Asociación Tikal

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Valdés, Juan Antonio

1991  Los mascarones del Grupo 6C-XVI de Tikal: Análisis iconográfico para el Clásico Temprano. En II Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1988 (editado por J.P. Laporte, S. Villagrán, H. Escobedo, D. de González y J. Valdés), pp.129-145. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala. 

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LOS MASCARONES DEL GRUPO 6C‑XVI DE TIKAL: ANÁLISIS ICONOGRÁFICO PARA EL CLÁSICO TEMPRANO

Juan Antonio Valdés

Durante los últimos meses de 1981, tuve a mi cargo el inicio de los trabajos exploratorios del sector habitacional al sur del grupo mayor conocido como Mundo Perdido de Tikal. En esta oportunidad fueron investigados cinco grupos habitacionales, presentando cada uno de ellos, diferencias arquitectónicas de la última época constructiva correspondiente al Clásico Tardío, que dando enmarcados dentro de los patrones de plaza 2 y 3 asignados para Tikal (Becker 1982; Valdés 1983). Posteriormente los estudios de patrón de asentamiento fueron ampliados por otros miembros del Proyecto Nacional Tikal, investigándose un total de 16 grupos (Valdés 1985:49‑65) localizados en los Cuadrantes Perdido y Corriental.

El grupo más pequeño de los conjuntos seleccionados para investigación, fue el denominado 6C‑XVI, en donde eran observables únicamente tres estructuras de pequeñas dimensiones y que en el plano de Tikal (Carr y Hazard 1961) se conocen como 6C‑51, 52 y 53 (Figura 1). Anteriormente a la investigación, este pequeño conjunto había sido hecho un muestreo por medio de pozos de sondeo ejecutados por miembros de la Universidad de Pennsylvania, asignándose un fechamiento correspondiente al Clásico Tardío.

Uno de los principales objetivos en 1981 para el Grupo 6C‑XVI, era confirmar el fechamiento obtenido por Pennsylvania, para así poderlo relacionar de manera temporal y espacial con los otros conjuntos que se estaban excavando en su cercanía. Debido a esto, fueron realizados varios pozos de muestreo directamente en plaza, los que produjeron cerámica que permitió confirmar su fechamiento para el Clásico Tardío. Esta cerámica, sin embargo, estaba muy cerca de la superficie y bastante erosionada por lo que se decidió realizar dos pozos más en las afueras del grupo para estar completamente seguros del fechamiento, considerándose que con ello se daría cumplimiento a la investigación y así la misma quedaba concluida.

Como sorpresa, esto no fue así, ya que fueron estos dos últimos pozos los que aportaron datos de reveladores rasgos importantes que obligaron a ampliar las excavaciones al descubrirse la presencia de diferentes estructuras más antiguas en los niveles inferiores. La importancia de este lugar resultó ser mucho mayor de lo que se pensó en un principio, lo cual conllevó un arduo trabajo por medio del sistema de túneles durante dos años y medio para conocer completamente la complejidad arquitectónica de varias plazas y edificios, así como también de mascarones, murales policromos, tumbas y un marcador de juego de pelota esculpido (Laporte y Fialko 1985, 1990).

Debajo de la ocupación habitacional del Clásico Tardío, se descubrieron edificios que forman una larga secuencia de 23 estadios constructivos pertenecientes al Clásico Temprano y específicamente fechados para las fases Manik 2 y Manik 3, correspondientes entre los años 300 a 550 DC (Laporte 1987). Una serie de mascarones estucados asociados con arquitectura fueron descubiertos en tres edificios conocidos como Sub‑4, Sub‑73 y Sub‑75, el primero de ellos fechado para la parte tardía de Manik 2, mientras que los otros dos corresponden a la faceta Manik 3‑B y son estos mascarones los que forman el sujeto principal de este trabajo, los que serán presentados a continuación.

 

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Figura 1  Plano de localización del conjunto Mundo Perdido y del Grupo 6C-XVI 

MASCARONES DE LAS FASES MANIK 2 TARDÍO Y 3-A: 350-488 DC

EDIFICIO SUB‑4

El Edificio Sub‑4 se localiza formando el límite sur del Patio Sur del Grupo 6C‑XVI (Figura 2). Fue construido desde el primer estadio del conjunto y utilizando hasta el estadio 10, por lo que se conoce que estuvo en funciones durante la parte terminal de Manik 2 y en Manik 3‑A (350‑488 DC). “Consiste de una plataforma en la cual se aplicó el modo talud‑tablero en los sectores laterales, sin considerar el frente para ello, en forma combinada con molduras en faldón y entrecalles a distintas alturas, lográndose así un efecto especial que marcará el estilo a seguir por otras edificaciones” (Laporte 1985:17).

