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02 Vínculos espirituales y religión alrededor de Cancuen – David García – Simposio 16, Año 2002

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García, David R.

2003        Vínculos espirituales y religión alrededor de Cancuen. En XVI Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2002 (editado por J.P. Laporte, B. Arroyo, H. Escobedo y H. Mejía), pp.10-15. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

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VÍNCULOS ESPIRITUALES Y RELIGIÓN ALREDEDOR DE CANCUEN

David R. García

A medida que los trabajos arqueológicos se han ido desarrollando durante cuatro años en el sitio Cancuen, la confianza con las comunidades Q’eqchi’ alrededor del sitio se ha incrementado. De igual manera lo han hecho las convivencias que surgen a partir del intercambio laboral, amistoso y espiritual con los trabajadores y habitantes del área con los integrantes del Proyecto Cancuen. Las investigaciones antropológicas se alimentan de esta familiaridad para adentrarse en temas más sensibles y delicados. Como tales, la religión y espiritualidad se han perfilado como elementos protagonistas durante la temporada 2002.

El tema de los vínculos Q’eqchi’ con sitios sagrados se torna bastante polémico cuando se discute en el contexto de la política étnica. Varios estudiosos de la historia y la arqueología no están de acuerdo conque los Mayas del siglo XXI reclamen derechos inequívocos sobre los sitios arqueológicos, fundamentados en una herencia directa de los Mayas Clásicos de las Tierras Bajas. Se presentan argumentos que exigen comprobación histórica y “científica” de la descendencia Maya que reclaman los grupos del activismo indígena contemporáneo aglutinados en el llamado Movimiento Maya. Incluso, la migración relativamente reciente de los grupos que actualmente viven cerca de sitios arqueológicos de esta región es para los detractores del Movimiento Maya, otra razón por la que los vínculos con estos sitios sean considerados como ilegítimos.

Por otro lado, algunos líderes del Movimiento Maya, insisten en que el Colapso Maya no significó la pérdida de todos los elementos culturales y que mucho se ha heredado de generación en generación a través de la tradición oral. Algunas veces, la información perdida se ha podido recuperar a través de los sueños. La información onírica es para los Mayas tan válida como la obtenida por un arqueólogo al excavar una unidad de 2 por 2 m.

Ambas ideologías, la del conocimiento arqueológico y el del activismo indígena presentan gran variedad de expresiones. Hay exponentes de la arqueología e historia que niegan cualquier vínculo de los Mayas contemporáneos con los del Clásico, así como los hay del Movimiento Maya que rechazan cualquier investigación arqueológica dentro de los sitios, ya que ello representa una invasión y falta de respeto a su herencia. Sin embargo, el diálogo y las interacciones entre ambos interlocutores han sido más abiertos y constructivos. Discursos más receptivos y el intercambio de experiencias han llevado a cabo en Cancuen, a diferencia de experiencias pasadas.

En Cancuen ha convergido una diversidad de formas de pensamiento: el interés arqueológico y la producción de conocimiento y las ventajas personales, institucionales y científicas, así como creencias y políticas de desarrollo que las comunidades validan frente al Proyecto. Además, de antropólogos que estudian y accionan como un canal de comunicación entre arqueólogos y comunidades, así como sacerdotes Mayas del altiplano y hasta turistas que empiezan a llegar para ver los avances del trabajo y los recursos naturales y culturales que constituyen Cancuen. A continuación se mencionarán los grupos involucrados.

LOS Q’EQCHI’ Y SUS CREENCIAS

En la aldea El Zapote, la mayoría de familias profesa la religión Católica Romana de forma híbrida y paralela con creencias tradicionales de la religión Q’eqchi’. Apenas unas tres familias, de noventa que hay en el caserío, practican la religión Cristiana Evangélica. Cada domingo se reúnen en la ermita de la comunidad muchas mujeres y niños, junto con algunos hombres, a participar en una celebración Católica. En este evento semanal, aparte de cantar himnos en Q’eqchi’, se lee la lectura bíblica dominical y el encargado de la iglesia comenta sobre ella. La “celebración de la palabra de Dios”, como los Q’eqchi’ la llaman, es un sustituto de la misa que se llevaría a cabo si estuviera presente un sacerdote Católico.

