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07 NOROCCIDENTE DE PETÉN: UNA EXPECTATIVA EN LA EXPLORACIÓN ARQUEOLÓGICA Teresita Chinchilla y José E. Benítez – Simposio 04, Año 1990

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Chinchilla, Teresita y José E. Benítez

1992      Noroccidente de Petén: Una expectativa en la exploración arqueológica. En IV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1990 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Brady), pp.77-80. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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NOROCCIDENTE DE PETÉN:

UNA EXPECTATIVA EN LA EXPLORACIÓN ARQUEOLÓGICA

Teresita Chinchilla

José E. Benítez

La exploración del noroccidente de Petén se inicia en 1988, cuando una expedición compuesta por peruanos y guatemaltecos se internan en las selvas de ese lugar, buscando vestigios prehispánicos que confirmen la ocupación de un vasto sector que hasta esa fecha se desconocía arqueológicamente. Los resultados, al final de los trabajos, fueron muy satisfactorios ya que se lograron reconocer 17 nuevos sitios dentro de un área que cubre aproximadamente 350 km².

Mientras esto sucedía, la Universidad de San Carlos de Guatemala se encontraba empeñada en lograr que el Gobierno Central hiciera legal la donación de tres vastos sectores dentro del departamento de Petén, para convertirlos en biotopos.

Este objetivo se logró, al promulgar el 9 de febrero de 1990 el Honorable Congreso de la República de Guatemala, el Decreto Legislativo 5-90, el cual dice en uno de sus considerandos:

“Que la región norte del departamento de El Petén, que comprende partes de los municipios de Melchor de Mencos, Flores, San José, San Andrés y La Libertad, posee ecosistemas, fenómenos naturales y especies de flora y fauna de especial importancia, así como sitios y zonas arqueológicas de la cultura Maya, que le confieren una gran importancia desde el punto de vista histórico cultural a nivel nacional e internacional, los cuales requieren de manejo y protección…”

El artículo 3 relativo a la administración dice: “…Se declaran legalmente y se adjudican para su administración al Centro de Estudios Conservacionistas de la Universidad de San Carlos de Guatemala, las siguientes unidades:

  • Biotopo Laguna El Tigre-Río Escondido
  • Biotopo San Miguel La Palotada
  • Biotopo Dos Lagunas

Con criterio arqueológico, se considera un gran avance el haber declarado zona protegida toda esta área de Petén, ya que de seguir al ritmo que va la destrucción del medio ambiente de todo ese sector, puede llegar a suceder lo que explica la fotografía tomada por satélite de las regiones vecinas conformadas por los estados mexicanos de Chiapas, Tabasco y Campeche, donde la capa selvática desapareció y con ella seguramente se ha perdido parte de su patrimonio cultural, por la presencia de pobladores que pelean por subsistir en una zona no apta para cultivos y donde es más fácil la depredación cultural.

El trabajo de parte de los arqueólogos del Instituto de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Arqueológicas de la Escuela de Historia de la Universidad de San Carlos de Guatemala, se limitó a efectuar exploración e inventario de sitios y vestigios arqueológicos dentro del biotopo Laguna del Tigre-Río Escondido, ya que no se contaba con el permiso legal para efectuar trabajos más a fondo.

Diferentes ambientes naturales en el biotopo

El área noroccidental de Petén se caracteriza por la diversidad de ambientes geográficos que posee. Estos van encabezados por su gran cantidad de recursos hidráulicos que la diferencian de la zona sur, dándole los biólogos el carácter de último humedal para Centroamérica.

A partir de las observaciones de Deevey sobre la formación del sistema lacustre central de Petén, se puede considerar el mismo origen para las zonas pantanosas y lagunas del noroccidente. Estos ambientes o micro hábitats, fueron aprovechados por los antiguos ocupantes y se pueden definir de la siguiente forma:

  1. Zonas cubiertas de sibal y con poca firmeza en el suelo, siendo susceptibles de inundación en el invierno, cuando es posible navegar sobre ellas. En estas zonas se forman pozas de agua que no llegan a ser lagunetas.
  2. Zonas pantanosas o bajos donde se navega sobre fango siendo dificultoso el paso en el verano las cuales se cubren de sibal y nenúfar.
  3. Zonas cubiertas de gramíneas donde es posible caminar y la lluvia no las cubre totalmente. Estas son hábitats de venados y lagartos.
  4. Gran cantidad de lagunetas permanentes, cuyas profundidades llegan hasta las capas freáticas.
  5. Zonas de montaña o cerros altos, en donde se ha encontrado la mayoría de sitios arqueológicos registrados. Estas zonas de montaña se caracterizan por un cambio en su vegetación en donde se aprecian árboles altos de bosque tropical y que conforman una verdadera selva cerrada. Este tipo de vegetación, se extiende hasta el nacimiento del río Escondido, cambiando el paisaje de sibales que se observa a lo largo de su recorrido.