 

 

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Figura 2  Grupo 6C-XVI, Estadio 8 (según Laporte 1989)

El edificio se encuentra orientado hacia el norte (Figura 3), en donde presenta una escalinata exenta, la cual estuvo desde el primer momento flanqueada por un mascarón a cada lado de ella. Durante el proceso de excavación, únicamente pudo conocerse el mascarón ubicado al este de la escalinata, ya que el sector oeste del edificio fue destruido por los constructores Mayas, al efectuarse remodelaciones en el lugar. Junto al mascarón existente fueron descubiertos los restos de una pintura que muestra una figura humana de perfil pintado en colores rojo y naranja, de la que pocos trazos persisten.

El mascaron encontrado mide 2.20 m de largo (Figuras 4 y 5) y su altura total se desconoce por encontrarse mutilada la sección superior. Está elaborado en piedra recubierta de estuco y pintado de color rojo. La figura está compuesta de una cabeza grotesca en la parte inferior, de la que emerge otra criatura con rasgos antropomorfos y llevando cada una de ellas su respectivo arreglo de orejeras, volutas en forma de J y un gran tocado de plumas que descienden de la figura superior enmarcando todo el conjunto.

El mascarón inferior está bien preservado y muestra junto a la cabeza varias volutas que salen hacia ambos lados de ella, lleva grandes ojos en forma rectangular, nariz felina y labio superior pronunciado (Figura 5) y en la boca presenta una voluta bifurcada hacia los extremos. Todo lo anterior se encuentra sostenido por tres figuras redondeadas, que presentan al mismo tiempo otros círculos en su interior y que parecen ser gotas de sangre, estando todo el conjunto pintado de color rojo. Lo anterior hace que dicha criatura pueda ser interpretada como el jaguar‑sol del inframundo, del cual emerge la cabeza de otra figura, en este caso con rasgos humanos portando volutas en las mejillas y gotas de sangre (?) junto a los labios y hacia abajo de la boca. La cara humana está destruida arriba de la región de la boca, por lo que es imposible conocer sus características diagnósticas. Sin embargo, es factible observar parte de las grandes orejeras que lo acompañan, así como también el arreglo de plumas que descienden de la parte superior, lo cual indica su posición predominante en el contexto cosmogónico y que puede identificarse como la Deidad Solar en su aspecto de cielo.

 

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Figura 3  Grupo 6C-XVI, Estadio 7 (según Laporte 1989)

 

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Figura 4  Edificio Sub-04, mascarón (según Laporte 1989)

 

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Figura 5  Edificio Sub-04, mascarón (según Laporte 1989)

Por su posición al este del edificio, es seguro que se trata de la figura del sol naciente por la mañana, el cual emerge del sol esquelético de la noche o del inframundo. El lado oeste de la Plataforma Sub‑4, debió tener por lo tanto otra deidad solar, que portara elementos que representaran el sol en el ocaso, cumpliendo con ello el proceso dual de la estrella mayor del universo, ejemplos que han sido plenamente identificados en otros sitios del área Maya desde los tiempos Preclásicos.

En el caso concreto en que se representaron figuras emergiendo de otra figura inferior, sus orígenes se remontan al Preclásico Tardío, como se observa en los mascarones de la Pirámide 29‑B de Cerros (Figura 6) en donde se muestra un jaguar esquelético de labio pronunciado y una gran voluta bifurcada en la boca. De la parte superior de este jaguar sale otra figura de menores proporciones, en este caso con forma humana y portando volutas en la boca. Todo el conjunto ha sido interpretado por Freidel (1982) como el nacimiento del sol saliendo del inframundo e indica además que ésta puede ser una versión Preclásica de las figuras antropomorfas de G‑III de la Tríada de Palenque mostradas durante el periodo Clásico.

Como es sabido, esta tradición que ligó escultura con arquitectura, vio sus inicios en las Tierras Bajas durante el Preclásico Tardío y muchos de los elementos iconográficos continuaron siendo utilizados posteriormente en los mascarones, estelas y altares del periodo Clásico.

