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33 EL PROYECTO SANTO DOMINGO, ANTIGUA GUATEMALA: INFORME PRELIMINAR Zoila Rodríguez Girón – Simposio 05, Año 1991

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Rodríguez Girón, Zoila

1992     El Proyecto Santo Domingo, Antigua Guatemala: Informe preliminar. En V Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1991 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Brady), pp.313-318. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

 

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EL PROYECTO SANTO DOMINGO, ANTIGUA GUATEMALA:

INFORME PRELIMINAR

Zoila Rodríguez Girón

 

La historia colonial de Guatemala, se inicia el día lunes 25 de julio de 1524, día del Apóstol Santiago, cuando en Iximche se funda la primera ciudad denominándola Villa de Santiago de los Caballeros (Rodríguez Cabal 1987:3). Posteriormente, la ciudad fue trasladada al valle de Almolonga, donde fue destruida en 1541 por una correntada de agua y lodo. Su tercer asentamiento tuvo lugar en el valle de Panchoy, hoy Antigua Guatemala.

 

Como el objeto de este informe es hablar acerca de la Orden de los Dominicos y el papel que éstos jugaron en la historia de Guatemala, no se profundizará más sobre otros aspectos de la colonia, que también son importantes para el desarrollo de nuestra nacionalidad. Sin embargo, quiere dejarse claro que el estudio de la arqueología histórica o colonial en nuestro país es más o menos reciente.

 

Haciendo un breve recuento sobre ello tenemos en mente a los siguientes investigadores: Pedro Pérez Valenzuela y Pedro Arce y Valladares (1940-43), que trabajaron en las criptas del altar mayor y de la Capilla del Socorro de Catedral.

 

János de Szécsy en 1950 estuvo en San Miguel Escobar y Ciudad Vieja. Luis Luján Muñoz, entre 1968-1973, trabajó San Francisco y las naves laterales de la iglesia de La Recolección, entre otros lugares. Han investigado, asimismo, Juan Pedro Laporte, Juan Antonio Valdés, Miguel Valencia (que trabajó también en San Miguel Escobar) y Elizabeth Lemus Toledo, entre los años de 1973-76 y de 1980-83, respectivamente. La señora Lemus se encuentra actualmente elaborando su tesis de grado sobre arqueología colonial antigüeña.

 

Recientemente, entre 1989 y 1990, otra investigación arqueológica se efectuó en el Convento de Santo Domingo de la ciudad de Antigua Guatemala. Estos trabajos estuvieron a cargo del Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala, con supervisión del Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

 

Colaboraron en él Miguel Valencia Arriola, como Director de Campo, con la asistencia de Héctor Escobedo, Gustavo Martínez y los siguientes estudiantes de la carrera de arqueología de la Escuela de Historia: José Vicente Genovés, Marlen Garnica, Gabriela Santos e Ivonne Putzeys. Todos ellos efectuaron prácticas de campo; la última efectuó además estudios de gabinete para recolectar datos históricos sobre los dominicos en diversos archivos y bibliotecas del país.

 

Breve Relación Histórica Sobre Los Dominios En El Reino De Guatemala

 

El primer fraile dominico que llegó al valle de Almolonga, procedente de México invitado por el conquistador Pedro de Alvarado, fue Fray Domingo de Betanzos, en mayo de 1529, o sea solo cinco años después de la conquista (Remesal 1932:34). En esa oportunidad escogió un solar hacia el oriente fuera de la ciudad, donde con materiales sencillos, horcones, cañas y lodo y la ayuda de los fieles, inició la construcción de una pequeña iglesia, la cual fue terminada y abierta al público a principios de 1530.

 

A pesar de la diligencia puesta en la construcción de esta primera iglesia, el Padre Betanzos hubo de regresar a México y la pequeña construcción quedó abandonada, hasta que nueve años después, a petición del obispo Marroquín, llegan al Reino de Guatemala cuatro dominicos, entre los cuales figuraba Fray Bartolomé de las Casas. En esa oportunidad, la iglesia fue trasladada a otro sitio más cercano de la ciudad, donde solo funcionó por dos años (Anónimo 1935:251), ya que el 11 de septiembre de 1541 la ciudad y sus nuevos edificios fueron arrasados por una inundación de lodo, piedras y agua, la cual también causó la muerte de muchos de sus habitantes.