Aparte de las celebraciones semanales, existen épocas especiales que requieren de mayor respeto, cuidado y atención religiosa. El tiempo de siembra es una de éstas y mientras dura, las actividades rituales se incrementan al máximo en las comunidades Q’eqchi’. Al acercarse el momento de rozar y quemar, hay que pedir permiso al Espíritu de la Montaña: el Tz’uultaq’a.  Los Q’eqchi’ son muy temerosos de este espíritu que habita en cerros y valles. Por lo tanto, se hace necesario ofrecerle un sacrificio para que éste conceda permiso para trabajar la tierra y poder cultivar los frutos que se producen en la que él habita.

Existen muchas prohibiciones en tiempos de siembra que sirven para mostrar respeto al Espíritu de la Montaña. Por ejemplo, la abstención sexual es obligada antes de sembrar o manipular la semilla que se sembrará. En palabra de los Q’eqchi’: “no tenés que amanecer con la mujer el día que vas a sembrar”. Esta abstinencia reduce la contaminación que el hombre pueda conllevar por realizar actos pecaminosos, como lo es considerado el acto sexual entre los Q’eqchi’ (García et al. 2002; Wilson 1995:112).

Las consecuencias de faltarle el respeto al Espíritu de la Montaña son serias, incluso fatales. Al no actuar conforme los estipulan las creencias, puede haber daños en las siembras ya que están a la merced del Espíritu de la Montaña. Existe el riesgo de que la milpa no salga, o se rezague en algún momento de su crecimiento, lo que resulta en una mala cosecha. En el peor de los casos, el daño puede ser directo a la persona que cometió alguna falta de respeto o que pecó durante las prohibiciones rituales. Por ejemplo, los Q’eqchi’ le temen a los accidentes que pueden suceder en el campo de cultivo, tales como un machetazo o mordedura de serpiente. Obviamente, el último caso es tan grave, que puede causar la muerte, así es de serio el respeto que se le debe al Espíritu de la Montaña.

El sacrificio, Mayehak en Q’eqchi’, es la respuesta ante los peligros que representa movilizarse en el mundo del Espíritu de la Montaña. Así, el Mayehak es una ceremonia en la que participa toda la aldea, pues es el evento que simboliza el sacrificio que el Q’eqchi’ ofrece al Espíritu de la Montaña. Cada familia da un aporte tanto en mano de obra como en dinero para que los organizadores, que generalmente son los mayordomos en turno y los ancianos de la aldea, cuenten con los suficientes recursos para realizar la ceremonia a cabalidad.

A grosso modo se han expuesto en este trabajo algunas facetas de la religiosidad Q’eqchi’, que son pertinentes a la interacción entre los habitantes de la comunidad El Zapote y el sitio Cancuen. Ahora es el momento de mostrar cómo estas prácticas y creencias religiosas han sido adaptadas al contexto de las excavaciones y presencia arqueológica en el sitio.

Los vínculos entre Cancuen y la aldea El Zapote empezaron recientemente, aunque antes de la llegada del proyecto arqueológico (García et al. 2002). Espiritualmente, Cancuen representa un lugar donde vivía el Espíritu de la Montaña, un lugar donde se podía llegar a consumar la parte más sagrada del Mayehak, en la que participan sólo los ancianos de la aldea. La selva se había conservado y protegido gracias a que la arquitectura de piedra cubría gran parte de lo que es hoy el parque Cancuen, delimitado por el IDAEH hace tres décadas. Esto creó la imagen de un sitio aún intacto, aún sagrado, un sitio legítimo Maya.

En el plano más secular, las personas de la aldea ya se sentían responsables por el sitio. Incluso uno de los habitantes de El Zapote fue guardián del sitio a priori antes de la llegada del Proyecto. En 1999, al principio de la primera temporada de Proyecto Cancuen, casi la mayoría de los hombres llegó a verificar la autenticidad del permiso que los arqueólogos tenían para excavar el sitio. Desde hace ya cuatro años, guardianía local de esta comunidad ha cuidado el sitio, y se puede presumir que no han habido saqueos durante ese tiempo.

En la temporada 2002, el trabajo arqueológico empezó con un ritual de Mayehak para pedir permiso al Espíritu de la Montaña para trabajar dentro del sitio. Esta gran ceremonia fue resultado de un acercamiento continuo con los líderes religiosos de la comunidad, quienes expresaron la necesidad de hacer este ofrecimiento al final de la temporada del 2001. Por lo tanto, se compraron los insumos necesarios para que los ancianos y mayordomos pudieran celebrar este sacrificio. Oportunamente, la temporada arqueológica empezó cuando las actividades agrícolas para la siembra del maíz se intensificaban, por lo que el ritual tuvo doble propósito. Por un lado se pidió permiso para trabajar dentro del sitio y por otro, para trabajar en los campos de cultivo. Con esta licencia del Espíritu de la Montaña se pudieron prevenir accidentes de trabajo o mordeduras de serpiente. Además, a través de este sacrificio se deseaban evitar las diferencias y problemas laborales (e.g., al definir grupos de trabajo, salario por día y labores de las mujeres). Más adelante se detallarán los ritos en que consiste el Mayehak.