Un ejemplo de ello se localizó en la Acrópolis Norte de Tikal (Miller 1986), en donde se encuentra el Edificio 5D‑23‑2º fechado para el Clásico Temprano y también decorado con mascarones que muestran similitud con el Edificio 29‑B de Cerros y Sub‑4 del Grupo 6C‑XVI de Tikal. En el mascarón del edificio de la Acrópolis Norte (Figura 7), se observa también un ser antropomorfo representando la soberanía, emergiendo de la cabeza de una figura felina identificada como el jaguar‑sol del inframundo, que porta el símbolo real de petate y las volutas saliendo de su boca y de la parte superior de los ojos.

 

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Figura 6  Edificio 29-B, Cerros, Belice: mascaron (según Freidel 1982)

 

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Figura 7  Edificio 5D-23-2, Acrópolis del Norte, Tikal: mascarón (según Miller 1986)

Como puede observarse en los tres mascarones discutidos sobre los edificios de Cerro y Tikal, las representaciones del sol diurno emergiendo del jaguar‑sol nocturno o del inframundo, se presentan en el área Maya durante el Preclásico Tardío y Clásico Temprano, las imágenes que eran claramente visibles y que mostraban una alegoría que evocaba un mensaje de la vida cotidiana. Esto debió ser fácilmente entendible por el pueblo Maya, motivo que fue al mismo tiempo aprovechado para concretizar la relación existente entre dioses y gobernantes para remarcar y demostrar a toda la población el origen divinizado de los dirigentes, los que en muchos casos se muestran naciendo o tomando el poder del dios Sol, una de las deidades más respetada y más poderosa de la civilización Maya. Con ello, los gobernantes adquirieron la fuerza, el poder y la divinización necesaria para llevar a cabo sus funciones administrativas y gubernamentales. En las representaciones de este tipo, “las imágenes centrales de jaguar sugieren la dicotomía primaria del sol como deidad de la tierra y el cielo; mientras que la máscara superior, representa el aspecto cielo” (Freidel 1982:219).

MASCARONES DE LA FASE MANIK 3-B (488‑550 DC)

Para la parte inicial de Manik 3‑B, alrededor del año 488 DC, en el Grupo 6C‑XVI fueron realizadas una serie de modificaciones arquitectónicas que vinieron a anular completamente los mascarones que estuvieron presentes en la Plataforma Sub‑4 de época anterior. Para Manik 3‑B, este grupo fue ampliado hacia el norte con la construcción de varias estructuras, iniciándose el proceso con la edificación de Sub‑73 y seguido posteriormente por Sub‑75, presentando ambas la presencia de figuras decorativas en estuco (Figura 8).

 

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Figura 8  Grupo 6C-XVI, Estadio 19 (según Laporte 1989)

EDIFICIO SUB‑73

La Plataforma Sub‑73, construida durante el estadio 18 y fechada para Manik 3‑B, es una plataforma semi-cuadrada de solamente 0.85 cm de alto. Su fachada principal está orientada hacia el oeste, en donde presenta tres escalinatas, siendo la del centro, la principal. El extremo sur de la fachada se encontró bastante mutilado, mientras que la sección norte apareció en buen estado de conservación. Junto al lado norte de la escalinata central, flanqueando este elemento funcional, fue descubierto un mascarón con restos de pintura roja, el cual mide 3.70 de largo, 0.85 de alto y está enmarcado por un cuadro de 0.15 de ancho (Valdés 1983:196‑198).

Este mascarón (Figura 9) lleva grandes ojos redondos, labios prominentes y la boca abierta, de donde salen volutas hacia los extremos, así como incisivos que siguen la forma de la boca en su interior. Así mismo, porta a los lados el complejo de orejeras que es característico en este tipo de representaciones endiosadas. Esta figura orientada hacia el oeste, lugar de la puesta del sol, es clara representación de un jaguar relacionado con la deidad solar del inframundo y aunque con sus propias particularidades, guarda similitud con los mascarones Preclásicos encontrados sobre el Edificio H‑Sub‑3 de la Plaza Sur del Grupo H en Uaxactun (Valdés 1987, 1989).

 

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Figura 9  Grupo 6C-XVI, Edificio Sub-75: mascarón (según Laporte 1989)

Diversos autores han observado que tanto en los altiplanos mexicanos como en la zona Maya, el jaguar representa la noche y la oscuridad, además que existe una dualidad con el dios del sol. De ahí la importancia que esta representación se encuentre orientada hacia el oeste. Al respecto de la importancia del jaguar en la ideología prehispánica, Thompson (1977:355), anota “Baste decir que el jaguar está íntimamente ligado al mundo inferior, región de las sombras y al cielo nocturno. Por ello se convierte en un nuevo caso de dualidad, porque reina en el cielo y en la tierra o bajo de ella. La creencia lacandona que el mundo lo acabarán los jaguares que subieran del inframundo para devorar el sol y la luna, ilustra perfectamente la interrelación entre el cielo y tierra“.