El sector nor-occidental de Petén, tiene además una diversidad de climas, los cuales incluyen una temperatura alta la mayor parte del año, aunque no está libre de vientos fuertes que llegan a botar gruesos árboles y lluvias torrenciales que producen las inundaciones y bajan sensiblemente la temperatura.

Toda esta diversidad de ambientes es posible explorarla principalmente con medios de transporte fluvial adecuados, ya que el desplazamiento en ciertos sectores estrechos es muy dificultoso e impide avanzar con rapidez. Asimismo, la movilización por tierra es una de las formas de alcanzar los sitios arqueológicos localizados en la montaña.

Este estudio del ambiente, ayudó en la realización de las diversas hipótesis de investigación planteadas, así como fueron la base para la metodología en la exploración. Las exploraciones realizadas se pueden separar en diferentes etapas.

La primera etapa consistió en una visita al sitio El Yesal, el cual fue explorado en 1988. Durante el reconocimiento que se hizo en esa fecha, se logró establecer que el grado de depredación era escaso. Sin embargo, en febrero de 1989 una banda de depredadores llegó al sitio y destruyó montículos que estaban en buenas condiciones, dejándolos atravesados por trincheras.

El montículo aparentemente contenía una tumba a juzgar por los restos óseos encontrados y la calidad de restos cerámicos de la ofrenda que dejaron los ladrones. El interior del montículo mostraba señales de haber contenido una cámara mortuoria, donde en una de sus paredes aun quedaban residuos de pintura roja, posiblemente cinabrio. Abajo de ella había un posible fogón que no escapó a la codicia de los depredadores ya que también mostraba señales de haber sido violentado. Otro de los montículos que ya en 1988 mostraba señales de depredación, fue objeto de mayor destrucción.

Esto es el resultado del poco interés demostrado por la protección de la zona de parte de las autoridades correspondientes.

En esta primera etapa, se planeó la exploración de los alrededores de las cuatro lagunas de El Yesal en busca de sitios arqueológicos. Dichas lagunas se encuentran al oeste del campamento arqueológico Xibalba, situado a orillas del río Escondido. Para llegar a ellas, se tuvo que atravesar un sector de selva abriendo una brecha de aproximadamente 4 km de largo. El terreno restante lo ocupan las llamadas camperías, que en algunos sectores presentan arboledas las cuales son quemadas año con año por los cazadores de venados, sin embargo, esto contrasta con una flora propia del lugar, poco conocida, que mantiene el equilibrio. Las camperías son muy extensas y se ven sujetas a inundación por las copiosas lluvias de la temporada.

La exploración continuó al lado de una laguna pequeña llamada La Troconera, junto a la cual se halló un campamento de cazadores quienes dejaron muestra de su presencia, productos fabricados al otro lado de la frontera y restos de la depredación. Por estos sectores muy bajos, no había presencia de sitios en los alrededores, por lo que se siguió bordeando las camperías hasta llegar a la primera laguna de El Yesal, con iguales resultados. Al explorar la segunda laguna, se notó un cambio en la elevación del terreno y poco usual en el lugar. En esta elevación se hallaron montículos pequeños conformados por rocas dispuestos en forma rectangular con una altura aproximada de 1 m, dispuestos sobre elevaciones naturales de unos 8 m aproximadamente. Se observó la presencia de mucha cerámica burda sobre ellos. Este sitio se nombró Las Guacamayas.

Siguiendo sobre las camperías se llega a la tercera laguna. El paisaje lo rompen ocasionales grupos de árboles de tasiste. Al llegar al extremo oeste de la cuarta laguna de El Yesal, se encontró otro campamento de cazadores, el cual mostraba abundantes restos de animales sacrificados, entre ellos la calavera de un lagarto grande recién muerto. Se siguió un sendero y a poca distancia del campamento de cazadores, sobre una elevación natural, se encontró un sitio bastante grande conformado por varios montículos y terrazas, con canales que se dirigían a reservorios de agua.

El sitio nombrado Calavera de Lagarto, no mostró depredación y se considera que ocupa una extensión de aproximadamente 2.5 km². Hacia el norte se encuentran dos lagunetas que se nombraron de Los Jabalíes. En el trayecto se observaron pequeños montículos similares a los de Las Guacamayas posiblemente habitacionales.

