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25 LA RESPONSABILIDAD DE LA ARQUEOLOGIA EN LA CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN DE LOS BIENES CULTURALES Rudy Larios Villalta, William L. Fash y Ricardo Agurcia Fasquelle – Simposio 04, Año 1990

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Larios Villalta, Rudy, William L. Fash y Ricardo Agurcia Fasquelle

1992      La responsabilidad de la arqueología en la conservación y restauración de los bienes culturales. En IV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1990 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Brady), pp.241-246. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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LA RESPONSABILIDAD DE LA ARQUEOLOGÍA EN LA CONSERVACIÓN Y RESTAURACIÓN DE LOS BIENES CULTURALES

Rudy Larios Villalta

William L. Fash

Ricardo Agurcia Fasquelle

A medida que se vuelve más científica, la investigación arqueológica, también se ha vuelto más importante la cuestión de la conservación y la puesta en valor de los bienes culturales. Muchas veces la arqueología y la conservación se practican como especialidades muy diferentes, separadas por asuntos de técnicas, formación y entrenamiento profesional, y hasta de prioridades. Lo que pretendemos demostrar aquí es la necesidad y la ventaja, de practicar las dos profesiones y puntos de vista, en cualquier trabajo de investigación arqueológica que se lleve a cabo. Lejos de ser una molestia o un atraso, la restauración como un método de conservación ayuda mucho al arqueólogo, directa e indirectamente, en el análisis y la interpretación de los restos arqueológicos.

Esta conclusión la vamos a ilustrar por medio de ejemplos tomados de nuestros trabajos en el Grupo Principal de las Ruinas de Copan, en donde el sentido de equipo entre los diferentes especialistas ha permitido resultados concretos tanto en lo científico como en lo relacionado con la conservación y restauración de algunos de los bienes culturales más destacados del antiguo mundo Maya. Aunque en nuestro caso se trata mayormente de restos arquitectónicos de gran tamaño, la misma metodología se aplica hasta en los artefactos y otros objetos más pequeños y en general, el ejemplo tiene aplicación en todo tipo de trabajo arqueológico.

La idea de nuestro proyecto surgió de los trabajos de campo de la segunda fase del Proyecto Arqueológico Copan (1980-1985), dirigido por el Dr. William Sanders. En las investigaciones de un palacio del Siglo 8 DC, en la zona residencial llamada Las Sepulturas al este del Grupo Principal de ruinas, el arqueólogo Fash invitó al arquitecto restaurador Larios a participar en la investigación de los escombros caídos al lado sur del edificio, conocido como la Estructura 9N-82 (Figura 1). Al ser abandonado Copan, todos los edificios fueron desarticulados por la naturaleza, heredándonos un problema serio en cuanto a la definición de las formas arquitectónicas originales, más aun al tratarse de edificios adornados con escultura en mosaico en lo alto de sus respectivas fachadas, tal como el caso de la Estructura 9N-82 (Figuras 2 y 3). La colaboración entre el arqueólogo y el restaurador permitió la definición de muchos rasgos y características arquitectónicas durante el proceso mismo de investigación y el refinamiento de los métodos de campo en cuanto a técnicas de excavación y el registro de los escombros caídos de los edificios.

Entre otras cosas, este trabajo conjunto nos permitió demostrar la posición de los canales de drenaje en el lado trasero del edificio, la relación horizontal y vertical de los canales con el techo estucado, las dimensiones y características de las dos cornisas superiores, el ángulo de inclinación de la parte superior de la fachada, la posición vertical y horizontal de las esculturas (tres personajes) que originalmente adornaron el edificio. Para la rearticulación de las piezas de escultura y la definición de sus temas en fachada, también fue crítica la colaboración de la encargada de dibujo en el proyecto, Barbara Fash.