El campo de cultivo y un sitio arqueológico pueden ser concebidos como de distinta naturaleza, sin embargo, el vértice donde gira la adaptación radica en que ambos son dominios del Espíritu de la Montaña, en especial Cancuen. Ellos han aprendido esto de reuniones regionales que han tenido con otros ancianos Q’eqchi’, que les han asegurado que el Tz’uultaq’a vive en los sitios arqueológicos. Además, este conocimiento se ha reforzado por el discurso que se puede escuchar frecuentemente en radioemisoras que transmiten desde Cobán y Sayaxche. En dichas estaciones hay programas que ratifican el ser Maya de los Q’ eqchi’ y el respeto que debe tenérsele a estos sitios. El mismo trabajo en las excavaciones arqueológicas les ha reafirmado a los habitantes de El Zapote, y de otras aldeas también, su vínculo latente entre ellos y la gente que una vez habitó el área.

Para la gente Q’eqchi’ alrededor de Cancuen, basta con el simple hecho de relacionar el hallazgo de tanta cerámica en el sitio con el recuerdo de sus abuelas haciendo sus propios comales y ollas de barro hace unos 40 años, para creer en lo que escuchan en la radio y conversan con otros ancianos de la región.  Sus ancestros, sus abuelos viven en Cancuen, ellos dicen.

Sus creencias sobre el Espíritu de la Montaña, los rituales que prescribe la tradición ante la siembra y la prohibición de los pecados en otros planos de acción se articulan y adaptan muy bien con este nuevo elemento que reclama los sitios arqueológicos como lugares sagrados. Sin embargo, esta ideología religiosa no es solamente regional, sino que tiene un fuerte emisor desde el Altiplano guatemalteco. Lo que ahora se conoce como el Movimiento Maya ha sido gran generador de estas ideas que alimentan el pensamiento de las comunidades que viven alrededor de los sitios sagrados.

LA COMISIÓN PARA LA DEFINICIÓN DE SITIOS SAGRADOS

La Comisión para la Definición de Sitios Sagrados reinstalada por Acuerdo Gubernativo No.387-2001, hizo una visita al Proyecto Cancuen en la temporada 2002. Las tres partes que interactuaron: miembros del proyecto arqueológico, representantes de la comisión y de las comunidades Q’eqchi’ aprovecharon esa oportunidad para intercambiar opiniones, preocupaciones, sugerencias y conocimientos.

La visita de esta comisión coincidió con los preparativos de un ritual de inauguración, wa’atesink. Este era necesario ya que se habían construido nuevos ranchos en el campamento y los ancianos lo habían recomendado, tal como sucede tradicionalmente en las aldeas Q’eqchi’. Cuando se construye una casa nueva, se utilizan materiales naturales que poseen un espíritu, especialmente los árboles (Estrada 1990 276; Wilson 1995:107). De igual manera, se está ocupando un espacio sobre la tierra donde tal vez ya habita otro espíritu, por lo que este ritual también sirve de introducción al nuevo habitante del lugar con los espíritus alrededor. Por lo tanto, al tener ranchos nuevos en el campamento, era imperativo hacer esta ceremonia.

Días después de la visita de la Comisión, llegó una mujer de una aldea cercana a avisar que había tenido un sueño y que la anciana que aparecía en él, le pidió que llegara a avisarnos. El mensaje que traía era que urgía otro sacrificio además del wa’atensink para los antiguos habitantes del sitio. En el sueño, la anciana aparecía lastimada y reclamaba que no se le estaba dando de comer. Esto se interpretó por los ancianos y líderes espirituales como un reclamo de la Señora del Sitio (ya que el Tz’uultaq’a puede ser masculino o femenino (Wilson 1995:54, 66) para que se le ofreciera un sacrificio, un mayehak, más grande que el del inicio de la temporada.