La segunda etapa de exploración comprende el reconocimiento del río Escondido hasta sus orígenes y la exploración de lagunas y sectores aledaños al mismo. En su recorrido, se detectaron varias estructuras que corresponden al sitio El Yesal, las cuales forman una plaza amplia, con lo que se pudo constatar la prolongación del sitio a lo largo de 2 km al noreste.

Siguiendo río arriba se observa un cambio en la vegetación de sibales dando paso a los bosques de árboles altos en la ribera del río y estrechándose hasta su nacimiento el cual proviene de dos corrientes.

A lo largo del río, se observan especies acuáticas variadas, y en su última sección, la cual se denomina Tumbo-Chi, se aprecia una variedad y cantidad incalculable de especies animales. Son importantes reptiles como el lagarto, que tiene su período de incubación y nacimiento en los meses de agosto y septiembre; sin embargo, de febrero a junio son acorralados por el fuego provocado por cazadores que vienen del otro lado de la frontera, muriendo aun los ejemplares más jóvenes. Abundan las arañas y es el único lugar en donde se ha visto tapir o danta y presencia de felinos.

Este sector tiene una conformación diferente pues hay pocos bajos y se observa más selva. Una brecha que abrimos, nos condujo hasta la laguna de Pochitok, nombre Maya de una tortuga, con el cual se le nombró.

A unos doscientos metros antes de llegar a la laguna se observaron los primeros indicios de ocupación prehispánica, que consistía en un enorme reservorio de agua perfectamente redondo. Al llegar a las orillas de la laguna, se hallaron varios agrupamientos de piedra de poca elevación. Estos pequeños montículos –posiblemente habitacionales– tienen forma ovalada y están dispuestos en una zona que fácilmente está sujeta a inundación. Es el único lugar de la zona donde se ha encontrado presencia de ocupación en un bajo.

Hacia el noroeste se pueden observar varios diques de piedra, los cuales probablemente llevaron el agua de lluvia hasta la laguna, a la cual desembocan. Se observaron cinco diques, los cuales posiblemente fueron excavados en roca natural. Un indicio de su utilización lo dan algunas piedras ubicadas al centro, formando gradas que controlan la caída de agua y forma pozas aun actualmente.

Similares formas de montículos como en Pochitok, se observan al noreste en el sitio denominado Chakan.

La tercera etapa de exploración, se hizo en el suroeste del biotopo. Las lluvias habían anegado las camperías lo que dificultó trasladarse por ellas. Se buscaron terrenos altos para poder transitar y la mayor oportunidad la ofreció la línea limítrofe entre Guatemala y México, partiendo de la estación Santa Clara sobre el río San Pedro, para poder explorar las lagunetas del Juncal, situadas al suroeste del biotopo. Se llegó al extremo sur de una gran laguna que se encuentra fuera del biotopo conocida como laguna Real. Se exploró la posibilidad de seguir hacia el Juncal, pero las inundaciones eran muy extensas, lo que impidió continuar. Durante el recorrido en la ribera oeste de la laguna, sobre un sitio conformado por varios montículos, terrazas y reservorios de agua; no tenía muestra de saqueo. Se nombró Cauac, no llegándose a conocer su extensión total. La cercanía de este lugar a la frontera permite el fácil ingreso de pobladores, quienes una vez más dejan huellas de su presencia depredadora.

La conformación de ríos y sus afluentes, además de las lagunas es probable que hayan permitido a los antiguos habitantes de esta zona, un fácil acceso y comunicación lo que facilitaría el intercambio rápido y a grandes distancias. Esto probablemente, contribuyó al incremento de pobladores, lo que se evidencia por los numerosos sitios que se encuentran a poca distancia unos de otros.

La segunda exploración llevada a cabo en el biotopo Laguna El Tigre-Río Escondido, fue además seguida por la Comisión Multidisciplinaria encargada de las áreas de reserva, quienes visitaron los lugares explorados en abril de 1990. Esta exploración abarcó un total de seis sitios nuevos y un área lo bastante desconocida que permite mantener la expectación, pues la variedad de información que ha brindado conduce a imaginar la riqueza histórica que aún espera por ser estudiada.

Los resultados obtenidos hasta la fecha permiten, entre otras cosas, ampliar más nuestro conocimiento sobre la extensión de la ocupación prehispánica en esa área y llama a reflexionar sobre lo que todavía hace falta, lo cual incluye desde estudios a nivel de biología aplicada en sus diferentes campos, a la investigación de las acciones del hombre en el pasado, y así resolver algunos de los problemas planteados para esta área, como también, estudios a nivel socio-económicos para interpretar el desarrollo de la sociedades antiguas. Asimismo se espera continuar con un inventario que ayude a promover la protección de esta zona tan lastimada cultural y ambientalmente.