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Velásquez, Juan Luis
1993 Un entierro dedicatorio a finales del Preclásico Medio en Kaminaljuyu, Guatemala. En III Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1989 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y S. Villagrán), pp.165-174. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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UN ENTIERRO DEDICATORIO A FINALES
DEL PRECLÁSICO MEDIO EN KAMINALJUYU, GUATEMALA

Juan Luis Velásquez

El estudio e investigación de los hallazgos arqueológicos relacionados a prácticas rituales y patrón de asentamiento, ha sido de especial interés en el estudio de las culturas Mesoamericanas. Dicha labor ha contribuido al conocimiento de la evolución de los pobladores de Mesoamérica, así como de las manifestaciones de su concepto mítico-religioso. Esto ha permitido comprender mejor una parte de la dinámica interna que sustentó la forma de vida de los habitantes de esta parte de América.

Un hallazgo arqueológico con un distintivo contenido que presenta evidencia de carácter ritual asociada a actividades constructivas en el sitio de Kaminaljuyu es el tema de la presente investigación.

Kaminaljuyu se encuentra localizado en el valle de Guatemala y en la actualidad ha sido absorbido por el crecimiento de la Ciudad de Guatemala. Fue un centro ceremonial desde tiempos Preclásicos, siendo para el Preclásico Tardío el mayor y más importante de las Tierras Altas Guatemaltecas. Su ocupación inicia durante el Preclásico Medio (1000-300 AC) y continúa hasta tiempos Postclásicos (1000-1500 DC), a manera de comprender aproximadamente 2500 años (Michels 1979).

A fines del año 1988, una excavación de rescate dirigida por el señor Sergio Ericastilla Godoy, miembro del Departamento de Monumentos Prehispánicos del Instituto de Antropología, realizó un singular descubrimiento. Un pozo de prueba denominado 5022 localizado entre los Montículos C-IV-1 y C-IV-4 (Figura 1), permitió encontrar una importante evidencia de los antiguos pobladores de Kaminaljuyu.

Hace más de dos mil años, hacia el año 300 AC, en una reducida área plana que conformaban tres o quizá cuatro plataformas previamente talladas en el talpetate natural (Figura 2), habitantes de Kaminaljuyu realizaron una cavidad o fosa con el objeto de dar lugar a un evento de gran importancia.

Dicho rasgo de forma oval realizado en un piso de talpetate natural, alcanzó dimensiones de 6 x 3 m norte-sur y este-oeste respectivamente, así como una profundidad de más de 0.60 m en el centro. Es importante mencionar que debido a que la fosa fue cavada en el talpetate, su forma es convexa y por lo tanto su mayor profundidad la alcanza en el centro, reduciéndose ésta en las orillas.

El objeto de tal actividad fue realizar una ceremonia especial y depositar 33 cráneos humanos, así como el cuerpo de una mujer, catorce vasijas de cerámica, figurillas, un silbato, gran cantidad de tiestos de cerámica, lascas de obsidiana y mica (Figura 3).

DISPOSICIÓN Y MATERIAL ÓSEO

La disposición de los cráneos, el esqueleto y las vasijas presentan un ordenamiento bien definido. La orientación de la fosa es en eje norte-sur; una vasija colocada en el centro contenía un cráneo decapitado (# 19), ésta parece delimitar dos espacios de diferente función, uno al norte y otro al sur.

Es importante notar que el fondo del espacio sur muestra un área libre de vasijas y cráneos, en el que solamente destaca la presencia de una vasija miniatura zoomorfa en forma cálceoforme (zapato) y un incensario trípode (véase abajo).

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Figura 1 Ubicación del Grupo C-V-9, Kaminaljuyu

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Figura 2 Perfil este-oeste de la Operación 5022

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Figura 3 Entierro y artefactos asociados, Operación 5022

Los cráneos restantes, o sean 32, se encuentran en el lado norte, dispuestos en grupos discretos como se describen a continuación:

  • 1. Al este de la vasija de ubicación central y en lo que pudo ser un pasillo entre dos plataformas de talpetate, se localiza un grupo de seis cráneos (# 23-28).
  • 2. Diametralmente opuestos y en ubicación similar en el lado oeste un segundo grupo de seis cráneos (# 13-18); ambos grupos descritos se encuentran alineados en eje este-oeste.
  • 3. Al norte de la vasija central se localizó un conjunto de siete cráneos más (# 5-11).
  • 4. Junto al lado sur de la vasija ya citada se localizaron dos cráneos (# 20-21).
  • 5. Once cráneos más se encontraron esparcidos entre los grupos de cráneos al norte y este (# 1-4, 22, 29-33; Figura 3).