EDIFICIO SUB‑75

Unos años más tarde que fuera construida la Plataforma Sub‑ 73, se decidió realizar la edificación de la Plataforma Sub‑75 inmediatamente al oeste, la cual tiene dimensiones de 14.10 m norte‑sur, 14.50 m este‑oeste y una altura máxima de 1.85 m (Figs.8 y 10). La Plataforma Sub‑75 presenta una característica particular, ya que es de los pocos edificios conocidos en el área Maya que se encuentran decorados con mascarones estucados en sus cuatro lados, caso similar al que ocurrió en la Pirámide E‑VII‑Sub de Uaxactun durante el Preclásico Tardío.

 

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Figura 10  Grupo 6C-XVI, Edificios Sub-73 y Sub-75: mascarones (según Laporte 1989)

En la Plataforma Sub‑75 fueron descubiertos cuatro mascarones en el lado norte y cuatro al este, mientras que al oeste solamente se descubrieron dos, debido a que el resto fueron mutilados. El sector sur se encontró destruido parcialmente, pero se considera también la presencia de cuatro mascarones flanqueando la única escalinata de acceso a la parte superior de la plataforma. En total, este edificio contó con un número de 16 mascarones (cuatro de cada lado), construidos con piedra de talla mediana en su sector central, mientras que piedra pequeña fue utilizada para formar elementos como nariz y orejeras, estando todos cubiertos con estuco de color rojo (Valdés 1983:134‑139).

Para este momento (Manik 3-B), se abandonó en el Grupo 6C‑XVI el uso de representaciones con dominio zoomorfo, convirtiéndose en figuras predominantemente antropomorfas, como el caso de la Plataforma Sub‑75 (Figuras 10 y 11). Aquí se observan las cabezas humanas con nariz pronunciada y boca abierta llevando todas, un tocado sobre la cabeza, orejeras circulares y una especie de collar en el cuello. En todos los casos se presentaron en la misma posición, o sea, con los brazos flexionados hacia el frente a la altura de los hombros, dando la impresión de estar sosteniendo algún objeto o emergiendo del interior de la tierra. Estos mascarones miden 1 m de alto y la parte superior de la figura central está prácticamente enmarcada por un elemento semicircular, del cual persisten pocos restos, alcanzando con ello los mascarones una altura total de 1.85 m (Valdés 1983:198‑200).

Los ejemplares mejor conservados se encuentran en los lados este y norte, existiendo algunas pequeñas diferencias entre ellos. Por ejemplo, los mascarones del lado este, tienen los ojos más redondeados mientras que uno del lado norte, los lleva cuadrados. Otro dato importante es que el mascarón norte (Figura 12) presenta volutas en forma de bigotes en la boca, mientras que en los del este no se observa lo mismo, debido a la ausencia de estuco. En general, la falta de elementos secundarios y los pocos restos de estuco presente, hacen difícil la identificación de estos mascarones. Sin embargo, el rasgo común en todos los ejemplares presentes es la postura encorvada.

 

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Figura 11  Grupo 6C-XVI, Edificio Sub-75: mascarón (según Laporte 1989)

 

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Figura 12  Grupo 6C-XVI, Edificio Sub-75: mascarón (según Laporte 1989)

Dos ejemplares del clásico temprano, que guardan similitud con los mascarones de la Estructura Sub‑75, pueden verse en la sección superior del Edificio 5D‑33‑2º en la Acrópolis del Norte de Tikal (Figura 13). Aunque se les ha asignado una relación con venus como lucero del alba (Miller 1986:46), es importante notar la similitud existente en la posición encorvada o agachada que se demuestra por la posición de los brazos. Por otro lado, en el sitio de Santa Rita en Belice (Figura 14), se encontró un mascarón sobre la Estructura 7‑3a. que mide cerca de un metro de alto y aunque difiere con los de la Estructura Sub‑75 por la ausencia de brazos y por contar con una serie de elementos secundarios, es notoria la semejanza en la parte central de las figuras. El mascarón de Santa Rita ha sido fechado para el Clásico Medio (Chase y Chase 1981:43‑44) y corresponde en temporalidad con los mostrados en la Estructura Sub‑75 del Grupo 6C‑XVI de Tikal.

