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15 DESCUBRIMIENTOS RECIENTES EN LA CUEVA DE SANGRE DE DOS PILAS, PETÉN James E. Brady, Luis Fernando Luin, Lori Wright, Carolina Foncea de Ponciano y Sandra Villagrán de Brady – Simposio 04, Año 1990

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Brady, James E., Luis Fernando Luin, Lori Wright, Carolina Foncea de Ponciano y Sandra Villagrán de Brady

1992     Descubrimientos recientes en la Cueva de Sangre de Dos Pilas, Petén. En IV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1990 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Brady), pp.140-153. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

 

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DESCUBRIMIENTOS RECIENTES EN LA CUEVA DE SANGRE DE DOS PILAS, PETÉN

James E. Brady

Luis Fernando Luin

Lori Wright

Carolina Foncea de Ponciano

Sandra Villagrán de Brady

El proyecto de reconocimiento de cuevas de la región de Petexbatun se inició este año en el sitio de Dos Pilas, constituyendo el primer intento sistemático para el estudio de la geografía sagrada de los Mayas, con el objetivo de integrar estos datos con los resultantes de un estudio más amplio en un sitio mayor. En particular, el interés del reconocimiento de las cuevas es la determinación de como algunos rasgos sagrados pudieron afectar la colocación de arquitectura tanto residencial como pública.

Durante la primera temporada se investigaron cuatro cuevas, que son: Murciélago, Duende, Los Quetzales y Sangre. La Cueva de Murciélago está localizada en el centro del sitio. Cuando la estábamos mapeando, ésta se encontraba bastante seca y tenía murciélagos en su interior. El reconocimiento de superficie solamente proporcionó un tiesto erosionado. Durante una tormenta de lluvia a principios de mayo, observamos como salía agua de la cueva a una velocidad aproximada de 8 metros cúbicos por segundo. Es obvio que a través del tiempo, la fuerza con que sale el agua de la cueva arrastró virtualmente todos los vestigios arqueológicos. Así pues, aun con la ausencia de artefactos, creemos que la Cueva del Murciélago fue importante a nivel ceremonial debido a su localización dentro del sitio y porque encaja muy bien dentro del estereotipo Mesoamericano de la cueva como fuente de agua.

La Cueva del Duende también localizada dentro del centro de Dos Pilas, está asociada con el complejo ceremonial más alto del sitio. La cueva se mapeó (Figura 1), se recolectó el material de superficie y se hizo un pozo en la entrada. Aunque la cueva ya había sido saqueada, nuestra excavación proporcionó cerámica Preclásica, que constituye el material más temprano hasta ahora recolectado por el Proyecto Petexbatun. Estos descubrimientos muestran otra faceta de las investigaciones en cuevas. Usualmente, estas últimas producen evidencia de ocupación temprana en un área, debido a que son lugares que han sido utilizados desde tiempos tempranos, por lo que se hace más fácil recolectar este tipo de material en las cuevas que en los sitios de la superficie exterior.

La Cueva de los Quetzales está localizada aproximadamente a 10 km del sitio de Dos Pilas. La cueva se mapeó (Figura 2) y se hizo un reconocimiento de superficie que reveló una utilización Clásica Tardía. El material recolectado incluía la deposición de huesos humanos. Un rasgo importante de la cueva es su ubicación debajo de un pequeño grupo arquitectónico, que incluye no menos de cuatro montículos. En nuestra ponencia del año pasado, presentamos evidencia que las cuevas regularmente fueron utilizadas de esta manera para escoger el lugar en donde establecer un sitio, ya que conceptualmente representan el centro del cosmos. Este ejemplo ilustra claramente la finalidad del proyecto de investigación de la forma en que las cuevas afectaron la colocación de la arquitectura pública.

Durante la mayor parte de la temporada trabajamos en la exploración de la Cueva de Sangre descubierta recientemente. Esta se localiza a unos 3 km al sureste del centro de Dos Pilas, y se encuentra asociada a varios montículos pequeños que aun no han sido mapeados. La Cueva de Sangre se convirtió en el objetivo principal de nuestros esfuerzos debido al gran número de artefactos encontrados en una condición casi intacta, ofreciendo así una excelente oportunidad para estudiar las ceremonias en las cuevas. También consideramos que al recolectar los artefactos de la superficie los protegimos de ser saqueados.

La cueva está formada por una rama central con más de 400 m de largo (Figura 3) la que por conveniencia se dividió de manera arbitraria en tres Operaciones (I, II y IV). La Operación III consiste en una rama pequeña que corre en forma paralela a la Operación II en un nivel más alto. El límite de la Operación IV se divide en dos ramas pequeñas y cada una tiene 0.50 m de alto. Una de estas termina aproximadamente a los 20 m, mientras que la otra conduce hacia unas ramificaciones que aun no han sido mapeadas.