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Figura 1 Planta de la Estructura 9N-82 y las esculturas caídas de la misma

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Figura 2 Dibujo reconstructivo de la fachada sur de la Estructura 9N-82

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Figura 3            Dibujo reconstructivo de la fachada norte de la Estructura 9N-82

Después de haber reconstruido, en términos hipotéticos y en papel, la forma de la arquitectura y su escultura respectiva del lado sur de la Estructura 9N-82, nos dedicamos a hacer lo mismo con el lado norte del edificio. Este lado había sido excavado por otros arqueólogos, quienes afortunadamente tomaron los puntos de referencia necesarios para poder ubicar la posición caída de cada fragmento de escultura hallado en sus investigaciones. Por medio del mapa de distribución de esculturas y los resultados de la investigación conjunta del lado sur de la estructura, logramos definir tres personajes humanos para el lado norte y un resto de esculturas que obviamente no tenía que ver con dichos personajes.

Al trabajar William y Barbara Fash con estos fragmentos, lograron definir las mandíbulas superiores y ojos de cuatro serpientes, que por su posición tenían que relacionarse con tres hiladas de piedras grabadas a cada lado de la puerta central del edificio. Los Fash propusieron que las mandíbulas superiores y ojos se unían con las piezas que se encontraron in situ a cada lado de la puerta, que habían sido restaurados por Larios, formando así dos nichos de los cuales salían los bustos de un personaje antropomórfico. Aunque las evidencias iconográficas y circunstanciales eran convincentes, Larios insistió en que faltaban las pruebas estructurales para demostrar la reconstrucción hipotética propuesta de forma irrefutable, y que sin ellas él no podía restaurar los mencionados nichos más arriba de la parte que se había encontrado in situ.

El desafío del arquitecto restaurador nos hizo buscar la evidencia o sea la prueba estructural de la reconstrucción hipotética, e ir más allá de lo que, del punto de vista arqueológico, o iconográfico, hubiera sido necesario. Este es un hecho que vale la pena destacar: el tipo de trabajo interdisciplinario que estamos proponiendo hace a los participantes pensar en cosas y tratar de resolver problemas, que no hubieran contemplado si trabajaran solos y solo con el punto de vista de su propia especialidad. Los colegas de otras ramas preguntan sobre otros temas, forzándonos a seguir caminos hasta ese momento desconocidos, para llegar a entendimientos y pruebas que sean satisfactorios para las diferentes profesiones representadas. En el caso de los nichos de la Estructura 9N-82, la prueba estructural que exigía la restauración se encontró: una serie de cicatrices de quemadura que tenían tanto las esculturas que estaban in situ, como las que se habían caído, del nicho este de la fachada norte del edificio.

Las quemaduras coincidieron exactamente entre las piezas que se pretendían unir en la reintegración propuesta por los Fash y fue completamente obvio y transparente, que el incendio ocurrió cuando las piedras todavía estaban en el nicho, es decir antes del colapso del edificio. Es más, el personaje humano que estaba directamente arriba del nicho también evidenciaba las quemaduras que correspondían de una escultura a la otra, haciendo evidente de que hubo un tremendo incendio enfrente de la Estructura 9N-82 antes de que el edificio se derrumbara. Esta evidencia, más la precisa coordinación con las formas escultóricas y sillería aun in situ dio la prueba estructural necesaria para demostrar la validez y la irrefutabilidad de la reintegración propuesta, con esta base se logró restaurar por anastilosis, los dos nichos de la fachada norte de la Estructura 9N-82.

Estos logros y la productiva experiencia de cruzar fronteras disciplinarias en un trabajo conjunto, nos animó a formar un proyecto dedicado a la conservación y el estudio de las demás esculturas en mosaico de Copan. Este proyecto, llamado el Proyecto para el Estudio y Conservación de la Escultura Mosaica Copaneca o PECEMCO, se formó en 1985 por William Fash, Rudy Larios y Barbara Fash, con el respaldo del entonces Gerente del Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH), Ricardo Agurcia. En esos momentos existía un plan de conservar las esculturas en mosaico y a la vez la base del Corte Arqueológico de la Acrópolis, por medio de la construcción de un talud en la base del corte, usando las esculturas como parte del relleno del mismo. Era evidente que de no tomar alguna medida de conservación para las esculturas regadas en la superficie del Grupo Principal, la humedad del suelo y la microflora las iba a destruir y que el acto de enterrarlas permitiría su conservación a largo plazo.