La mayoría de los cráneos no presentan mandíbula, parecen ser solamente las calotas (parte superior), algunas se encontraron invertidas, lo que hace suponer que pudieron contener líquidos o comida, práctica ritual apreciada en el Ballet-Drama de las Verapaces, el Rabinal Achi.

Más de un caso mostró evidencia de haber estado más completo y algunos presentaron signos de decapitación, identificado ello por presentar dichos cráneos la existencia de la vértebra cervical adherida (Vilma Fialko, comunicación personal).

En el espacio sur se localizó el esqueleto extendido en decúbito lateral izquierdo de una joven mujer, en un eje norte-sur con la cabeza en el sur, volteada hacia el oeste. Presentó la dislocación de su brazo derecho, así como parece haber tenido atadas las muñecas y los tobillos. Dos líneas poco profundas en el esmalte de un diente (hipoplasia de esmalte) indican enfermedades que sucedieron cuando ella era niña (Whittington 1989), quizá por una deficiente alimentación.

Tres mandíbulas aisladas y otra que acompaña a la joven, así como un hueso largo opuesto a ella en el lado norte completan el material óseo (Figura 3). Algunas evidencias de material óseo no pudieron ser plenamente identificadas, aunque se puede suponer que otros huesos o fragmentos de ellos debieron existir.

MATERIAL CERÁMICO

En cuanto a las vasijas cerámicas recuperadas se puede mencionar que en el espacio norte se encontró seis vasijas pequeñas, cinco de ellas sin engobe y la restante engobada.

La cerámica sin engobe está representada por un cántaro de 13 cm de alto, de base cóncava, cuerpo alargado, cuello curvo divergente y borde directo redondeado (# 1), un cuenco de pared curvo convergente de un diámetro de 10 cm (# 2), dos vasos de 6 y 8 cm de alto respectivamente, el primero de pared curvo convergente y borde directo, mientras que el segundo de pared vertical y borde evertido (# 3-4).

Destaca la presencia de un plato de base convexa y pared curva muy abierta, que presenta dos asas, su diámetro es de 16 cm y su alto de 3.5 cm. Contenía restos de materia quemada en su interior, lo que sugiere que tuvo una función de quemador o incensario (# 10). Su pasta y superficie es del distintivo ware Baúl pasta Café-Rojizo (Wetherington 1978), propia de incensarios en Kaminaljuyu.

La cerámica engobada está representada por un cuenco miniatura de forma esférica y de un engobe negro bien pulido del ware Miraflores Negro Pulido (Wetherington 1978), parece que tuvo un asa (# 5), o bien fue una vasija doble compuesta de dos pequeños cuencos.

El grupo de seis cráneos al oeste está relacionado a un cántaro de cuerpo globular y cuello curvo divergente, tiene 30 cm de alto. Presenta un delgado engobe de color ante y en el borde y cuerpo franjas de engobe rojo (# 6). Pertenece al ware Embudo en el tipo Pilar Rojo sobre Ante (Wetherington 1978).

Los cráneos al este están relacionados a dos vasijas de bajo engobe de color ante, una de ellas es un cuenco de base convexa, cuerpo curvo convergente y borde directo redondeado, con decoración de una banda de engobe rojo bajo el borde, tiene un diámetro de 13 cm (# 8). Parece pertenecer al mismo ware que la anterior, aunque su pasta es de color rojizo, lo que recuerda al ware Baúl. La otra es un cántaro de 28 cm de altura, es de cuerpo globular y cuello curvo divergente, con borde reforzado en el exterior, presenta dos asas que van del borde a la base del cuello, parece que tuvo pintura en el borde exterior, así como presenta decoración punzonada en la base del cuello (# 7). Pertenecen ambas vasijas al ware Embudo Rojo sobre Ante (Wetherington 1978).