Estas últimas ramas también fueron utilizadas por los Mayas ya que contenían cerámica y restos de hueso humano. Otro grupo de pasillos fue descubierto en el entronque de las Operaciones II, III y IV casi al finalizar nuestra temporada de campo, por lo que no aparecen localizados en el mapa. Esta rama tiene a los lados, no menos de seis pasajes aun inexplorados. El propósito de mencionar estas áreas no reconocidas, es el de ilustrar el hecho de que la investigación de esta cueva todavía se encuentra en una etapa preliminar.

Al planear la metodología de la investigación se tomaron en consideración los siguientes factores. Primero, deseamos instituir un sistema de registro para artefactos que sea mejor al utilizado con anterioridad y así crear una norma para la arqueología de cuevas. Segundo, el atractivo principal de la cueva es el estado de preservación de grandes fragmentos de vasijas de cerámica encontrados en los lugares en donde fueron depositados por los Mayas. Por lo que se consideró necesario ubicar estas vasijas en el mapa. Tercero, en las áreas donde se encontró una distribución continua de artefactos hicieron difícil establecer límites entre las unidades de recolección.

Por lo tanto, se decidió que los fragmentos de vasijas de cerámica, así como los artefactos no cerámicos, se mapearían individualmente y los esparcimientos de tiestos se mostrarían esquemáticamente indicando su extensión y densidad (Figura 4).

Este sistema permitió el establecimiento de unidades de recolección arbitrarias y al mismo tiempo se mantuvo la integridad del contexto arqueológico. Es evidente que la utilización de este sistema de registro detallado tomó más tiempo del que se habría usado siguiendo un método con menor detalle y por esta razón solo se pudo completar la investigación de una parte de la Operación I y toda la Operación III.

Arquitectura

Tres rasgos arquitectónicos se encontraron cerca de la entrada de la cueva en la Operación I. El primero de estos es una pared al final de un pasillo muy bajo, en el que hay que arrastrarse para poder entrar a la cueva. Esta pared se encuentra parcialmente destruida y aunque la exploración de esta área no se ha terminado, parece que esta pared fue diseñada para sellar la entrada, ya que hay evidencia de un relleno detrás de la misma.

Cerca de esta entrada hay una pavimentación de piedra caliza tabular que cubre casi 6 m² cuya función aun no ha sido determinada (Figura 5). Adelante de este rasgo hay otra pared que también parece haber bloqueado la rama (Figura 6). La presencia de estas paredes sugiere que al menos durante algún tiempo, esta entrada no fue usada por los Mayas y que por lo tanto, tal vez hay otra entrada quizá más grande.

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Figura 1 Mapa de la Cueva de El Duende

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Figura 2 Mapa de la Cueva de los Quetzales

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Figura 3 Mapa de la Cueva de Sangre

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Figura 4 Sección del mapa detallado de la Cueva de Sangre

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Figura 5 La pavimentación cercana de la entrada de la Cueva de Sangre

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Figura 6 Una pared en la Cueva de Sangre

Cerámica

Como se menciona con anterioridad, lo más notable de la Cueva de Sangre es la enorme cantidad de cerámica depositada en la superficie. Durante el corto tiempo de investigación, la cueva produjo casi tanta cerámica como la recolectada en el resto de sitios del proyecto durante toda la temporada. La descripción de este material está fuera del alcance de esta ponencia, pero la cerámica muestra claramente que la cueva fue utilizada durante el Preclásico Tardío y que su uso más intenso se dio durante el Clásico Tardío.

Material de Hueso Humano

Durante la investigación de la Operación I se descubrió que había huesos humanos esparcidos a lo largo de esta rama. Aunque el análisis de este material está todavía en su etapa preliminar se pueden hacer algunas observaciones. Primero, parece que la Cueva de Sangre produjo uno de los conjuntos de hueso humano más grandes que hasta ahora se hayan encontrado en una cueva Maya. Segundo, debido a que los cuerpos fueron depositados en la hondonada lodosa que se llena de agua y porque no parecen tener ofrendas funerarias, se cree que estos huesos podrían pertenecer a víctimas de sacrificio. Tercero, la recolección de un número de pelvis bien preservadas, muestra de manera concluyente que hay varios esqueletos femeninos en esta colección. Más adelante discutiremos cual puede ser el significado de esto.

Artefactos

El piso de la cueva está cubierto por un lodo espeso y pegajoso lo que hizo difícil encontrar artefactos pequeños. Aun así, se recolectaron varios artefactos no cerámicos. Examinaremos dos clases de evidencias que ilustran un poco la naturaleza de los ritos efectuadas en la Cueva de Sangre.

