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Demarest, Arthur A., Stephen Houston y Kevin Johnston

1991  Proyecto Arqueológico Petexbatun: Nuevas perspectivas sobre el sistema de guerra Maya y el colapso. En II Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1988 (editado por J.P. Laporte, S. Villagrán, H. Escobedo, D. de González y J. Valdés), pp.226-231. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala. 

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PROYECTO ARQUEOLÓGICO PETEXBATUN: NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE EL SISTEMA DE GUERRA MAYA Y EL COLAPSO

Arthur A. Demarest

Stephen Houston

Kevin Johnston

El Proyecto Regional Petexbatun dará inicio el próximo año. Este proyecto será un esfuerzo de colaboración entre el Instituto de Antropología e Historia y la Universidad de Vanderbilt, así como de otras instituciones guatemaltecas y norteamericanas (Demarest y Houston s.f.). El principal objetivo del proyecto es la preservación y conservación de los sitios y monumentos de la región de Petexbatun en el suroeste del Petén, una importante área del Patrimonio Cultural de Guatemala, actualmente con amenazas de saqueo. Es necesario esforzarse para consolidar y conservar la arquitectura y monumentos saqueados de la región, así como en registrar, estudiar y ayudar a preservar las áreas y monumentos de la región que continúan intactos.

Sin embargo, el proyecto tiene también un segundo objetivo, el cual es conocer más acerca de la naturaleza de la civilización Maya en esta región así como explicar los muchos misterios de los antiguos Mayas los cuales continúan sin ser resueltos. Un problema teórico se refiere a la naturaleza de las guerras, sus causas y efectos y su papel en el colapso Maya. La evidencia según los estudios epigráficos, el reconocimiento y mapeo indican que la región de Petexbatun guarda algunas de las claves para comprender la naturaleza de la guerra de los Mayas y es posible que también guarde una clave para entender el colapso Clásico de la civilización Maya de las Tierras Bajas del sur (Demarest y Houston 1988).

LA GUERRA MAYA Y TEORÍAS DE SU NATURALEZA

Recientes investigaciones arqueológicas y epigráficas han influido grandemente nuestro punto de vista sobre los antiguos estados Mayas del periodo Clásico. Una vez conocidos como sacerdotes amantes de la paz y adoradores del tiempo, los Mayas son ahora conocidos por haber sido una de las poblaciones más bélicas del Nuevo Mundo. Eran conducidos por sus gobernantes, cuyos cultos religiosamente organizados estaban dirigidos para realizar incursiones, tomar prisioneros y hacer sacrificios humanos, lo que los mantuvo en constante guerra desde antes de 300 DC hasta el colapso de la civilización Maya de las Tierras Bajas del sur alrededor de 900 DC. La violencia en la sociedad Maya tuvo sus raíces en su obsesión por el sacrificio, incluyendo los sacrificios humanos.

Casi todas las ocasiones ceremoniales principales, involucraban rituales de sacrificio tanto por laceración propia como por sacrificio de prisioneros capturados en las incursiones. El precio de la derrota y captura era la humillación pública, tortura, decapitación, o extracción del corazón. A juzgar por la evidencia iconográfica y los textos, el prestigio de las dinastías gobernantes dependía de su éxito en la batalla y del sacrificio de prisioneros de guerra.

Estas características plantean importantes cuestionamientos. ¿Cuáles eran las motivaciones para hacer la guerra? ¿Qué intereses perseguían? ¿Cuál fue su papel en la destrucción final de la civilización Maya?

Actualmente se ha aceptado que los Mayas eran gente bélica. Lo que se discute es el papel de la guerra en el surgimiento y caída de la civilización Maya. Unas teorías de moda ‑basados en gran parte en el descubrimiento de un pequeño número de centros fortificados‑ se presentarían así: el inicio del estado Maya fue el resultado de un surgimiento gradual de gobernantes militares, quienes combatían por el derecho de tierra más fértil. Tal competencia los llevó a incrementar la estratificación social y la concentración del poder y finalmente, el surgimiento como un estado autoritario. Los objetivos económicos específicos, incluyendo el apropiarse de territorios, fueron las fuerzas impulsoras detrás del conflicto. Este tipo de interpretación ha sido propuesto por Webster (1975, 1976), Sanders (1977), Ball (1977) y otros y tiene sus raíces en teorías generales de presiones y circunscripciones demográficas desarrolladas originalmente por etnógrafos como Robert Carneiro (1961, 1970), y Andrew Vayda (1969, 1976, 1980).

