 metales para un total general de más de 18,121 materiales de procedencia desconocida pero pertenecientes al área del convento, número que fue registrado, aunque quedaron sin contar diecisiete bolsas de cerámica no vidriada. La mayoría de esos materiales (más de un 80%) fue desechada. Detalles adicionales sobre la cerámica de este lote, identificado con la sigla SD-SUP, se describirán en el siguiente apartado.

 

Esa sigla tiene el significado siguiente: SD por Santo Domingo y SUP por superficie como categoría general para materiales no provenientes de excavaciones controladas. A su vez, los materiales de excavación fueron identificados como sigue: SD otra vez, luego el código de la operación, después el de la suboperación con números romanos, más una vocal correspondiente a la sección en caso fuere de trincheras o un número en arábigos si se tratara de cuadrantes de calas o pozos y, finalmente, un número arábigo entre paréntesis para los niveles de excavación. Por ejemplo: SD-ATIb(7) igual a Santo Domingo, operación A, trinchera I, sección b, nivel 7.

 

Los materiales de la operación A consistieron en un total de 35,410 fragmentos cerámicos, líticos, óseos y muestras de carbón, que fueron depositados en 288 bolsas (lotes), la mayoría de lo cual fue lavado y marcado, aunque solo parcialmente catalogado, antes de la conclusión del proyecto.

 

Esta operación también facilitó 11 piezas completas y restaurables, siendo cinco anillos de cerámica, dos vasijas, un cuenco, una piedra de moler, un azadón y una piocha, con 12 tiestos asociados a algunas de las mismas. La sigla para la catalogación de materiales y piezas de esta operación es SD-A.

 

La operación B entregó 125,224 materiales fragmentados, cerámicos, líticos, óseos y muestras de carbón, distribuidos en 915 lotes. Además, se recuperaron 66 piezas completas y restaurables, consistentes en cuatro jarros, tres candeleros, cinco escudillas, dos botijas, dos tazas, un mango de plástico, dos floreros, una tapadera de botija, dos platos, dos vasijas, un vaso, dos ollas, dos cuellos de tinaja y 37 cuencos, con 34 tiestos asociados a algunas de las mismas. Solo una parte de los materiales fragmentados fue lavada y marcada antes de la conclusión del proyecto. La sigla para los materiales y piezas de esta operación es SD-B.

 

La operación C dio la cantidad de 138,577 materiales fragmentados cerámicos, líticos, óseos, metálicos y muestras de carbón en 1074 lotes. Las piezas completas y restaurables fueron 241, comprendiendo 24 vasijas, 10 botijas, 104 cuencos, cuatro obsidianas, nueve floreros, dos gárgolas, 31 platos, una cuchara de estaño, 17 escudillas, cinco tapaderas, 10 jarros, una tinaja, una teja con sello, una carita antropomorfa, una figurilla zoomorfa, una taza, cuatro batidores, tres metales diversos, cuatro copas, seis ollas, un candelero y un azulejo, con 10 tiestos asociados a algunas de esas piezas. La sigla para la catalogación de los materiales de esta operación es SD-C.

 

Por último, en la operación D fueron recuperados 64,133 materiales fragmentados de cerámica, lítica, hueso, metal, vidrio, madera, textil, estuco y concha. Hubo solo una pieza completa, una medalla religiosa en latón de principios de este siglo. La sigla de los mismos es SD-D.

 

En total, se obtuvieron más de 381,784 materiales arqueológicos diversos, tanto de tradición prehispánica y local colonial como, sin duda, de tradición europea y novo hispana; provenientes de los horizontes prehispánico, colonial y contemporáneo.

 

En la muestra de excavación, en efecto aparecieron lozas que, por causa del estilo decorativo y de la tecnología, solo pueden ser de origen europeo o novo hispano; además de las de la época prealvaradiana, provenientes de niveles profundos en determinados pozos de gran extensión (como el A-PXV o el C-PVI).

 

Infortunadamente, la conclusión del proyecto por el vencimiento improrrogado del convenio correspondiente, impidió siquiera concluir el lavado, numerado, catalogación y registro de los materiales encontrados, en especial de las piezas intactas o restaurables, aunque pudo realizarse un inventario general completo, sobre todo de esas piezas e iniciarse el proceso básico inicial, que es de esperar sea concluido pronto por Zoila Rodríguez Girón, pues la importancia arqueológica y valor histórico de estos materiales lo amerita altamente.

 

Conforme al convenio suscrito entre el Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala y los propietarios, la guarda y custodia de todos los objetos y materiales arqueológicos encontrados por el proyecto arqueológico, fue hecha de la responsabilidad de dichos propietarios.