La primera de estas la constituyen instrumentos cortantes que consisten en navajas de obsidiana y puntas de lanza bifaciales de pedernal. Las navajas de obsidiana son rasgos comunes dentro del conjunto de artefactos en las cuevas y han sido documentados en más de una docena de las mismas (Brady 1989:326‑327).

Un total de 24 navajas y un núcleo de obsidiana fueron recolectados en la Cueva de Sangre, que tomando en cuenta las condiciones ambientales de su contexto, debe considerarse como un gran número. En uno de los ejemplares, dos pedazos de una misma navaja fueron encontrados juntos, lo que sugiere que esta habría sido quebrada en forma deliberada y depositada después de haber sido usada. En su mayoría, los fragmentos de las navajas de obsidiana recolectadas son pequeños lo que podría indicar que el hecho de quebrarlas fue común. Generalmente se cree que tales navajas fueron usadas en las ceremonias de auto sacrificio.

También se encontraron nueve grandes puntas de lanza finamente desgastadas en pedernal (Figura 7). Una vez más, las puntas son rasgos comunes dentro de los artefactos que se encuentran en cuevas y su presencia ha sido reportada en más de diez sitios (Brady 1989:310‑314) así como también en el Cenote de Sacrificio en Chichen Itza (Coggins y Shane 1984:311). Tales puntas probablemente tenían un mango para usarlas como cuchillos de sacrificio. Puntas como estas, todavía montadas en mangos precolombinos, fueron utilizadas para este propósito en el área Cuicateca de Oaxaca, México, hasta su descubrimiento en 1957. Más interesante aun, es que las mismas se guardaban en una cueva ceremonial (Holland y Weitlaner 1960).

La segunda clase de artefactos la componen los instrumentos asociados a hilar y tejer. Como ya se ha demostrado, estos implementos son rasgos comunes dentro del grupo de artefactos de cuevas, pero su significado se ha considerado muy poco en este contexto. Los artefactos en cuestión consisten en seis lengüetas (Figura 8) y tres agujas de hueso pulido (Figura 9) así como tres malacates (Figura 10). Los instrumentos en forma de lengüeta han sido reportados cuando menos en otras cinco cuevas, incluyendo uno encontrado en la Cueva del Duende, en Dos Pilas (Brady 1989:273). Agujas también han sido descubiertas por lo menos en nueve cuevas (Brady 1989:269‑271).

Los malacates son bastante comunes habiéndose reportado en otras diez cuevas incluyendo Balankanche y el Cenote de los Sacrificios en Chichen Itza (Brady 1989:302). En Balankanche se encontraron 26 malacates de cerámica, de los cuales 25 estaban en una pila de artefactos obviamente ceremonial, que incluía 17 vasijas y 232 manos y piedras de moler, todas en miniatura (Andrews 1970:45‑52). La presencia de malacates en lugares donde no se usaron para hilar, así como el contexto ceremonial de los mismos en los depósitos de Balankanche y el Cenote de Sacrificio sugieren una función ceremonial.

Sin embargo, primero es necesario demostrar que estos implementos no tuvieron un uso utilitario para hilar y tejer. Para esto contamos con dos tipos de evidencia. Primero, los artefactos fueron recolectados en las zonas obscuras de la cueva en áreas lodosas que temporalmente se inundan de agua. Es evidente que el contexto mismo excluye a las cuevas como lugar en donde tal actividad utilitaria podría llevarse a cabo. Segundo, hay suficiente evidencia tanto etnohistórica como etnográfica de que a las mujeres, quienes eran las hilanderas y tejedoras, no se les permitía entrar a las cuevas debido a su “impureza” ritual. Esto sugiere que aquéllos artefactos encontrados en las cuevas y que generalmente se asocian con actividades propias de las mujeres, fueron utilizados por hombres que realizaban la misma actividad, o quizá tenían una función ceremonial simbólica que no necesariamente estaría asociada a su función utilitaria tradicional (Brady 1989:417‑420). El hecho de que los artefactos utilitarios tengan una función ceremonial no es sorprendente, como dicen Hayden y Cannon (1984:96): “los artefactos raramente funcionan de manera excluyente dentro de un solo dominio, llámese este utilitario, social o ideológico…”

Creemos que los artefactos de tejer encontrados en la Cueva de Sangre se relacionan con el culto a la diosa de la tierra/diosa de la luna, quizá en su rol de Ixchel, la deidad patronal del tejido (Thompson 1939:130‑139). Se sabe muy bien que el culto a Ixchel era de gran importancia para los Mayas y que su adoración en la Isla de Cozumel atraía a peregrinos de lugares lejanos. Thompson (1939, 1975) ha asociado a la diosa de la luna con las cuevas y las fuentes de agua. En el Ritual de los Bacab, se le menciona como “Ella en medio del Cenote, ella quien se sienta en el lodo.”

