Asociación Tikal

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Luján Muñoz, Luis

1991  El Doctor Heinrich Berlin en la Arqueología Maya: Homenaje. En II Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1988 (editado por J.P. Laporte, S. Villagrán, H. Escobedo, D. de González y J. Valdés), pp.119-128. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala. 

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EL DOCTOR HEINRICH BERLIN EN LA ARQUEOLOGÍA MAYA: HOMENAJE

Luis Luján Muñoz

Cuando se pensó en la colaboración al “Segundo Simposio sobre Investigaciones Arqueológicas de Guatemala”, se sabía de la grave enfermedad que padecía el doctor Heinrich Berlin, pero no que se convirtiera en un homenaje póstumo. Efectivamente, así lo es, toda vez que el doctor Berlin falleció en la ciudad de México el 6 de mayo de 1988, es decir apenas hace un poco más de dos meses. Tal hecho ha obligado a modificar la redacción de este trabajo que llevará, además de esta introducción, una breve reseña biográfica y los apartados referentes a investigaciones arqueológicas de campo, aportes a la epigrafía Maya, protección al patrimonio cultural Maya y lo atinente a sus labores docentes, para finalizar con la bibliografía de carácter arqueológico.

Resulta en cierta manera peculiar la personalidad del doctor Berlin, fundamentalmente en dos sentidos: en primer lugar por su interés investigativo en la historia del arte colonial de Guatemala y México y, en segundo lugar, por su casi total desvinculación con el sector institucional oficial de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia y de la Universidad Nacional Autónoma de México.

No fue así, en cambio, en Guatemala, pues trabajó de 1949 a 1952 como investigador del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala y como catedrático del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

Lo dicho anteriormente no significa que el doctor Berlin estuviera totalmente ajeno a las actividades de la investigación mayista de México, pues formó parte de la Sociedad Mexicana de Antropología desde 1940 y cuando el doctor Alberto Ruz fundó el Seminario de Estudios Mayas en la Universidad Nacional de México, escogió un selecto grupo de asesores honorarios entre los que invitó al doctor Berlin. Asimismo, tuvo relación personal de amistad con diversos miembros de los Institutos de Investigaciones Estéticas, Históricas y Antropológicas de la UNAM, así como con los del INAH, a quienes les facilitó información de la manera más generosa y amplia.

Empero, guardó siempre para el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala un entrañable afecto que se tradujo en su interés por colaborar de diversas formas con esta institución, ya sea mediante valiosas publicaciones o en su permanente preocupación por salvaguardar el patrimonio cultural de los Mayas de Guatemala y por la amistad que mantuvo siempre con sus compañeros de trabajo en aquella institución, así como en la Facultad de Humanidades de la USAC.

Para Berlin los nombres de Gustavo Espinoza, Antonio Tejeda Fonseca, J. Antonio Oliveros, Héctor H. Samayoa Guevara y Oscar González Goyri fueron permanente recuerdo en su pensamiento, al igual que con el profesor J. Joaquín Pardo y el licenciado José Rolz Bennett, Director del Departamento de Historia (además de Director del Archivo General del Gobierno, así llamado entonces) y Decano de la Facultad de Humanidades, respectivamente.

Y entre los que viven a J. Daniel Contreras, Hugo Cerezo Dardón, y Ernesto Chinchilla Aguilar compañeros en ambas instituciones y Guillermo Grajeda Mena, en la primera de ellas. Asimismo, desde Guatemala se vinculó con Carlos Navarrete y con quien escribe estas líneas, relación que se intensificó en la permanencia de ambos como estudiantes de Arqueología en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México.

Ojalá que estas líneas, escritas con todo afecto y agradecimiento para el doctor Berlin sirvan para que las nuevas generaciones de arqueólogos conozcan su obra tanto como su ejemplar personalidad y pueda servir, en general, de ejemplo por su entrega al trabajo científico y por su honestidad profesional.