Por lo tanto, las dos ceremonias se combinaron y crearon una sinergia que resultó en un gran evento ceremonial en Cancuen con la presencia de dos comunidades Q’eqchi’, las más cercanas al sitio y al proyecto. El proyecto se comprometió a detener completamente los trabajos durante cuatro días. Esto sirvió, según los ancianos Q’eqchi’, para purificar el sitio del trabajo arqueológico y del paso de personas y objetos contaminados. De igual manera, los miembros del proyecto tuvieron que observar una actitud respetuosa durante esos días.

Con varios días de antelación, el proyecto fue comprando todos los insumos que requería tan magna ceremonia. Entre otros insumos, fue necesario comprar 100 libras de copalpom, cuatro cerdos de 100 libras, diez libras de cacao, 100 candelas, 100 veladoras, cuatro pavos (chuntos) y un quintal de maíz, para proveer a los miembros de las comunidades lo que necesitaban para celebrar este rito. Toda esta lista fue dictada por los guías espirituales de las aldeas quienes confiaron en nosotros al contarnos para qué sería cada uno de los insumos. Este trabajo en conjunto, la participación en la preparación y planificación de la ceremonia produjeron una convivencia antropológica que sanamente sacó de la rutina del trabajo arqueológico al equipo Cancuen.

El arpa que tocó durante el rito vino de La Unión, las cocineras y los ancianos de El Zapote, los invitados eran parte de estas dos comunidades y el equipo del Proyecto Cancuen. Los preparativos comenzaron a las 10:00 AM y se desenlazaron a las 3:00 AM del siguiente día, cuando se sirvió caldo de cerdo y tamalitos a los participantes. En la tarde, los ancianos adornaron los lugares donde se ofrecería el copalpom y las candelas y veladoras. Además se preparó un nicho muy cerca de la plaza privada de un rey de Cancuen, dentro del palacio, donde se haría el sacrificio mayor: un cerdo de 100 libras que posiblemente satisfaría a los espíritus que viven en la montaña de Cancuen.

Los ancianos se dividieron en dos grupos para lograr terminar en un tiempo prudencial los ritos que conllevan el Mayehak y Wa’atesink, que raramente se celebran juntos. Por un lado se hizo la bendición a las nuevas construcciones. Se untó en forma de cruz en cada horcón sangre de pavo y una mezcla de cacao y b’oj (bebida tradicional hecha de maíz y jugo de caña de azúcar). A ello le siguió un ofrecimiento de incienso en cada esquina de los ranchos. En el centro de las construcciones principales se enterró un pavo macho joven, que sirvió de presentación y para pedir perdón y permiso a los espíritus de los materiales que se utilizaron y los que pueden habitar el espacio que ocupa la nueva casa.

Otro grupo de ancianos, uno más reducido, se dirigió al sitio y se quemó candelas, veladoras y copalpom. Hubo un lugar central donde se ofreció el sacrificio más grande, a donde ya asistieron pocos hombres, casi solo ancianos. Además, iba la mujer que tuvo el sueño, para recordarle a la anciana que se estaba brindando esto en su nombre y la de todas las personas que habitaron Cancuen en algún momento. Así, en el nicho se depositó el cerdo de un quintal, una tinaja de b’oj, tres octavos y se enterró la ofrenda. Sobre la tierra recién echada, se quemó el copalpom. Alrededor se pusieron las candelas y veladoras y todos rezaron y meditaron por un tiempo.

Posteriormente, se subdividió este grupo y en parejas se fueron a ofrendar cerca de las unidades donde los arqueólogos han puesto más empeño en el trabajo. Los Q’eqchi’ conciben estas unidades como significantes, ya que de estos pozos salen restos óseos y cerámicos que testifican la presencia de habitantes anteriores.

Sin estar acostumbrados a intercambios de este tipo, los miembros del proyecto y los Q’eqchi’ convivieron esa noche una experiencia penetrante. Sin embargo, esta no era la primera ni ha sido la última. También hubo un Mayehak al inicio de la temporada donde los miembros del proyecto llegaron a la aldea a compartir el rito. Además, los miembros del proyecto siempre han contado con la invitación de la gente de El Zapote, La Unión y La Isla para ir a sus fiestas patronales, donde usualmente hay intercambios en el plano de lo sagrado, pero también en el secular pues se participa en juegos de fútbol, bailes, fiestas. A veces también los han invitado a formar parte de los jurados que escogen a las reinas de las ferias.