 

La cerámica arqueológica

 

En este apartado se hablará someramente sobre los materiales cerámicos pertenecientes al lote SD-SUP, que provinieron, como se dijo antes, de lo recogido en el área del convento por los propietarios del inmueble en que se efectuó el proyecto, desde la adquisición de los terrenos hasta poco antes del inicio de los trabajos arqueológicos, el 7 de agosto de 1989.

 

Además, es necesario indicar que, previsiblemente, ese proceso de recolección fue hecho selectivamente en alguna forma, probablemente escogiendo de preferencia tiestos decorados, vidriados y de estética apariencia, según lo que pudo deducirse después; lo cual, como es obvio, implica un sesgo de importancia en la obtención de la muestra y, en consecuencia, también en los resultados del análisis tipológico.

 

Por tanto, la utilidad arqueológica de los mismos es limitada, pero sirvieron para la realización y comprobación del modelo tipológico desarrollado para el proyecto, cuyos resultados, necesariamente preliminares y experimentales, se resumirán más adelante.

 

El análisis tipológico de esos materiales fue hecho por mí con la asistencia de Marlen Garnica Vanegas, quien se hizo cargo en especial de la cerámica no vidriada del lote.

 

Los criterios y conceptos para el análisis tipológico fueron básicamente tomados del modelo tipo-variedad seguido por diversos autores, entre ellos Juan Pedro Laporte (1974, 1977) y Bernard Hermes (1981), pero adaptados según las experiencias que se han afrontado con la cerámica colonial (López Cervantes 1976, 1982; Lister y Lister 1976, 1982). Para tal adaptación, la asesoría de Laporte y Hermes fue decisiva e invalorable, por lo que a ambos debo expresar mi agradecimiento, aunque es lógico reconocer que cualquier error o defecto en el resultado es de mi única responsabilidad.

 

Las categorías de análisis son las siguientes.

 

Como mayor la clase, definida por el atributo del tipo de cubierta o ausencia de ella (barniz plúmbeo en la cerámica vidriada, engobes, alisados, baños, porcelanas y barniz estaño-plumbífero en la loza mayólica). En este caso se prefirió el término indicado al de familia, según López Cervantes (1976), al distinguir la técnica de acabado de la técnica de manufactura y la función. En tal caso, esta categoría aparece más cercana del concepto propuesto por Hermes en su conjunto cerámico en cuanto a la técnica del acabado de superficie. Sin embargo, este concepto no pudo ser desarrollado completamente en la categoría clase, al faltar el otro elemento definitorio, el de composición de la pasta.

 

La siguiente categoría es la de grupo, bastante similar a la del mismo nombre de acuerdo con López Cervantes (1976), pues en este caso se ha optado por tomar como atributo definitorio el color base, lo que Laporte considera color específico, que él utiliza para “…categorizar finalmente el tipo…” (1974); además de la clase de pasta.

 

El tipo, a su vez, fue definido por el atributo decorativo como lo toma, aunque con variantes en el uso de algunos conceptos, Gonzalo López Cervantes (1976).

 

En la variedad, por último, se utilizó el criterio de tomar en tanto atributo cualquiera, de orden estético o tecno-estilístico, que fuera de carácter menor, con significación distintiva cronológica, geográfica, espacial, etcétera, sin utilizar como tal la forma.

 

El detalle de las cuatro categorías indicadas podrá verse en los cuadros adjuntos, aunque estimo necesario presentar algunas conclusiones preliminares del análisis tipológico.

 

En primer lugar, en el trabajo realizado se hace distinción expresa entre la cerámica llamada mayólica o falsa mayólica (Laporte 1977), de la verdadera mayólica o Talavera definida por Lister y Lister (1976, 1982) y por López Cervantes (1976).

 

En efecto, la distinción entre ambas mayólicas puede darse no solo a nivel de clase y grupo, pues en la falsa mayólica el barniz ha sido obtenido mediante la fusión de compuestos plúmbeos mientras que en la loza llamada Talavera proviene de compuestos de estaño y plomo. También ha de encontrarse en el atributo tecnológico de la pasta, que en el primer caso tiene un componente mayoritario (más del 4%) de silicoaluminatos férricos (montmorillonita), Fe2(Al2Si2O8), resultando una pasta roja, café o negra dependiendo de la atmósfera de cocción; mientras que en la mayólica propiamente dicha la base mineralógica es de plagioclasas, definidas por menos o igual que el 15% de feldespatos calizos, vale decir Ca(Al2Si2O8), con pastas rosadas claras a blancuzcas o grises. Por cierto, las porcelanas están basadas en kaolinita, expresada como caolín: Al4[(OH)8Si4O10], dando pastas blancas (López Cervantes 1982).