Una vasija especial es un incensario trípode (# 9), similar en pasta y superficie al plato (# 10) de similar función ubicado al extremo norte de la fosa; tiene la característica pasta rojiza de los incensarios de Kaminaljuyu. Incensarios de similar forma son característicos del Preclásico Medio durante la fase Las Charcas en Kaminaljuyu, los cuales continúan durante la fase Providencia. Se le considera también perteneciente al ware Baúl Pasta Café-Rojiza (Wetherington 1978).

Ambos incensarios se localizaron en un eje norte-sur con la vasija central, el trípode en el espacio sur frente a la joven y el otro al lado norte de la vasija central. Un recipiente amorfo, modelado en barro y con evidencias de haber estado sometido al calor y al fuego en el interior se constituye en otro quemador o incensario, su ubicación fue próxima al incensario con asas.

En el declive suroeste de la fosa se localizó dos vasijas de especial interés, una es un cuenco de base cóncava, silueta compuesta, de paredes divergentes, pestaña labial con acanaladura y decoración modelada. Tiene tres soportes cónicos truncados y decoración negativa (# 11), su altura es de 7.5 cm y un diámetro de 27 cm; es del tipo Usulután Engobe Crema (Wetherington 1978).

La otra es una olla globular de boca restringida, con dos pequeñas asas en la parte superior del cuerpo (# 12); su altura es de 22.5 cm y su diámetro de 26 cm, presenta un engobe gris blanquecino con manchas naranjas ante y negras por cocción.

Indudablemente la vasija más destacable la constituye un cuenco naranja bien engobado y pulido, de silueta compuesta, paredes divergentes y decoración facetada (# 13). Es del tipo Verbena Rojo-Naranja, ware Mirador Rojo (Wetherington 1978). Su diámetro alcanza los 40 cm y es la vasija que contenía el cráneo completo en el centro de la fosa.

CRONOLOGÍA

Las vasijas del conjunto permiten asignar al hallazgo una fecha hacia el año 300 AC, al final de la fase Providencia del Preclásico Medio en Kaminaljuyu. La muestra de tiestos existente en el gran relleno de más de 2 m de grosor que cubrió el entierro u ofrenda y su integración a los montículos C-IV-1 y C-IV-4 así parece confirmarlo.

Cerámica diagnóstica de la fase Providencia, tal el caso de los tipos Providencia Púrpura sobre Rojo, Mulato Grafito Pintado y los tipos de pasta blanca y engobe blanco Providencia Engobe Crema y Providencia Pintura Púrpura, así como Usulután Engobe Crema son abundantes. Contrastan con la escasa presencia de tipos diagnósticos para la fase Verbena del Preclásico Tardío, tal el caso de tipos como Verbena Café-Negro Inciso Fino, Verbena Rojo Fino (Inciso), Arenal Rojo y Arenal Inciso Grueso (ware Osuna; Wetherington 1978).

Los tiestos de cerámica Café-Negro con inciso fino, no presentan los elaborados motivos de tiempos Verbena; sin embargo, en unión a cerámica como la vasija trípode con decoración negativa (# 11), que es virtualmente idéntica a vasijas del grupo Izalco (Sharer 1978; Demarest 1986), sugiere una cronología para el entierro durante la transición Providencia-Verbena (300-200 AC).

APRECIACIONES GENERALES

Cortes y cavidades o fosas realizadas en el talpetate han sido reportadas en sitios Preclásicos en Mesoamérica tales como Tlatilco y Cuicuilco en el valle de México (Romano 1974), así como en Kaminaljuyu en el Valle de Guatemala (Borhegyi 1965) y han contenido generalmente entierros o basura.

El entierro múltiple bajo estudio muestra la realización de un evento de gran importancia, de tipo dedicatorio u ofrendario. La posibilidad de haberse realizado junto a él una gran ceremonia, quizá un ritual público, parece confirmarlo no solo la distribución espacial de los restos óseos, sino la ubicación y distribución espacial de las vasijas existentes.

Es a evidencias similares a la que se les ha denominado cráneos trofeo y cuya tradición comprende toda la cronología Mesoamericana. Parece ser que cráneos inhumados posteriormente harían las veces de ofrendas propiciatorias mítico-religiosas (Romano 1974).

Hallazgos similares que contienen cráneos trofeo se han reportado durante el Preclásico en Tlatilco y Cuicuilco en el Valle de México (Romano 1974), en el montículo del Trapiche en Chalchuapa, El Salvador (Fowler 1984), Los Mangales en el Valle de Salamá, Guatemala (Sharer y Sedat 1987), en Kaminaljuyu en el Montículo E-III-3 (Shook y Kidder 1952), en Uaxactun y Río Hondo en las Tierras Bajas Mayas (Ruz 1965), y en Cerros, Belice, entre otros.