 

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Figura 13          Edificio 5D-33-2, Acrópolis del Norte, Tikal: mascarón (según Miller 1986)

 

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Figura 14          Estructura 7-3, Santa Rita, Belice: mascarón (según Chase y Chase 1981)

En los ejemplares de Santa Rita y la Acrópolis del Norte, se nota asociación con fenómenos estelares, como lo son el sol y venus. Podría considerarse por lo tanto, que los ejemplares representados en el Grupo 6C‑XVI puedan ser una mezcla de imágenes naciendo en el mundo inferior, pero con atributos de deidades del mundo superior, como podría ser el sol naciente y debido a ello la presencia de volutas en forma de bigotes sobre el mascarón mejor conservado del sector norte. Sin embargo, la postura encorvada también los hace semejarse al Dios N y por otra parte también podría pensarse en Bacabs, tanto por su postura como por ser cuatro mascarones en cado uno de los lados.

Los continuos cambios y remodelaciones arquitectónicas frecuentes de encontrar en las Tierras Bajas, afectaron también el lado sur de la Plataforma Sub‑75 que se ha venido mencionando. En este sector, fueron cubiertos los mascarones anteriores, colocándoseles enfrente una especie de bloques que presentan otras figuras estucadas y que flanquean la escalinata de acceso a la parte superior del edificio (Figura 10). Únicamente se conserva una de estas figuras (lado este) que forma un panel de 1 metro de alto, 1.48 de ancho y está bordeada por marcos laterales de 23 cm; está esculpida en piedra y recubierto de estuco pintado de color rojo (Figura 15). Aquí está mostrado un personaje en posición sedente con las piernas cruzadas, es de cuerpo entero y la cara se encuentra destruida. La orientación de las piernas es hacia el oeste, pero el tórax y la cara presentan un movimiento dinámico bien dado por el artista ejecutor de la obra, haciendo que estas partes se orientaran hacia el Sur. Lleva desnudo el torso, piernas y pies, pero presenta una faldilla con un cinturón ricamente esculpido que pende de su lado izquierdo, así como también orejeras, collar, brazaletes y una especie de trenzas que forman parte del tocado que desciende de la cabeza (Valdés 1983:141‑147, 200‑204).

 

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Figura 15  Grupo 6C-XVI, Edificio Sub-75: Figura del Señor de los Espejos (según Laporte 1989)

Uno de los brazos reposa sobre un glifo, que aparece también sobre la pierna izquierda y que ha sido identificado como el glifo espejo o Nen (T617a). Este glifo aparece comúnmente presente en la relación con el Dios K y en los textos de Palenque se encuentra en los tocados de divinidades como marca de dios, por lo que puede verse en este glifo el proceso de sucesión real así como la defensa mitológica del poder (Robicsek 1978:104‑107). Según Schele y Miller (1986:43), en el caso de figuras antropomorfas, el glifo espejo es un indicador especial que aparece sobre brazos, piernas y torsos indicando su estatus como dioses. Así mismo, los personajes históricos que han muerto y que pasan a formar parte del reino sobrenatural también portan el glifo espejo como marcador de su alto estatus y categoría divina.

En el caso del personaje sedente de Sub‑75 en discusión, el aspecto sobrenatural está apoyado por la presencia de pequeños círculos incisos que rodean la escena, los que en algunos casos presentan círculos en su interior, mientras que en otros tienen una especie de media luna en el centro. Estas formas incisas han sido identificadas como conchas seccionadas y completas, que aparecen también sobre el cinturón y cerca de la cabeza. Thompson (1978:278‑280) relaciona las conchas con el símbolo del agua, el señor de la noche o del inframundo y como uno de los elementos que indican el lado sur en la mitología Maya. Esto hace por lo tanto, que el personaje sedente sea interpretado como un importante personaje que fue esculpido aquí después de su muerte, el cual debió formar parte del linaje de Título Ma’Cuch de Tikal y que fueron los pobladores del Grupo 6C‑XVI. Con anterioridad se ha indicado (Laporte y Fialko 1990) que este linaje gobernó en Tikal durante varias generaciones a partir del año 378 DC, lo cual lleva a considerar la posibilidad que el personaje esculpido en el Edificio Sub‑75 haya desempeñado funciones de primer orden o que conllevaron la consolidación de este linaje en Tikal, por lo que prácticamente adquirió el derecho a ser recordado y divinizado por los miembros de su grupo, si no de un número mayor de personas.