Tales interpretaciones tienen varios grandes defectos. Por un lado, la interpretación del sistema de guerra Maya con una naturaleza desenfrenada y territorial se deriva de una pequeña muestra de sitios fortificados. Una revisión extensiva de los asentamientos Mayas mapeados indica que sólo un pequeño porcentaje de los sitios fue fortificado o localizado en posiciones defensivas. La gran mayoría de los centros Mayas muestran patrones residenciales dispersos en localidades abiertas, no defensivas. Aún más significativas son las representaciones escultóricas y murales sobre la guerra Maya. El arte de las Tierras Bajas Mayas del sur muestra numerosas representaciones con este tema. A diferencia de los centros del Postclásico de México, las representaciones casi nunca incluyen escenas de incendios de templos o casas, sin embargo los trajes, equipo y armamento son elaborados, ritualizados y poco prácticos cuando se comparan con otros atavíos de aquella época en cualquier otra parte de Mesoamérica. Queda, entonces, una paradoja: se trataba de gente deseosa de batallas que estaba dedicadas a la guerra, aunque no prestaban mucha atención a una defensa efectiva.

En un trabajo (Demarest 1978), fue argumentado que un extenso código de éticas y reglas de compromiso debió haber limitado el efecto destructivo y desestabilizador del sistema de guerra Maya. Por ejemplo, los ataques a templos o áreas domésticas debieron haber estado prohibidos, con la mayor parte del conflicto canalizado hacia ataques más restringidos y ritualizados. Tales límites pueden explicar los contactos extensivos y pacíficos entre los centros Mayas, según lo expresan rasgos compartidos como el comercio continuo, los matrimonios y alianzas entre las elites, los cánones estilísticos y la ideología. Estos contactos también pueden explicar la escasez de fortificaciones.

Recientes desciframientos de jeroglíficos Mayas permiten ahora leer muchos textos relacionados directamente con la guerra Maya. Schele (1984) y Freidel (1986) han concluido que esta nueva evidencia jeroglífica e iconográfica confirma el concepto de “ética de situación” o un código de conducta para la guerra. Desciframientos e interpretaciones iconográficas por Schele (1984), Freidel (1986), Mathews (1979), Stuart (1985), Miller (1981, 1986), y otros sugieren que el principal objetivo de la guerra fue la captura de unos cuantos individuos de rango elevado para sacrificio. Freidel (1986) ha argumentado:

la captura y sacrificio de individuos de alto rango es un tema penetrante en el ritual público Maya. El enfoque no es hacia la posesión de lugares, ni siquiera de dinastías subyugadas, sino más bien el rango de la víctima, desplegado en ornamento personal, título o nombre“.

Las reinterpretaciones recientes de Mary Miller (1986) sobre los famosos murales de Bonampak enfatizan la mayoría de características del sistema de guerra Maya y presentan las guerras como eventos sangrientos, terminando en tortura y sacrificio, pero no necesariamente en incremento de territorio. De manera similar, recientes excavaciones por Fash en el sitio de Copan, han demostrado que la derrota y decapitación de un gobernante de Copan no condujo a la conquista de ese estado Maya, sino paradójicamente, a un periodo de florecimiento.

David Freidel ha ido más allá, al nombrar al conflicto Maya inter‑centro, como “paz a través de guerra” (Freidel 1986). El argumenta que los sistemas altamente ritualizados de la guerra Maya servían grandemente como un mecanismo para mantener un equilibrio entre las llamadas “peer‑polities” o sea estado de status similar. Según Freidel, el culto de los Mayas a la guerra definió y canalizó las relaciones y conflictos inter‑centro con un impacto destructivo mínimo y fortaleció el sistema de ciudades‑estado mientras se mantenían los límites políticos. Entonces, en teoría, la guerra Maya reforzó las relaciones estructurales entre las ciudades‑estado y los efectos de la guerra fueron aparentemente minimizados por redes de interacción pacífica, así como casamientos reales, sistemas de intercambio y un sistema ideológico compartido.

Parece probable que la naturaleza de la guerra Maya no fuera tan ritual como dice Freidel, ni tan expansionista y económica como las interpretaciones de Webster y Carneiro. En realidad la guerra Maya parece haber sido una mezcla de guerras rituales y guerras con objetivos dinásticos y tal vez también con motivos directamente económicos. Lo importante es que los efectos de las guerras no rituales eran limitados por la ética de la guerra, o por limitaciones en el sistema político de los Mayas (Demarest 1992; Houston 1987; Johnston 1985).