PERCEPCIONES E INFLUENCIAS DEL PROYECTO CANCUEN

Cabe admitir que la presencia del Proyecto en Cancuen ha sido un catalizador para muchos procesos que ya se desarrollaban. Por un lado, los Q’eqchi’ de El Zapote y La Unión han afianzado su vínculo con el sitio. Ahora, Cancuen simboliza un lugar de trabajo y también un lugar sagrado. Además, se está trabajando para que ellos sean los guías y guardianes del sitio, para que puedan preservar al mismo tiempo que aprovechar el patrimonio en cuestión. Ya se ha pensado que en el futuro, cuando el proyecto no tenga tanta incidencia y termine por fin, la gente sea quien cuide de este sitio. Por lo tanto, se considera que el fortalecimiento de esta identidad con el sitio es un factor positivo en Cancuen.

Incluso la propia visita de la Comisión para la Definición de los Lugares Sagrados fue efecto de la presencia del Proyecto Cancuen. Esta visita influyó mucho en los Q’eqchi’ quienes no sólo aprendieron nuevas formas rituales de la religiosidad Maya, sino también confirmaron que sus abuelos eran los que vivían allí, como ellos ya lo pensaban desde antes.

Las repercusiones de ser ingenuo y miope en este caso son graves. Por lo tanto, el proyecto presenta una política abierta a estos actos de fe que se llevan a cabo dentro del sitio y en lugares que no dañen estructuras o monumentos antiguos. Se entiende además que detrás de estas ceremonias también hay una razón política. Sin embargo, se cree que al mantener esta política abierta, hay una democratización de los lugares como Cancuen, que como ya se dijo, son polisémicos, o sea, que tienen diferente y múltiple significado para los grupos involucrados.

Las analogías etnográficas también han jugado un papel importante. Estas interacciones simbólico-rituales entre los Q’eqchi’ y los integrantes del proyecto han develado la forma contemporánea de las creencias de los primeros, que pueden tomar relevancia al tratar de interpretar contextualmente los hallazgos de materiales, monumentos y estructuras. Al parecer, la arqueología está ensanchando su visión y la brecha característica que separa a la antropología de esta disciplina en Guatemala se ve sustancialmente disminuida. En el futuro, sólo un equipo multidisciplinario podrá afrontar los retos que presentan los sitios por excavar y los ya excavados.

CONCLUSIONES

Antes del inicio del proyecto ya se sabía que Cancuen representaba un lugar sagrado para los ancianos Q’eqchi’ y los habitantes del área. Ahora, el sitio ha tomado más relevancia en la vida de los Q’eqchi’ por la presencia constante de miembros del proyecto y las interacciones con agentes externos como la Comisión para la Definición de Sitios Sagrados. Cancuen se ha convertido en un centro de convergencia a donde han llegado ancianos de diferentes aldeas a plasmar sus creencias y espiritualidad en el sitio sagrado. Hasta el momento, este aspecto no es un problema o lastre para los objetivos del Proyecto Cancuen, más bien complementa y ayuda a la visión que se tiene del sitio arqueológico. Es gratificante la participación constante de los miembros del proyecto, en especial de Arthur A. Demarest, el director del proyecto, y de mi persona. Esto nos da un sentido de compromiso ante los ancianos y las aldeas donde hemos compartido momentos sagrados.

Así, se ha ido descubriendo más a fondo que el sitio es más que una fuente de trabajo y que no se puede separar el hecho de que Cancuen es un lugar polisémico para los que accionan a su alrededor. Como lugar sagrado es un símbolo de la espiritualidad tradicional Q’eqchi’ y como lugar arqueológico es una fuente de información para los arqueólogos. Sin embargo, mientras la empatía predomina en las interacciones entre los actores, las personas cercanas al sitio van compartiendo y entendiendo la posición y percepción del otro, que ha logrado un acceso al sitio que satisface a los grupos involucrados en Cancuen.

REFERENCIAS

Estrada Monroy, Agustín

1990        Vida Esotérica Maya-Q’eqchi’. Colección Obras Varias No. 3. Ministerio de Cultural y Deportes.

García, David, Arthur A. Demarest y Tomás Barrientos

2002        El Proyecto Arqueológico Cancuen: un plan piloto para la interacción entre arqueología y desarrollo social. En XV Simposio de Investigaciones Arqueológicas en Guatemala, 2001 (editado por J.P. Laporte, H. Escobedo y B. Arroyo), pp.401-414. Museo Nacional de Arqueología y Etnología, Guatemala.

Wilson, Richard

1995        Maya Resurgence in Guatemala: Q’eqchi’ Experiences. University of Oklahoma Press. Norman.

 

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