La mujer sacrificada presenta evidencias de haber estado atada y con señas de dislocación en el brazo derecho. Su carencia de objetos suntuarios, así como de ofrendas estrechamente relacionadas y la evidencia de mala alimentación en su niñez, hace suponer que se trata de un individuo de no alto status, que pudo ser cautiva o sirviente y formó parte de la ofrenda dedicatoria total. Si fue colocada desde el inicio del rito o al final del mismo, así como las causas de su muerte no es posible determinarlo.

Sobre la base de las investigaciones realizadas en el área Maya para estudiar la función de las vasijas (Adams 1971; Lishka 1978; Demarest 1986) y la aplicación de ellas al estudio de las vasijas del presente caso, es posible hacer algunas interpretaciones acerca del ritual realizado y del papel que cada una de ellas y en conjunto pudieron desempeñar, considerando en principio al conjunto de vasijas en un contexto y función ritual y ceremonial.

Un pequeño cántaro y dos vasos miniatura (Figuras 3 y 4), todos sin engobe, fueron colocados en el lado norte de la fosa. Pudieron contener algún líquido o bebida de carácter ritual, tal el caso de sangre o bebidas embriagantes como balche. Una vasija con similar función puede ser un cuenco miniatura de engobe negro bien pulido, el cual parece haber tenido un asa o mango (Figura 4).

El cuenco de pared curvo convergente sin engobe colocado frente a dos cráneos en eje norte-sur con el que ocupó la posición central, pudo contener comida de carácter ritual, tal el caso de hongos alucinógenos (Borhegyi 1965; Brown 1984).

El cántaro de engobe Rojo sobre Ante (Figura 4) que se encontró totalmente fragmentado en el lado oeste de la fosa, pudo quebrarse como parte de la ceremonia durante el ritual; práctica similar se realiza hasta estos días en los altos de Guatemala, al quebrar vasijas durante ceremonias así como al ofrendar tiestos de vasijas rotas anteriormente.

El cántaro y el cuenco del lado este presentan características especiales, ya que el cuenco se localizó bajo el cántaro. Este, aunque su función es generalmente para contener agua, tenía en su interior restos de materia quemada. Esto lo coloca en una función de quemador, casos similares se han reportado en circunstancias rituales en las cuevas de Naj Tunich en Petén (Brady 1987). Los incensarios y esta vasija debieron haber quemado pom u otra sustancia en un ritual al aire libre.

El cuenco naranja que contenía el cráneo completo se considera que su uso era para servir comida y ofrenda ritual, por su diámetro de 38 cm no se ubica en contextos domésticos y dada su característica de presentar decoración facetada en el cuerpo, se supone que funcionó para portar comida caliente (Demarest 1986).

Esto sugiere que el cráneo que contuvo estuvo sometido a calor, el caso de digerir carne humana cocida en contextos rituales ha sido mencionado ampliamente en la literatura arqueológica Mesoamericana (Nájera 1987), por lo que es posible considerarlo para el presente caso.

Las tres vasijas colocadas en el espacio sur son bastante distintivas. El cuenco trípode con pestaña labial y decoración negativa (Usulután), se ha considerado que cumple una función de contener agua para lavar, ya sea manos u objetos (Demarest 1986).

La olla de engobe gris blanquecino que la acompañaba contenía evidencias de haber quemado algo en su interior y guardaba una navaja bifacial de obsidiana de más de 20 cm, la cual casi no presentaba huellas de uso. El haber quemado textiles o papel con sangre ha sido mencionado en contextos rituales por Nájera (1987), ya que como menciona, los dioses o deidades se alimentan también mediante el olor.
Finalmente, una vasija miniatura zoomorfa puede representar una deidad importante en el evento (Demarest 1986; # 6a) y su forma cálceoforme miniatura (zapato) resulta especial.