BREVES RASGOS BIOGRÁFICOS

El doctor Berlin nació en la ciudad de Fürth, Bavaria, Alemania, el 13 de noviembre de 1915, en plena Primera Guerra Mundial. Fue miembro de una ejemplar familia, compuesta por sus padres, Phillip Berlin, doctor en Filosofía y quien posteriormente se dedicó a las actividades comerciales y de Ilse Neubart, igualmente doctora en Filosofía. Ello explica que entre sus hermanos, Juan (1915‑1987) y Elisabeth y Susanna, además del biografiado, se dedicaran con el correr del tiempo a actividades intelectuales tanto en México como en Estados Unidos de Norteamérica, pues fue una familia en la que la ciencia y el arte tenían que ver casi, con lo cotidiano.

Realizó sus estudios de primaria, secundaria y pre-universidad o estudios generales en la Oberrealschule de su ciudad natal. Ante la persecución iniciada por el hitlerismo en Alemania, la familia Berlin decidió emigrar a México a donde llegaron a mediados de 1935. Muy pronto el joven Berlin, que todavía no tenía los 20 años ingresó a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM en donde recién se iniciaba la carrera de Antropología bajo la dirección del doctor Pablo Martínez del Río y con catedráticos de la valía del doctor Alfonso Caso, Eduardo Noguera, Alfonso Villarojas y del doctor Manuel Toussaint y Rafael García Granados en Historia e Historia del Arte. Obtuvo su grado de Maestría en 1942 y el 28 de agosto de 1947 el de doctor en Letras (especializado en Antropología) con su tesis sobre “Fragmentos desconocidos del códice de Yanhuitlán y otras investigaciones Mixtecas”. Fue compañero de estudios de los luego doctores y conocidos arqueólogos Ignacio Bernal y Alberto Ruz Lhuillier.

Ya desde 1940, se sabe de su actividad arqueológica en Palenque bajo la dirección del profesor Miguel Ángel Fernández (1890‑1945) de quien siempre guardó agradecido recuerdo Berlin, según se ve en una de sus primeras publicaciones, hechas por la Sociedad Mexicana de Antropología en 1942 “Un templo olvidado de Palenque”, sobre el que se insistirá posteriormente.

Es aceptado como Miembro correspondiente de la ahora Academia de Geografía e Historia de Guatemala, el 12 de julio de 1946. Con esta entidad conservará una relación que se traduce en las numerosas publicaciones que recogen su revista.

En 1949 es contratado por el Instituto de Antropología e Historia de Guatemala como investigador, entidad entonces bajo la dirección del licenciado Hugo Cerezo Dardón. Sus realizaciones en la arqueología se verán más adelante, pero sí es de interés señalar las que hizo en el campo de la Historia del Arte porque sobre ello no se volverá a insistir, entre las que se incluyen Historia de la Imaginería Colonial en Guatemala (IDAEH, Guatemala, 1952), y Nómina de artistas y artesanos coloniales de Guatemala, redactada entonces pero publicada hasta 1965 (Cuadernos de Antropología, No.5. Facultad de Humanidades, USAC, Guatemala). Igualmente, se hará referencia a la actividad docente en su apartado correspondiente.

Durante el fructífero periodo de su residencia en Guatemala se casó, en enero de 1952, con la profesora Gertrud Marianne Rutz Ree, a quien había conocido en Alemania antes de emigrar a América (el matrimonio civil tuvo lugar el 10 de enero de 1952. Libro 124 de Matrimonios Civiles de la Municipalidad de Guatemala. Folio 163). Este matrimonio se vio pronto disuelto ante una personalidad como la del doctor Berlin que se encontraba en aquel momento absorbido totalmente por sus investigaciones, habiendo permanecido después de este intento matrimonial, soltero y sin hijos el resto de su vida, pero con la característica de formar parte, como ya se dijo antes, de una familia muy unida, en la que sus padres alcanzaron bastante longevidad.