Tal patrón para el sistema de guerra Maya durante el Clásico, es sostenido por reciente evidencia jeroglífica que indica que la conquista y unificación territorial fue poco frecuente entre los Mayas Clásicos de las Tierras Bajas del sur. Aparentemente la política básica Maya era la ciudad‑estado, que posiblemente gobernaba algunos centros satélites más pequeños, pero que en ningún momento alcanzaba el inmenso tamaño imaginado una vez por algunos investigadores como Joyce Marcus o William Coe. Por supuesto, la expansión y conquista de centros rivales de hecho ocurría, pero este incremento de territorio continuaba siendo muy reducido. La guerra se reflejaba en fluctuaciones en el tamaño de los estados, pero la misma no condujo a la unificación de grandes regiones (Demarest 1978, 1992; Houston 1987).

Es esta falta de expansión territorial la que más fuertemente niega los modelos de la guerra Maya con grandes efectos en la extensión demográfica y territorial. En una reciente conferencia en Nuevo México, los epigrafistas y arqueólogos Mayas debatían este argumento, concluyendo que la nueva información jeroglífica deja poca duda respecto al reducido tamaño y estabilidad territorial de los reinos Mayas Clásicos (Riese 1984; Mathews 1985; Culbert 1988). De hecho la evidencia Peter Mathews, Stephen Houston, y a otros empezar a trazar fronteras entre cada una de estos estados Mayas (Mathews 1985, comunicación personal Houston y Mathews 1985).

LA HISTORIA Y LA GUERRA EN PETEXBATUN

Tal sistema de territorialidad formó parte de un equilibrio “dinámico” de constantes guerras, pero usualmente limitadas a ese efecto. Dicho sistema pudo haber funcionado durante todos los periodos del Clásico, pero aparentemente empezó a decaer después de 670 DC, particularmente en el área norte de Guatemala, hacia el oeste del río Pasión, cerca del lago Petexbatun. En un área de unos cincuenta kilómetros cuadrados, existen por lo menos cinco centros con monumentos y textos jeroglíficos. Esta será el área de enfoque de por lo menos cinco años de investigación del Proyecto Regional Petexbatun (Demarest y Houston s.f., 1988). Debido a su poco común, pero completa historia sobre el sistema de guerra y sus ventajas como una zona arqueológica, se considera que la región de Petexbatun guarda una clave para comprender el sistema de guerra Maya y tal vez para aclarar el colapso de las Tierras Bajas Mayas del sur. Su historia recientemente descifrada (Houston y Mathews 1985; Houston 1987) proporciona información detallada respecto al sistema de guerra y paz entre los Mayas, así como un recuento único de cómo decayó tal sistema.

La región de Petexbatun y del río Pasión incluye los centros mayores de Dos Pilas, Aguateca, Ceibal y Altar de Sacrificios, así como los centros menores de Arroyo de Piedra, Itzan, Tamarindito y La Amelia. La región de Petexbatun está dotada con más de 200 extraordinarios monumentos que ya han sido descifrados en gran parte. Estos monumentos dan una imagen sorprendentemente detallada de la historia política de la región (Houston y Mathews 1985; Houston 1987; Mathews 1985; Johnston 1985; Mathews y Willey s.f.).

Empezando en 671 DC, los gobernantes de Dos Pilas, uno de los centros de Petexbatun, iniciaron una serie de medidas de expansión que cambiaron las reglas del sistema de guerra Maya. Sus efectos condujeron al desarrollo del más grande estado de conquista en la historia de las Tierras Bajas Mayas del sur. La historia dinástica de Petexbatun habla de las guerras, alianzas y maniobras políticas que los grandes gobernantes de Dos Pilas realizaron para hacer mayor ese centro.

Los Gobernantes 1 y 2 extendieron el poder de Dos Pilas y su red de alianzas a través de matrimonios reales y actuaron como protectores en los centros rituales menores (Houston y Mathews 1985). Los Gobernantes 3 y 4 de Dos Pilas propiciaron más directamente una conquista militar, así como la captura de prisioneros reales de otros centros. Estas victorias y el establecimiento del dominio de Dos Pilas sobre otros centros, fueron conmemorados en muchas estelas y especialmente, en muchas escalinatas jeroglíficas de los sitios de Petexbatun.