 

El 21 de mayo de 1543 se llevó a cabo el traslado de los pobladores de la ciudad destruida hacia el valle de Panchoy. Fue así como nació una de las primeras ciudades planificadas de América, en ello Juan Bautista Antonelli jugó un papel muy importante.

 

Los dominicos, que no podían ser ajenos a los vaivenes de la catástrofe, estuvieron presentes en los preparativos del traslado y posteriormente participaron en la distribución de los solares. Fue así como, a petición del Vicario Pedro de Santa María de Angulo, les fueron otorgados a los frailes varios terrenos para la construcción de la iglesia y del convento. Posteriormente la orden adquirió otros terrenos de los alrededores para sus construcciones (Rodríguez Cabal 1987:3). Al principio, la construcción de la iglesia, a decir de los historiadores, era de cañas y barro y el tejado de paja, o sea una construcción sumamente sencilla; sin embargo, tanto la iglesia como el convento, con el correr de los años, llegaron a ser una de las más grandes edificaciones de la nueva ciudad.

 

Vale la pena mencionar que el primer prior conventual fue Fray Tomás de la Torre, quien junto con otros religiosos tuvo un papel importante en la conquista pacífica de las verapaces (Crespo 1968:15).

 

En 1552, es decir solo nueve años después, fue traído el primer reloj público de la ciudad, el cual fue colocado en una de las torres del templo, o sea que la construcción avanzó rápidamente, a pesar de la falta de recursos. Al parecer la construcción fue lenta, porque además, como anteriormente se dijo, no había suficientes fondos para sufragarla, por una parte y por la otra, se efectuaban continuas adiciones y composturas tanto en el templo como en el convento.

 

Según Verle Annis (1978:77) y otros investigadores, Santo Domingo fue terminado en 1666, cuando aun no habían sido concluidos los trabajos de la catedral, por lo que fue una de las primeras iglesias en ser terminadas en la nueva ciudad. Contaba con una nave central y dos laterales, donde probablemente se ingresaba a la misma, según las evidencias arqueológicas localizadas recientemente, con una fachada maciza, grandes torres-campanarios, en una de las cuales, como vimos anteriormente, tuvo el primer reloj público traído a Guatemala. Poseía un amplio atrio que medía más 7,000 varas cuadradas.

 

Trabajaron en esta construcción maestros de obra calificada, ayudados económicamente con donaciones de bienes de vecinos y de los propios novicios que ingresaban a la orden. Varios documentos del Archivo General de Centro América dan noticia de que la orden fue objeto de regalos de esculturas y pinturas que sin duda alguna engalanaron aquellas edificaciones. También es importante mencionar la mano de obra indígena, que sin duda alguna jugó un papel muy relevante en todas las obras de la ciudad de esa época.

 

El altar mayor de la iglesia, estrenado el 4 de agosto de 1657, estuvo a cargo de Pedro de Liendo; el cual, según la descripción del contrato celebrado con éste, tenía imágenes esculpidas en bulto, con columnas, frisos y cornisas del estilo arquitectónico de la época, todo ello dorado, grabado y estofado con colores y finos acabados. El mismo artista pintó el retablo para la Capilla del Rosario, que los historiadores aseguran era uno de los más bellos de América (Rodríguez Cabal 1987:8; Zea Flores 1984:26).

 

El convento, que albergó en su interior a multitud de novicios y personal de servicio, fue sin duda uno de los más grandes y hermosos de Antigua Guatemala; sin embargo también hubo opiniones en contra, el Padre Vásquez (1930:362) decía que Santo Domingo no era tan bien trazado, sino más bien esparcido, ni era alegre como el Convento de San Francisco.

