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Popenoe de Hatch, Marion

1991  El Protoclásico: Nueva evidencia de Kaminaljuyu. En II Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 1988 (editado por J.P. Laporte, S. Villagrán, H. Escobedo, D. de González y J. Valdés), pp.79-83. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala. 

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EL PROTOCLÁSICO: NUEVA EVIDENCIA DE KAMINALJUYU

Marion Popenoe de Hatch

La transición del Preclásico al Clásico Tardío (llamada Protoclásico) ha sido, junto con el Colapso Clásico Maya, uno de los momentos menos entendidos de la prehistoria mesoamericana. Es posible que el uso del término “Protoclásico” para hacer referencia a éste, sólo haya ocasionado confusión, puesto que su definición todavía es objeto de controversia. Es más, algunos arqueólogos lo han desechado por completo pensando que ya no tiene validez. Sin embargo, aún quedan investigadores que intentan definirlo, y durante los estudios han encontrado cambios importantes que considero contribuyen a explicar el fenómeno Protoclásico. Hasta ahora, dada la confusión, el Protoclásico se ha utilizado para implicar una etapa, fase, un estilo cerámico, o la combinación de todos éstos (Pring 1977).

Para algunos propósitos, el Protoclásico se ha empleado para referirse a la transición por sí misma, es decir, el cambio de una etapa de desarrollo a otra. Si se utiliza el término en esta forma, significaría que todos los sitios que no tienen interrupción de ocupación durante la transición del Preclásico al Clásico necesariamente pasaron por una etapa Protoclásica en algún momento. En otros contextos, el Protoclásico ha sido usado para designar un periodo de tiempo, una fase identificada por la presencia de estilos cerámicos diagnósticos en algunos, pero no en todos los sitios. Las fechas que corresponden al surgimiento de estos estilos, varían de un sitio a otro, pero usualmente se encuentran entre 0‑300 DC. Según esta definición, el Protoclásico es una división cronológica arbitraria entre el Preclásico y el Clásico, sin determinar exactamente su duración temporal.

En una tercera versión, el Protoclásico ha sido un término usado para especificar modos cerámicos que se anticipan a los estilos del Clásico Temprano. Incluyen cuencos con tres o cuatro soportes mamiformes, platos tetrápodos con soportes cilíndricos altos, picheles trípodes, cuencos de base anular con o sin pestaña basal, soportes de vasija (“potstands“), cántaros de vertedera con puente, y el inicio de la decoración policroma. De acuerdo a esta definición, un sitio puede exhibir un fuerte Protoclásico o uno débil, o puede carecer de éste por completo. En otras palabras, puede adoptar muchos de los diagnósticos, unos pocos solamente, o ninguno. Es más, los nuevos estilos pueden ser interpretados como elementos extranjeros intrusos, o como artículos importados para la elite, o como el resultado de la evolución cerámica local y la adopción de estilos horizonte.

Debido a que la naturaleza del Protoclásico permanece sin ser resuelta, un examen de la nueva evidencia de Kaminaljuyu puede proveer nuevas perspectivas sobre su transición y cronología.

En pláticas anteriores y en una reciente publicación (Hatch 1987), he intentado esbozar las tradiciones cerámicas prehistóricas de Guatemala, basándome en las vajillas utilitarias que estaban siendo utilizadas. Puesto que las vajillas utilitarias son empleadas para uso doméstico, es decir, para cargar, cocinar, almacenar, etc., el énfasis de su manufactura se encuentra más en la función que en su atractivo estético. Usualmente son manufacturadas localmente, y no se difunden a gran distancia a menos que estén asociadas con un producto exportado. Por el contrario, las vajillas finas son usadas como vasijas de servicio, para comer, para ritos ceremoniales, etc, y se les selecciona como objetos preciados por su belleza. Pueden ser exportadas a áreas distantes, y se encuentran en frecuencias más altas en las viviendas de la elite. Mientras que las vajillas utilitarias representan los segmentos de trabajo y producción de la economía, las vajillas finas reflejan aspectos de consumo.

Por lo común, existe menos variedad en forma y decoración en las vajillas utilitarias. Debido a que la demanda de estas vasijas está basada en función y necesidad, son muy estandarizadas. La forma de la vasija debe acercarse al ideal cultural, el cual es establecido por la tradición. Hay más variedad presente en las vajillas finas, y como su producción es más costosa, y que son más ampliamente comerciadas, las vajillas finas tienden a ser imitadas y manufacturadas en centros que se encuentran lejos de su lugar de origen. Debido a que existe lado a lado con las importaciones, y que son artículos de comercio elitista, existe más contacto y estímulo para la imitación e innovación, e incorporan fácilmente los modos del estilo horizonte y elementos en boga del momento.