Es posible con lo anteriormente expuesto y con la ayuda de comparaciones bibliográficas de rituales Mesoamericanos, como el de Agrinier (1978) en Chiapas, especular lo siguiente:

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Figura 4 Vasijas provenientes de la Operación 5022

A fines del Preclásico Medio en Kaminaljuyu se inició la construcción de un nuevo conjunto de montículos, este sería el que se conoce como Grupo C-V-9 (Michels 1979). Con el crecimiento entre los cinco linajes existentes para entonces en Kaminaljuyu (Michels 1979), este acontecimiento debía ser notablemente conmemorado. En el espacio existente entre tres (o cuatro) plataformas, se talló un corte en el talpetate natural y este espacio sagrado fue dividido en dos, con la colocación de una vasija en el centro que contuvo la cabeza de un posible cautivo de alto rango, en forma de delimitar un espacio al norte y otro al sur.

El norte se ha asociado a lo positivo, a la abundancia y prosperidad (Agrinier 1978); fue allí donde se colocó la ofrenda de 33 cráneos, la mayoría de las vasijas y dos concentraciones de lascas de obsidiana. No se puede saber a ciencia cierta si todos los cráneos colocados fueron de cautivos para la ocasión, o si algunos de ellos fueron inhumados para la misma.

En el espacio sur se colocó el cuerpo de la joven mujer; el sur se ha considerado de carácter negativo, de enfermedad, escasez y sequía (Agrinier 1978). En este mismo espacio se colocó posiblemente el sacerdote o Chamán, para conducir el ritual, viendo hacia el norte. Lo acompañaban la vasija zoomorfa, posible representación de una deidad, un cuenco para ritos de lavamiento en la ceremonia, así como una olla que, después de haber quemado parte de la ofrenda, guardó la navaja prismática que pudo servir para ritos de sangramiento o de cortar partes blandas del cráneo central (# 19) en una función dedicatoria y quizá de antropofagia ritual como se ha considerado ampliamente en los rituales Mayas (Nájera 1987).

Los incensarios debieron funcionar durante la ceremonia para crear un ambiente sagrado, elevar las plegarias en una relación entre lo humano y lo divino, en una íntima relación entre lo profano y lo sagrado, un manifiesto de la unidad del cosmos en la ideología mesoamericana.

Al final del ritual se cubrió toda la ofrenda y el espacio sagrado con un gran relleno de mezcla de barro, talpetate y arena de más de 2 m de grosor. Este dio sustentación a los montículos ya mencionados (C-IV-1 y C-IV-4), o bien al asentamiento del Grupo C-V-9. Los cráneos trofeo se han considerado generalmente como cautivos de guerra, que son sacrificados para ceremonias de ofrenda, generalmente relacionados a construcciones de edificios. En el caso particular parece que su presencia obedece a la construcción del Grupo C-V-9.

Durante la fase Providencia (500-300 AC), a fines del Preclásico Medio, el Grupo B-V-1 funcionó y representó a uno de los cinco linajes del cacicazgo de Kaminaljuyu (Michels 1979). Una mitad de este linaje residía en la plaza formada por los montículos B-IV-1, B-V-6 y C-IV-1. Sin embargo, para la fase Verbena al inicio del Preclásico Tardío, la actividad se desplazó hacia el este para edificar y ocupar durante ese tiempo el Grupo C-V-9, por lo que se edificó el C-IV-4. Parece ser que la construcción de este nuevo grupo está relacionada a la ofrenda en mención (Figura 1).

Finalmente, se puede considerar que la tradición de ritos de sacrificio humano asociados a construcción de arquitectura fue de gran importancia; se ejemplifica desde el Preclásico Medio y Tardío en el área Maya, así como la evidencia de conflictos entre distintos grupos humanos para la obtención de cautivos destinados al sacrificio ritual como muestra de poder, prestigio y status de los dirigentes. Esta práctica usual en el Preclásico, así como el ritual antropofágico asociado, evidencian la complejidad social de esos tiempos, así como la homogeneidad cultural Mesoamericana del Preclásico Medio (800-300 AC). Futuros trabajos que se realicen en torno a problemáticas de prácticas rituales e ideología en el área Mesoamericana ayudarán a comprender mejor la vida espiritual y sus manifestaciones relacionadas con los tempranos habitantes de esta región, quienes produjeron una sorprendente civilización en tiempos precolombinos.

REFERENCIAS

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1971 The Ceramics of Altar de Sacrificios. Papers of the Peabody Museum of Archaeology and Ethnology, Vol.63, No.1. Harvard University, Cambridge.

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