 

El convento, que fue tan magnífico como la iglesia, además de sus claustros, celdas y biblioteca, poseía varias fuentes. Una de ellas, probablemente la más grande y magnífica, fue edificada por el Padre Félix de Mata, quien además de constructor era un excelente tallador. Todos los elementos anteriores, así como los jardines y un intrincado sistema hidráulico fueron evidentes en la investigación arqueológica, como veremos más adelante.

 

Dentro de sus bóvedas fueron sepultadas distinguidas personalidades de la sociedad colonial, así como los frailes y novicios que ingresaban a la orden. En la investigación de campo se localizaron hileras de mausoleos, así como entierros primarios, depositados a veces sin ningún ordenamiento dentro de una bóveda mortuoria. Mezclados entre los huesos aun había muestras de cal, probablemente para evitar contagios de cualquier tipo.

 

Se sabe que tanto la iglesia como el convento poseían gran cantidad y calidad de obras artísticas: esculturas, pinturas al óleo, candelabros de plata, madera bellamente tallada. Se menciona también una custodia de plata sobredorada así como una lámpara también de plata colocada frente al altar mayor, que pesaba alrededor de cincuenta kilos. Entre sus obras de arte también resaltan las imágenes de la Virgen del Rosario, el Señor Sepultado, y el Santo Cristo, hecho de corazón de caña de maíz, tallado por Fray Félix de Mata (Ximénez 1930:223-224).

 

Otra obra magnífica fue el altar mayor de la iglesia, hechura de Pedro de Liendo – artista calificado de la época – el cual fue estrenado el 4 de agosto de 1657, para celebrar las fiestas de Santo Domingo.

 

El convento

 

Las ruinas del que otrora fuera uno de los conventos más grandes y más ricos de Antigua Guatemala, están localizadas al final de la 2a. calle oriente y calle de los Duelos, en lo que actualmente es una propiedad particular (Figura 1).

 

Con respecto al convento, se tenía información a veces repetitiva y un poco exagerada de varios historiadores de la época. Sin embargo en este caso, cuando la investigación arqueológica interviene, se hace posible corroborar la información histórica.

 

Fue el gran viajero Tomás Gage quien nos dejó una bella descripción de lo que vio y vivió en aquel convento; veamos un resumen de ésta: “En el claustro bajo hay un jardín grande con una fuente en medio, y un hermoso chorro de agua, de la que parten doce caños que surten dos viveros llenos de peces, y sobre los cuales se ven sobrenadar gran cantidad de patos y otras aves acuáticas…”. Dice además que en este convento hubo otros dos jardines que sirvieron para la fruta y legumbres. Otros autores hablan también sobre la fuente principal del convento, agregando que las piletas de la misma estaban adornadas con azulejos de Génova.

 

Al igual que la iglesia, el convento poseía invaluables tesoros artísticos: pinturas hechas por Pedro de Liendo, otras de Alfonso Álvarez y dos obras del pintor español Zurbarán, que actualmente se exhiben en la actual iglesia de Santo Domingo en la capital.

 

No se sabe el tamaño exacto que pudo haber tenido el convento, ya que además de sus claustros tenía enfermería, farmacia, dos cocinas, alacenas, celdas con patios interiores, biblioteca, sala de música y huertas. Tanto la iglesia como el convento fueron semidestruidos con los terremotos de San Miguel, en 1717. A pesar de ello, el tesón de los dominicos continuó, con lo que se restauró la construcción, reforzando a veces sus muros o adicionando nuevas edificaciones. Sin embargo, con los terremotos de Santa Marta en 1773, los edificios ya debilitados fueron destruidos casi en su totalidad.

 

Antes de terminar con un resumen de la parte histórica de la Orden Dominica, es bueno señalar que los dominicos en Guatemala no se limitaron a instituir una orden religiosa, a construir una suntuosa iglesia y un amplio y cómodo convento; fueron aun más allá. Ellos establecieron la primera cátedra de teología, y la creación del Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino, actualmente restaurado y vecino a las ruinas del convento (Valencia 1982). Este Colegio fue elevado a la categoría de Real y Pontificia Universidad de San Carlos, según bula papal de 1687.