Antes de enterrar las piezas, se iban a fichar y fotografiar, ubicar su posición en un mapa, para que estas se pudieran recuperar en el futuro. Los miembros del PECEMCO nos opusimos fuertemente a este plan, ya que vimos que había posibilidades no solo de volver a unir las esculturas mosaicas, sino de llegar a conclusiones firmes respecto a su posición en los edificios, y el significado iconográfico y hasta antropológico de estos adornos tan bellos y explícitos.

Para nosotros, era imprescindible el acceso permanente a las esculturas, ya que las generaciones venideras gozarían de mejores técnicas de trabajo y conceptos teóricos sobre la simbología del arte Maya. Por estas razones, una de las metas primordiales del PECEMCO fue la construcción de bodegas adecuadas para el almacenaje de las esculturas libres de la intemperie para su conservación. La experiencia ha demostrado que al estar alejada de cambios de temperatura, humedad, etc., la piedra de las esculturas (toba volcánica) tiene una buena estabilidad geológica y no se deteriora. Con las nuevas bodegas, nosotros pretendemos hacer una biblioteca de piedra, en donde las piezas de escultura son almacenadas así: 1) la fecha del edificio que adornaron; 2) el autor de la obra (o sea, el gobernante que erigió el edificio; 3) el tema (o sea, tipo de diseño o motivo grabado) y 4) su procedencia (el lado del edificio del cual se cayó, en caso de que esto sea factible determinar).

Aparte de la meta de almacenar la escultura de forma satisfactoria y permanente, hubo otros métodos de conservación que aplicamos. Estos incluyeron la unión de los pedazos de las piezas que se habían quebrado, usando los aglutinantes recomendados por el IHAH; la eliminación de tierra y de microflora en las piezas que estaban afectadas en ese sentido; la aplicación de consolidantes en las esculturas que todavía conservaban restos de pintura; un registro definitivo en fotografías, dibujos, y descripciones en hojas de catálogo del estado de conservación de las piezas en el momento de introducción a sus respectivas bodegas y otros. Finalmente, el último método de conservación de las esculturas y los edificios que originalmente embellecieron, fue la restauración de los mismos. En la gran mayoría de los casos, no dispondremos de las pruebas estructurales necesarias como para poder reintegrar las esculturas en mosaico en los edificios. Sin embargo, como verán ustedes en las otras ponencias de nuestro equipo, en algunos casos si es posible reintegrar en parte las fachadas esculpidas, lo cual definitivamente ayuda en la conceptualización del esplendor antiguo de los edificios del Grupo Principal de Copan.

Aparte de las metas puramente de conservación, existieron otras metas de índole científico que directa e indirectamente ayudaban en la misma conservación de los bienes culturales.

Entre ellas se destaca la investigación de los lados de los monumentos arquitectónicos que no habían sido excavados por los arqueólogos anteriores. Esto ha permitido la documentación de qué tipos de escultura mosaica habían adornado cuales edificios, ya que en Copan todas las estructuras tenían decorados exclusivos y diferentes a las demás estructuras. Esto, a la vez, ha permitido la identificación de las demás piezas de las mismas características (diseño o motivo, estilo, escala, profundidad de relieve, etc.) que obviamente procedieron de la misma estructura y que nuestros antecesores excavaron y amontonaron sin orden en la superficie del Grupo Principal. Estas determinaciones han permitido hacer recuentos de todos los ejemplos de cada tipo de escultura y determinar cuantas veces ese tipo se repetía en la fachada de su respectiva entidad. Además, nos ha ayudado en la meta de la conservación, ya que nos ha permitido almacenar juntas las esculturas de cada edificio, conservando así su integridad y significado.

Las excavaciones recientes, diseñadas para dar procedencia a los diferentes tipos de escultura, nos han permitido a la vez alcanzar otra meta científica: la de determinar la secuencia arquitectónica de la Acrópolis de Copan. Por medio de las investigaciones de las uniones entre edificios, o sea la estratigrafía arquitectónica, nos ha sido posible ver la secuencia relativa de construcción. Esto a la vez ayuda a fechar las esculturas, a analizar los cambios estilísticos e ideológicos en la simbología religiosa y política del arte Maya de Copan y en última instancia a definir las estrategias del estadismo de cada gobernante Copaneco.