Entre los Mayas, en el Códice de Madrid, a la diosa del tejido se le representa portando hilados de algodón en su tocado (Thompson 1970:206). Así mismo, a la deidad de la tierra Tlazolteotl‑Ixcuina, de quien se derivan las otras deidades femeninas del centro de México, se le distingue por tener una banda de algodón sin hilar en su cabeza, dentro del cual claramente se pueden ver dos hilados con malacates (Sullivan 1982:8). Los malacates y otros implementos de tejer pueden ser simplemente ofrendas utilizadas durante las ceremonias dirigidas a esta deidad que se identifica fuertemente con tejidos.

Desafortunadamente, los registros etnohistóricos nos dicen muy poco de las ceremonias Mayas dirigidas a la diosa de la luna, por lo que es importante tomar en cuenta los casos del centro de México en donde tales hechos están mejor documentados. En las ceremonias dedicadas a Xochiquetzal, la contraparte de Ixchel en el centro de México, una mujer que personificaba a la deidad era sacrificada y desollada. Un sacerdote se ponía la piel de la sacrificada y finalizaba la ceremonia fingiendo hilar y tejer (Durán 1971:244). Si se hubiese llevado a cabo una ceremonia similar en el área Maya podría entenderse tanto la presencia de los instrumentos de tejer como de los esqueletos de mujeres en la cueva.

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Figura 7 Puntas de lanza bifaciales de pedernal

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Figura 8 Lengüetas de hueso pulido

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Figura 9 Agujas de hueso pulido

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Figura 10 Malacates

Discusión

Al analizar el significado y función de los artefactos encontrados en cuevas, es importante examinar de manera cuidadosa la localización física en donde estos se encontraron. La mayor parte de la Operación I consiste en una rama con una hondonada lodosa en el centro, la que se llena de agua cada vez que llueve fuerte; está limitado en uno o en ambos lados por una alta cornisa rocosa desde donde cualquiera habría podido pararse para observar una ceremonia o bien caminar sin tener que meterse en el agua (Figura 11). En los lugares donde no se encuentra esta cornisa natural, hay piedras colocadas en tal forma que si se atraviesan, es posible pasar de una cámara a otra. Esto sugiere que la cueva fue utilizada durante la temporada de lluvia.

Los artefactos de la Operación I fueron encontrados casi exclusivamente dentro de la angosta hondonada del centro, frecuentemente alrededor de áreas en donde se han formado estalagmitas. Las ceremonias parecen haber incluido el tirar objetos al agua y los ritos relacionados con agua parecen haber sido la especialidad de la Cueva de Sangre. La sugerencia de que el culto dirigido a la diosa de la tierra/luna era practicado en la cueva es consistente con esta interpretación.

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Figura 11 Perfil del túnel en Operación 1 de la Cueva de Sangre

REFERENCIAS

Andrews, E. Wyllys IV

1970   Balankanche, Throne of the Tiger Priest. Middle American Research Institute, Pub. 32. Tulane University, New Orleans.

Brady, James E.

1989   An Investigation of Maya Ritual Cave Use with Special Reference to Naj Tunich, Peten, Guatemala. Tesis Doctoral, University of California, Los Angeles.

Coggins, Clemency Chase y Orrin C. Shane

1984   Cenote of Sacrifice: Maya Treasures from the Sacred Well at Chichen Itza. University of Texas Press, Austin.

Durán, Diego

1971   Book of the Gods and Rites and the Ancient Calendar. Editado por Fernando Horcasitas y Doris Heyden.  University of Oklahoma Press, Norman.

Hayden, Brian y Aubrey Cannon

1984   The Structure of Material Systems: Ethnoarchaeology in the Maya Highlands. Society for American Archaeology Papers, No.3.  Washington, D.C.

Holland, William R. y Robert J. Weitlaner

1960   Modern Cuicatec Use of Prehistoric Sacrificial Knives. American Antiquity 25:392‑396.

Sullivan, Thelma D.

1982   Tlazolteotl‑Ixcuina: The Great Spinner and Weaver. En The Art and Iconography of Late Post‑Classic Central Mexico, (editado por Elizabeth Hill Boone), pp.7‑35. Dumbarton Oaks, Washington, D.C.

Thompson, J. Eric S.

1939   The Moon Goddess in Middle America. Contributions to American Anthropology and History, No.29. Carnegie Institution of Washington, Washington, D.C.

1970   Maya History and Religion.  University of Oklahoma Press, Norman.

1975   Introduction to the Reprint Edition. En The Hill‑Caves of Yucatan, por Henry C. Mercer.  University of Oklahoma Press, Norman.