Figura 1            Perspectiva de conjunto, Santo Domingo, Antigua Guatemala

 

 

Siendo así, la Universidad de San Carlos vuelve ahora a sus raíces, al estar presente en las investigaciones arqueológicas de las ruinas de Santo Domingo, en una rama de su quehacer científico, más o menos reciente en nuestro medio, como lo es la arqueología colonial. Ya lo había estado antes, al financiar los trabajos arqueológicos y de restauración en el Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino, edificio que le pertenece.

 

La investigación arqueológica

 

Posteriormente al traslado de la ciudad hacia el valle de la Ermita, en 1776, Santo Domingo se transformó en un botadero de ripio, además de ser un lugar ideal para sacar materiales de construcción. En este sitio hubo autorización expresa de la audiencia de Guatemala, un año después del terremoto de 1773, para utilizar pólvora en la demolición de los restos que aun quedaban en pie. Por otra parte, se reutilizó la piedra de la construcción y se destruyeron intencionalmente sus muros para extraer salitre empleado en la hechura de pólvora. Por si eso fuera poco, en julio de 1777 se publicó un bando real en el que se ordenaba el abandono del sitio, así como la demolición de sus edificios (Rodríguez Cabal 1987:9).

 

Los terrenos junto con sus ruinas pasaron a manos particulares durante varias oportunidades. En uno de estos sectores tuvo su residencia por mucho tiempo Edwin M. Shook. Los alrededores, además, fueron utilizados para la siembra de café.

 

Esta fue la situación encontrada en agosto de 1989, al iniciar las investigaciones arqueológicas, por lo que todo lo anterior hubo de tomarse en consideración para los resultados de los estudios histórico-arqueológicos.

 

El área a excavarse tiene una superficie aproximada de 23,000 m, los cuales fueron divididos arbitrariamente en cuatro sectores: A, B, C y D; con el fin de facilitar las tareas de investigación, ya que cada uno fue trabajado por su respectivo arqueólogo.

 

El método de excavación utilizado fue el de calas con pozos alternos, sondeos y trincheras. Todos los materiales provenientes de las excavaciones, como tiestos de cerámica, vidrio, vasijas completas, huesos, cuero, hebillas entre otros, se encuentran actualmente en proceso de lavado y marcado, a la espera de poder ser estudiados científicamente.

 

Sin embargo, los materiales provenientes del área antes de las investigaciones sistemáticas, y que para su posterior estudio fueron tomados como material de superficie, sí fueron analizados oportunamente por Miguel Santiago Valencia, trabajo que indudablemente dará las pautas a seguir en un futuro próximo.

 

Las excavaciones permitieron conocer los niveles originales de piso, axial como los empedrados, entradas al convento e iglesia, fuentes, áreas de actividad como cocinas, patios, corredores, así como basureros, los cuales nos permitieron conocer dietas, uso de diferentes vajillas y otros objetos.

 

Los sectores A y B no presentan evidencias arquitectónicas abundantes. Sin embargo, muestran un complejo sistema hidráulico, con tubos de cerámica, luego asegurados en la parte superior con tejas adheridas con mezcla. Ambos sectores evidenciaron ser un área abierta, con una salida hacia la 3a. calle actual, tuvieron un piso que era una combinación de baldosa y empedrado. El primero de estos sectores, o sea el A, demostró un contexto doméstico, asociado a cocina y basureros de desechos de alimentos.

 

El sector C es el más extenso del área trabajada. Cuenta con jardines, fuentes, pilas, patio o claustro, crujías y escalinatas. La investigación arqueológica fue compleja y delicada, no solo por la variedad de elementos arquitectónicos, sino por la evidencia de las múltiples ampliaciones y remodelaciones que fueron efectuadas durante más de dos siglos de permanencia en el valle. Es de hacer notar también que aquí se localizó la mayoría de piezas completas de cerámica durante la temporada, las cuales ofrecen tipos y formas de la época colonial poco conocidos hasta ahora.