 

Por ello, he definido la falsa mayólica, de producción local, como grupo blanco de la clase vidriada.

 

Por otra parte, algunos tipos son de tan mínima presencia estadística que se constituyen en dudosos, entre ellos el azul monocromo, el negro sobre rojo sin pulir, el rojo y blanco sobre crema pulido, el negro y rojo sobre café pulido, los del grupo naranja con engobe, etcétera. Empero, otros más, aunque también sean altamente minoritarios, tienen existencia comprobada, por ejemplo el blanco con monograma variedad clarisa (Laporte 1974, 1977), el vidriado alisado, el blanco con sello y demás.

 

Algunos de los tipos que se observaron en el convento dominico tienen problemas especiales, por ejemplo el engobado micáceo, que podría ser el mismo que el micáceo del grupo baño micáceo. El negro alisado, a su vez, del grupo pasta negra clase alisada, podría muy bien no ser más que un error de clasificación de tiestos cocidos en atmósfera reductora.

 

Por cierto, el llamado tipo gris vidriado, considerado como tal por varios autores (de Szécsy 1953, Laporte 1974), no podría ser más que el resultado de un mal proceso de cocción. Algo similar podría decirse del “celeste”, o azul diluido por error o en forma intencional, pues se basa igualmente en óxido de cobalto.

 

Adicionalmente, es necesario anotar que ciertos tipos vidriados (blanco monocromo, verde monocromo y amarillo monocromo, en especial), aunque sin duda puede afirmarse su existencia como tales, en la muestra trabajada no necesariamente tienen la frecuencia estadística asignada, pues lo fragmentado de la propia muestra no permite discriminar posibles bicromías o policromías en ellos.

 

Del mismo modo, el hecho de no haberse concluido el análisis de la cerámica no vidriada del lote de superficie implica que la frecuencia presentada en los cuadros adjuntos es, en definitiva, no representativa.

 

A pesar de los problemas indicados, al trabajarse solo parte de la loza no vidriada y al no poder efectuarse los estudios de pasta, formas, decoraciones y demás; estimo que los resultados aquí presentados sugieren a grandes rasgos una tendencia para la investigación de los lotes cerámicos del convento de Santo Domingo y de la ciudad de Antigua Guatemala, por extensión.

 

Por último, espero que los trabajos que inicié en la cerámica del convento de Santo Domingo sean continuados y concluidos por mi compañera en esta investigación, Zoila Rodríguez Girón, pues ésta es una de las mejores posibilidades para el conocimiento científico de la alfarería arqueológica antigüeña. La riqueza, variedad, magnitud y procedencia comprobada de esa cerámica así lo ameritan.

 

 

 

REFERENCIAS

 

 

Hermes, Bernard A.

1981   La Cerámica Arqueológica de Pataxte, Izabal: Un Análisis. Tesis de Licenciatura en Arqueología, Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala.

 

Laporte, Juan Pedro

1974   Análisis Tipológico de la Cerámica de Antigua Guatemala. Manuscrito, Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala, Guatemala.

 

1977   Algunos Comentarios a la Cerámica Vidriada de Antigua Guatemala. Anales de Antropología, Vol. XIV, pp. 109-126. Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, México.

 

Lister, Florence C. y Robert H. Lister

1976   A descriptive Dictionary for 500 years of Spanish-Tradition Ceramics (13th Through 18th Centuries). The Society for Historical Archaeology, Special Publication Series, No. 1. Columbia.

 

1982   Sixteenth Century Maiolica Pottery in the Valley of Mexico. Anthropological Papers, No.39. The University of Arizona Press, Tucson.

 

López Cervantes, Gonzalo

1976   Cerámica Colonial de la Ciudad de México. Colección Científica, Arqueología, No. 38. Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.

 

1982   Algunos Motivos Decorativos de la Mayólica Azul Novohispana. En Notas de Ceramoteca (editado por Gonzalo López Cervantes, Federica Sodi Pallares y María de la Cruz Pailles). Instituto Nacional de Antropología e Historia, México.

 

Szécsy, János de

1953   Santiago de los Caballeros de Goathemala en Almolonga (Excavaciones del año 1950). Traducción de Yolanda Oreamuno. Instituto de Antropología e Historia de Guatemala, Guatemala.

 

Valencia Arriola, Miguel Santiago

1982   Informe final, 1a. y 2a. etapas, Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino. Reporte entregado al Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala, Antigua Guatemala.

 

Wheeler, R. E. Mortimer

1978   Arqueología de Campo. Traducción de José Luis Lorenzo. Fondo de Cultura Económica, México.