DISCUSIÓN

Como se sabe, las muestras iconográficas que relacionan escultura con arquitectura, fueron ampliamente representadas durante el Preclásico Tardío en sitios como Tikal, Uaxactun, Mirador, Cerros y Lamanai (Valdés 1987), rasgos que continuaron siendo utilizados durante el periodo Clásico expandiéndose hacia otros sectores de la región Maya como Kohunlich y Santa Rita, así como también posiblemente en los mascarones no fechados aun del sitio El Zotz (Figura 16).

Las complejas figuras Preclásicas están íntimamente ligadas como motivos sobrenaturales, en donde el Dios Solar en sus diversos aspectos tomó el papel preponderante, expresando sus pasos por el mundo celeste y el inframundo. Durante el Clásico Temprano, la utilización de monumentos esculpidos como altares, estelas y posteriormente dinteles de madera que muestran personajes y escritura jeroglífica, vino a sustituir en cierta forma las complejas muestras iconográficas de autoridad Preclásicas. Los cambios sociopolíticos que dieron inicio al periodo Clásico, se reflejan también en los mascarones asociados a la arquitectura del momento, principiando a desaparecer la utilización de complejos motivos sobrenaturales, para dar paso a una nueva forma y estilo en el uso de las grandes máscaras, en donde vino a generalizarse el proceso de divinización de los gobernantes como elemento central de la figura.

Aunque en algunos sitios este cambio es más notorio, tal y como se puede observar en los mascarones de Lamanai y Kohunlich (Figura 17), en donde se muestra el proceso de engrandecimiento y divinización de los gobernantes que se convierten en el sujeto central de las figuras, en otros sitios el cambio parece haber sido más lento o mezclando aun las reminiscencias del pasado con el surgimiento de las nuevas formas e ideas, tal es el caso de Tikal, en donde algunos edificios del periodo clásico presentan complicadas muestras iconográficas, mientras que otros principian a utilizar iconografía más simple, lo cual es notorio en los edificios que componen la Acrópolis del Norte.

 

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Figura 16  Área Maya: sitios con mascarones

 

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Figura 17  Mascarón inferior de estructura en Kohunlich, Quintana Roo, México

En el caso de los mascarones del Grupo 6C‑XVI puede verse que la temática está orientada hacia diferentes puntos, pero en todo momento guarda una fuerte relación que liga lo natural con los elementos sobrenaturales. La metáfora mejor utilizada en los mascarones de la parte media del Clásico Temprano (Manik 2) en el Edificio Sub‑4, está enfocada a la figura del Sol como la máxima divinidad y la fuerza superior del firmamento, que genera su poder a una figura antropomorfa que también podría ser un importante personaje local, mostrándose con ello la tradición preclásica del sol naciente. Durante la parte final del Clásico Temprano (Manik 3‑B) las muestras iconográficas del Edificio Sub‑ 75 denotan una preferencia en la representación de seres antropomorfos, desapareciendo por completo el uso de las volutas en la escena.

Debe de considerarse que los gobernantes que lograron constituir los señoríos o estados tempranos durante el Preclásico Tardío, vinieron a ser vistos como el sol de su pueblo, o sea el creador de la vida y protector del crecimiento de ese pueblo. Debido a ello, también en el Clásico Temprano los gobernantes fueron vistos como equiparados al itinerario del astro solar, la majestad y vigor también fue comparable entre gobernantes y el sol, irradiando ambos la energía necesaria para la continuación de la vida. En la mentalidad Maya “cuando el rey muera bajará al inframundo del mismo modo que lo hace en el crepúsculo diario el sol y luego de una violenta lucha con las potencias tenebrosas, renacerá el sol, igual que sucede con los héroes Hunahpu e Ixbalanque en el poema mitológico de los K´iche´” (Rivera Dorado 1986:149).

Por esto mismo, se encontró durante todos los periodos de la civilización Maya una estrecha vinculación entre el sol y los gobernantes y aunque a partir del periodo clásico los gobernantes llegaron a ocupar el primer lugar de las escenas como elementos centrales, éstos siempre aparecerán acompañados de símbolos solares o estelares, como muestra de su gran fuerza y del poder para controlar los acontecimientos que rigieron la vida de un pueblo.

REFERENCIAS

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