 

En el sector D, aun antes de la excavación, se presentaban varios elementos arquitectónicos bien conservados: una crujía con 32 nichos, dos habitaciones largas, una capilla pequeña con cúpula, otros espacios empedrados abiertos, otros cerrados mediante bóvedas, y un caracol que pudo haber servido como acceso al techo del convento o a las naves de la iglesia. Aparte de ello habían cantidades de ripio cubriendo pisos y muros, que después de haber sido investigados proporcionaron evidencias sorprendentes en cuanto a hallazgos arquitectónicos.

 

Acaso uno de los vestigios más importantes localizados sea el claustro principal del convento, compuesto por cuatro corredores que delimitan el patio central donde se encuentra la base de la fuente y su complicado sistema hidráulico. Hacia la parte norte de la misma fueron localizadas tres pequeñas capillas, que posiblemente formaran parte de los laterales de la iglesia.

 

Otro de los hallazgos lo constituyó la localización de una bóveda empleada como cripta de enterramientos secundarios u osario. Los restos óseos se encontraban en muy mal estado de conservación debido al alto contenido de salitre de los suelos de Antigua. Se recogieron algunas muestras de huesos y otros materiales que posteriormente serán objeto de un estudio detenido.

 

Podría afirmarse, entonces, que este sector fue el área pública-litúrgica del convento, lo cual se confirma por los hallazgos arquitectónicos, así como por la presencia de la cripta especializada para enterramientos y los 32 nichos funerarios ya mencionados.

 

En síntesis, se considera que la primera parte de la investigación arqueológica llevada a cabo rindió buenos elementos de juicio para la reconstrucción histórico-arquitectónica de la Orden Dominica; sin embargo, para que el estudio iniciado durante los años 1989-90 pueda completarse, es necesario efectuar la investigación de gabinete sobre los materiales localizados y que actualmente están a la espera de la misma.

 

Par finalizar, quiero mencionar que el Proyecto Santo Domingo ha sido una actividad interdisciplinaria. Ya se ha mencionado que la iniciativa privada proveyó los fondos para que éste fuera llevado a cabo; hubo presencia de arqueólogos, arquitectos restauradores, dibujantes y topógrafos, así como una inmejorable mano de obra que trabaja, hasta ahora, en el mencionado proyecto, a cargo del responsable de la restauración del convento, Julio Armas Torres.

 

 

REFERENCIAS

 

Annis, Verle L.

1968    La Arquitectura de Antigua Guatemala 1543-1773. Editorial Universitaria.

 

Anónimo

1935    Isagoge Histórica Apologética de las Indias Occidentales y Especial de la Provincia de Chiapa y Guatemala. Biblioteca “Goathemala”, Sociedad de Geografía e Historia. Tipografía Nacional, Guatemala.

 

Crespo, Mario

1968   Algunos Textos Indígenas de Guatemala. Tesis de Licenciatura en Historia, Universidad de San Carlos de Guatemala, Guatemala.

 

Remesal, Fray Antonio

1932   Historia General de Indias Occidentales y Particular de la Gobernación de Chiapa y Guatemala. 2a. Ed. Tipografía Nacional, Guatemala.

 

 

Rodríguez Cabal, Juan

1987   El Pabellón del Rosario. Convento de Santo Domingo de la Ciudad Capital, Guatemala.

 

Valencia Arriola, Miguel Santiago

1982   Informe final, 1a. y 2a. etapas, Colegio Mayor de Santo Tomás de Aquino. Reporte entregado al Consejo Nacional para la Protección de Antigua Guatemala, Antigua Guatemala.

 

Vásquez, Fray Francisco

1930   Crónica de la Provincia del Santísimo Nombre de Jesús de Guatemala de la Orden de N. Seráfico Padre San Francisco. Biblioteca Goathemala, Sociedad de Geografía e Historia, Guatemala.

 

Ximénez, Fray Francisco

1930   Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala de la Orden de Predicadores. Biblioteca “Goathemala”, Vol. II. Sociedad de Geografía e Historia, Guatemala.

 

Zea Flores, Carlos Enrique

1984   Historia y Descripción de la Iglesia de Santo Domingo de Guatemala. Editorial José de Pineda Ibarra, Guatemala.