Un trazo de planos detallado de las fronteras políticas de Pasión y Petexbatun por Peter Mathews (Mathews y Willey s.f.) muestra la expansión del estado de Dos Pilas después de 671 DC. Dos Pilas estableció un amplio sistema de alianzas bajo los Gobernantes 1 y 2. Para 711 DC ya había absorbido y conquistado una extensa área de las regiones de Petexbatun y Pasión, incluyendo Arroyo de Piedra y Tamarindito. Durante su expansión militar conquistaron muchos sitios ‑ incluyendo La Amelia, El Pato, y otros. La victoria más grande de la continua expansión de Dos Pilas ocurrió en 735 DC cuando declararon la guerra en contra de un centro más grande, Ceibal. El Gobernante 3 de Dos Pilas derrotó a Yich’ak Balam de Ceibal y absorbió el poder del mismo, así como sus centros subsidiarios para incluirlos dentro del expansivo estado de Petexbatun. Las estelas y escalinatas jeroglíficas de Dos Pilas y su capital hermana, Aguateca conmemoran la captura, tortura, y eventual sacrificio de Yich’ak Balan de Ceibal. Posteriormente fue conquistado el lejano centro de Cancuen y los señores de Dos Pilas oficiaron ceremonias que indicaban el control territorial total de esta zona (Houston 1987).

Sin embargo, más tarde en 790 DC, cuando el estado del Petexbatun había alcanzado su mayor extensión, parece haber colapsado súbitamente, dejando la región dividida en una serie de pequeños gobiernos independientes. La talla de monumentos y la construcción arquitectónica cesó abruptamente en este tiempo. Mapeos y materiales de superficie indican que probablemente fue también en este tiempo cuando, en los sitios del Petexbatun, se construyeron los rasgos más poco comunes. Ejemplo de uno de ellos fue la construcción de muros defensivos de mampostería, que circula los centros de Dos Pilas, El Duende, Aguateca y otros sitios de Petexbatun. Es posible que estos muros hayan sostenido empalizadas de madera. En Dos Pilas y Aguateca los muros están construidos sobre arquitectura formal más temprana, incluyendo templos y palacios y circulando terrenos elevados con una serie de terraplenes en forma de anillos concéntricos (Demarest y Houston 1988). Dentro de los confines de estas empalizadas dobles y triples, una escasez de tiestos y restos domésticos del Clásico Terminal sugieren una reducción de población (Demarest y Houston 1988).

Muchos detalles de la historia de Petexbatun deben esperar para su estudio aunque los lineamientos más amplios y el significado general de su historia son evidentes (Demarest y Houston 1988). Por razones que se espera descubrir durante las investigaciones, parece que la acelerada marcha de las guerras de Petexbatun condujo al rompimiento de las limitaciones normales del tamaño normal de estados Mayas. Por el contrario, a raíz de las mismas, empezó una verdadera expansión territorial, la que culminó en la abrupta desintegración política del sistema completo. La construcción y actividad ceremonial cesó en Dos Pilas. En Aguateca parece que las poblaciones se concentraron en los centros que ya estaban amurallados. Un poco más tarde, aparecieron en la región las intrusiones “Maya mexicanizadas”, estableciéndose como un señorío del Clásico Tardío en Ceibal. Poco tiempo después, la mayor parte de las Tierras Bajas Mayas del sur experimentaron el famoso “Colapso Maya Clásico” y muchas de las capitales dinásticas Mayas decayeron y empezaron a perder su población.

PERSPECTIVAS E INVESTIGACIONES EN CURSO

Durante los siguientes años de excavaciones del Proyecto Arqueológico Petexbatun, se explorará más profundamente la particular historia de esta región, la naturaleza y causas del sistema de guerra, las fuerzas detrás de la expansión del estado único de Dos Pilas y el significado del surgimiento y caída de los reinos del Petexbatun, para proceder a formular de teorías sobre el colapso Maya. Nuestra acertada información epigráfica proporcionará un punto de partida para los estudios arqueológicos y a partir de ello, se explorarán la arquitectura ceremonial, construcciones defensivas, ocupaciones domésticas, patrones de asentamiento, ecología regional y redes comerciales de cerámica y lítica (Demarest y Houston 1988, s.f.).

Combinando la arqueología y epigrafía, se tratará de encontrar las presiones ecológicas, políticas e ideológicas que condujeron a los gobernantes de Dos Pilas a empezar a cambiar las reglas de los sistemas de guerra Maya para iniciar una campaña de conquista en la zona. También se espera comprender cómo y por qué esta campaña pudo conducir al posterior colapso del estado de Petexbatun. Finalmente, se espera descubrir si la aceleración del sistema de guerra y su consecuente desastre regional en Petexbatun, contribuyó al colapso general de la civilización Maya de las Tierras Bajas del sur. Todos estos son cuestionamientos complejos, difíciles de responder, pero en los siguientes años, con la efectiva colaboración de muchos arqueólogos, el Proyecto Petexbatun acepta el reto de esta región y entonces se espera poder responder a algunos de los muchos enigmas concernientes al sistema de guerra, política de gobierno y decadencia de la civilización Maya Clásica.

REFERENCIAS

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