En 1953, buscando una expresión a su gratitud la Facultad de Humanidades le otorga la categoría de “Emeritisimum”. A petición del Instituto de Antropología e Historia de Guatemala se le entrega la Orden del Quetzal el 29 de septiembre de 1977. El 21 de agosto de 1981 se le otorga el “Premio Chiapas” y en esa misma fecha, curiosamente, en el Primer Simposio Mundial de Epigrafía Maya, celebrado precisamente del 19 al 21 de agosto de ese año en la ciudad de Guatemala, se dedica el mismo al doctor Heinrich Berlin y a la memoria de su admirada amiga Tatiana Proskouriakoff.

En sus últimos años se nota una especie de repliegue en sus actividades de investigación, quizás por haberse recrudecido una enfermedad que aparentemente había sido controlada pero que luego resurgiera con terrible fuerza, como fue el cáncer que finalmente le causó la muerte. Cada vez salía menos de su mínimo apartamento en la ciudad de México. Se deshizo de su biblioteca, relativamente pequeña pero con materiales especializados valiosos, enviándola a Bélgica a una institución que recién entonces iniciaba sus actividades mesoamericanistas. Con su acostumbrado sentido práctico dijo:

Luis: sé que usted hubiera querido que estos libros se fueran a Guatemala, pero allá están en varias bibliotecas y creo que serán más útiles en Bélgica en donde no existen bibliotecas de este tipo“.

Pero se debe decir que, también en su parca manera de expresar afecto, llamó a dicha biblioteca “Fondo Rafael Landívar” porque unía en ello su cariño a Guatemala y a México, en la persona de un guatemalteco, que había estudiado en México y que murió exiliado.

INVESTIGACIONES ARQUEOLÓGICAS DE CAMPO

Las primeras actividades de campo realizadas por Berlin, todavía como estudiante, las llevó a cabo entre 1940 y 1942 en Palenque, Chiapas, México, iniciando así una relación afectiva por la cultura Maya y Palenque que permanecería indemne hasta su muerte. Se recuerda su aspecto físico en los trabajos arqueológicos de campo, un poco a la manera antigua de los exploradores en las selvas tropicales con su casco de tipo sarakof y sus polainas de cuero, que usaba sobre otras botas más bajas y pantalones de montar. Caminar con él por la selva resultaba verdaderamente difícil dada su gran estatura y lo excesivo de sus zancadas y su capacidad para resistir el agotamiento. Era un incansable trabajador que lograba con su ejemplo hacer que sus alumnos y todos sus colaboradores sintieran que lo que estaban realizando era importante.

En Guatemala participó en varias investigaciones de campo en Petén, particularmente en Tikal, en el entonces recientemente descubierto Templo VI, sobre el que publicó un valioso informe en 1951 (Antropología e Historia de Guatemala 3 (1), IDAEH). Acababa entonces de abrirse el campo de aterrizaje en Tikal y quizá por ello el doctor Berlin rompió su inveterada costumbre de despreciar los viajes aéreos. A propósito de ello se recuerda que cuando se iba a Europa viajaba en tren hasta Nueva York o cualquier otro puerto del Este de Estados Unidos, para allí embarcarse y atravesar en vapor el Atlántico.

Entre 1953 y 1955 la Institución Carnegie de Washington le otorga una beca para hacer prospecciones arqueológicas en Chiapas, Campeche, Tabasco y Yucatán, relacionadas con algunas de las últimas investigaciones en gran escala que esta institución hizo, como fueron las de Mayapan, en Yucatán. Los dos años siguientes permanece realizando investigaciones en Chiapas al propio tiempo que participa en la clasificación y organización del nuevo Museo en Tuxtla Gutiérrez. Asimismo, se asocia con la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo, con el cargo de director de campo.