Bajo condiciones normales, las variaciones en estilo surgen lentamente en las vajillas utilitarias, principalmente porque se encuentran asociadas con el trabajo diario de rutina. A menos que se presente un cambio en el uso de la vasija, las variaciones tienden a ocurrir muy gradualmente a través de una evolución interna. La tecnología es el resultado de una larga tradición, pero al pasarla de una generación a la siguiente, pueden ocurrir desviaciones menores, las cuales son inconscientes y no aparentes de inmediato. En el curso de varias generaciones, alteraciones en forma, acabado, o decoración, serán visibles en el registro arqueológico, aunque la función de la vasija no haya cambiado y los rasgos básicos que la definan aún sean reconocibles.

Cambios abruptos en el estilo de una vajilla utilitaria podrían ser el resultado de la introducción de un nuevo producto o método de procesamiento de comida. Sin embargo, debido a la naturaleza conservadora de los métodos y equipo de cocina, parece poco probable que un inventario totalmente nuevo de estilos pudiera ser impuesto (por ejemplo en una situación de conquista), a menos que los propios trabajadores de la cocina sean reemplazados por otros extranjeros. Es decir, en una situación de conquista, el cuerpo laboral indudablemente seguirá bajo el control del nuevo grupo de administradores; si el cuerpo laboral es reemplazado, probablemente implicaría un cambio total de habitantes.

En referencia a este último punto, es importante dirigir la atención hacia las cerámicas arqueológicas de Kaminaljuyu. Durante el periodo Preclásico, empezando con la fase Las Charcas y terminando con Arenal (800 AC a 200 DC, aproximadamente), se puede trazar una evolución lenta y estable de las vajillas utilitarias. Durante el Preclásico el complejo mantiene relaciones estilísticas e intercambio cerámico con el área de Escuintla en la Costa Sur, aunque las vajillas utilitarias permanecen localizadas. El intercambio con esta área, así como también con el oeste de El Salvador se adquiere características tan pronunciadas que durante el Preclásico Tardío las tres áreas juntas califican para incluirlas dentro de lo que se ha llamado la Esfera Cerámica Miraflores (Demarest y Sharer 1986). Los miembros de esta esfera cerámica son Kaminaljuyu, Monte Alto y Bilbao en el área de Escuintla, y Chalchuapa y Santa Leticia en El Salvador.

Las cerámicas de Kaminaljuyu indican que durante las fases Las Charcas y Providencia del Preclásico Medio, existe un intercambio mutuo no solamente con la Costa Sur sino también con la región hacia el norte, área que hoy incluye los Departamentos de Sacatepéquez, Chimaltenango, Quetzaltenango, y El Quiché. Sin embargo, durante el Preclásico Tardío los lazos con el área de Chimaltenango hacia el norte parecen estar interrumpidos, con sus cerámicas desarrollándose independientemente de aquellas de Kaminaljuyu.

En Kaminaljuyu, las vajillas utilitarias del Preclásico han sido identificadas en la siguiente forma:

Sumpango:      Una vajilla de pasta roja con baño beige sobre el cual fue aplicada decoración de pintura roja pulida. Consiste de cántaros para cocinar, cuencos para mezclar, y tazas.

Izote:                Hecha de pasta blanca la cual está sin engobe pero bien alisada. Consiste de cántaros, probablemente para cargar agua. La vajilla Izote evoluciona en la vajilla Navarro en la cual las formas son aproximadamente las mismas, pero la pasta es amarillenta y presenta un engobe blanco pulido.

Terra:               Una vajilla de pasta roja la cual está sin engobe ni pulimento. Consiste principalmente de comales con estriaciones hechas por herramienta en su interior, e incensarios de 3 picos con cubiertas que presentan acanaladuras en la parte interior.

Las vajillas finas consisten principalmente de vasijas con engobe naranja y decoración Usulután, y vajillas como Rojo Fino y Café‑Negro Kaminaljuyu.

En Kaminaljuyu, estas cerámicas continúan evolucionando durante la parte temprana del Protoclásico, llamada fase Santa Clara, agregando dentro del inventario cerámico local, estilos horizontes característicos, tales como soportes mamiformes de vasijas tetrápodos y base anular en cuencos. Sin embargo, aproximadamente a la mitad del periodo Protoclásico, todas las vajillas son abruptas y totalmente reemplazadas por otras, así como también el estilo escultórico barrigón y esculturas de estilo Maya con los inicios de la escritura Maya.

El nuevo complejo cerámico consiste en las siguientes vajillas, las cuales no tienen antecedentes en Kaminaljuyu:

Prisma:            Está hecha de una pasta roja con engobe naranja micáceo el cual está pulido; a menudo presenta decoración en pintura rosada y púrpura sobre el engobe naranja. Consiste principalmente de cántaros para cocinar y cargar, y comales. Los cántaros tienen asas de banda muy anchas que van del labio al hombro; los comales tienen indentaciones hechas con dedo sobre el interior. También están presentes comales del tipo “canasta de mercado”.