Otra meta científica del PECEMCO fue la de definir la historia dinástica de la ciudad de Copan. Aunque se había logrado muchos éxitos en este sentido en las últimas dos décadas, aun quedaba mucho por ver y por descubrir. Más que todo, faltaba asociar los monumentos arquitectónicos de la Acrópolis con los gobernantes de la antigua ciudad. Esto nos ayuda a definir las prioridades y la propaganda, de cada uno de los reyes Copanecos. La definición de los glifos nominales de cada gobernante, las fechas precisas de su toma de posesión y su muerte, de los demás acontecimientos importantes de su vida, han ayudado en la definición de los cambios estilísticos e ideológicos mencionados arriba, los cuales siempre ayudan a la meta con más precisión en la determinación de procedencia de las piezas.

Después de tres años de trabajo en el PECEMCO, logramos tantos éxitos en cuestiones de conservación y estudio, que el IHAH nos reforzó el trabajo con la formación y el financiamiento del Proyecto Arqueológico Acrópolis de Copan (PAAC), del cual actualmente somos los Co-Directores. Las metas siguen siendo las mismas, pero ahora contamos con mayor apoyo institucional, ya que contamos con la colaboración de los arqueólogos Robert Sharer de la Universidad de Pennsylvania y Wyllys Andrews de la Universidad de Tulane, los cuales también son Co-Directores y la Asociación de Estudios Precolombinos de Copan. Cabe enfatizar que el espíritu de colaboración entre arqueólogos, restauradores, iconógrafos y dibujantes, epigrafistas y otros, ha seguido en pie, dando resultados inesperados y alentadores.

Pero más que todo, queremos hacer énfasis en el hecho de que todos los resultados del proyecto han sido posibles por el cuidado y el cariño que todos los participantes dan a los bienes culturales bajo estudio. El que participa en el proceso de conservación, investigación y análisis conjunto representado por el PECEMCO y el PAAC se da cuenta de las posibilidades que existen en los trabajos interdisciplinarios de esta índole. Creemos que los arqueólogos mismos son los que más tienen que aprender y que beneficiar, cuando la restauración como un método de conservación, son requisitos de la investigación. En el caso nuestro, las metas de conservación nos exigen seguir algunos caminos que no hubiéramos previsto, pero que dan resultados importantísimos para la misma investigación científica y el análisis de los bienes tanto muebles como inmuebles. Entre ellos podemos mencionar el estudio comparativo de las esculturas, la determinación de la procedencia de las piezas en superficie (previamente descartadas como inútiles, por la falta de procedencia), la documentación y conservación de los colores de la pintura en los diferentes diseños esculpidos y las posibilidades de unir fragmentos que estaban retirados unos de los otros, gracias a la documentación completa, el almacenamiento disciplinado y ordenado de las piezas y los talentos del personal del proyecto encargado de estos asuntos.

Por último, hay que señalar que el proceso de restauración arquitectónica implica frecuentemente realizar excavaciones en partes de las estructuras donde la metodología tradicional de la arqueología no exigiría investigar, tales como los cimientos de muros y los rellenos interiores en áreas de los ejes estructurales.

Ha sido nuestra experiencia en Copan que a veces son precisamente estas áreas en donde aparecen rasgos culturales y artefactos de gran importancia para el estudio y la comprensión del monumento cultural bajo investigación. Así que, como volvemos a decir, lejos de verla como un atraso o una inconveniencia, el arqueólogo debe de ver a la restauración como una gran oportunidad de mejorar sus conocimientos. En vez de verlo con mala gana, al arqueólogo le conviene ver al conservador o restaurador como su mejor aliado y su fiel colaborador. En nuestro proyecto, la conservación es el mejor camino para el estudio de los bienes culturales del pasado, a la vez que es el vehículo que pone de manifiesto para el visitante, los preciosos legados de nuestros antepasados.