Seguramente fue entre los años 1950 a 1956, es decir entre los 35 y 40 años de su edad, que logra conseguir la mayor actividad investigativa de tipo arqueológico en su carrera, sobresaliendo principalmente sus trabajos sobre el Templo VI de Tikal (1951), su definición de la tipología cerámica en Tabasco en su obra Late Pottery Horizons of Tabasco (Contributions to American Anthropology and History  59, Carnegie Institution, Washington, D.C., 1956), en donde crea tres tipos de cerámica y analiza la cerámica anaranjada fina (fine orange), a la vez que definía los horizontes tardíos de la arqueología tabasqueña refiriéndose al llamado “Complejo Centla”. Asimismo, hace las investigaciones en el Cañón del Sumidero, en Chiapas, así como en el asiento primitivo de Chiapas, en el área donde se encuentra el llamado precisamente sitio Berlin y utilizando técnicas de investigación que ahora se llamarían de etnohistoria, si bien Berlin se enorgullecía de haber sido el primer arqueólogo en aplicar la estratigrafía en Chiapas, en los años correspondientes a la década de 1940. En todo caso se debe insistir en la minuciosidad y entrega a su trabajo de excavación con que Berlin se desenvolvía siempre. Cualquiera de sus alumnos o trabajadores pueden dar fe de ello.

APORTE A LA EPIGRAFÍA MAYA

Muy tempranamente el doctor Berlin manifiesta su entusiasmo e interés por la epigrafía Maya. En 1942 en el ya mencionado trabajo “Un templo olvidado en Palenque”, se nota esa predilección suya. Posteriormente, en los siguientes años entre 1942 y 47 hay cuatro artículos suyos relacionados con la epigrafía Maya de Chiapas, retomada en 1957 con “A New Inscription from the Templo of the Foliated Cross at Palenque” que culmina al año siguiente con su “El glifo emblema en las inscripciones Mayas” (Revista de la Sociedad de Americanistas en París y reimpreso en 1961 en Antropología e Historia de Guatemala).

Entre 1959 y 1987, hay alrededor de 22 artículos suyos sobre esta especialidad, así como su magistral ensayo “Signos y significados en las inscripciones Mayas”, libro en que resume con la gran habilidad de quien domina el tema todos los conocimientos sobre la glífica Maya y del cual existe una segunda edición realizada en 1986.

Indudablemente los mayores aportes de Berlin a la epigrafía Maya se observan en sus últimos años, particularmente al encontrar el significado de lo que él llamó el Glifo Emblema, junto con Tatiana Proskouriakoff, en los principales actores en la consecución de un marco de referencia histórico para la cultura Maya, como todos saben, caso único en las culturas precolombinas de América. Su último artículo salió publicado con el título “Vericuetos Mayas”, en el libro jubilar de José Mata Gavidia, en 1987.

PROTECCIÓN AL PATRIMONIO CULTURAL MAYA

Heinrich o Enrique Berlin, porque no le desagradaba que castellanizaran su nombre, como todos aquellos que de una u otra manera están involucrados en la cultura Maya, daban cuenta que junto a la divulgación de los nuevos conocimientos científicos acerca de esta, así como de la valorización cada vez mayor de sus expresiones estéticas, iba implícita la irresponsable actividad depredadora de quienes deseaban proveer a los coleccionistas con objetos que calmaran sus ansias posesivas. Lo anterior se veía acrecentado en el ejemplo de Berlin, con su angustia por la destrucción de las inscripciones jeroglíficas Mayas, de quienes preocupados únicamente por obtener los fragmentos en los que se encontraba lo que ellos estimaban bello e interesante no importándoles, en cambio, la destrucción de las inscripciones escultóricas.

Berlin desde su gabinete de trabajo en la ciudad de México, con toda acuciosidad coleccionaba y clasificaba todas las publicaciones y datos en las que aparecían referencias a inscripciones Mayas ilegalmente salidas de su país de origen, particularmente si se trataba de Guatemala. Fue gracias a su perenne interés, que el país consiguió recobrar numerosas piezas de interés epigráfico. Sin embargo, cualquier información adicional con que contara la hacía llegar a donde él considerara que era útil que llegara.

A propósito de ello, quedó reunida una cantidad considerable de información que podría convertirse fácilmente en la última obra que se publicaría del doctor Berlin, con la usual calidad e interés de sus anteriores trabajos.