Llanto:             También está hecha de una pasta roja sobre la que se ha aplicado un espeso engobe naranja pulido, el cual a menudo tiene grandes nubes de color crema. Esta vajilla es equivalente a la vajilla Aguacate Naranja de las Tierras Bajas de Petén. En Kaminaljuyu, las formas consisten especialmente de cántaros, grandes cuencos para mezclar, platos tetrápodos, y picheles trípodes.

Esperanza Flesh:

De pasta rosácea con cocción dura, sobre la cual se aplicó un engobe naranja‑rosáceo que está pulido para alcanzar un acabado mate. Consiste principalmente de cántaros. La vajilla no tiene antecedentes en Kaminaljuyu, y eventualmente evoluciona hacia la vajilla Amatle del Clásico Tardío.

El nuevo complejo cerámico que incluye a las vajillas Prisma, Llanto, y Esperanza Flesh entra a Kaminaljuyu acompañado por un inventario completo de estilos horizonte Protoclásicos. Debido a que el anterior complejo cerámico también manifestó los mismos estilos horizonte Protoclásicos antes de su abrupta desaparición, se ha dividido a la fase Protoclásica, en Kaminaljuyu, en dos partes llamadas Santa Clara A y Santa Clara B. No hay evidencia de un hiato entre ambas partes; las cerámicas de Santa Clara A simplemente cesan de aparecer, y aquellas de Santa Clara B entran en abundancia. La única interpretación para este repentino cambio sería que la primera población es forzada a salir, lo cual permite a la segunda moverse hacia el sitio.

Análisis de los tipos cerámicos de Santa Clara B (Hatch 1987) indican que tienen su fuente hacia el norte, en las tierras altas del norte de Guatemala, incluyendo las áreas de Chimaltenango, Lago de Atitlán (sitio de Semetabaj), y El Quiché (sitios Lagunita, Zacualpa, Nebaj).

En vista de estos datos y la nueva información de la cerámica de Kaminaljuyu, se debe reexaminar el concepto del “Protoclásico” como un fenómeno en la arqueología mesoamericana. Creo que es importante para este estudio no confundir adopción de estilos horizonte con relaciones cerámicas entre sitios. En la mayoría de sitios, la naturaleza del Protoclásico representa un estilo horizonte (principalmente el soporte mamiforme en cuencos), el cual es adoptado dentro del inventario cerámico local sin cambiarlo radicalmente, y para el que ya existen antecedentes. Este mismo patrón se aplica a Santa Clara A en Kaminaljuyu. Sin embargo, en Santa Clara B se tiene al Protoclásico con su inventario completo de rasgos cerámicos (soportes mamiformes, platos tetrápodos, picheles trípodes, tipos Aguacate Naranja, etc.), llegando como un complejo intruso desde el noroeste y para el cual no existen antecedentes en el Valle de Guatemala. Al mismo tiempo, la Esfera Miraflores se rompe. Algunos de los nuevos tipos de Santa Clara B llegan a la Costa Sur (como por ejemplo a Monte Alto), sin reemplazar el complejo cerámico local. No obstante, no existe evidencia de que hay un contacto similar con El Salvador.

Si el soporte es considerado primariamente como un estilo horizonte, y no diagnóstico de ningún complejo cerámico particular, entonces el Protoclásico, se convierte en un estilo asociado con un agrupamiento de rasgos que están presentes principalmente en las tierras altas del norte de Guatemala. Los tipos cerámicos asociados con este movimiento se encuentran en contextos del Protoclásico y del Clásico Temprano de Zaculeu hacia el oeste, tan lejos al este como Chama cerca de Cobán, y al norte hacia Chiapas. En el departamento de El Quiché se encuentran en los sitios Lagunita, Uspantán y Tzicuay, en Chirijuyu y Semetabaj del Lago de Atitlán, y en los departamentos de Chimaltenango y Sacatepéquez. Este complejo cerámico está cercanamente relacionado con la fase Lillila del Protoclásico en Lagunita (Ichon y Arnauld 1985), y la fase Balam 1 en Zacualpa (Wauchope 1949). La fase Lillila data de 100 a 300 DC, la cual es por completo identificada como “Protoclásico”. Esta fecha indica que el nuevo complejo aparece más temprano en el norte que en Kaminaljuyu, a donde llega aproximadamente entre 200‑250 DC, después de los desarrollos iniciales Protoclásicos de Santa Clara A. La presencia de ocupaciones Preclásicas en sitios como Río Blanco y Lagunita en el departamento de El Quiché y en Cambote en el departamento de Huehuetenango, sugiere que la cerámica de la fase Santa Clara B de Kaminaljuyu podría tener sus orígenes en esa región.

La difusión de este complejo cerámico desde el norte hacia el sur a través de las tierras altas es verdaderamente impresionante, parece indudable que representa una expansión mayor, y aun posiblemente una invasión por una población justo antes del Clásico Temprano. La presencia de los tipos asociados en Bilbao y Monte Alto indica que seguramente esta población expansionista estaba involucrada de alguna manera con la Costa Sur. La interacción entre estas áreas parece indicativa de nuevas alianzas o de una nueva reorganización de poder entre los mayores centros de las Tierras Altas y Tierras Bajas, diferentes de las que conformaban la Esfera Miraflores. Posiblemente, la intrusión dentro del Valle de Guatemala ocasionó la ruptura de la Esfera Miraflores, al forzarla para introducirse y ganar el control de la red política‑económica de esta región.

Ahora, es apropiado dirigir la atención hacia las Tierras Bajas de Petén, donde la identificación inicial del estilo cerámico Protoclásico estaba basado en lo que era considerado como rasgos intrusos en las tumbas más tempranas en Holmul (Merwin y Vaillant 1932) y en el complejo Floral Park en Barton Ramie (Gifford 1976). La hipótesis de que estos rasgos arribaron intrusivamente desde El Salvador recientemente ha sido invalidada por Demarest y Sharer (Demarest y Sharer 1986:201; Demarest 1986), y una de las razones es que han identificado antecedentes locales para el complejo. Los modos diagnósticos más enfatizados de Floral Park fueron los cuencos policromos tetrápodos con soportes mamiformes y las cerámicas del Grupo Aguacate, siendo ambos estilos horizontes populares del periodo. Sin embargo, las tumbas Holmul 1 incluyen otros grandes soportes cilíndricos, soportes de vasija, y picheles. Estos rasgos son característicos del grupo expansionista en el Altiplano, y su repentina aparición en Holmul, en un contexto elite, sugiere que probablemente los ocupantes estaban en contacto con la población recientemente establecida en las Tierras Altas de Guatemala.

Para resumir, se deben enfatizar tres puntos. Primero, el estudio comparativo de las cerámicas utilitarias en sitios arqueológicos puede proveer información sobre cambios importantes en la sociedad. Segundo, basándose en las cerámicas utilitarias de Kaminaljuyu, se puede observar que un cambio abrupto en el inventario cerámico ocurre alrededor de 250 DC, asociado con la intrusión de un complejo sin antecedentes en el Valle de Guatemala el cual llega a dominar el área. Tercero, los cambios y nuevos estilos cerámicos a los que por lo común se identifican como fenómeno “Protoclásico” puede ser resultado de contacto con este grupo expansionista.

REFERENCIAS

Demarest, Arthur A.

1986   The Archaeology of Santa Leticia and the Rise of Maya Civilization. Middle American Research Institute Publication 52, Tulane University, New Orleans.

Demarest, Arthur A.,y Robert J. Sharer

1986   Late Preclassic Ceramic Spheres, Culture Areas, and Cultural Evolution in the Southeastern Highlands of Mesoamerica. En The Southeast Maya Periphery (editado por P.A. Urban y E.M. Schortman). University of Texas Press, Austin.

Gifford, James C. (ed)

1976   Prehistoric Pottery Analysis and the Ceramics of Barton Ramie. Peabody Museum Memoirs, Vol.18, Harvard University, Cambridge.

Hatch, Marion P. de

1987   La importancia de la cerámica utilitaria en arqueología, con observaciones sobre la prehistoria de Guatemala. Anales de la Academia de Geografía e Historia de Guatemala, Tomo 61, pp.151‑183, Guatemala.

Ichon, Alain, y Marie Charlotte Arnauld

1985   Le Protoclassique à La Lagunita, El Quiché, Guatemala. Centre National de la Recherche Scientifique, Institut D’Éthnologie, Editorial Piedra Santa, Guatemala.

Merwin, Raymond E., y George C. Vaillant

1932   The Ruins of Holmul, Guatemala. Memoirs of the Peabody Museum of Archaeology and Ethnology, Harvard University, Vol.2, No.2, Cambridge.

Pring, Duncan C.

1977   Influence or intrusion? The “Protoclassic” in the Maya Lowlands. En Social Process in Maya Prehistory: Studies in Honour of Sir Eric Thompson (editado por N. Hammond). Academic Press, London.

Wauchope, Robert

1949   Excavations at Zacualpa, El Quiché, Guatemala: An Ancient Provincial Center of the Highland Maya. Middle American Research Institute, Pub.39, Tulane University, New Orleans.