Asimismo, no se puede dejar de recordar la publicación hecha por Berlin en la revista American Antiquity en 1967; con el título “The Destruction of Structure 5D‑33‑Ist at Tikal“, que el autor consideró un grave error para la arqueología y la restauración en Tikal que diera lugar a algunas respuestas aclaratorias redactadas por parte de alguno de los profesionales del Museo Universitario de la Universidad de Pennsylvania. El biografiado estimó que la desaparición de la Estructura 33 fue una lamentable pérdida para el patrimonio cultural guatemalteco.

LABORES DOCENTES

Ya se ha insinuado que el doctor Berlin infortunadamente no ejerció la docencia con la intensidad que podría haberlo hecho. Lamentablemente, por razones que no se comprenden, y probablemente tampoco el doctor Berlin, sus servicios como catedrático no fueron utilizados en México, sino muy tardíamente. Acaso por ello fue que Berlin tuvo para Guatemala esa particular predilección, pues aquí, apenas contratado por el Instituto de Antropología e Historia como investigador se le abrieron las aulas de la entonces recién fundada Facultad de Humanidades, para las inquietudes docentes del joven Berlin. Impartió varios cursos en el Departamento de Historia, como en la Escuela de Verano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos. Hay que recordar principalmente dos de ellos: el curso de Prehistoria e Historia antigua de América en que lucía su gran erudición en los conocimientos arqueológicos del continente americano, así como un curso corto monográfico sobre Epigrafía Maya que impartió en 1953, en el que puso en contacto a sus alumnos con la apasionante escritura de los Mayas, de donde surgiera el interés de J. Daniel Contreras por este campo, ahora más interesante que nunca.

En México, fue fundamentalmente la Universidad Iberoamericana la que disfrutó, en sus últimos años hasta antes de enfermarse, de los profundos conocimientos del doctor Berlin, no sólo en el campo arqueológico sino en el de la Historia del arte colonial. Se estima lamentable que el gran caudal de conocimientos de Berlin no se hubiese podido volcar sobre tantos posibles alumnos. Empero con el simple frecuentar su charla llegaban todas las personas a admirarlo. Fue así como las doctoras Beatriz de la Fuente y Marta Foncerrada de Molina (esta última también recientemente fallecida), vinieron a ser verdaderas discípulas suyas en el arte prehispánico Maya.

De esta manera se da por concluida esta breve reseña de la vida profesional como arqueólogo mayista del doctor Enrique Berlin, a quien debe considerarse como uno de los grandes especialistas, por su sabiduría y contribuciones al mejor conocimiento de la escritura jeroglífica Maya, de igual manera que fue un infatigable investigador de campo y probo científico en el más profundo sentido del término, sin olvidar sus grandes capacidades de etno-historiador, ni como investigador en Historia del Arte, por no ser este el mejor lugar para analizarlo en ese aspecto. Sin embargo, por encima de todo, no se puede menos que recordar su excepcional modestia y gran calidad humana, su lealtad hacia sus afectos y su gran sentido de la amistad, cualidades dignas de ser consideradas ejemplares.

Para finalizar este breve y sencillo homenaje al doctor Enrique Berlin, quisiera con el intenso afecto que por él guardan todos los que le conocieron, lo mismo como explorador en las selvas de las Tierras Bajas Mayas, que como eficiente catedrático en las aulas, como excepcional maestro y como un muy especial ejemplar del género humano, que se enorgullecía al decir que él era ciudadano del mundo, con una sonrisa levemente triste y tenuemente irónica, porque siempre fue una persona de fino sentido del humor que sabía bromear incluso acerca de sí mismo. Se le evocará siempre, como las últimas veces, después de escuchar sus sabias pláticas, alejándose y perdiéndose en el tráfago de la ciudad de México, marchando con el paso y el gesto seguros de quien sabe que ha cumplido con su deber.

BIBLIOGRAFÍA ARQUEOLÓGICA DE HEINRICH BERLIN

Nota de la edición:         esta recopilación bibliográfica fue actualizada en el 2003 por Juan Pedro Laporte para la edición digital del II Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala (1987)

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